Tiempos difíciles

5 de julio de 2014

Carlos Leyba

La economía del presente afronta un sinnúmero de dificultades en su interior y un panorama contradictorio en el orden externo. El espacio para maniobrar, desde afuera, se achica; pero además se complica desde adentro.

¿Cómo ampliar el margen exterior y cómo desarmar la conflictividad cruzada desde adentro?

Sin contar la cuestión Boudu, que distrae la mirada sobre los hechos económicos, los días que vienen serán, acordes al calendario, invernales. La política es fácil en primavera. Pero en estos días difícil para el oficialismo.

¿Por qué es contradictorio el panorama en el orden externo? Antes de la Corte Suprema, la Argentina de Axel Kicillof, el nuevo líder del FPV y del peronismo y posible candidato presidencial, había cambiado de rumbo en pos de los mercados financieros internacionales.

Pagamos a Repsol, al Ciadi, al Club de Paris. Mucha plata. Un giro pingüino. Los pingüinos nunca retroceden –no se desdicen públicamente – pero frente a la pared giran la dirección. Por eso el discurso no se cambia y los hechos sí. A marcha acelerada Kicillof hizo méritos para obtener crédito en Occidente.

¿Buscar crédito no es una contradicción con la política de desendeudamiento?

Pero al girar AK se  encontró inesperadamente con este juicio que le da la razón a los Buitres que compraron deuda externa por monedas y quieren cobrar el valor facial más punitorios y etc. La reacción 2K (CFK más AK) fue de rechazo y por lo tanto nos puso al límite del default.

A favor de la virulencia crítica de AK está que, ante la decisión de Thomas Griesa, se ha sumado el rechazo de organizaciones, países, etc. Una verdadera derrota política internacional para la Justicia americana y un triunfo para la resistencia argentina.

Pero eso nada cambia en materia judicial donde todas las instancias están agotadas.

Podríamos encarar el desacato al orden jurídico yankee al que el país acudió en las espantosas reestructuraciones de deuda de 30 años y en todo lo que ha tenido que ver con las cuestiones financieras en estos últimos 10. Continuidad lineal desde la dictadura y hasta hoy.

¿Qué consecuencias concretas podría tener el desacato para las relaciones país y para las cuestiones comerciales? ¿Sería irrelevante la diferencia entre acatar o no acatar?

En el caso de no acatar viene una nueva e inevitable reestructuración formal de la deuda que, previamente, exige como mínimo un default también formal, con un cambio de jurisdicción de los litigios que surjan de esa reestructuración. Complicado.

Hay visiones contradictorias acerca de este episodio. Pero nadie obvia la contradicción del formalismo jurídico americano y la valoración ética ¿cuál es la falla de este sistema que le da la razón a Shylock para que se cobre con una libra de carne aún derramando sangre? En esto hay consenso.

Pero en el orden de los conceptos económicos sirve ilustrarnos con las distintas lecturas de la plaza londinense. Martin Wolf, columnista estrella del Financial Times, sostiene que la decisión de Griesa es un error para el sistema de crédito. Pero The Economist ha calificado al país como un adolescente que no acepta las reglas.

Es decir no hay un bloque anti Griesa en el mundo ni tampoco uno a favor. Lo que sí hay es una decisión convalidada por la Corte Suprema. En consecuencia estamos condenados ante la Justicia de Estados Unidos luego de haberla elegido. Nada fácil de resolver.

Según se resuelva la cuestión de los Buitres habrá o no acceso al crédito internacional. Una encrucijada.

El gobierno 2K invirtió tiempo y recursos para pavimentar el camino a nueva deuda; y ahora, ante la decisión de Griesa, pareciera que podría cambiar el rumbo.

Una contradicción: invertimos para lo que decidimos, si desacatamos, abandonar.

Pero además hay una contradicción ideológica: la del propio camino emprendido y ahora interrumpido al menos hasta el lunes. El gobierno K hizo del desendeudamiento un eje de su concepción económica. Pero el gobierno 2K se puso a la búsqueda de endeudamiento. Por eso al principio de esta nota dijimos que estamos ante “un panorama contradictorio en el orden externo”.

Esa contradicción se deriva lo que afirmamos al principio: “la economía del presente afronta un sinnúmero de dificultades en su interior”.

Es que al igual que todos los que lo precedieron en el cargo, ante las dificultades derivadas de las potenciales restricciones externas, la mente innovativa de Axel Kicillof habría decidido acudir a la deuda externa por enésima vez. Lo mismo hicieron los ministros de la dictadura, los radicales, los menemistas y los de la Alianza. Sorprenden en estos tiempos las coincidencias. Y esta solución “populista”, gaste ahora, pague después, es la madre de todos los problemas de estos 40 años.

Preguntémonos, ¿por qué llegamos a la restricción externa después de la abundancia de soja? ¿por qué el remedio podría ser la deuda? ¿acaso la deuda no es el origen de la enfermedad? Primero respondamos a porque llegamos a la restricción y después veamos la cuestión del remedio.

Con el default de 2002 el recurso a la deuda se cerró parcialmente.  Y gracias a la soja, al default y al Canje, que el mismo habilitó; la economía nacional manejó sus pagos en dólares con razonable holgura.

Una razonable holgura que ocultó durante más de 10 años que nada sustantivo, estructural y profundo, se había hecho para superar la “tentación” o la “necesidad” de la deuda.

Sufrimos una política energética desastrosa (no comparto que la buena política sea darle mas precio a los concesionarios) que ha dado lugar a un déficit  descomunal de la balanza energética que implica que la “restricción externa” – anterior a la soja – reapareció de manera brutal amplificada por la balanza negativa de la industria toda; y de la automotriz y la electrónica, en particular.

Es decir la “amplificación” de la restricción energética vía industrias dinámicas – que crecen más que el PBI –  es la consecuencia objetiva de la ausencia absoluta de una política industrial que merezca el nombre de tal. En este último campo no hay ninguna diferencia sustantiva con las concepciones de estrategia industrial iniciadas por la dictadura y potenciadas por el menemismo. Por sus frutos los conoceréis.

Es cierto que el discurso y hasta las convicciones del oficialismo reiteran el éxito de la política industrial. Veamos los números para cerrar el debate. Si tomamos las cifras del INDEC el PBI manufacturero sobre el PBI total, en el período 1993 hasta el 2002 (con toda la crisis y la recesión de 1998), fue el 17 por ciento y entre 2003 y 2012 fue de 16 por ciento y naturalmente la caída de 2013 y lo que va del año hacen que esa participación sería aún menor. La economía en términos relativos se desindustrializa: la proporción de la industria en el PBI baja en las cifras oficiales. El nuevo cómputo del PBI no permite hacer comparaciones porque se inicia en 2004 y no tiene empalme con el pasado, pero a lo largo de los 10 años que cubre, la participación de la industria permanece estable. Tampoco hay “industrialización”. Los cálculos de Ariel Coremberg lo confirman. Que la producción industrial creció en la década no cabe duda. Que el PBI global creció tampoco está en cuestión. Pero no hay argumento para hablar de industrialización en términos relativos. Y esa es la razón de la amplificación de la restricción externa generada por cuestiones energéticas. Un doble error.

Esas deficiencias de políticas han dado lugar a un problema que durante un tiempo la soja había hecho olvidar. La ausencia de políticas magnas y la profundización de los problemas sociales, derivados de las mismas carencias, llevaron a un modelo de “estado fiscal consumista” que fue financiado por la dinámica del precio de las commodities en permanente alza. La cuestión social fue atendida. Pero la economía no fue capaz de resolverla con pleno empleo en blanco y desarrollo social. La consecuencia fue la apelación a las compensaciones.

La magnitud del trabajo en negro y la reducción de la Población Económicamente Activa sobre el total de la población, más el incremento del empleo público, forman una masa de demanda de recursos fiscales destinadas a las políticas de contención social. A lo que hay que sumar la masa de subsidios económicos que, en el primer trimestre 2014 en relación a 2013, creció 75 por ciento.

Es que la desaceleración de la dinámica positiva de los términos del intercambio generó problemas fiscales para mantener una mínima cohesión social (subsidios, políticas sociales) con recursos solventes; que además los mermaban la mala administración y el mal sistema de prioridades.

Finalmente mantener el ancla cambiaria para contener una inflación que tenía recorrido propio, concluyó no sólo en los desbalances comerciales sino en el proceso de fuga de capitales que consumió, en definitiva, la posición de reservas.

En el momento en que se enfrenta esta cuestión judicial de los Buitres el gobierno se ha encontrado con la reducción de stocks  (energía y reservas) que pasaron a condicionar su estrategia.

¿Qué hizo hasta ahora el gobierno? Antes de recordarlo hay que señalar que la fotografía de la actualidad señala un contexto de alta inflación y del retorno del INDEC a computar precios fantasmas para imaginar que la inflación disminuye. No sirve de nada. La primera consecuencia, por la magnitud del impacto, es que el salario real promedio baja y con el, la demanda de consumo. El freno de la actividad, que de este panorama se deriva, produce una tendencia negativa en el empleo y aumento de la conflictividad social. La suma de estos elementos afecta la caja pública con una doble Nelson, bajan la velocidad de los ingresos y aumenta la velocidad de los egresos. Lo que implica mayor déficit fiscal y – por derivas bastante obvias – un aumento en las tasas de interés y en consecuencia un paso más en dirección a la recesión en la que estamos.

Lo que hizo el gobierno, cuando se hizo evidente la probabilidad de este panorama que hoy tenemos desarrollado,  fue un ajuste devaluatorio, de tarifas y de tasas de interés. Hoy está a la vista la insuficiencia de esos pasos para procurar solidez en la coyuntura: los costos crecen y los beneficios no aparecen.

Hace tiempo que Kicillof y Julio de Vido vislumbraron que, desde adentro ellos no podrían resolver el problema de la coyuntura, y descubrieron la misma receta que se aplicó durante 30 años en la economía de la deuda. Pedir prestado afuera para hacer el aguante adentro.

Los primeros pasos no fueron los que se conocen como la ruta Boudu – que es lo que realmente se hizo – sino una búsqueda de una tangente: el apoyo de recursos en China y Rusia con la finalidad de no pasar por las horcas caudinas del financiamiento occidental. Ambos países tienen interés estratégico en la Argentina. Pero para China es una obtener recursos naturales. Nuestro país bien puede ser una prioridad de esa potencia emergente que tiene capital (que no tenemos) y no tiene suficiente recursos naturales (que si tenemos); pero que tiene un problema de empleo al igual que nosotros.

La conclusión es que exportamos recursos naturales con mínimo proceso e importamos industria y proyectos llave en mano. Su moneda de pago son exportaciones industriales. La balanza comercial con China es deficitaria. Nada hay más parecido en la historia nacional a la relación que tuvimos con el viejo imperio británico. Hasta las formas son parecidas. Los chinos invertirán en el Belgrano Cargas que transporta nuestros granos; y pagan nuestros granos exportando trenes llave en mano. No es esto producto de la casualidad sino la consecuencia de las ausencias de políticas que antes mencionamos.

En nuestra perspectiva esta relación continúa la saga de la economía de la deuda aunque con otros actores.

Kicillof fue en busca de financiamiento y ante el interés chino en  exportar trabajo, seguramente, la gestión 2K cambió de frente y decidió tomar la ruta de  la paz financiera con Occidente que era la ruta Boudu.  Y así pagó lo que no quería ni debía, a los españoles por las acciones de YPF y la deuda con el Club de Paris y arregló con las empresas que tenían dictamen favorable en el Ciadi. Esos avances, que abrían el camino de la deuda financiera en Occidente, para reiniciar el “populismo de la deuda”, fueron interrumpidos por la decisión de Thomas Griesa.

Ahí estamos. Tiempos difíciles. El desacato nos lleva al default y este nos puede llevar a incurrir en la riesgosa estrategia geopolítica improvisada de a recurrir al apoyo de países como China a la manera china. Salir de la sartén para caer en el horno.

El arreglo nos lleva a los mercados financieros: salir del horno para caer en la sartén.

En ambos casos, con distinta ideología, lo medicina es la deuda que, está probado, cuesta caro y se convierte en dependencia.

Será difícil salir en serio del invierno si toda la ingeniería se reduce a más deuda a la manera del financiamiento de los mercados o más geopolítica pequeña si nos colgamos de la bonanza china.

Todavía sigue siendo cierto que el remedio a la deuda y a la economía decepcionante que obliga a subsidiar sin crear valor, es el proceso de inversión transformadora. Y eso se hace con líderes pedagógicos (no alimentados a encuestas), con estadistas legitimados por el largo plazo (no con saltimbanquis de la oportunidad), con políticos que construyen consensos (no con entusiastas de la exclusión) y con pensadores capaces de leer en el presente las entrañas del futuro (no con repetidores de libros de autoayuda).  Tengo esperanzas.

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05 julio 2014

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