¿En qué quedamos?

25 de mayo de 2014

Carlos Leyba

La estructura productiva determina la distribución primaria del ingreso generado en la economía.

Las políticas gobernadas por ideas de progreso en la equidad social como condición necesaria del proceso democrático, le asignan un papel protagónico a la transformación de la estructura productiva con el objetivo de alcanzar, en el marco de la democracia, la mejor distribución primaria del ingreso que sea posible.

¿Cómo sería posible sostener una distribución progresiva del ingreso sin la contrapartida de una estructura productiva compatible?

No cabe duda que, de la Segunda Guerra Mundial para acá, el peronismo – entendido como aquello con lo que se identifican los sectores populares – fue la idea que representó ese paradigma de “equidad a partir de la transformación de la estructura productiva”.

¿Lo fueron todos los gobiernos peronistas, en la definición de aquellos que acceden al poder en nombre de Juan Perón?

El precandidato presidencial, ministro de la importación llave en mano de los trenes chinos, Florencio Randazzo, declaró –  Radio Mitre, 23 de mayo – que “éste es el gobierno más peronista de los últimos cincuenta años”. Con esa ubicación temporal liquidó un pedazo relevante de la historia de Juan Domingo Perón quién gobernó la Argentina hace sólo 41 años. Para ser justos, peor lo hizo Carlos Menem en los 90, cuando condenaba a “los gobiernos desastrosos de los últimos 50 años” e incluía a los tres gobiernos de Perón. Pero Cristina Kirchner también ha sostenido que “nadie hizo más por la justicia social que Néstor y yo”. Otra vez Perón se quedó sin ese lugar en la historia.

Según Randazzo, el Líder no fue tan peronista como él. No es un error algebraico, sino que es parte de la construcción de una nueva historia del peronismo. Florencio, de hecho, también negó su protagónica participación, desde 1992 y hasta 2002, en  los gobiernos de la década menemista.

¿La trayectoria propia da o quita autoridad moral para dictar cátedra sobre lo que es o no es, auténtico? Puede ser.

Pero sin duda que lo que brinda autoridad es lo que hacemos. Entonces ¿Qué diferencia hay entre una solución de tipo Mauricio Macri o “neo liberal importadora” o de “derecha conservadora de la estructura productiva” y la ejecutada por el ministro de transporte en materia de trenes?

“La solución ferroviaria randazzista” es poco “peronista” de Perón. Desde la visión de la estructura productiva es regresiva. Importar trenes “llave en mano” ¿era o es, inevitable? De ninguna manera.

Brasil cerró un contrato de provisión francesa de trenes urbanos PERO con transferencia de tecnología y mano de obra brasilera. ¿Cómo? Alstom – comunicado de EFE del 3 de abril de 2014 – instalará una fábrica en Río de Janeiro, a fin de atender el encargo de la operadora de trenes de la ciudad, para la construcción de 20 conjuntos ferroviarios. La instalación de la fábrica garantiza que el 70 por ciento del equipamiento será de origen brasilero.

Hay un extravío en la manera de enfocar los problemas estructurales al menos desde la perspectiva de lo que conocemos como “doctrina” del peronismo de Perón. ¿Hay otro?

El último gobierno de Perón y los dos anteriores, se organizaron en torno a dos planes quinquenales y un plan trienal. Los que han llegado al poder invocando su nombre, salvo una excepción, hasta ahora no lo han hecho. Importar sin plan es la muestra de “la urgencia me gobierna”.

El plan es pensar al país desde una perspectiva multidimensional. Y así como el vergonzoso proyecto del tren bala –decisión firmada por los opositores Martín Lousteau y Alberto Fernández, quienes lo ocultan o lo niegan – sería inimaginable en un administración guiada por un plan. Lo mismo cabe decir para la decisión ferroviaria de Florencio. No es una cuestión de personas. Es el modelo de decisión.

El plan garantiza la calidad de las decisiones y la primera condición de los gobiernos peronistas, con Perón en vida, era el diseño del plan. Pero, para el ministro candidato, Perón – en su tercera presidencia – no fue “tan peronista” como él. Quizá tenga razón.

La secuencia “estructura productiva – distribución del ingreso” nos invita a que nos interroguemos ¿cuál fue la mirada y la acción de los tres gobiernos de Perón sobre la pobreza o la justicia social o la equidad? ¿Y cómo estamos hoy?

La medida más utilizada acerca de la pobreza en la sociedad, de las varias que hay, es la que establece que, una vez satisfecha una canasta de bienes, las personas salen de la condición de pobres. El INDEC en 2013- con ese criterio – acuñó una estimación insostenible, pero consistente con las de su cálculo de la inflación. ¿Por qué consistente con el cálculo de la inflación? Como durante siete años subestimó groseramente la inflación, la valorización en pesos de la canasta de bienes quedó casi estancada. Y como los ingresos (subsidios, jubilaciones, pensiones, salarios, etc.) crecieron, en esos años, más o menos con la inflación, los pobres “desaparecieron” de la estadística. Todo llega.  A partir de 2014 el INDEC  descalificó sus propias estimaciones de inflación. Y le agregó más ridículo al ridículo de su estimación de la pobreza. A punto tal que dejo de publicar la estimación sobre la pobreza. Ahora no los niega sino que no los cuenta.

Con el mismo concepto de “canasta”, otros centros de investigación arrojaron resultados que multiplicaron por 4 ó 5 los números de pobreza del INDEC. Estas últimas mediciones coinciden con las encuestas de expectativas de inflación y los niveles de las negociaciones salariales. Por eso las canastas, físicamente las mismas del INDEC, fueron valorizadas a los precios reales del mercado o sea reflejando la inflación: canastas y pobreza consistentes con la inflación “verdadera”. La cuestión no es menor. Gran parte del oficialismo en funciones defendía al modelo porque hasta 2013 los pobres habían desaparecido estadísticamente. Del otro lado, que incluye a oficialistas sin funciones ejecutivas, a partir de la “verdadera” inflación se establecía la “verdadera” pobreza. No es lógico, no existe caso similar en el mundo, en que el metro patrón en manos de uno tenga 100 centímetros y en manos de otro tenga 25 centímetros. Absurdo.

Y grave. Porque La continuidad del proceso de inflación en 2014, esta vez sumada a la debilidad del empleo, menos empleo y más desempleo, conforman una tijera de poda de los ingresos disponibles. Una situación preocupante que calienta y se recalienta con la ya evidente caída de la actividad. Es muy probable que la pobreza, en 2014, tendrá una dimensión mayor a la del año anterior. Puede desacelerarse la inflación pero, por ahora, lo será a base de menos actividad.  Esto no vino de golpe. Lo que se hizo y lo que se dejo de hacer, están en la raíz de este mal pronóstico de progreso social. ¿Peronismo?

Con el método de la “canasta”, en 1974 cuando gobernaba Perón, la pobreza era del 4 por ciento y el número de pobres era de 800 mil personas entre los 20 millones de argentinos. Las cifras privadas estiman que la pobreza hoy la sufren 10 millones de personas.

Con estos números, desde la perspectiva de la pobreza y de la justicia social ¿Cuál habrá sido el gobierno más peronista de los últimos 50 años mirando las cifras de pobreza?¿Qué diría el candidato Florencio?

Dejemos de lado el debate del INDEC y los privados. Hagamos otra cuenta. Utilizando el concepto de “pobreza” que se usa habitualmente en la Unión Europea la pobreza en la Argentina en 2013 alcanzó al 50 por ciento de la población. Esto es lo que dicen las nuevas cifras del PBI – INDE. Esto surge de la información del nuevo cálculo de las Cuentas Nacionales y de las Encuestas de Hogares de 2013

La cuenta del 50 por ciento no se trata de una medición de pobreza absoluta, como lo es la del método de la canasta, sino de una medición relativa que tiene que ver con la equidad distributiva.

El indicador establece que las personas que tienen ingresos menores a la mitad del PBI por habitante de un país, en esa sociedad, son pobres en relación al disfrute de las oportunidades que en promedio el país brinda. Resulta, de ese concepto, que la reducción de la pobreza también representa una mejora en la equidad. El criterio es muy importante y muy apropiado para la actualidad nacional. No sólo atravesamos desde hace más de 20 años una acumulación escandalosa de pobreza sino que ahora, gracias al crecimiento deforme, le hemos agregado a una fabulosa concentración de riqueza, entre otras de las escandalosas e inexplicables fortunas de la nueva oligarquía de los concesionarios, unas mega distancias entre super ricos y el resto del mundo. En términos relativos la clase media se empobreció. Por eso es muy importante el método de la pobreza relativa que, según los números del INDEC, alcanza al 50 por ciento.

Observe que con el método de la canasta puede bajar el porcentaje de población bajo la línea de pobreza pero, al mismo tiempo, aumentar la desigualdad social. Es lo que ha pasado en China. Con el método europeo, equidad y pobreza van siempre en la misma dirección.

Vamos a los números que permiten afirmar que la pobreza relativa alcanza al 50 por ciento de la población. Según el último cálculo del INDEC, el Valor Agregado Bruto por habitante, a precios de mercado, para 2013 tomado mensualmente, fue igual a 6.615 pesos. Entonces, fueron parte de la población pobre aquellas personas que por mes dispusieron menos de la mitad de ese ingreso: es decir menos de  3.307 pesos mensuales. Las Encuestas de Hogares de 2013 nos informan que el 50 por ciento de la población declaró un promedio de ingresos mensuales inferior a 3.195 pesos. Los precios de mercado son a los precios que se hacen las transacciones e incluyen los impuestos.

En síntesis, en términos relativos, el 50 por ciento de la población en 2013 tuvo ingresos que la colocaron, para los números oficiales, en condición de pobreza en términos relativos. Hasta acá los datos.

Es muy importante saber a cuántos argentinos, el funcionamiento del sistema económico, nos brinda la posibilidad de una vida para “desarrollar todo el hombre” que somos; y a “todos los hombres” que, juntos, hacemos la Patria.

La pobreza es en definitiva el ambiente, el marco y la condición, menos propicia para el “desarrollo de todo el hombre”. Quien sufre esa condición, tiene ese estrecho marco de vida, y esté condicionado por ese ambiente para desarrollarse. Debe encarar un camino cuesta arriba, si es que logra salir del pozo donde cayó. O, lo que es peor, dónde nació. Hay más personas nacidas en la pobreza y que permanecen en ella, que personas caídas en la pobreza: se auto reproduce, la pobreza es joven y que los jóvenes son pobres.

Pocos datos económicos y sociales, tienen la importancia estructural del indicador de la pobreza. Y el de la pobreza relativa, cuyo cambio requiere mucho tiempo, es más rico aún como orientador de la política.

Vale la pena recordar que el progreso de la sociedad es función de la aplicación del trabajo organizado, la explotación de la naturaleza y la disponibilidad del capital. Y de la capacidad, de todas esas aplicaciones, para generar el excedente que  es aquello que está por encima de la satisfacción del nivel de vida alcanzado. El excedente brinda la capacidad de mejorar continua y sistemáticamente, la calidad del trabajo, la salud de la naturaleza y la ampliación del capital. Esa es condición necesaria del progreso económico.

La fuga del excedente, la fuga de capitales, impide la realización del progreso potencial de la economía. Y el despilfarro de la naturaleza es un costo salvajemente transferido al futuro.

Pero la pobreza, sea el número de las personas debajo de la línea absoluta o debajo de la línea relativa de pobreza, equivale, tanto en la economía como en la sociedad, – y mucho más grave – a la fuga de capitales.

La pobreza es la fuga del recurso más poderoso de la sociedad: la capacidad de desarrollarse de las personas que la habitan.

¿Cómo desarrollar a una sociedad si no se pueden desarrollar todas y cada una de las personas que la integran? Juan Perón lo decía claramente: “nadie se realiza en una sociedad que no se realiza”; y si todas las personas no se realizan la sociedad no se realiza. La Nación deja de ser un proyecto colectivo. Y deja de ser Nación. Suena fuerte. Pero es verdad; y se nota.

La fuga de recursos que representa la pobreza se potencia con la fuga de capitales que hemos experimentado; y ni hablar de las consecuencias futuras del descuido de la naturaleza.

Resulta grave que no podamos, en nuestro país, tener bases sólidas para un análisis de las causas y el estado de la pobreza. La discusión sobre cuántos (lo que implica quiénes y dónde) viven debajo de la línea de pobreza absoluta y relativa, es realmente patética. ¿Cómo aceptar esa falta de interés de quienes se reivindican peronistas?

Los números oficiales que analizamos intentan poner en común una información que muchas personas del oficialismo, felizmente no todas, niegan. Es paradójico que quienes dicen suscribir la visión peronista, en el sentido de la equidad y la justicia social, sean quienes defienden la estrategia de reducir al mínimo el registro de la pobreza y de la inequidad. Hacerlo implica contribuir a impedir, postergar, minimizar el hacer lo necesario para reducir realmente la pobreza. Aclaro: reducir el registro de la pobreza real es una manera inexorable de consolidarla. Y es lo que está pasando.

De la misma manera procurar “una solución ferroviaria” que consolida una estructura comercial “imperial”, y tal es el caso del cambio soja (y profundizo el monocultivo) por trenes (y consolido la desindustrialización), tendrá sus razones. Pero esas “razones”, en términos de estructura productiva y distribución primaria del ingreso, no son peronistas de Perón ni nacionales,

¿Qué vincula las dos cosas? Pobreza y trenes. Con la idea de estructura productiva que Randazzo expone como el súmmum del peronismo, es comprensible el porqué sufrimos pobreza e inequidad con crecimiento; y porqué los organismos oficiales dedican esfuerzos a exagerar el crecimiento y a ocultar la pobreza. Registramos las correcciones… pero.

Volvamos al principio. El INDEC ha calculado cifras ridículas de pobreza en base a una canasta de bienes y servicios. El ridículo deriva de la distorsión de siete años en los índices de inflación. El 50 por ciento de pobres en términos relativos está por encima de los porcentajes de los cálculos privados de pobreza. No son datos comparables: uno es relativo, el otro es absoluto. No dicen lo mismo.

Combatir la pobreza y reducir la desigualdad deben marchar juntas. Y ambas cosas son imposibles de lograr sin una estructura productiva que lo sostenga.

Recién ahora, algunos colegas, comienzan a reconocer la inexistencia de inversión reproductiva que se arrastra por décadas.

Esa es la otra cara de la fuga de capitales – una hija de la concentración de la riqueza –  como causa de tantos males; y de la fuga de oportunidades de desarrollo de todas las personas.

La dimensión de la pobreza y de la desigualdad del presente, es la dimensión de nuestra  condena del futuro.

Volviendo a las visiones. Con una estrategia de plan nadie hubiera desatendido la falencia de inversión, el crecimiento de la pobreza (si el porcentaje se mantiene y la población crece, los pobres son más); o la solución importadora que, como todos sabemos, es la doctrina menemista que – hasta ahora – habíamos escuchado que, para el oficialismo (y con razón), fue la gran traición al peronismo.

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25 mayo 2014

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