Cambiaron los carteles

28 de abril de 2014

Carlos Leyba

La página del Ministerio de Economía, llamada “Información Económica al Día”, publica una “Estimación de la población, población económicamente activa, ocupados, desocupados y subocupados para el total urbano y los aglomerados de la EPH. MECON e INDEC”, que contiene – como lo dice el título – un cálculo del número de las personas ocupadas, concepto íntimamente ligado al éxito o fracaso de una gestión económica, por lo menos para quienes creemos que la economía y la política económica están al servicio del hombre.

Tibor Scitovsky señalaba que así como en el sistema político los votos definían, en democracia, la aceptación o rechazo de la gestión política; la tasa de desempleo definía, en el mercado, el desempeño “de acuerdo a normas” de la economía o el desequilibrio del sistema.

En los últimos años, y a consecuencia del predominio del pensamiento neoliberal, se ha generado en la profesión toda una corriente preocupada por fundamentar “científicamente” que el pleno empleo es compatible con un número de desocupados, en definitiva, creciente en términos de porcentaje y en número de personas. La idea es algo así como “los fracasos son buenos”.

Nuestra afirmación se explica si se tiene en cuenta que en la edad de oro del capitalismo (1944/1974) una tasa de desempleo del 3 por ciento era la “fricción” tolerada  en el sistema; a partir de los años del “malestar occidental” parte de los economistas se han dedicado a fundamentar  el porqué, esa tasa, puede (y debe) ser mayor.

La realidad es que la “nueva economía”, tanto en sus aspectos tecnológicos o de la globalización – que es la incorporación de millones de trabajadores al sistema mundial – ha procedido en la práctica a la exclusión por desempleo y que las políticas, hasta ahora, no han logrado superar ese Rubicón, con lo que muchos economistas se han dedicado a justificar lo que la política no ha podido resolver.

En nuestro país, durante la presidencia de María Estela Martínez (1975/1976), con el ministro Celestino Rodrigo y el ideólogo Ricardo M. Zinn, se introdujo explícitamente el desempleo como herramienta de disciplina social (traducido los asalariados pagarán el ajuste); el período radical (1983/1989) denunció y renunció a esa herramienta; y durante la presidencia de Carlos Menem (1989/1999) con el ministro Domingo Cavallo, la herramienta del desempleo se instaló asociada a la pobreza: la doctrina u justificación de Menem, al grito de Perón-Perón, fue “pobres habrá siempre”. En todos esos casos, con pretensión científica por supuesto insolvente, se aplicó el principio del “fin justifica los medios” o lo que es lo mismo dejó de lado que “la economía debe estar al servicio del hombre y no viceversa”.

Mirado en perspectiva histórica, el gobierno K, ha marcado una saludable inversión de ese concepto recuperándolo como objetivo; y nuevamente ha instalado en el discurso la meta del pleno empleo. Lo ha hecho central en su discurso.  Y por lo tanto, una de las medidas para señalar el éxito o fracaso de esta gestión, es la tasa de desempleo, el empleo, la creación de fuentes de trabajo.

El  “pleno empleo” como objetivo, es central en todo programa que se repute progresista. Y – por el contrario – todo gobierno que desconozca el empleo como objetivo es, desde todo punto de vista, regresivo. El empleo es el mejor mecanismo de distribución del ingreso en la economía de mercado y el que posibilita avances en la equidad. El desempleo, por el contrario, es un disparador del conflicto social y un conspirador contra el equilibrio económico y social. Pleno empleo y democracia van de la mano. Democracia y alto desempleo es un oxímoron. En este marco es laudable la posición oficial acerca del empleo. Pero ¿cuál es la condición de empleo lograda en todos estos años?

Acudir a esas cifras del Ministerio tiene como razón la reiterada afirmación de todos los funcionarios públicos y de los dirigentes principales del kirchnerismo, que sostiene que -en esta década- se crearon 6 millones de puestos de trabajo. Veamos qué verdad contiene eso con las propias cifras del Ministerio.

Suponemos que los puestos de trabajo están asociados a personas ocupadas; y si bien es cierto que un puesto de trabajo puede ser de medio turno, ese puesto de trabajo implica una persona ocupada. Puede ser que una persona ocupada tenga dos puestos de trabajo de medio turno cada uno. Esos dos o más puestos también representan una sola persona ocupada. Puede suceder que los puestos de trabajo sean un número mayor que el de las personas ocupadas. Pero más puestos de trabajo pueden no implicar más personas ocupadas.

Convengamos que el objetivo de la política económica es lograr que todas las personas que necesiten y deseen trabajar, estén ocupadas y que, en la medida de lo posible, lo hagan con un solo puesto de trabajo de jornada completa, si es esa su voluntad.

Dicho esto pasemos a la información el número de personas ocupadas. En Mayo de 2002, los días más oscuros de la crisis, era de 11. 182.000 de personas. Veníamos del punto previo más alto que ocurrió en Octubre de 2000. En aquél entonces las personas ocupadas eran 12.138.000. El proceso de la crisis había arrastrado a 1 millón de personas al desempleo.

En el segundo trimestre de 2003, cuando asume Néstor Kirchner, se había recuperado la ocupación pérdida desde 2000; y se había incrementado el número de personas ocupadas, respecto de Octubre de 2000, en 314 mil personas.

El número de personas ocupadas, cuando asume la presidencia Néstor Kirchner, era de 12.452.000. Entre lo recuperado y el crecimiento del empleo, para entonces, se habían incorporado un total de 1.270.000 personas a las fuerzas del trabajo. Los “nuevos empleos”, además de los recuperados, respecto del pico anterior eran, repito, 314 mil.

Desde el segundo trimestre de 2003, el comienzo de la era K, y hasta la última cifra disponible del Ministerio de Economía, cuarto trimestre de 2013, el incremento en el número de personas ocupadas fue de 3.640.000, totalizando ahora a 16.086.000 ocupados.

En un poco más de 10 años la creación de ocupaciones fue de 364 mil personas por año. El Ministerio informa que las personas ocupadas son hoy 3.640.000 más que las que tenían empleo cuando llegó Néstor. Pero los dirigentes del oficialismo y los ministros, insisten que se crearon 6 millones de puestos de trabajo. ¿Entonces?

Si “puestos de trabajo” es un concepto diferente de “personas ocupadas”, lo que conciliaría  ambas cifras, la del Ministerio y la de los ministros, es que en realidad hay 1,64 puestos de trabajo creados para cada nueva persona ocupada. La “sobreocupación” o la “explosión de la changa”, pueden ser la causa de que el Ministro hable de la multiplicación de los puestos de trabajo y el ministerio le baje varios cambios al número de las personas ocupadas.

Los puestos de trabajo no son precisamente un objetivo. El objetivo de la política económica es que las personas tengan ocupación, en lo posible, de jornada completa para lograr un salario pleno. Pero si el objetivo fuera “crear puestos de trabajo”, estos podrían duplicarse por el mero trámite de sancionar una ley por la cual el “puesto de trabajo” tuviera un máximo de 4 horas y que cada persona pudiera tener dos puestos de trabajo. El resultado sería, por ejemplo, que el número de puestos de trabajo sería el doble del de las personas ocupadas. La realidad de los ingresos no cambiaría. Nada, como dicen los adolescentes.

Repasemos que dicen los números.  Entre 1991 y 2013 el promedio de incremento anual de personas ocupadas, tomando mayo contra mayo de cada año y entre los segundos trimestres de cada año, fue de 252 mil personas. El menemismo o la convertibilidad (1991/2002) solo creó, asombroso, ocupación a 57 mil personas por año. Una imagen de la concepción regresiva y devastadora del menemismo. Si sacamos del promedio el peso de la “crisis final” de 2001/2002, el promedio sube a 148 mil que sigue siendo una muestra de la desazón social de aquellos años.

El contraste con el período K es notable. El promedio 2003/2013 fue de 447 mil nuevas personas ocupadas por año; pero si sacamos la extraordinaria creación de empleo a la “salida de la crisis final de 2002” el promedio baja a 365 mil personas. Finalmente el promedio de aumento de personas ocupadas durante el período de Cristina Kirchner fue de 224 mil: menor al promedio 1991/2003.

La “salida de la crisis” fue de creación de empleo por rebote; el período K completo (sacando el rebote de la crisis) fue de un promedio de crecimiento mayor en 45 por ciento al de 1991/2003. La etapa Cristina, desde ese punto de vista, es un quiebre respecto del período NK.  No obstante, para la misma estadística, el desempleo de final de 2013 alcanzo el 6 por ciento de la PEA. El menemismo entró a la cancha con 10 por ciento de desempleo y lo llevó al 20 antes del estallido de la crisis y en la crisis lo eyectó al 23 por ciento. El promedio de desempleo del menemismo fue del 15 por ciento. El período K – cualquiera sea la calificación del método, la calidad de la ocupación, etc. cuando asumió  Néstor estaba en 17 por ciento, el kirchnerismo lo bajó a un promedio de 9 por ciento y el último registro de esta información estadística oficial lo ubica en el 6 por ciento.  Las dos etapas quedan caracterizadas por esta marcha del empleo. El Menemismo y la convertibilidad lo pulverizaron en el altar de la estabilidad de precios que, en realidad, ocultaba la gigantesca y disparatada deuda externa. El Kirchenerismo logró sustantivos avances en materia de reducción del desempleo, en primer lugar, porque se lo propusieron y en segundo lugar porque en gran medida se aproximaron a una situación razonable. Pero esos logros quedan de alguna manera opacados por la afirmación de que se crearon 6 millones de puestos de trabajo. Si así hubiera sido el número de personas ocupadas sería mayor que la Población Económicamente Activa. Simplemente un error innecesario.

Durante el menemismo el desempleo estuvo en el origen y la consolidación de la pobreza; los últimos años de la gestión – con menores incrementos de ocupación que en la primera etapa – han consolidado los mismos porcentajes de pobreza – exclusión – que en los 90 pero con un desempleo más bajo y un ritmo menor en el aumento de las personas ocupadas. La idea del oficialismo acerca de una pobreza en extinción más la creación de 6 millones de puestos de trabajo, es sin duda un panorama ideal.

Cabría interrogarse , para una visión integral, si esos “6 millones” tienen las condiciones para hacer emerger de la pobreza a los que se han empleado. Y también, con el mismo propósito, interrogarse por la inflación.

Hasta enero el oficialismo repetía la extinción de la pobreza, una tasa de inflación mínima y 6 millones de puestos de trabajo y una tasa de crecimiento del PBI del 105 por ciento respecto de 2002 y de 65 por ciento respecto del pico de la convertibilidad acaecido en 1999. Una mirada al pasado desde esa información es deslumbrante.

Pero si en realidad la pobreza oscila en el 25 por ciento; la inflación adquiere un ritmo anual como mínimo también de 25 por ciento, las personas ocupadas aumentaron 3,6 millones en el período, el PBI corregido de los vicios del INDEC que desde 2002 la economía creció 69 por ciento y desde el pico de la convertibilidad, el 38 por ciento, cambian. Estas cifras, las corregidas, son una guía para nuestros problemas: necesitamos inversión para crear puestos de trabajo productivos, bajar la pobreza y la inflación. Así de simple. Pero si entendemos que el PBI vuela, el empleo grita en la calle y la pobreza es un mal recuerdo, la conclusión es que la inversión no es una necesidad desesperante y que bien puede esperar que termine la celebración de lo bien que nos fue.

En definitiva el daño que le ha producido la mentira del INDEC al gobierno equivale a una broma pesada que cambia la dirección de los carteles indicadores de la calle: lo más probable es que uno choque.

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28 abril 2014

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