Cuiden a Cristina

23 de marzo de 2014

por Carlos Leyba

Muchos ponen en boca del Papa Francisco la demanda del título. Los hechos, desde que el Cardenal Jorge Bergoglio asumió el pontificado acompañan esa frase. La ha recibido a Cristina de modo especialísimo.La potencia del gesto señala la lógica del magisterio cristiano en acción: la caridad.Pero más que por la persona, que naturalmente está incluida prioritariamente, el “cuidado” que se personifica en Cristina, es por la paz social que es la garantía de la institucionalidad.

La preocupación por la paz social y los datos objetivos que la comprometen, es la agenda de Francisco para la Argentina. Nos recuerda que la institucionalidad es un signo de madurez del ejercicio del poder y de la ciudadanía.

La raíz del poder es la representación; y el poder se legitima cuando reconoce su origen en la delegación que, a su vez, le exige escuchar. Sin la escucha a los ciudadanos se debilita la paz social.

De la misma manera ejercer la ciudadanía es participar del debate reconociendo que siempre se es sólo una parte de la sociedad. Cuando la ciudadanía no participa, en todos los niveles donde se ejecuta la vida comunitaria la paz social se debilita.

Luego de treinta años, nuestra democracia está débil de participación y de representación.

Por eso se multiplica la “acción directa” – tomas, piquetes – que evidencia la ausencia de la escucha de los representantes y que quienes ejercen la “acción” no aceptan ser parte de un todo que obliga a agotar los esfuerzos de diálogo.

La acción directa es violencia contra la paz social que pone en riesgo el soporte de la institucionalidad. Y ésta es la condición necesaria para la paz social. Círculo vicioso. Cuidar a Cristina es “cuidar la paz social”. Cuidar el presente para cuidar el futuro.  No hay futuro sin presente.

Cada gesto de Francisco para con Cristina deja atrás los gestos del gobierno kirchnerista por su persona y el desinterés de los K por la mirada de la Iglesia. Cada gesto de Francisco es una manera de borrar la memoria de las expresiones de demolición de los representantes más íntimos del pensamiento de CFK. Es obvio que Horacio Verbistky; Víctor Hugo Morales; y Luis D´Elía – las voces más fuertes – transmitían el deseo de ver preso al Cardenal.

En un año de pontificado Francisco muto en el líder más influyente del planeta que señala a los poderosos del mal y los invita a la conversión.

Quién condena los hechos y convoca a la vida nueva, instala la vida del hombre y de los pueblos en el futuro, que es aquello que inevitablemente depende de nosotros. La paz social no está en el pasado sino en lo por hacer; y depende de la escucha y la participación.

Francisco convocó dos millones de jóvenes para escuchar la “alegría del Evangelio”; de la caridad, del servicio, del amor. Así de simple, el liderazgo mundial y juvenil de Francisco  propone un liderazgo moral. No sólo de la expresión de los valores sino de la realidad de los mismos en los hábitos.

Francisco con sus gestos simples le ha agregado a la comunicación de los valores cristianos el valor de los hábitos vividos en el mayor de sus pastores. Los zapatos y el portafolio humildes; el avión de línea; el Hotel Santa Marta.

Pequeños gestos, hábitos, que hacen enorme el mensaje de las palabras.  Cuiden a Cristina pasa por ahí. Es un mensaje destinado a convocar a que los hábitos de la vida pública sean los valores que las palabras exaltan. Que el discurso sea acompañado por la acción.

¿Qué otra cosa significa “cuiden a Cristina”? Nuestra situación social, económica y política es extremadamente compleja y preocupante; y en esas condiciones cuidar a la presidente constitucional es cuidarla a la Constitución.

Francisco recibirá a representantes empresarios, sindicales y del gobierno. Es una pequeña muestra de la aspiración del Papa a que en nuestro país se reestablezca el diálogo económico y social; y que se reconozca que los intereses sociales no pueden no ser escuchados y que ellos no pueden dejar de participar. El diálogo es la alternativa a la acción directa.

Cuidar a Cristina es potenciar la participación y la  demanda de escucha. Francisco conoce la Argentina profunda. Sabe que diez millones permanecen en la periferia y excluidos del disfrute de nuestro nivel de desarrollo. Se han ido sumando a lo largo de 40 años. En 1974 el número de personas pobres rondaba las 800 mil y hoy son 10 millones; crecimiento descomunal de la periferia y de la marginalidad.

La pobreza es la exclusión de las oportunidades, el territorio de las debilidades y el escenario de las mayores amenazas.

El 25 por ciento de la población en la pobreza es un número consolidado desde la década de los ´90.  Ellos sobreviven,  si se quiere, en una Argentina preperonista – si el peronismo representa a las conquistas sociales – y luego de 20 años de gobiernos generados y administrados por el peronismo.

Hay “otra Argentina”, la “no periférica”, donde habitan 30 millones. Pero dentro de ella hay un número importante de excluidos de la protección social; trabajan en negro por necesidad de supervivencia. En esa “otra Argentina” también habitan y proliferan de manera escandalosa lavadores de dinero, narcotraficantes, dueños de cuevas y protagonistas de mafias. No son esos males patrimonio exclusivo de nuestra sociedad. Pero su crecimiento en los últimos años ha sido exponencial; como también lo son las megafortunas amasadas en pocos años y al amparo de las concesiones. Se ha generando esa “nueva oligarquía de concesionarios” que a medida que se incrementan y transcurre el tiempo, se van asimilando al sistema dispuesto a abandonar toda demanda de explicación y poco a poco controlan enormes espacios de poder. Un ejemplo, la familia de Pablo Escobar, el patrón del mal, aquí vive y no precisamente en la miseria. Concentración de riqueza, ni siquiera asociada a la creación de oportunidades, exhibicionista y de hábitos (y valores) que disuelven el tejido social.

Esta contradicción de extremos expone, por su propia descripción, la debilidad y ausencia del Estado que no ha sido capaz, por un lado, de incluir a la periferia; y que, por el otro, avala una concentración cuyo origen y cuyas prácticas son mal sanas. Un poder económico perturbador del bien común.

Estamos sobre un escenario en el que la administración de los conflictos sociales es un desafío difícil para los que gobiernan y también para los que pugnan por hacerlo.

Estamos a la puerta de conflictos sociales dentro de la “otra Argentina” de los 30 millones. Su manifestación más cruda es el conflicto docente. Dos semanas sin clases hablan de la impotencia del Estado. Pero habrá otros.

La CGT de Hugo Moyano, más la de Luis Barrionuevo, más numerosos dirigentes de la CGT oficialista y los miembros de ATE están a las puertas de un paro general en reclamo de control de la inflación y de detener la erosión de las condiciones de vida de los sindicalizados.

En la periferia aquellos que viven de la ayuda social-  en sus diversas formas o de la changa y el trabajo informal – requieren que el golpe de la inflación sea reparado con celeridad, porque la explotación del sufrimiento y la presencia del narcotráfico, que acicatea todo conflicto, pueden generar situaciones de difícil administración.

En buen romance, tanto en la periferia como en la “otra Argentina”, hay situaciones objetivas de tensión que pueden ser el prologo de conflictos complejos en un escenario en el que el Estado no dispone de todos los recursos necesarios. La conflictividad tiene relación directa con esa indisponibilidad del Estado: con la ausencia de recursos necesarios que es la ausencia del Estado.

Cuiden a Cristina, en este contexto de la cuestión social, es un mensaje a toda la dirigencia para que cierren el pasado de las ofensas y los agravios; y se presten a sumar esfuerzos, voluntades y comprensiones para hacer posible el diálogo, con renunciamientos, en pos de evitar la conflictividad.

El diálogo es poner, entre dos o más, el conocer en común; el aceptar la iluminación del otro. Y eso requiere de reconocer y respetar identidades diferentes.

Francisco cerró el pasado. Y abrió el diálogo. No sabemos el contenido de sus conversaciones. Pero sí conocemos el gesto que es el método de la caridad.

Cuidar a Cristina significa tomar conciencia de la necesidad de imitar ese gesto del Papa, porque la cuestión social, en las dos Argentinas, no es algo que pertenezca al análisis sociológico sino a la realidad cotidiana que se anuncia con “las tomas”, “la violencia”, “la inseguridad salvaje”, “las dos semanas sin clases”, “las muertes narco”.

Cuidar a Cristina, otra vez, es escuchar, participar, dialogar y cerrar el pasado y concentrarse en conducir desde ahora la construcción del futuro.

Esto nos lleva a la Argentina política. ¿Qué significa cuidar a Cristina en ese plano? Toda la política está infectada de personalismo; y el personalismo tiene una inevitable cuota de violencia porque está centrado en el montaje de “un personaje” y en el desprestigio de los adversarios. No hay hoy estructuras políticas portadoras de ideas sobre el presente ni sobre el futuro; estructuras formadas por las confluencias de visiones y utopías y pensamientos compartidos que, expuestos, conforman una oferta política que es superior a los líderes que deberían surgir de la selección del más calificado para llevarlas a cabo. No.

Aquí hay candidatos autoproclamados que salen a buscar proveedores de ideas. Eso es la política invertida. ¿Cómo construir diálogo y consenso si los “candidatos” son anteriores a las ideas?

El marketing político, la venta del candidato, ha logrado ocupar el lugar de las ideas y los programas. Y eso define que la búsqueda, en esa clase de opciones políticas, es una búsqueda por “el poder” sustantivo y no por “el  poder hacer las cosas” en las que dice creerse.

Este es el déficit mayor de la política y que pone en evidencia la ausencia de vocación de representar y la ambición de controlar. Cuidar a Cristina es también llamar a la política a tomar conciencia de la gravedad de los problemas que enfrenta el país y que se arrastran, como lo señala la evolución del número de pobres, desde hace cuatro décadas. Cuidar a Cristina es cuidar a la virtud de la política que es el compromiso por el Bien Común; que es un valor y como todo valor, como la gestualidad de Francisco, pasa por el “hábito”, la práctica. Eso obliga a pensar el país, escuchar su sufrimientos y ponderar sus posibilidades, poniéndolas en común

Ese extravío de lo que es “la política” está presente en el campo de la economía. El riesgo de la carnicería de personas que implica una campaña electoral alejada del debate de las ideas ;y sometida al mandato de los marketineros, tiene consecuencias letales sobre la economía.

La inflación y la ausencia de inversión amenazan ser el legado de estos 10 años. “Cuiden a Cristina” sugiere la imperiosa necesidad que desertemos de las encarnizadas luchas y agravios personales; y pasemos al debate de las propuestas referidas al país que cada uno desea construir y por el que convoca a los ciudadanos a acompañarlos.

La ausencia de inversión, las cuestiones fiscales y financieras han llevado al gobierno a la demanda de un nuevo capítulo de deuda externa. Parece una pesadilla.

Pero es la consecuencia de que llevamos cuatro décadas sin un programa de desarrollo, sin un compromiso por el largo plazo. ¿Qué significa Cuiden a Cristina en este plano?

No importa desde dónde, pero es impostergable la búsqueda de un consenso extendido para salir de una situación de circulo vicioso que nos amenaza nuevamente con la reconstitución de la economía de la deuda externa. La economía de la deuda externa implica el gobierno de la mentalidad y del mundo de las finanzas y del predominio de los intereses del dinero por sobre los intereses de la comunidad.  Lo que Francisco ha condenado.

¿Francisco habrá motivado a Cristina para la búsqueda del consenso? Seguramente. Pero los gestos del Papa nos señalan la virtud de desatender al pasado para converger sobre el futuro.

Cuiden a Cristina, en la actual situación económica, significa cuidar que las condiciones vigentes, con CFK que se encuentra aislada de las reales fuerzas sociales y sin propuestas de las distintas fuerzas de oposición, no hagan caer al gobierno en la profundidad en el circulo vicioso de la economía de la deuda para zafar por unos meses de la agonía de una política de ajuste que está amenazando la actividad y el empleo.

Es que “Cuiden a Cristina” es una síntesis de gestos destinados a decirnos a todos que nuestra Nación, con década ganada o perdida, ha dejado demasiado tiempo de lado el sentido común de un proyecto colectivo. Proyecto que se forja con consensos sobre el futuro y que se hace para lograr liquidar las barreras de la periferia que impiden vivir en una sola Patria a los 40 millones de argentinos; que se forja con una economía que acumula con sentido de largo plazo y que sólo es posible con una política centrada en las ideas y no en las vanidades personales.

Los valores sólo son tales cuando son hábitos. Y los hábitos además de necesarios son posibles, como lo ha demostrado Francisco en un año de papado que lo ha proyectado en el mundo con el liderazgo del amor. Lo necesitamos. Que así sea.

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23 marzo 2014

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