Tiempos de deshielo

26 de abril de 2014

Carlos Leyba

La política – que estuvo congelada por la dominancia de los pingüinos durante una larga década – comienza a sugerir un aumento de su temperatura y ello permite colegir que, la política, está viva; y que el clima político comienza a descongelarse.

Usando el mismo lenguaje de las preocupaciones ambientales por el agua y el cambio climático, uno de cuyos temas centrales es el deshielo de los glaciares (una suerte de fuga de las reservas acuáticas), la política – que estuvo congelada por la dominancia de los pingüinos durante una larga década – comienza a sugerir un aumento de su temperatura y ello permite colegir que, la política, está viva; y que el clima político comienza a descongelarse.

Señalamos tres hechos que apuntan el calentamiento. La huelga exitosa de Hugo Moyano que, digan lo que digan, contó con la adhesión, por cierto pasiva, de sectores medios; el documento, bien que deshilachado y poco tumultuoso, de organizaciones empresarias y a medias, pero un gesto al fin; y la presentación de lo que se ha dado en llamar Frente Amplio UNEN. Los tres hechos hablan de signos vitales de la polìtica. Y señalamos ahora hechos que tienen que ver con el descongelamiento del oficialismo. Entre los funcionarios oficialistas poner en cuestión algunos temas, es un signo de  temperatura en elevación. Que puede apuntar a una cierta dispersión: el calor dilata y por lo tanto las partículas componentes del espacio oficialista insinúan alejarse entre sí. Es un signo de vitalidad. Aunque bueno es acalar que el oficialismo se define por girar en torno a CFK. Los ejemplos de dispersión son una pequeña guerra de posicionamientos frente a los hechos que se alejan del canon oficial. De la “sensación de inseguridad” a “hay un problema de inseguridad” hay un océano de distancia. La idea de que es sólo sensación pertenece a la proximidad del núcleo central y forma parte de la “congelación” cuyo canon es “el problema no existe” y entonces ¿de qué vamos a discutir? Más actuales son las afirmaciones “no se produce droga (no hay laboratorios)” y ahí nomás el retruque “se produce”. O  “ no hay pistas clandestinas” que recibe el mazazo de “hay 500 que pueden ser” .O entrando en la detección de temperatura, uno dice  “la reunión de UNEN es un club de viejos fracasados” y el otro “celebramos el proyecto UNEN” y así.

Mientras los gestos de afuera (paro, documento empresario, proyecto UNEN) son un principio de que la política está viva y que el calor de los hechos la reavivó; las contradicciones internas del oficialismo, hechas públicas, nos informan que algo se esta descongelando, como cuando la heladera filtra agua por el piso. Hay opiniones que avisan que algo se está descongelando.

Imagine el lector que después del mundial, las pantallas van a estallar de política. Y en esta oportunidad habrá nuevos oficialistas de pensamiento crítico. Hagamos historia. Si uno recuerda las migraciones del kirchnerismo y las asocia a golpes de temperatura que sufría el congelamiento, recordará la salida de Graciela Ocaña, cuando los problemas del PAMI podían amparar la salida; o la de Roberto Lavagna, cuando la inflación se despertaba del letargo; o la de Felisa Micceli complicada con la bolsa; o la de Miguel  Peirano cuando si no se firmaba el Tren Bala dejaba  ser parte del oficialismo y tuvo que elegir; o la de Martín Losteau a quien, a pesar de firmar el Tren Bala, se lo llevó puesto la 128; o Martín Redrado o la de Alberto Fernandez que atisbó el problema que venía. Y finalmente Sergio Massa.Todos escaparon del hielo, dieron pasos de dispersión, cuando los problemas reales aumentaban la temperatura adentro del oficialismo. Y las declaraciones recientes que hemos mencionado manifiestan un cambio al interior del oficialismo. Una incipiente movida hacia reconocer que fuera de los bloques congelados hay otra realidad; y que si se quiere ser parte del futuro, por lo menos, hay que ponerse en sintonía con la mayoría.

Y ese es el fundamento de la tendencia leve a la dispersión que cada palabras de esas insinúa. El último acto es la decisión de Axel Kicillof de impedir la publicación de las cifras de pobreza. Es tan, pero tan rdidiculo, el elenco del INDEC que, sensible el hombre a lo que la gente ve y que la barra de hielo oculta, que decidió salomonicamente “no hay información”. Con el presupuesto del INDEC no alcanza para calcular la pobreza o la era del dibujo, la del hielo, empieza a derretirse por el peso de la realidad. El deshielo lava las mentiras escritas con ostensible ignorancia … hasta para mentir.

Desde afuera y desde el interior del oficialismo comenzó el deshielo. El más importante es el que viene del oficialismo.

¿Qué es el frío? El frío político extremo es el silencio, por ejemplo, el silencio de las decisiones secretas y sorpresivas; la aceptación sin cuestionamiento de las decisiones superiores. Ese es el hábitat de los pingüinos. Pero ese frío es inhabitable para el resto de los especímenes políticos.

La primera percepción de este aumento de temperatura es que está muy lejos de tornar al clima como uno poco habitable para el oficialismo que aún dominan la escena. Y muchos menos de hacer posible la ocupación de todo el territorio por los otros.

No sabemos si la temperatura está aumentando lo necesario para una estampida de fuga de unos; y para la ocupación del espacio vacío por los otros. O si sólo en una magnitud insuficiente para ambas cosas.

Si el clima más calido de la política no alcanzara para que unos se retiren y los otros avancen, estaríamos generando un espacio vacío que es el mayor riesgo de la política. El espacio vacio lo ocupan la acción directa y los flagelos que la política debería combatir. En el espacio vacío, se profundiza la manifiesta debilidad del Estado en terrenos decisivos para la vida social. Y todos los problemas quedarían a la deriva. Hay zonas vacías y eso lo percibimos.

¿Por qué esta década ha sido de frío extremo? O dicho de otra amnera ¿que pasó para que la opinión crítica haya sido congelada?

En la economía, el viento de cola congeló la discusión acerca de la estructura y del rumbo de la política. Mientras calentaba la economía, congelaba la discusión. El frío paralizante de la palabra, generado por la veloz tasa de crecimiento del PBI, inhabilitaba la crítica de las señales puntuales de riesgos. La debilidad de la inversión, la pertinacia de una pobreza enorme, la desigualdad, la primarización de la economía, el agotamiento de los stocks, quedaron en silencio merced a los bloques de hielo que generaba el viento de cola.

El conformismo oficialista, con el medio vaso lleno abastecido por el seguro de soja, clausuró el debate hacia adentro del gobierno. Eso fue muy grave, el vigor híbrido de nuevas ideas es la única fuente de juevencia de las concepciones políticas. Si alguien quiere perseverar algo en una misma línea y por mucho tiempo, hay que cambiar. La ausencia de oxigenación interna termina intoxicando el pensamiento. Y en ausencia de pensamiento la política no cambia los errores sino que los justifica.

Por otra parte, la masa de hielo generada por el viento de cola, lo dijimos, congeló la palabra opositora, reduciendola, tal vez exagerando, a debates formales que, por el silencio del oficialismo, se convirtieron en debates entre opositores guarecidos en las zonas más calientes del escenario, que es el costado donde se acumulan las denuncias.

¿Cuándo comienza el deshielo? Los tiempos de deshielo se insinúan cuando los pingüinos giran en dirección contraria a la marcha hasta hace poco sostenida. Basta ver los últimos pasos. El viento de cola, a causa del giro, se convirtió en viento en contra. Viento de bolina. Por eso es necesario explicar el giro del oficialismo.Avanzaban sin tener en cuenta que más allá podría haber una pared o un vacío. El giro entonces ¿es producto de una decisión o el haberse encontrado frente a un cul de sac?

En el origen del giro está el cul de sac. La pared que obliga a girar se fue construyendo a todas luces con los ladrillos de riesgo antes señalados: inflación, madre del conflicto social, y la desinversión madre del conflicto económico, más todos los señalados.

La inversión de la marcha ha ido dejando al desnudo los problemas. Puedo negar todo, pero si hago cosas que sólo haría si el problema existe “estoy descongelando”.. Y las barras de hielo de la obstinada seguridad de la marcha se han licuando. Me explico.

La economía avanzó y aún se sostiene por un inmenso viento de cola. Es imposible disminuir el peso de ese empujón histórico sobre una economía preparada, en todas las dimensiones, para aprovecharlo: la primaria.

Pero no es menos cierto que, cualquiera sea la causa, los pingüinos al comando, mientras la nave avanzaba rápido y sin atascos, el desplazamiento de la masa fría paralizaba a la política. La oficialista y la opositora.

La opositora por incapacidad de imaginar un rumbo alternativo y hacer política en torno a ello; y el oficialismo encaramado en el éxito de la velocidad, aplaudído por los sectores beneficiados y también por los perdedores compensados con una miríada de fórmulas proteicas, reducía la política al relato del éxito que, pensado así, es una suerte de estado del que no se quiere salir.

No viene del todo al caso, pero es bueno recordar que es exitoso lo que tiene salida, lo que no genera un encierro o un cul de sac que obliga al giro. Si hay pared o cul de sac no hubo éxito: es así. Doy vuelta si iba por el camino equivocado o porque cambié de rumbo y esto no podría jamás ser homologado. Por ejemplo ¿como reconocer al mismo tiempo que hay un 25 por ciento de personas bajo la línea de pobreza, que la economía desacelera y explicar que quiero tomar el rumbo del ajuste, pero que no soy ajustador? Para aquél que otea a la distancia, que mira el largo plazo, el cul de sac se observa al final de la ruta recta. El que se confunde es el de mala vista, o el que mira corto por miedo al más allá.

Pato o gallareta, lo cierto es que el viento de bolina, lo que complica y amenaza calentar la política, es producto – no de que el viento de cola haya cesado – sino que el oficialismo que conduce la marcha dio una vuelta que no tiene porque ser de 180 grados, pero que cambia lo que pesa la dinámica del viento y lo que empujaba hacia delante pasa a empujar hacia atrás.

Mientras le pasa esto al oficialismo, los trabajadores barruntan el cachetazo de la baja del empleo multiplicado por la inflación. Los empresarios, medios escorados por el giro que les cambia la dirección del viento, piden por lo menos una brújula para navegar el cambio, corridos por las presiones de abajo que quieren protección real y las de arriba que quieren trasladar los cimbronazos del cambio de dirección.

Y en ese marco surge UNEN Frente Amplio. La política a la que el viento de cola tiró al piso; y que el viento de bolina, que sufre el oficialismo a causa de su giro, los vuelve a levantar.

Ellos los políticos de UNEN, al igual que muchos oficialistas dispuestos a migrar, todavía tienen que recorrer el camino de unir las puntas de los trabajadores y de los empresarios. Si eso no ocurre el “espacío vacío” está preparado para la acción directa y ese camino, de verdad, no lleva a ninguna parte. Construir lleva tiempo. Y se hace desde abajo. La congelación es la típica concepción de la construcción paralizante que se hace desde arriba. Y desde arriba sólo se hacen pozos, cul de sac, vacíos. El deshielo, como las crisis, es una oportunidad si hacemos algo por ella o un riesgo mayor si cada uno sigue en su rincón.

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26 abril 2014

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