El huevo de la serpiente

24 de junio de 2014

Carlos Leyba

Una versión reducida de esta nota se publicó en El Economista

“Cualquiera puede ver el futuro; es como un huevo de serpiente.A través de la fina membrana del huevo se puede distinguir un reptil ya formado” Dr. Vergerus (Ingmar Bergman, 1978).

Hace 40 años, dos generaciones enteras, la deuda externa se incubaba y desde entonces no ha dejado de protagonizar nuestra vida política y nuestros padecimientos económicos. Los ministros viajaban a Estados Unidos a tramitar los problemas vinculados con la deuda. Y a su regreso volvían con vituallas para resistir y para luego volver a iniciar el ciclo. Un día el ciclo se detuvo, Domingo Cavallo no consiguió volver con más crédito, y a ese episodio siguió el default.

En 2004 recomenzaron los viajes para salir del default y en 2005 cerramos el canje.

Hace unos meses comenzó un nuevo camino de endeudamiento. Por la vía de recompras nos endeudamos para pagar las acciones de YPF en poder de Repsol. Por la vía de reconocimiento de deuda nos endeudamos por cifras mayores con el Club de Paris. Y por la vía de las negociaciones y quitas de sentencias nos endeudamos para cumplir con  el tribunal del Banco Mundial al que también le hemos cedido parte de nuestra soberanía.

Esos viajes son parte de la ruta Boudu para abrir la posibilidad de volver a endeudarnos en los mercados. La justicia neoyorkina decidió: “o ponés todo o te sentás a negociar cómo pagar o te hago caer en default”.

Decisión injusta porque obliga a cometer una injusticia contra el 92 por ciento ya saldado y porque genera un reclamo que incrementa nuestra deuda en – como mínimo – un 15 por ciento de capital y más otros recargos. Injusta porque reconoce como válida la especulación de comprar a valor vil para usar a la justicia como elemento de cobro. Sobre esto países, líderes de opinión, economistas de nota, la opinión pública mundial, han manifestado indignación contra esa decisión. Pero las cartas están echadas.

Nuevamente ha caído, sobre el escenario de la vida política y económica argentina, el telón de la deuda externa. No sólo por la decisión de Griesa. Sino porque hace rato que hemos emprendido el camino de volver al mercado internacional de crédito. Griesa puso una barrera en el camino a por más deuda.

Volvamos a estos días. La “movida” del gobierno parecía dejar la decisión en mano del Juez provocando un Jaque Mate. Enviamos dinero para cancelar la deuda en estado normal, y si el Juez embargaba esos fondos entrábamos en default provocado por el Juez. El Juez le pagaba a los buitres y la Argentina, habiendo cumplido, quedaba en default. Mal para Thomas Griesa. Chiflidos universales en la tribuna internacional.

El Juez no lo hizo y mandó la plata de vuelta a la Argentina. Ese movimiento se repetirá. Complicado. No hay Jaque Mate, estamos en Tablas y no cobra nadie.

El gobierno, con razón, aspiraba pagarle a los buitres de la misma manera que al resto. Los buitres quieren cobrar mejor que el resto. El Juez, la Cámara y la Corte, de alguna manera, le dieron la razón a los buitres. Y todos esperan una negociación. El gobierno no quiere negociar Y  no sólo por la cláusula “rufo” sino porque no quiere aceptar pagar más porque eso implica una “derrota” política. Y ahí estamos. Final abierto.

Preguntas, en este escenario, cuyo telón es la deuda externa en el que por ahora los bonistas sanos se mantienen en silencio y a la espera de cobrar; y los buitres siguen haciendo correr el taxi, en este escenario digo, ¿hay condiciones para bajar la inflación, el paralelo y aumentar la producción, la inversión y el empleo?¿hay condiciones para que alguien se ocupe de esas cosas? Difícil decir que sí.

El telón de la deuda paraliza a los actores en el escenario. Y si todos se quedan quietos mucho tempo se acalambran. Atención.

¿Cómo se hace para levantar el telón de la deuda externa? ¿De dónde viene ese telón y quién lo instaló?

Durante la Dictadura la banca internacional ofrecía créditos fáciles fondeados por petrodólares. Los dólares convertidos en pesos, amparados por la liberación financiera, eran premiados con rendimientos extraordinarios garantizados que, reconvertidos, emigraban sin amortizar la deuda en el exterior. La tablita cambiaria y la garantía de los depósitos fueron sus pilares.

Del lado de la economía real, el atraso cambiario, premiaba las importaciones de bienes de consumo durable y el déficit comercial era financiado con deuda externa. La  contrapartida era cierre de fábricas, desempleo y pobreza.

Al ritmo de la deuda externa crecía la desindustrialización y la deuda social  El nexo entre esos elementos (deuda externa, desindustrialización, deuda social) fue la fuga de capitales.

La prueba es que en 2001 el monto de la deuda externa (150 mil millones de dólares) era igual al stock de capital fugado por residentes argentinos. La deuda posibilitó la fuga; y la fuga obligó a más deuda.

Veinte años de democracia agregaron, a la continuidad del  proceso, esquemas más perversos que consolidaron la dependencia como todas las adicciones y uno de cuyos ejemplos es la sentencia que actualmente sufrimos.

En esa cadena de perversiones debemos citar al Plan Brady y las negociaciones para la quiebra como el Blindaje y el Megacanje. Los ejecutores de cada etapa de ese proceso, trágico para el país, hoy fungen – en todos los medios de comunicación – como si fuera una ironía, como “expertos en deuda”. ¿? Se los consulta!!!

El proceso de la deuda se paralizó con el inevitable default en 2002.

Pero se reanudó con el Canje 2005 que, lejos de haber logrado una quita del 70 por ciento como sostenía Néstor Kirchner, mantuvo el “sistema del endeudamiento” a fuego lento como nos lo recuerda lo que hoy nos pasa.

Respecto de la quita, la máxima, como lo demostró el sólido estudio del economista oficialista AlbertoMuller (CESPA,FCE), se estima en un máximo de  36 por ciento. Para el especialista Héctor Giuliano, computando la entrega de los Bonos Cupón PBI, la quita es prácticamente mínima. Un bonista canjeado en 2005 estimó en una entrevista televisiva que su quita fue de 33 por ciento.

El mérito del Canje 2005 es la pesificación, el alargamiento de plazos y la transformación de la misma en intraestatal. Pero dejó hilos sueltos; la “ley cerrojo” –habilitación involuntaria de negocios y voluntaria de litigios en Tribunales – la jurisdicción de Nueva York, la clásula “rufo” (de igualación de mejoras), la ampliación de la embargabilidad, etc. A pesar de estas falencias, quienes dejaron los “hilos sueltos”  y una quita muy inferior a la de Grecia (54 por ciento), también son mediáticos “expertos en deuda”.

Una tropa de “expertos” en aumentar la deuda externa y en la desindustrialización, la deuda social o la fuga de capitales o bien en mantener en las mismas condiciones una o más de esas desgracias, son los asesores de los candidatos presidenciales favoritos.

Entonces ¿cuánta deuda, cuánta desindustrialización, cuánta deuda social y cuánta fuga nos depara el futuro si los que lo hicieron volverán?

La clave del proceso de la deuda es “la fuga de capitales”. La fuga de lo que se debía acumular para la transformación del aparato productivo, la industrialización, la reducción de la deuda social y la amortización de la deuda externa previa. Un circuito perverso: los dólares que entran se van. Pero hay que devolverlos (deuda) como si se hubieran quedado aquí pero además con intereses que aumentan con la intensidad de la fuga.

Lo que debía haber incrementado el producto potencial (excedente) salió del sistema (fuga); y su dolarización (deuda)  hay que pagarla a pesar de que nada quedó acá.

Como la serpiente en el huevo, éste presente de hoy – aquél futuro disparado en 1976 – se veía venir. Las únicas razones para no verlo (y no hacer lo necesario para cortarlo) fue no querer abandonar la emisión de bonos o no perder la facilidad de financiar el presente con deuda o la molicie de no pensar el largo plazo. Y esas razones no las hemos abandonado. Haciendo lo mismo nos pasa lo mismo.

El default llegó por acumulación de deuda externa impagable, debilidad del aparato industrial, deuda social intolerable y fuga escandalosa. A él le siguió la mega devaluación, el cambio brutal de precios relativos, acompañada de los términos del intercambio más favorables de nuestra historia.

La economía, gracias a la protección cambiaria de la devaluación, los precios externos favorables y las benéficas retenciones, retornó rápidamente a los niveles más altos de actividad de la etapa anterior. En 2006 el PBI había recuperado los niveles de actividad de 1998. Esa recuperación se realizó con una enorme deuda social, pobreza y desempleo que convivió con los superávit gemelos sostenidos por la capacidad ociosa de la recesión de cinco años previos. Superávit fiscal y poca inflación, pero niveles escandalosos de pobreza; equilibrio de las cuentas del Estado y gigantesco desequilibrio de la Nación.

Cuando los males sociales comenzaron a disminuir (baja de la pobreza y del desempleo) los precios empezaron a aumentar y el superávit fiscal a aflojar. ¿Por qué?

Simple, porque después del default tampoco se encaró un programa de transformación productiva aplicando el excedente.

La renegociación de la deuda, cuyas cifras adolecen de la precariedad de todo el sistema de información pública, se realizó en el marco de la recuperación y sin un programa de transformación.  Pero el marketing instaló la idea de quitas enormes aunque la de nuestro país ha sido menor a la de Grecia (54 por ciento). Cualquiera haya sido la quita, la estructura productiva y las políticas que generaron la deuda, la habrían de reproducir.

La deuda es una carga a pagar  con un aparato productivo primarizado (superávit comercial externo primario, déficit comercial industrial) y dependiente del abastecimiento energético externo.

La soja, después de la renegociación, fue el vehículo de la dolarización de la segunda ola de fuga de capitales del primer mandato de CFK. Con Cristina volvió la fuga esta vez financiada por los dólares de la primarización.

La deuda externa,  financiando la fuga, ha generado un mecanismo de dependencia financiera que es aún dominante. En esto estamos hoy.

La sojización, financiando la fuga, ha generado la dependencia industrial que es aún dominante.

El excedente fugado sigue fuera del sistema, la primarización es dominante, el desequilibrio comercial externo de la industria está en su cenit, la deuda social agobia y el presente recesivo azuza el desempleo.

La búsqueda actual de crédito externo – hoy paralizada – es para llegar, sin complicaciones graves, hasta agosto 2015.  Volver a endeudarse para financiar el tipo de cambio como ancla inflacionaria, sin perder reservas, y agilizar las importaciones para no derrumbar el nivel de actividad y el consumo.

Volver a endeudarse es la consecuencia de no haber generado – a pesar de las condiciones extraordinariamente favorables –  las políticas y las decisiones de transformación del aparato productivo realmente liberadores de la deuda externa y social.

¿Estamos ante el renacimiento de la deuda externa? ¿Alguna vez se extinguió?

Desde 1976 la deuda externa es el eje dominante de la política económica y que ese proceso está asociado a la fuga de capitales; y ésta al deterioro de la estructura social y al estancamiento de la estructura productiva.

El viento de cola de la soja durante una década sustituyó el papel de la deuda; y en su primer período CFK con soja financió la fuga.

El excedente fugado es una pérdida sistémica de incremento del potencial productivo. La financiación con deuda externa duplica la fuerza de retroceso; y con soja, incentiva la primarización.

A pesar de estas realidades objetivas no estamos a la puerta del debate de cómo escapar de la repetición de este proceso y de ponernos a la búsqueda de una estrategia, consensuada y de largo plazo, para la transformación.  Estamos lejos de esa zona de clarificación.

El debate provocado por Griesa está dominado por los “expertos en deuda” y las ingenierías de mala praxis de la actual gestión. El regreso a “los mercados”, en manos de unos y otros,  es una demanda cortoplacista de deuda. Nada nuevo.

Los verdaderos problemas de la economía nacional no figuran en la agenda: cómo ampliar el producto potencial, la estrategia para duplicar el equipo reproductivo en 10 años; cómo eliminar la pobreza; cómo retener y multiplicar el excedente; cómo construimos una moneda y un sistema financiero nacional; y cómo integramos el territorio.

Esas son algunas de las cuestiones que no tratamos desde que apareció el huevo de la serpiente. Y sin tratarlas y sin resolverlas, llegará el momento en que será muy difícil conseguir los antídotos. Hoy mismo estamos en ese entrevero. Picados como otras veces pero sin habernos inmunizado.

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24 junio 2014

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