POBREZA Y FUGA

22 de mayo de 2014

Publicada en El Economista

Carlos Leyba

Con las nuevas cifras del PBI publicadas por el INDEC las personas que en nuestro país, en 2013, podían considerarse pobres rondaban el 50 por ciento de la población. Eso es lo que surge de la información disponible a partir del nuevo cálculo de las Cuentas Nacionales y de las Encuestas de Hogares de 2013.

Una medida, de las varias que hay, acerca de la pobreza es la que establece una canasta que una vez satisfecha saca a las personas de la condición de pobres. El INDEC en 2013 acuñó una estimación insostenible pero consistente con las de inflación descalificadas por el propio INDEC a partir de 2014. Con el mismo concepto de “canasta” otros centros de investigación arrojaron resultados que multiplicaron por 4 ó 5 los números de pobreza del INDEC. Estas últimas mediciones coinciden con las encuestas de expectativas de inflación. Es razonable pensar que en 2013 los privados aproximaron mejor que el INDEC las estimaciones de pobreza.

La continuidad de la inflación en 2014,  esta vez sumada a la debilidad del empleo que se anuncia preocupante, nos hace pensar que los problemas de la pobreza para este año tendrán la misma dimensión que los del año anterior. Mal pronóstico de progreso social. La cuenta del 50 por ciento, que mencionamos al principio, está basada en datos del INDEC. No se trata de una medición absoluta, como las comentadas, sino de una medición relativa. Una medición que tiene que ver también con los resultados de equidad. Es un concepto de pobreza relativa utilizado en el Viejo Continente y que establece que las personas que tienen ingresos menores a la mitad del PBI por habitante de un país, en esa sociedad, son pobres. Resulta de ese concepto que la reducción de la pobreza también representa una mejora en la equidad.

La democracia obviamente implica el combate a la pobreza; pero de la misma manera  supone un progreso continuo en la equidad. Esta medida de la pobreza es un indicador del Estado de Bienestar.

Los números de la Argentina para 2013 señalan una pobreza relativa que resulta mayor a todas las estimaciones críticas de la pobreza absoluta. Efectivamente, según el último cálculo del INDEC, el Valor Agregado Bruto por habitante a precios de mercado tomado mensualmente es igual a 6.615 pesos. Serán parte de la población pobre aquellas personas que dispongan por mes de menos de la mitad de ese ingreso: es decir menos de  3.307 pesos mensuales. Las Encuestas de Hogares de 2013 nos informan que el 50 por ciento de la población declaró un promedio de ingresos mensuales inferior a 3.195 pesos. En síntesis, en términos relativos, el 50 por ciento de la población en 2013 tuvo ingresos que la colocaron, para los números oficiales, en condición de pobreza.

Hasta acá los datos.

Es obvio que es muy importante saber a cuántos argentinos, el funcionamiento del sistema económico en el que vivimos, nos brinda la posibilidad de una vida para “desarrollar todo el hombre” que somos; y a “todos los hombres” que, juntos, hacemos la Patria.

La pobreza es en definitiva el ambiente, el marco y la condición, menos propicia para el “desarrollo de todo el hombre”. Quien sufre esa condición, tenga ese estrecho marco de vida y esté condicionado por ese ambiente para desarrollarse, debe encarar un camino cuesta arriba, si es que logra salir del pozo donde cayó o – lo que es peor – dónde nació. Hay más personas nacidas en la pobreza y que permanecen en ella, que personas caídas en la pobreza: por eso se dice que la pobreza es joven y que los jóvenes son pobres.

Pocos datos económicos y sociales, tienen la importancia estructural de este indicador.

Vale la pena recordar que el progreso de la sociedad es función de la aplicación del trabajo organizado, la explotación de la naturaleza y la disponibilidad del capital. Y de la capacidad, de todas esas aplicaciones, para generar un excedente – lo que está por encima de la satisfacción del nivel de vida alcanzado – capaz de mejorar continua y sistemáticamente, la capacidad del trabajo, la salud de la naturaleza y la ampliación del capital. Esa es condición necesaria del progreso económico.

Por lo tanto, la fuga del excedente, la fuga de capitales, es lo que impide la realización del progreso potencial de la economía. Y el despilfarro de la naturaleza es un costo salvajemente transferido al futuro. De eso no hay duda. Pero la pobreza, sea el número de las personas debajo de la línea de pobreza absoluta o debajo de la línea relativa de pobreza, equivale, tanto en la economía como en la sociedad, – y por cierto mucho más grave – a la fuga de capitales. La pobreza es la fuga del recurso más poderoso de la sociedad: la capacidad de desarrollarse de las personas que la habitan.

¿Cómo desarrollar a una sociedad si no se pueden desarrollar todas y cada una de las personas que la integran? Juan Perón lo decía claramente: “nadie se realiza en una sociedad que no se realiza”; y si todas las personas no se realizan la sociedad no se realiza. La Nación deja de ser un proyecto colectivo. Y deja de ser Nación.

Suena fuerte. Pero es verdad; y aquí se nota.

La fuga de recursos que representa la pobreza se potencia con la fuga de capitales que hemos experimentado; y ni hablar de las consecuencias futuras del descuido de la naturaleza.

Por eso resulta grave que no podamos, en nuestro país, tener bases sólidas para un análisis de las causas y el estado de la pobreza. La discusión sobre cuántos (lo que implica quiénes y dónde) viven debajo de la línea de pobreza absoluta y relativa, es realmente patética.

Los números oficiales que aportamos intentan poner en común una información que muchas personas del oficialismo, no todas, niegan. Es paradójico que quienes dicen suscribir la visión peronista, en el sentido de la equidad y la justicia social, sean los que defienden la estrategia de reducir al mínimo el registro de la pobreza. Ello implica impedir hacer lo necesario para reducir realmente la pobreza. Aclaro: reducir el registro de la pobreza real es una manera de consolidarla.

La negación es una contradicción extraordinaria no ya con lo que Perón en sus tres gobiernos puso en práctica, en materia de información y acción, sino con lo que otros argentinos anteriores a Perón hicieron en su tiempo. Por ejemplo, el presidente Julio Argentino Roca, junto a su ministro Joaquín V. González, comisionó en 1904 a Juan Bialet Masse – que representó a los estibadores en el Congreso de la Unión Obrera Argentina -para que realizara un informe sobre “El estado de las clases obreras argentinas”. Hace poco lo recordó Daniel Scioli, quien comparte la jibarización estadística de la pobreza. La provincia publicó el Informe Bialet Masse. En el prólogo Scioli dice el “Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República” surge por encomienda del Poder Ejecutivo Nacional a causa de la preocupación por conocer la situación laboral en el interior del país, convirtiéndose en una detallada investigación basada en… testimonios” . Sería maravilloso que además de recordar ese trabajo, el gobernador hiciera lo propio para conocer la dimensión real de la pobreza en su provincia; y en el país que aspira a gobernar. Editar un libro es merito al pasado. Encargar un Informe sería útil al futuro.

Volvamos al principio. El INDEC ha calculado cifras ridículas de pobreza en base a una canasta de bienes y servicios. El ridículo deriva de la distorsión de siete años en los índices de inflación. El 50 por ciento de pobres en términos relativos con el que empezamos esta nota está por encima de los cálculos privados de pobreza. Este cálculo se basa en una perspectiva distinta de la del INDEC y de la de los centros privados de investigación. Ellos, al igual que el Banco Mundial, establecen una canasta cuyo acceso determina que quien accede a ella se ha liberado del ambiente, el marco y la condición de la pobreza. Es opinable.

Para el Banco Mundial la pobreza desaparece a partir de que una persona dispone de 2 dólares diarios valorados a la paridad del poder adquisitivo. Para nosotros la línea del Banco Mundial nos dice que habríamos estado fuera del ambiente, el marco y la condición de la pobreza con sólo 341 pesos mensuales al tipo de cambio oficial: las correcciones de paridad de poder adquisitivo no cambian el sentido. Para el Banco Mundial, con esa línea absoluta de pobreza,  “no hay pobres en la Argentina”. Vale la pena reflexionar acerca de esto.

Algunos economistas argentinos – entre ellos los que produjeron la explosión de la pobreza en los 90 – a 2 dólares por persona el mundo ha “realizado un avance notable en la reducción de la pobreza”. A partir de la discusión sobre la tesis de Thomas Piketty, tan de moda en el mundo entero, algunos de estos economistas nativos han reconocido la explosión de desigualdad de estos años de abandono del Estado de Bienestar pero “han rescatado que se redujo la pobreza en el mundo medida a 2 dólares por barba y por día”. ¡Lo que hay que oír! Desigualdad sí, pero los pobres son menos…  a 2 dólares diarios.

Así como recién ahora algunos colegas comienzan a reconocer la inexistencia de inversión, que es  la otra cara de la fuga, como causa de tantos males y pérdida de oportunidades; es hora de que comencemos todos a pensar que la dimensión de la pobreza del presente es la dimensión de la condena del futuro.

Pobreza y fuga; fuga y pobreza las dos caras de la misma moneda.

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24 mayo 2014

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