Grandes Definiciones de una Semana Brava

12 de abril de 2014

Carlos Leyba

El éxito sorprendente del paro requiere una salida. La más prometedora es la de levantar la columna vertebral de las fuerzas populares y consagrar un liderazgo de consenso industrialista, integrador de la sociedad y del territorio. Los trabajadores organizados han empezado una nueva etapa para transformar la política argentina. Las opciones existentes en el oficialismo y en la oposición no parecen representarla. El argumento está en busca del autor.

El paro tuvo un éxito sorprendente. Fue convocado por H. Moyano, L. Barrionuevo, P. Michelli y G. Venegas –un arco de todas las colaraturas políticas del sindicalismo – y sumó el aprovechamiento de la extrema izquierda sindical, su brazo político y estudiantil. Tuvo la adhesión de los trabajadores de la CGT y la ATE oficialistas; y el consentimiento de la inmensa mayoría. El país paró.

Para que el éxito sea real, un problema etimológico, es necesario que el paro “tenga una salida”. Esa salida puede ser nuevas acciones sindicales de fuerza. O bien que las puertas del oficialismo se abran a los reclamos.

La situación económica y social que, más allá del éxito de Juan Carlos Fábrega en la preservación del nivel de las reservas del BCRA, si todo sigue como ésta, tiene un presente y un futuro complicado. Por eso el paro abre la puerta de la posibilidad de que se erija una vigorosa columna vertebral a la búsqueda de extremidades, cabeza y cara políticas, en un país con un clima electoral con alta inflación, estancamiento y declinación del empleo.

Clima que suma al oficialismo celebrado por el FMI por el programa ortodoxo en marcha. El FMI dice que “le falta mucho” y le pone, al ministro de economía, la condición de terminar rápido con la inflación profundizando la ortodoxia para seguir el pololeo. Más allá  de lo bueno o lo malo de ese pololeo, lo cierto es que en el día del paro, el gobierno, con esa orientación, cerró la puerta al diálogo con la CGT de mayor capacidad de convocatoria.

Por otro lado las definiciones sobre la eliminación o rebaja de las retenciones al agro, de candidatos a presidente para 2015 proponen un cimbronazo sobre la estructura económica. Una idea simpática a la nueva oligarquía de concesionarios propietarios de recursos naturales. La eliminación de las retenciones ofrece un futuro inesperado para los mas ricos  (nuevos ricos) del país. Ese programa estructura una economía que no puede bajar la inflación y a la vez aumentar el empleo.

Proyecciones conmovedoras. Una, la demanda vigorosa del paro por una estructura económica integrada y equilibrada. Otra, una oferta programática opositora que implica todo lo contrario. Simplificando el país industrial versus el país primario. Un debate que atrasa un siglo que puede dejar, al final del día, un vacío preocupante. ¿Dónde está el oficialismo? Enfrentado a esas dos proyecciones pero por razones distintas. Ortodoxo para el desempleo. Partidario de las retenciones por la necesidad de la caja fiscal y no por un programa de transformación.

Desde el llano la CGT ha logrado hacer recordar a la columna vertebral. Las estructuras políticas del peronismo estarán en el dilema de tomar la columna vertebral erguida o bien tratar de quebrarla. La CGT ha centrando su demanda por políticas capaces de resolver el problema estructural del empleo y con la necesidad de una estrategia de distribución progresiva del ingreso. Columna que se golpea y no se quiebra, se endereza.

Por el otro lado está creciendo el discurso en contra de las retenciones al sector primario o por su rebaja. Lo encabeza Mauricio Macri y es complementado por los asesores de Sergio Massa y los ministros de Daniel Scioli. Es una clara contradicción con los objetivos del movimiento obrero.

La CGT no enfrenta al campo, sino que promuve el desarrollo para la vida digna de 40 millones de argentinos. La CGT combate a la precarización laboral y del empleo que surge de los miles de beneficiarios de planes sociales que, en realidad, son desocupados con cuota alimentaria. Para la CGT el empleo se mide por los que trabajan en actividades productivas y no por las personas que reciben un estipendio público. Con este último concepto hasta los jubilados serían empleados.

Es muy difícil el diseño de una política económica que pueda hacer convivir la supresión de las retenciones con el aumento del empleo y la distribución progresiva del ingreso. He aquí el dilema. De un lado están los dirigentes políticos con mucha imagen y del otro los dirigentes sindicales con mucha convocatoria. Por eso a pesar del adversario común, que es el oficialismo en su etapa inflacionista y ahora en su giro FMI, las banderas programáticas de CGT y oposición se enfrentan.

Por otra parte, en el presente económico, a pesar de que existen retenciones, el empleo y la distribución del ingreso se deterioran. El liderazgo político no está ni en el oficialismo ni la oposición más visible. El problema político principal del país es la ausencia de un liderazgo de consenso por el empleo y la distribución.

¿Cuál fue el posicionamiento de los políticos frente al paro? La oposición – salvo excepciones – quedo descolocada. Pino Solanas que, en su discurso habitual, sostiene los mismos argumentos que las organizaciones convocantes. Mauricio Macri se ha definido claramente en contra del paro y de las banderas propiamente sindicales. El oficialismo, incluído Scioli, descolocado sintió el bramido del silencio de las ciudades y no supo qué responder. Pero los pocos funcionarios peronistas del gobierno militaron contra el paro que hasta Antonio Caló declaró masivo.

Pasemos a las retenciones, el equipo que piensa por Mauricio Macri, ha propuesto como programa, la eliminación de las retenciones a las exportaciones que, en el caso de la soja, será una rebaja de a 5 puntos de porcentaje por año. Los economistas que asesoran a Daniel Scioli  y a Sergio Massa andan por ahí y tambien algunos de UNEN.

La eliminación o la morigeración de las retenciones como programa, implica un diseño de la economía nacional cuyas repercusiones son estructurantes a nivel productivo y fiscal; y de la distribución del ingreso y del empleo. Supone establecer un tipo de cambio que sólo haría posible las exportaciones primarias. A medida que crece el valor agregado, la cantidad de trabajo, la densidad del capital y al tiempo que se extienden hacia adentro los eslabones de la cadena de valor, no se exportará producción nacional. El mercado interno se abastecerá de importaciones. Esa es la estrategia del consumismo reaccionario que sólo se sustenta con la profundización de la primarización de la economía: soja, Vaca Muerta y minerales. Hasta prometen que Vaca Muerta nos volverá a contiagar la enfermedad holandesa.

La eliminación de las retenciones fue ejecutada por la convertibilidad que, con atraso cambiario, produjo una estabilidad de precios por inundación importadora que produjo la destrucción de trabajo, de saberes, de empresas y de capital. La convertibilidad fue anfetamina para adelgazar. Quemó neuronas pegando un salto atrás en el desarrollo industrial. Esta idea es la que está detrás de esa propuesta, “simpática” para el agro, el petróleo y la minería.

Proponer la eliminación de las retenciones, dada la imposibilidad de superar los niveles de los aranceles ya comprometidos, implica – para sostener el mayor número posible de eslabones en la cadena de valor productivo – un nivel de tipo cambio tan alto que generaría una inevitable declinación del salario real.

Por otro lado es extremadamente difícil encontrar ejemplos, en nuestra historia, de una situación fiscal holgada que, con esta estructura económica e impositiva, haya sido posible sin retenciones.

No es serio anunciar “política agropecuaria” sin desarrollar con una visión sistémica, las demás políticas sectoriales y la global. Si lo hubieran hecho habrían desnudado las consecuencias de esas promesas; y lo mismo para los que asesoran a Scioli y a Massa a quienes no les cuentan las consecuencias por ignorancia o mala fe.

¿Por qué es tan importante mencionar lo inapropiado de la eliminación de las retenciones sin tener en cuenta los demás sectores y un  enfoque global?

Porque nuestra economía es una de “dos velocidades”. El “bono de la naturaleza” con que nos premió el Creador y la cultura de la producción rural, que forjaron el ejemplo y el pensamiento desde Juan Manuel de Rozas y José Hernández, hicieron del sector agropecuario argentino el más productivo del planeta. Pero desgraciadamente no tuvimos una clase política que, con contadas excepciones, comprendiera el mensaje de Carlos Pellegrini, al comienzo del SXX de que “sin industria no hay Nación”.

Las políticas de industrialización sufrieron enormes retrocesos, una suerte de stop and go estructural, que destruyeron los avances logrados en los períodos industrialistas que tuvieron éxitos comprobados.

De la ausencia de una visión industrialista surge la economía de dos velocidades que, sin “compensaciones”, genera desequilibrios en el comercio exterior, en el empleo, en la distribución del ingreso e inclusive en las cuentas fiscales. Que son los que se sufren con el atraso cambiario.

El sector agropecuario por su enorme productividad, basada en la cultura y la innovación y no sólo en la calidad y disponibilidad de los recursos naturales, logra superar la debilidad de la infraestructura (sin trenes, sin caminos, sin silos, sin puertos) y los efectos negativos de la baja productividad sistémica.

El sector industrial, con excepciones, no acumula – por las contramarchas – la memoria productiva que genera la “cultura industrial”; y sufre las mismas limitaciones de infraestructura y de ausencia de productividad sistémica; y además la baja densidad de capital,  en una economía que no tiene ni crédito ni moneda. El sector agropecuario, además, puede ahorrar en stocks y genera “una moneda física”.

En síntesis, la economía de dos velocidades, es como un esquiador que tiene una pierna más larga que la otra. El desequilibrio le impide esquiar.

La economía desequilibrada cuando crece genera un descomunal déficit comercial externo de la industria. Y ese déficit se lleva puesto el excedente del sector agropecuario. Pero la ausencia de interés en invertir en la actividad industrial invita además a la fuga del excedente que queda después de pagar el déficit comercial.

Eso es lo que pasa ahora y es lo que pasó muchos veces en la Argentina y esa es nuestra propensión a contagiarnos la enfermedad holandesa.

¡Pero hoy tenemos retenciones! Sí. Condición necesaria.No suficiente. Con un tipo de cambio atrasado para la industria, las retenciones son sólo un aporte fiscal; y sin política industrial, las retenciones, no se transforman en un aporte para la estructura productiva. Pero además del déficit comercial tenemos un 18,2 por ciento de jóvenes desempleados; la columna vertebral del capital humano y que, como la nueva maquinaria, es esencial para el crecimiento de la productividad.

El deterioro fiscal es evidente, el desempleo de los jóvenes, la ausencia de inversiones y el déficit comercial externo de la industria, conforman una hipoteca gravosa para los años que siguen. La macro de corto no lo resuelve. Pero la mala macro lo agrava y por ahí vamos.

Sin duda que el sector primario, por su productividad y por su alentador panorama internacional, puede ser la fuente genuina de financiamiento de esa hipoteca. Pero sin retenciones es imposible formular un programa de desarrollo industrial que aplaque las diferencias de velocidades de ambas economías. Las retenciones no bastan.Es evidente que ellas son necesarias para tener el tipo de cambio que permite llevar a cabo una política industrial transformadora. Condición necesaria. Nada más.

Las retenciones necesitan estar incluidas en un programa global para el agro, que necesita de una lógica administración de las mismas; y no una lógica destructiva como la actual; y además de un programa para la industria y para la infraestructura que sea un todo coherente.

Detrás de los líderes politicos actuales no aparece una visión transformadora del país que depende de la soja y que sueña con depender de Vaca Muerta.

Estamos necesitando que alguien se haga cargo del pensamiento industrialista de Carlos Pellegrini y de la concepción superior industrialista e integradora de lo social y lo territorial de Juan Perón. Necesitamos líderes transformadores de consenso: grandes hombres a la manera de J. Ortega y Gasset.

El paro ha fortalecido el posicionamiento político del sindicalismo organizado. Pero a pesar de los contactos y simpatías con algunos de los dirigentes políticos mejor posicionados en las encuestas, todo parece indicar que el posicionamiento económico de los candidatos con mas imagen va por un camino inverso al que el sindicalismo apuesta.

¿Esto llevará a una ruptura entre la CGT mayoritaria y los candidatos como Massa o Scioli o la transformación programática de estos últimos? ¿Se producirá la germinación de otro liderazgo político coherente?

Los trabajadores sostienen objetivos programáticos que se dan de bruces con el programa actual de esos opositores; y tambien con las realidades ortodoxas actuales del oficialismo o con sus realidades inflacionistas plus de ayer.

Hoy trabajadores, opositores y oficialistas transmiten el futuro en frecuencias irreconciliables.

El discurso del trabajo es el que sostiene los objetivos principales de la sociedad.

Las palabras de la oposición transmiten un programa que impide la realización de esos objetivos.

Y la práctica del oficialismo se pone a años luz de los mismos.

La buena noticia del paro es que, los que tienen objetivos más claros y consistentes con el futuro, han demostrado capacidad de convocatoria. Les falta encontrar el liderazgo de consenso. Han pasado 40 años del mejor argumento en busca de … un autor.

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12 abril 2014

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