El fantasma de la deuda externa

20 de junio de 2014

Carlos Leyba

Como un fantasma, la deuda externa nunca extinguida, recorre las galerías del poder desde hace 40 años.

¿Por qué la deuda externa resiste? La respuesta es imprescindible para comprender por qué, por ejemplo, a pesar del “desendeudamiento”, la deuda externa siempre vuelve a ocupar el centro dominante de la política como lo está haciendo en nuestros días, aparentemente, a causa de la decisión de la Corte de los Estados Unidos. Sobre esto volveremos.

La decisión no hizo más que reponer a pleno la decisión del Juez Thomas Griesa, tomada hace 2 años, que había que pagarles todo a los holdouts (Fondos Buitres y otros acreedores) que se presentaron a su juzgado con Bonos argentinos que habían establecido la jurisdicción de Nueva York.

Hasta el  20 de junio en que la presidente le pidió al Juez condiciones para negociar y por lo tanto acató la sentencia; osciló entre “no pagaremos un solo peso a los buitres”; y en el otro extremo  “mandaremos negociadores y no iremos al default”. O bien “vamos a ver como eludimos la sentencia cambiando la jurisdicción de pago de los que accedieron al Canje y no mandaremos negociadores”.

CFK tratará de evitar el default. Sería bueno el silencio de la pedantería crítica mentirosa de los “supuestos expertos”, que recorren los medios, y que son autores o participes del Megacanje, del Blindaje, Bonos Brady, de la deuda toda y que hoy – los más conocidos – básicamente asesoran a Daniel Scioli, a Sergio Massa, a Mauricio Macri. También habrá más de uno que buleva por el FAU UNEN, pero que no lo tengo en la memoria. Entran también los autores del Canje 2005 y 2010 por ser ellos los que, habiendo heredado la deuda y sin tener responsabilidad en ella, armaron una salida incompleta. Le dejaron a unos Buitres la jurisdicción más conveniente y la cláusula RUFO que obliga, hasta fin de este año. a pagarle a todos los acreedores cualquier mejora.

El mérito mayor del Canje 2005 fue la pesificación de parte de la deuda y el estiramiento de plazos. Los hilos sueltos han resultado gravosos. Por eso la mayor parte de los “expertos”, los que reclaman “profesionalidad”, deberían tener el mínimo sentido común de señalar que, primero, este problema es responsabilidad de esos “expertos”. Todos, ante el pésimo manejo de estos dos años por parte del gobierno y ante el desconcierto oficial de esta semana, no han hecho otra cosa que “dar consejos” sin reconocer su previa responsabilidad. Este gobierno no dialoga. Entiende poco. Es verdad. Pero los mencionados tienen sobre sus espaldas no haber hecho las cosas bien: sino no estaríamos acá.

Las idas y vueltas de CFK se comprenden con la frase de Axel Kicillof que quedará para la historia “Quédense todos tranquilos, esto está estudiado en profundidad”. Pero para “tranquilidad” de todos CFK acató la sentencia para negociar. Si cumple con el criterio Repsol y Club de Paris, criticará a los acreedores, y les pagará todo y aún más. Es lo posible y es lo que hay. La alternativa es entrar en default para … volver a negociar. Siempre “donde hay un Bono, hay una comisión” para “estudiar”, etc. Mientras tanto se eyecta el paralelo y la incertidumbre complica todo.

Para muchos la deuda exige una investigación de legitimidad. El Juez Ballestero, en la causa Olmos, ya la dictaminó. Miguel Ángel Espeche Gil ha abundado sobre los conceptos de la deuda odiosa. Las consecuencias “prácticas” de estas investigaciones tienden a cero por mil razones. Pero lo cierto es que el país se merece una investigación sobre el origen y el destino de la deuda; sobre la legitimidad de algunas operaciones. Hay que revisar 40 años. No será una tarea sencilla. El esfuerzo vale. Ha sido demasiado gravoso para el país el manejo de la deuda y su administración. Y podemos decir que todo lo que hemos pagado y todo lo que aún debemos ha sido inútil. Sólo nos queda el pasivo y nada, o casi nada, hemos activado. Ejemplo: tomamos deuda – creo por 30 mil millones de dólares – para financiar el pago de las jubilaciones, cuando el sistema de reparto fue desvencijado con la creación de las AFJP. Los recursos previsionales iban a las AFJP y el Tesoro, desfinanciado, pagaba las jubilaciones. Apelamos al crédito para cubrir el bache. Las AFJP fueron un negocio escandaloso e hijo de una concepción inmoral. Las AFJP desaparecieron pero la deuda quedo. Así fue todo. Y ahora, por ejemplo, “compramos” las acciones de YPF cuando podríamos haberla intervenido, analizado los giros de utilidades, el cumplimiento del contrato, las cuestiones ambientales, con estudios de jerarquía internacional y entonces sí, como dijo Kicillof, no pagarles un peso y cobrarles lo que debían. Pero hoy tenemos una deuda. Es así. Mucha deuda, aún legítima, es inexplicable. Y sería bueno que, por lo menos, el Parlamento lo ponga en blanco y negro, para que no se vuelva a repetir la ilegitimidad y la inutilidad de la deuda. Aunque duela la verdad es siempre sanadora.

Para contribuir a la verdad el gobierno debería transparentar la información, abrir todos los trámites de la deuda a su cargo, como también la totalidad de las informaciones del INDEC y del BCRA. El método del ocultamiento y la deformación informativa se ha convertido en un boomerang que en lugar de distraer a los críticos se le ha vuelto en contra. Por ejemplo en el tema de la deuda y el de la sanción tan injusta de Thomas Griesa.

El gobierno ha proclamado que el canje – Néstor Kirchner dijo que la quita fue del 75 por ciento – fue la quita más grande de la historia. Y al mismo tiempo que había saldado la deuda social interna recibida. Para el kirchnerismo el nivel de pobreza es el más baja de la historia nacional y la equidad está a niveles Europeos.

La realidad número 1 es que la deuda social está en los mismos niveles de la espantosa década del 90. La realidad, y tal vez no tenga nada que ver con la realidad número 1, es que el Canje no fue tan oneroso para los Bonistas acreedores como proclama el gobierno.

Cálculos de Alberto Muller, en el CESPA, FCE, UBA, 2013, determinan que, según la tasa de descuento de los flujos de pago futuros y con una hipótesis de crecimiento vinculadas al PBI, la quita real es de entre 0,7 y 35.9 por ciento. Para Muller los cupones del PBI morigeran la quita: sin ellos los extremos serían de 28 y 56 por ciento. Y la quita, calculada para igualar el rendimiento libre de riesgo del capital defaulteado es de 36.56 por ciento. Una quita notablemente menor a la de Grecia (54 por ciento). Otros analistas especializados, Héctor Giuiliano el más activo, sostienen fundamentadamente que la quita es mínima. En todos los críticos en la verdadera quita se postula el peso enorme que ha tenido en la reducción de la quita el cupón PBI que ha reintegrado 0,48 centavos por cada peso de deuda. La mayor parte de los críticos sostiene que la quita efectiva no pasó del 15 por ciento que es el promedio de los extremos de Muller. La realidad es que, a partir de esa información, que en el caso de Muller es oficialista,  el canje no tuvo la quita que el oficialismo pregona. Los Buitres y Griesa se han aprovechado del marketing del desendeudamiento exagerado: si la quita era tan onerosa era lógico que quien no estuviera desesperado no se presentara al Canje y prefiriera litigar. Griesa recibía información falsa del propio gobierno: había sido mucho menos agresivo.

Hasta este año las Cuentas Nacionales del INDEC reportaban crecimientos del PBI muy superiores a la realidad, lo que hizo que se pagara por el cupón atado al PBI más a los acreedores del Canje. El nuevo cálculo impidió el pago del cupón a vencer. Pero dejó en claro que antes se pagó demás. Y ya hay denuncias penales contra los responsables del cálculo.

Lo cierto es que lo efectivamente pagado, los valores del canje, así como las cuentas del Club de Paris y la valuación de las acciones de Repsol, permanecen en la nebulosa. Por un lado se hacen afirmaciones de dureza para el mercado interno y en la práctica hay mas que “buena voluntad” para los acreedores. En el Canje hubo una quita importante (entre 15 y 36 por ciento) pero menor a otras recientes (Grecia).

La oferta argentina de pagar con el mismo esquema del Canje a los Buitres es una oferta justa:  la quita no es abusiva. Dado el valor de compra por parte de los Buitres el valor Canje les reporta una ganancia inmoral. Las palabras de presentación en los Tribunales del problema de la Argentina omitieron que el canje no fue con una quita del 75 ni mucho menos y esa omisión predispone en contra. Pero ya está. Ahora la sentencia se cumplirá y sólo resta negociar condiciones manejables teniendo en cuenta que faltan la mayor parte de los holdauts.

De cualquier manera, no por esperada para la presidente, esta noticia es un balde de agua fría en invierno y con ropa de verano. Todo mal. Porque todas las condiciones de la economía están complicadas y ponen al descubierto que en diez años, en definitiva se ha ganado poco. Se ha gastado mucho. Pero se ha ganado poco.

La inflación y el estancamiento en el empleo han pegado un frenate al consumo; los niveles de inversión permanecen paupérrimos; las exportaciones aflojan. Las cuestiones estructurales de la pobreza y la inequidad no dejan de profundizarse. La industria se desacelera; la dinámica de la construcción y el mercado inmobiliario, sigue siendo de desaliento. Las cuentas públicas nacionales y provinciales están estresadas; los niveles de las reservas en el Banco Central sufren del ataque de una brecha cambiaria que ha vuelto a los peores días. La suma de todos esos elementos da “invierno”. Y el balde agua fía, más bien helada, se materializa en la frustración de haberse encontrado el gobierno con una barrera en el camino a la búsqueda de “dólares frescos”. Dólares frescos para poder financiar la continuidad de lo que hay; y tratar de poner un poco más de abrigo al clima económico: financiar la transición hasta el momento del “pato rengo” a full que ocurrirá a partir de agosto de 2015. El último trimestre Dios dirá.

El camino recorrido por el gobierno de pagarle, a como dé, a Repsol por las acciones de una empresa vaciada de inversiones por los Repsol y los Eskenazi; de arreglar con acreedores en el CIADI – que es otra historia -; y de arreglar con el Club de Paris de manera por lo menos poco clara; ese camino que tenía como destino nuevos créditos de dinero fresco, no pudo continuar. La nueva barrera de los Buitres habrá que levantarla y es muy pesada. Pero ¿dónde llevaba ese camino? La meta era llegar a las fuentes, al oasis de nueva deuda externa que nos permitiera mejorar la posición de reservas para afrontar lo que queda del gobierno con capacidad de manejo sin generar más  ajuste del que ya se ha llevado a cabo.

Más allá de que ese camino es el del retorno a la política del endeudamiento, la concepción económica de la actual gestión, no parece tener más alternativas. Recuerden los viajes de Axel Kicillof a China a la búsqueda de créditos. Y eso antes de emprender la llamada Ruta Boudu. Hasta arreglar con Griesa esa barrera permanecerá cerrada.

La negociación demorará la llegada del momento en el que la barrera se levante. Y una vez levantada algunos préstamos llegarán y todo antes de agosto de 2015 cuando las primarias generen la diáspora del peronismo en el Frente para la Victoria.

Este gobierno hijo del default, la megadevaluación y el más extraordinario período de los términos del intercambio internacional que se propuso el “desendeudamiento” y que – según dice – pagó 170 mil millones de dólares dejará el poder con un “problema de la deuda” que cumplirá cuarenta años.

¿ Por qué la deuda externa resiste y sigue siendo, como lo demuestra la actual crisis, el hecho dominante de la economía argentina en los últimos cuarenta años?

Por sus resultados, toda la deuda desde la Dictadura Genocida, sirvió para financiar la dolarización del excedente nacional transformado en fuga de capitales. Por eso la cuestión de la deuda externa está asociada a todos los males de la economía nacional, básicamente al déficit de inversión reproductiva y de infraestructura,  los que – a su vez – están en el origen de los males sociales de la pobreza, la inequidad distributiva, el desempleo y todas las formas de precarización de los ingresos de los sectores populares que padecemos. La deuda – asociada a la financiación de la importación masiva de bienes de consumo – fue desde el principio, una herramienta de destrucción de la producción y del trabajo nacional: la invasión importadora – en todas sus facetas – tuvo por objeto disciplinar, mediante el cierre de fábricas y el desempleo, al conjunto de los trabajadores y empresarios nacionales. Treinta años de democracia no lograron cambiar el modelo de economía de la deuda. El excedente continuó fugándose financiado, en los últimos años, por la sojización  y primarización de las exportaciones.

Pero la prueba mayor de la continuidad del modelo es que los males sociales pobreza, inequidad distributiva, desempleo y precarización de los ingresos de los sectores populares, siguen siendo los principales tema de largo plazo.

Para terminar con el modelo interno de la economía de la deuda es imprescindible concertar una estrategia nacional de largo plazo cuyo primer objetivo es retener el excedente local, reconstruyendo la moneda y generando un clima y medias concretas de atracción inversora. Sin ese plan dólar que entra, por crédito o por soja, sale afuera; sin ser invertido reproductivamente no genera capacidad de repago y por la fuga genera nueva demanda de deuda. Así de simple hace cuarenta años.  Las deudas que pagamos gozan de buena salud y vuelven como fantasmas que generan miedo e incertidumbre. El único desendeudamiento en serio es el de la inversión. Y esa falta de inversión es a la vez la madre de la deuda social interna y de la deuda externa. Por lo tanto hacer Patria es generar espacio para la inversión. Con un 17 por ciento de inversión sobre PBI no hay manera de terminar ni con la deuda social interna ni con la enfermedad de la deuda externa. Van 40 años.

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20 junio 2014

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