ME QUEDÉ CORTO

18 de julio de 2014

Carlos Leyba

Una vez más hemos renunciado a la soberanía. Esta vez, con la firma de Cristina Kirchner y sus ministros, pusimos en manos de la justicia británica, los recientes acuerdos de “asociación integral” con la República Popular China.

Nadie ni en el gobierno ni en la oposición, se ha agraviado con el hecho que el país invasor de parte de nuestro territorio – que mantiene bajo su dominio nuestras Islas Malvinas violando el derecho internacional y desconociendo las resoluciones de Naciones Unidas – será quién tendrá la decisión judicial inapelable con todas las consecuencias de las que hoy nos escandalizamos respecto de los buitres y el Juez Thomas Griesa.

Además, para dejar las cosas más claras, en el Anexo al Decreto 1071 de 2014, se señala que “El Prestatario no tendrá derecho a alegar ni provocar que se alegue en su nombre ningún derecho ni inmunidad (soberana ni de otro tipo) para sí mismo ni para ninguno de sus activos (excepto los Activos Públicos) en una acción coercitiva tomada en su contra en virtud del presente que pueda inciiarse en cualquier tribunal competente o tribunal de arbitraje …” Para no queden dudas sobre el futuro, el delfín de CFK, Axel Kicillof le puso la chueca.

Esta renuncia a la soberanía, anunciada con bombos y platillos, se realiza pari passu con la legítima indignación de estar sometidos, a causa de los buitres, al criterio arbitrario de la justicia americana que falla de manera literal sin tener en cuenta ni el contexto, ni las consecuencias sociales de sus fallos, ni el carácter moral de las decisiones. La usura es inmoral, salvo para el Juez Thomas Griesa.

¿Pero cómo calificar a los políticos, periodistas, etc., que se han agraviado de las decisiones del tribunal de Nueva York; y criticado con razón la renuncia a la soberanía practicada por el menemismo con los Bonos Brady (y el kirchnerismo con el Canje 2005); y que pasan por alto la humillación de acudir a la justicia de un país usurpador? ¿Qué es un doble estándar? ¿Qué clase de nación estamos construyendo con este oportunismo ilimitado? Esperemos que el Parlamento no avale a libro cerrado esta “alianza estratégica” que impone como última palabra a la Reina de Inglaterra.

Para una correcta ponderación de lo señalado, debe tenerse en cuenta que, respecto de las obras a materializarse a partir de estos acuerdos, habrá riesgos de todo tipo (particularmente ambientales) como los que naturalmente surgen de la construcción de represas, centrales atómicas, obras de riego; y de equipamiento para ellas; así como para el sistema de transporte. Y también habrá riesgos como consecuencia de las discusiones que podrán sobrevenir, en el caso de un cambio de gobierno, acerca de la manera en cómo se otorgaron todas las obras involucradas en los convenios; y también los programas de las mismas (represa, Belgrano). La experiencia con los buitres es y era, un antecedente que señala que los jueces de un tercer país poco atienden a las razones que, con justicia, nosotros invocamos. ¿Qué fue más importante en esta decisión de renuncia a la soberanía?

Pero además las garantías otorgadas, en definitiva, de generarse discrepancias o conflictos respecto de ellas serán, como ha surgido de los Anexos (por ejemplo del Decreto 1071/2014) que se han dado a conocer – que no son todos –, dirimidos o por las Cámaras Arbitrales ad hoc o bien por la legislación y la justicia inglesa.

La industria y la tecnología chinas, que básicamente son de origen occidental, han realizado importantes avances en los últimos tiempos, pero no cabe duda que el modelo de desarrollo en China se ha realizado con un criterio que no ha otorgado prioridad a las cuestiones sociales o ambientales; y que en materia de tierras y manejo de las mismas, así como en cuestiones referidas a obras hidraúlicas, la performance china de los últimos años, dentro de su territorio, ha merecido muy fuertes críticas.

El problema de qué justicia se aplicará, en esas condiciones (que incluyen áreas como la vinculada al glaciar Perito Moreno) habilita a una legítima preocupación, sobretodo cuando el juez elegido será un súbdito de la Corona que usurpa parte de nuestro territorio. El decreto al que aludimos, cuyo Anexo fue firmado en 2012, es el patrón jurídico al que se someterán todos los convenios.

Más allá de lo injustificable de la cesión de soberanía agravada por la condición de país usurpador de Gran Bretaña, está la materialidad de los acuerdos. Veamos.

Nuevamente, al igual que en el pensamiento del más rancio neoliberalismo, las decisiones públicas, en este período, se orientan sobre la base de la filosofía que la Argentina no dispone de la capacidad de financiar su desarrollo, que no tiene “capital”, que necesita, si o si, acudir al capital extranjero sea como crédito financiero o como crédito de financiación de inversiones o como inversiones extranjeras directas verdaderas.

Aclaro que habitualmente se considera “inversión directa” a la compra de empresas radicadas en la Argentina por parte de residentes extranjeros. En realidad esta “extranjerización” de empresas ha servido para que los fondos ingresados contribuyan a financiar la fuga de capitales; o bien a aplicar los mismos a actividades generadoras de una “menor productividad” que la vendida. Recuerdo el caso de una venta de una empresa local de un sector clave  de la producción que aplicó los fondos recibidos a … una cadena de librerias. En fin.

Las inversiones que cuentan son los aportes reales de capital (sin deuda) en nuevas empresas productoras del que una parte (utilidades) del valor agregado generado sean expatriados de modo que no impliquen una distracción de recursos que impidan la reinversión y el crecimiento de esas empresas.

El crédito de financiación de inversiones es un aporte real al desarrollo de la economía, siempre y cuando, esas inversiones sean un aporte real al desarrollo de la economía. Esto no es  una tautolgía y sobre esto volveremos. El crédito financiero, el que básicamenet dio lugar a la deuda externa, en los tiempos que corren, carece de justificación.

¿ Por qué? Gracias a un trabajo muy detallado del tributarista Jorge Gaggero, de acrisolada trayectoria kirchnerista, disponemos de una estimación del total del stock del capital de residentes argentinos en el exterior.

Según este estudio ese sotck creció entre 2002 y 2013, el período K, en la friolera de 151 mil millones de dólares. Es decir “el crédito” que CFK ha conseguido de los chinos es una décima parte de lo que durante la gestión K se fugó del país.

Lo que se fugó no impidió que la Argentina creciera. Ese excedente se generó como consecuencia de ese crecimiento. Lo que se fuga es el ahorro en dólares de los residentes que es una parte del excedente que genera la economía nacional. Los excedentes que se aplican al proceso productivo hacen crecer la economía y los que se fugan debilitan ese crecimiento.  En el subperíodo de CFK se fugaron 120 mil millones de dólares. Durante la convertibilidad se fugaron 140 mil millones de dólares financiados por la deuda que contraímos.

Es decir, la primera respuesta a la que esta obligada este gobierno es ¿porqué ha permitido, que condiciones económicas ha creado, para que el capital se fugue? ¿Qué ausencia de proyectos atractivos e incentivos suficientes ha creado para que esos recursos excedentes no encuentren aplicación rentable en el país? ¿De quién sino es la responsabilidad del absurdo que un país genere recursos que fugan y que como consecuencia de ello debe requerir a países que imponen, imponen, imponen, sus condiciones para aportar mucho menos de lo que ha fugado? ¿Alguna vez hablaremos de esto? ¿Alguna vez silenciaremos con razones a los que desde el liberalismo y ahora en la práctica desde el kirchnerismo se ufanan del ingreso de capitales que pato gallareta deberemos restituir?

Tengase en cuenta que los fondos chinos son nada frente a la masa de recursos que hemos generado e invitado a partir durante la “década ganada” y fugada.

¿A qué viene esto? Aclaramos. Luego de anunciar en su discurso frente al Jefe del Estado chino que habrá más exportación de peras, manzanas y carne argentina, CFK tuvo elogios para la planificación estatal china. Y aclaró “Y esto lo menciono pese a que acá en este país a algunos le produce urticaria la planificación estatal” . Reiteradamente, e inclusive en sus discursos de campaña, CFK se pronunció en contra del concepto de “plan” o “planificación”. Coherentemente no sólo no rehabilitó al Instituto Nacional de Planificación Económica (INPIL), creado por el Presidente Juan Perón que elaboró el Plan Trienal para la Reconstrucción y Liberación Nacional (1973) el que sucedía al CONADE de la década del 60, sino que su gobierno – al igual que el de Néstor Kirchner – jamás hicieron  de un plan sistémico de mediano o largo plazo el eje de su acción gubernamental. Es más destacaron como virtud la administración paso a paso.

Lo interesante del caso es que, justamente, la presencia china en la economía argentina, como en el resto de América Latina, obedece a un plan estratégico. Un programa de muy largo plazo en el que la potencia mundial de Oriente ha decidido hacerse presente en la región con la finalidad de trazar una complementariedad en la que nuestras economías, y la nuestra en particular, se convierte en un abastecedor de materias primas, tal vez, en su máximo grado de primarización posible.

En todas las obras anunciadas y en todos los intereses de la estrategia china la idea es que nuestro país multiplique esas capacidades. China dispone para eso de enormes recursos financieros y de un inmenso mercado ávido de esas materias. No hace falta reiterar lo obvio. Pero también dispone de una inmensa población a la que necesita proveerla de trabajo; y de trabajo de cada vez mayor prodcutividad. La estrategia china, no puede ser otra, consiste en hacer posible que cada vez más trabajadores chinos se incorporen al área de trabajo con mayor productividad.  Por ejemplo, respecto de la soja, ello implica que la cadena de inversiones en China para la etapa de procesamiento industrial de ese producto primario, en plena expansión, es contradictoria con la nuestra e implica que su demanda se tenderá a primarizar.

El financiamiento crediticio y la inversion directa, en sí mismos, no significan nada desde el punto de vista del desarrollo. Dependen de a qué programa de desarrollo se aplican.

El programa de desarrollo chino ofrece estas inversiones, como es lógico, en función de su interés nacional. Ese programa, hasta aquí, es una estupenda contribución a nuestro proceso de primarización que, si no hacemos nada más que seguir la tendencia de la “naturaleza” o los programas de los demás, se coronará de manera muy exitosa.

A esta altura quiero señalar el porque “Me quedé corto”; es que la semana pasada en la nota “Dependencia o Desarrollo” cité al Principe de Gales que, en 1933, definió que cosa era “la dependencia” y que fundamentó el porque de la crítica de FORJA, por ejemplo, al Pacto Roca Runciman. Gran Bretaña financió obras extraordinarias y  muy bien hechas; basta mencionar esas vías ferreas que logran superar las inundaciones. Pero todo funcionaba para el modelo de primarización. Bueno para ellos. Pero que retrasaba, por la dependencia de los recursos, el proceso de maduración capitalista, el proceso de desarrollo y de incremento de la productividad de nuestra economía, del ascenso de valor agregado de nuestras exportaciones y por lo tanto de la inclusión social con equidad y elevación del conjunto del nivel de ingresos. Y me quedé corto porque, a partir de la renuncia a la soberanía y la precisión del destino de los fondos, la condición “colonial” como lo dirían Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini es mucho más clara.

Y que no se levante la bandera del “posibilismo” porque para la Argentina fue posible mantener estupendas relaciones con Estados Unidos, por ejemplo; y romper el bloqueo a Cuba; porque fue posible mantener estupendas relaciones con Europa Occidental y lograr convenios de exportaciones industriales, que se realizaron, con Europa Oriental.  Todo sin deuda. Y también entonces (1973/74) los “nuevos ricos” de la época – los jeques árabes – clamaban por colocar préstamos ventajoso en la Argentina. El gobierno de Juan Perón los supo rechazar. El hecho que sea el pasado no exime de valorar la concepción y de marcar las diferencias. Y la diferencia es que la Argentina tenía un plan para aprovechar las potencialidades de los convenios, de los mercados y de las financiaciones.

¿Cuál es el programa nacional argentino para el aprovechamiento de esos financiamientos? Será dificil encontrar un documento de trabajo que, por ejemplo, describa cómo el aprovechamiento de la energía, con inversión de 4700 millones de dólares, generada a partir del caudaloso rio Santa Cruz contribuirá al empleo industrial en esa provincia. Téngase en cuenta que en Santa Cruz el 40 por ciento del empleo formal es público (el promedio de las provincias es 17 por ciento) y que el mismo en el período 2003 – 2013 creció el 63 por ciento (promedio provincial 43 por ciento) . Será dificil encontrar un documento de trabajo que, por ejemplo, haya analizado la posibilidad de recuperar la industria naval, a pesar de que estamos comprando 11 barcos por 423 millones de dólares. O la industria de locomotoras que importaremos financiadas por China. Estamos hablando de 2000 millones de dólares con destino ferroviario de los que nos tocara trabajo “para reparar” 2000 vagones: ¡bueno sería! que los repararan en China!

Hay un cambio de actores. China o Rusia son lo nuevo o el retorno de otros siglos. Ninguno de los dos capitalismos es propiamente dicho un modelo para imitar. Las mafias son un problema. Y el progreso social o los valores democráticos son otro. Pero, más allá de estas cuestiones de la democracia o los derechos humanos en cada país, lo que importa es el carácter de la relación entre los países. La Argentina, cambian los nombres, los partidos, pero se repite el mismo esquema: pedimos prestado, nos condicionan los que prestan, y renunciamos a la soberanía.

Lo que es peor es que en cada caso lo que gobierna el crédito es la estrategia del país que presta; y es por la simple razón que nosotros no la tenemos.

No tenemos un plan propio para usar el crédito, adoptamos el plan del otro y lo que es peor ni siquiera nos preguntamos por qué, si tenemos el excedente (370 mil millones der dólares según J.Gaggero) no hicimos nada para utilizarlo. Parece ingenuo pero no lo es.

Lo que pasa es que cuando las respuestas son siempre iguales (menemistas, kirchneristas, liberales, progres) el problema está en las preguntas. Preguntemos por ejemplo: ¿por qué no planificamos? ¿por qué no creamos las condiciones para que el excedente no fugue? Y por ahí cambiamos la respuesta permanente “necesitamos crédito” sea “occidental y cristiano” u “oriental y pagano”.  Me quedé corto.

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18 julio 2014

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