Dependencia o Desarrollo

12 de julio de 2014

Carlos Leyba

“Es exacto decir que el provenir de la Nación Argentina depende de la carne. Ahora bien: el porvenir de la carne argentina depende quizás enteramente de los mercados del Reino Unido”.  Príncipe de Gales, febrero de 1933. Una buena síntesis de la idea de dependencia. Un producto, un mercado.

La independencia económica pasa por la diversificación de la producción y los mercados.

Anotaciones del día: cae el precio de la soja – mañana puede subir – pero ya se hacen cálculos de sus eventuales consecuencias en nuestro saldo comercial (cálculos de dependencia del monoproducto y  la primarización); y cae la producción industrial al tiempo que se concentran los mercados de exportación de los productos industriales (cálculos del bajo nivel de interdependencia).

En mayo de 1933 se firmó el Pacto Roca-Runciman por el cuál la Argentina podía exportar un cupo de carne al Reino Unido; el 85 por ciento debía ser exportado por frigoríficos extranjeros. El acuerdo, que incluía un préstamo, en su casi totalidad, destinado al giro de utilidades de empresas británicas; comprometía la creación de un Banco Central con la participación de la banca extranjera en el Directorio; se  consagraba la eliminación de trabas a la importación de carbón y de manufacturas inglesas; se habilitaba a las empresas inglesas para la obra pública local y se le entregaba el monopolio del transporte público de Buenos Aires.

El Príncipe dio la razón “estructural”: “depende” como expresión de “dependencia”. Ante el riesgo de perder el mercado para las carnes, el gobierno evitó un problema e ingresó en otro mayor: la dependencia explícita y contractual con la potencia del momento. En la opción heteronomia económica o autonomía – que siempre está disponible – , en la primera década infame, se eligió la profundización del primer camino.

Pasó una década y la Argentina  optó por profundizar un camino de autonomía. El gobierno elegido por el pueblo, en 1947 celebró, aquél 9 de julio, la “emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables”. Para ello era necesario “movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política para que en el comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos de trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y su porvenir.” La independencia era lograr ”una economía… libre … de las hegemonías económicas mundiales”. La mención a las fuerzas del trabajo y del empresariado, a la movilización de las fuerzas productivas, a una política para el comercio internacional, al trabajo argentino, constituye una definición del camino para cortar, no la relación con el mundo, sino la dependencia (una economía libre de) de las “hegemonías económicas mundiales” cualesquiera sean sin distinción de ideologías.

El Pacto Roca-Runciman era un programa “populista”: salvar la coyuntura a costa de especializarnos en ser proveedores primarios de la entonces potencia hegemónica. El “populismo” es salvar el corto plazo para, en el largo, hundirnos.

La declaración de la independencia económica era un programa para alcanzarla por la movilización de recursos: un proyecto nacional que gestaba, con una clase obrera con sentido nacional, una burguesía nacional. No hay proyecto nacional sin clase obrera nacional y no hay burguesía nacional sin proyecto nacional.  La condición nacional de la clase obrera era y es el principio básico del proyecto nacional. Por eso Perón en su legado, tres décadas después, señaló el papel de la “columna vertebral”.

Importa señalar este orden: movimiento obrero nacional (justicia), proyecto nacional (largo plazo), burguesía nacional(productividad). No hay lo uno sin lo otro.

Este 9 de julio de 2014, en Tucumán, el vicepresidente Amado Boudu exaltó la Declaración de la Independencia Económica pero la ubicó en 1946. Un error menor. Más grave fue haber dejado de lado el significado, es decir, la intención de aquella Acta. Sabido es que todo significado alcanza plenitud cuando revelamos su intención. El significado de aquella Declaración se decodifica por la intención de forjar un programa cuyas palabras he resumido más arriba.

Pero además Boudu cometió un error grave al afirmar “Tuvieron que pasar décadas, desde 1946 hasta 2003, para que llegara Néstor Kirchner para ocuparse de la deuda”. Se olvidó de las presidencias de Héctor J. Cámpora – pese a ese ninguneo lo aplaudían los jóvenes de La Cámpora que dicen ser seguidores de aquél presidente breve – y de Juan Perón que murió siendo presidente en 1974 y que, por cierto, no tenía una concepción de progreso a través de la deuda ni en las primeras presidencias ni en la tercera: en 1974 la deuda externa sobre PBI era del 10 por ciento y toda con organismos multilaterales. Al olvidar esa tercera presidencia de Perón reveló ignorar que programáticamente fue la etapa superior de aquella Declaración de Independencia Económica que se plasmó en el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional. Pero en la carrera de la ignorancia es insuperable el ministro F. Randazzo que, además de militar activamente en la línea Roca-Runciman importando trenes llave en mano, insiste en que “el gobierno kirchnerista es el más peronista de los últimos cincuenta años”, declarando a Perón no peronista!!!!.

Las cifras económicas y sociales de aquellos años demuestran el valor del tercer gobierno de Perón. Cuando ese programa fue abandonado (no fracasado) a la muerte de Perón se construyeron los lazos de dependencia de la “economía para la deuda” o economía para la dependencia por el crédito sin distinción de ideología. Entonces comenzó el más amargo camino del endeudamiento y de la dependencia financiera.

Luego del default de Adolfo Rodriguez Saa, como mencionó Boudu, Néstor Kirchner condujo el canje de la deuda externa con los acreedores privados que implicó una quita (porcentajes inciertos) y una importante pesificación y alargamiento de plazos. ¿Hemos salido de la economía para la deuda? ¿Los cimbronazos de estos días?

En 2004 la deuda externa pública sumaba 153 mil millones de dólares. Luego en 2005 y 2010 se realizaron los canjes destinados a reducir, pesificar y extender plazos. Esa operación inconclusa es la que hoy domina el escenario público con el reclamo de los buitres.

Desde el último canje (2010) y hasta 2013, la deuda externa (en moneda extranjera) pública aumentó entre el 40 y el 36 por ciento (fuente oficialista FIDE). A esto hay que sumarle los ajustes pactados (cupón PBI) en los canjes; más los 6 mil millones de la compra de las acciones de Repsol en YPF; más los 3 mil millones que pagamos de más al Club de Paris; lo homologado en el  Ciadi; más, si es que se concreta la sanción del Juez Griesa, lo adicional que surja de la negociación con los holdouts respecto de lo computado. El desacato a la sanción Griesa nos lleva al terreno del default.

En 2014 la deuda habrá aumentado un 50 por ciento respecto de lo que debíamos luego del segundo canje de 2010. En 2013, la deuda externa pública era de 150 mil millones, similar a la de 2004 (153 mil millones). Entre 2010 (ultimo canje) y 2013, antes de Repsol, Club de Paris y Ciadi (y Buitres y holdouts) la deuda pública externa aumentó en 40 mil millones de dólares.

Llegados a este punto y en medio de la batahola que vivimos y que se ha planteado como o “pagar a los buitres” o default, en estos días viviremos otra perspectiva.

Si transitáramos el “no arreglo con los buitres”, habrá  un recorte del crédito externo a los privados y una cierta zozobra en los mercados financieros locales con apertura entre las cotizaciones del dólar oficial y el paralelo. Ello agravará las restricciones a las importaciones frenando el nivel de actividad sin que la inflación se desacelere notablemente, y con una tendencia al desempleo.

Recordemos que el gobierno había iniciado a billetazos la llamada ruta de Boudu para congraciase con los “mercados” y colocar deuda a fin de mejorar reservas y financiar importaciones para mantener o mejorar el nivel de actividad, anclar el dólar y volver a la dinámica del consumo con salarios en dólares más altos lo que equivale a más autos, más electrónica y línea blanca. Esa ruta se interrumpió con el caso Griesa. ¿Se reabrirá con una solución próxima?

Pero si vamos al default las consecuencias citadas derrumban esa estrategia diseñada para llegar con consumo a favor a fines de 2015.

Pero hay ahora, por parte del gobierno, una segunda perspectiva para reducir o anular los costos internos del default y por lo tanto para mejorar las posibilidades de hacerlo sin daño interno inmediato. Y en el caso de no llegar al default, esta segunda perspectiva, generar recursos adicionales para una reactivación que mejore la llegada a agosto de 2015.

¿Cuál es esa segunda perspectiva? El Senado votó de urgencia una ley que – todo parece indicar – permitirá la llegada de un swap muy importante del gobierno Chino e inclusive créditos del gobierno Ruso.

Los créditos permitirían agilizar las importaciones industriales de insumos, bienes terminados y equipamiento  procedente de China, país con el que tenemos una balanza comercial negativa en 5 mil millones de dólares. Nuestro intercambio es de productos primarios argentinos (más grano de soja pero sin moler) contra bienes industriales chinos. Si funciona el swap se podrá incrementar el  consumo y la actividad industrial porque estaremos abastecidos sin uso de dólares.

En la práctica, al igual que en la vieja relación con el Imperio Británico que dio lugar al Pacto Roca-Runciman, China busca de la Argentina la exportación de materias primas y venta de industria y en función de ello participa concretamente en proyectos de aprovechamiento energético (es socio del yacimiento más grande del país en la empresa PAE) y en el desarrollo de un parque eólico en Chubut y en la represa hidroeléctrica Cordon Cliff La Barrancosa rebautizada por CFK; se sabe de interés chino en proyectos mineros y en producciones agrícolas. Vinculado a esto es propietaria de una de las grandes cerealeras (Nidera), instalaciones portuarias y participa del Belgrano Cargas y además se ha convertido en el principal proveedor llave en mano, con personal chino para tareas locales, de equipamiento ferroviario  llave en mano. China provee equipamiento, participa de obra y servicios públicos y además es proveedor dominante en la electrónica de Tierra del Fuego.  Este crédito le da aire a la coyuntura y consolida una posición estratégica para China y significa una nueva visión geopolítica de la Argentina. Y en la cosa pequeña vale recodar que Franco Macri es uno de los comisionistas chinos operando en la Argentina lo que sugiere continuidad en el peor de los casos.

En la misma dirección caminan los acuerdos a realizar con Rusia con la presencia de Vladimir Putin. Nosotros le vendemos a Rusia naturaleza, grasas, aceites, carnes, cítricos, lácteos y genética animal. Pero importamos, al igual que de China, más trabajo y capital: abonos minerales o químicos, aceites de petróleo, ferroaliaciones, planos de acero, caucho, azufre y papel prensa. Los rusos quieren de nuestro país negocios en materia nuclear, ferroviaria, militar más Vaca Muerta.

Hasta que la Corte de los Estados Unidos le hizo “oso” a la demanda argentina, CFK y Axel Kicillof avanzaban camino a nuevo endeudamiento “occidental” para llegar a las elecciones con el consumo en pie. La deuda para estas finalidades, sabido es, remedia el corto plazo y aplaza el futuro porque los problemas de fondo no se resuelven sino que se los saca a pasear.  Pero ante la posibilidad de lograr un “default” administrado por el financiamiento de China y eventualmente Rusia, CFK y AK pueden avanzar en el camino de “no negociar ni pagar” y a la vez compensar los efectos negativos de un default.

Estamos frente a la opción geopolítica por China y por Rusia y eso es aceptar por largo tiempo el papel de país proveedor de materias primas a países competidores en el área industrial.

China es una potencia cuyo consumo no nos defraudará; pero que nos seguirá exportando trabajo sea en forma de insumos industriales, bienes terminados, equipamiento de capital, demorando – al igual que el esquema Roca-Runciman – el desarrollo de nuestra industria, de nuestra burguesía nacional y del proyecto nacional. En última instancia nuestra moneda de pago seguirá siendo la naturaleza y la de ellos el trabajo y el capital. Acuerdos para un intercambio desigual. Al que en los viejos tiempos se le llamaba dependencia.

Ante tan exaltados discursos sobre la Independencia Económica sería bueno reflexionar que no es por la vía de los acuerdos de primarización con crédito y de desnacionalización de las áreas estratégicas, como se logra el desarrollo de las fuerzas productivas. La deuda, como recurso “populista” de cualquier origen, conforma una economía dependiente. Y esa economía no tiene proyecto propio sino ajeno aunque se disfrace de palabras progresistas que lo ignoran a Perón del que insólitamente viven.

Nuestro atraso relativo, la recesión actual y las condiciones de vida del 30 por ciento de los argentinos, son consecuencia del funcionamiento implacable del mecanismo de la deuda, de la visión cortoplacista de una burocracia política – oficialista y opositora – dependiente de la dependencia e incapaz de pensar en el desarrollo.

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12 julio 2014

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