Los días de Griesa

24 de julio de 2014

Carlos Leyba

Una vez más nuestro país sufre las consecuencias del endeudamiento irresponsable que consiste en pedir prestado para financiar “los vicios” en lugar de hacerlo para las “virtudes”.

Los “vicios” aluden a cosas de mala calidad, defectuosas, a un defecto moral en las acciones, a demasiado apetito de una cosa; en todos los sentidos, la idea de”vicio” alude a “un defecto moral en las acciones”. Por el contrario las virtudes refieren a la puesta en práctica de los valores.

Una cosa, entonces, es pedir prestado para, por ejemplo, realizar las inversiones que generan capacidad de repago, lo que constituye una actitud virtuosa porque aquello para lo que se invierte se supone brindará un rendimiento, sea económico o social, que dará lugar a un incremento de la productividad y, por esa vía, a la capacidad de repago; y otra es pedir prestado para mantenerse a flote con los mismos vicios, improductivos, que obligaron a pedir prestado.

La deuda externa argentina, que hoy nos vuelve a meter en un túnel, pleno de aporreadores, de difícil salida, es hija de los vicios públicos, lo que queda demostrado por la reiterada conflictividad hacia afuera y hacia adentro, a la que la tramitación de la deuda externa nos arrastra.

Imagine el lector el stock de deuda acumulada antes del default e imagine a una Argentina que hubiera utilizado esos recursos, a los netos me refiero, para transformar el aparato productivo. Nada de eso pasó. Pero la deuda sirvió para financiar vicios públicos, y lo que es aún peor, financió fuga de idéntica cantidad de recursos a manos  privadas.

¿Es llorar sobre la leche derramada señalar el porqué, el cómo y cuándo de esta cuestión que hoy se trata como el sólo problema de “los buitres”? Los buitres comen despojos, deshechos, carroña y con ese alimento vuelan. Los despojos, los deshechos, la carroña fueron los bonos de deuda argentina cotizados en las bolsas a valor de miseria frente a su valor facial.

¿Qué fue lo que hizo que lo que el gobierno nacional desde hace 40 años que afirmaba que pagaría 100 se cotizará a, por ejemplo, 30? Respuesta simple: una muy alta probabilidad de incapacidad de pago justamente porque esa deuda no tenía correlato con la productividad.

Desde qué se inició el proceso de endeudamiento jamás los títulos públicos se cotizaron a su valor facial. Siempre por debajo del mismo. Quienes lo compraban aspiraban a un rendimiento colosal para tomar el riesgo. Y los que lo vendían, habiéndolos comprado al valor facial, estaban fijando una pérdida menor a la que creían les depararía la espera.

El default derrumbó el valor de los bonos argentinos. La espera y el suspenso, que el default generó, fue una oportunidad desperdiciada para someter la deuda externa a la auditoría de su origen a la que el dictamen del Juez Ballestero obligaba.

El gobierno de Eduardo Duhalde y el de Nestor Kirchner y el parlamento de aquellos días, dejaron de lado esa posibilidad y al proponer el canje, Nestor, dio un paso más en la legitimación de la deuda. Una auditoría podría haber logrado establecer cuantas obligaciones resultaban ilegitimas en su origen. Tal vez la deuda legítima sería menor que la deuda formal invitada a canjear. Pero, cualquiera sea el resultado, darle certeza a la legitimidad de la deuda reconocida, habría eliminado al menos un conflicto interno. La supervivencia de la cuestión de la ilegitimidad es un conflicto moral que subsiste, después del default, por responsabilidad de los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

La segunda cuestión es la de las formalidades del Canje 2005 que amplifican el conflicto externo de la deuda.

Primero la cláusula RUFO que tiene vigencia hasta fin de este año. Esa formalidad nos tiene en vilo. Si la cláusula hubiera tenido vigencia por cinco años y no por diez, no estaríamos en este problema. Problema que, en definitiva, nos tiene a las patadas con la justicia neoyorquina. Y que nos pone en expectativa hasta enero de 2015. No hay ninguna razón “científica o moral” para preferir diez a cinco años. Haber generado 10 años de suspenso es responsabilidad de Nestor Kirchner. Cuando lo decidieron ¿imaginaban que en 2005 todos iban a entrar al Canje o que quedarían algunos afuera?  Si imaginaban a todos en el Canje, la cláusula era innecesaria; y si no lo imaginaban,la cláusula, significaba reducir las capacidades de negociación posterior. Y esa también es una responsabilidad del Kirchnerismo ante este conflicto con el juez yanqui.

La segunda insensatez, en la línea del tiempo, de la negociación K de la deuda fue la sanción de la ley cerrojo destinada a declarar que los que no entraban al canje (sin haberlos deslegitimado previamente) no volverían a cobrar. En criollo “un saludo a la tribuna” que quedó demostrado con la reapertura del Canje en 2010. “Si no te gustan estos principios tengo estos otros”, Groucho Marx.

Entre el cerrojo y la reapertura del Canje se generaron nuevas oportunidades de negocios especulativos. Pero es otro tema. No obstante una razón más para poner notas críticas a la llamada exitosa negociación del canje. Que no fue tan exitosa ya que si lo hubiera sido no estaríamos acá.

Los hilos sueltos de esa negociación de 2005 pueden servir para apretarnos el cuello no sabemos hasta donde. Y esta situación tan compleja – a causa de lo negociado en 2005 – ha caído en manos de una nueva gestión económica que es la que está a cargo de Axel Kicillof. Le caben sus responsabilidades por las demoras y las vacilaciones. Pero los hilos sueltos fueron heredados y eran demasiados. De los que hablan críticamente de AK, habiendo sido funcionarios K, ninguno esta en condiciones de tirar una piedra.

¿Qué fue lo bueno del Canje? Una quita. Los hilos sueltos, las cláusulas del Canje 2005, hacen que la quita pueda desaparecer (RUFO) o bien que – si vamos al default – se deban recibir juicios por las cláusulas de aceleración de los pagos.  La quita en un caso se anula y en el otro se reduce su impacto positivo respecto de los plazos conseguidos.

Pero debemos recordar que la “quita” no tuvo la dimensión que dicen los que negociaron el Canje 2005. Fue una quita importante pero difícilmente superior al 36 por ciento y hay buenas razones para reducirla a la mitad de eso. En todo caso el mayor mérito fueron la pesificación y el alargamiento de los plazos. Y ese es un mérito extraordinario de los negociadores del Canje 2005. El problema, la razón del problema de hoy, es la cantidad de hilos sueltos de la negociación que convierten a la deuda disminuida en una soga al cuello.

Lo de hoy, lo que hoy nos preocupa, es la  cuestión de la deuda negociada por los K, por sus hilos sueltos. Y el primero de ellos fue legitimar toda la deuda, sin auditoría, al hacer el Canje y desaprovechar el default para eso.

Hay tres vías a transitar, y escribimos esto el día miércoles 23 de julio, el desacato liso y llano; lograr una dispensa que permita negociar sin la cláusula RUFO, y cumplir la sentencia.

El desacato puede generar el embargo de los fondos depositados en el BONY y disparar el default. Un default puede ser la oportunidad para replantear toda la deuda. Pero genarará un impacto muy negativo sobre el presente económico del país. El gobierno dispone de un puente amortiguador del tránsito que es la ya obtenida ayuda China y la que podría ampliarse. Luego de un cimbronazo, a lo largo de los próximos meses, la ayuda China podría permitir una relativa compensación y una bandera política de la militancia K para transformar los problemas sobrevinientes en los costos de una gesta emancipadora. Pero el crédito comercial puede complicárse.

Más tarde o más temprano, a la vieja deuda defaulteada, habrá que sumarle la nueva deuda China más las consecuencias geopolíticas de la solución China, más la pérdida de reputación con la alianza occidental. Una salida cara pero posible, con un presente tormentoso y un futuro más que complicado. Sobretodo porque no sería un futuro programado sino la consecuencia de la angustia y la improvisación. El nuevo gobierno amanecería con el peso de la resaca y sin haber gozado de la fiesta.

La segunda posibilidad, la más lógica y normal, dentro de la desgracia de lo ocurrido, es la que aún hoy (miércoles 23) sigue siendo la mejor opción. Supone que se le dará más a los buitres que a los canjeados y menos, o de manera más conveniente, que lo que los buitres tienen como sentencia. Dadas las condiciones esta salida, que aún hoy es posible, arreglar después del 1 de enero de 2015 y pagarle a los bonistas del Canje ya, habilita al país a seguir la Ruta Boudu por la que pagó a YPF, Club de Paris y CIADI, para obtener créditos occidentales y disminuir el impacto de la alianza estratégica con China gracias al balanceo de los orígenes del financiamiento.

La tercera, cumplir la sentencia, un fracaso del Canje, es pagar al contado y generar similares demandas y sentencias por el 7 por ciento de la deuda original. Se trata de una sangría que, por programada, no deja de ser un daño gigantesco. Y además – si bien de manera obligada por las cláusulas de créditos anteriores pero legitimados por los K – es reconocer la usura más aberrante como consecuencia del derecho. Algo lamentable e inmoral.

Estos días de Griesa serán recordados como unos de los generadores de mayor incertidumbre. Ninguna solución es una salida. Porque ninguna nos saca del problema de la deuda.

Una, la primera, nos empantana a futuro aunque, con la idea del paso a paso, nos haga más llevadera que lo imaginado la transición política. Es la solución del default sumado a la variante China. La deuda persiste y un nuevo acreedor ingresa a la pista con condiciones de primarización. La segunda, en todo caso, ordena la deuda. La tercera la aumenta más allá de lo computado a la fecha. Todas las soluciones siguen por el camino de la “la deuda”,

Por su parte, la economía esta mal. Instalada en una tendencia recesiva e inflacionaria desde hace bastante tiempo. Estamos en una economía capitalista que hace tiempo que  no crea empleo privado. Y cuya tasa de inversión en áreas reproductivas es francamente insuficiente. Sufrimos un deterioro evidente de las condiciones sociales que van desde la percepción angustiante de inseguridad, hasta el mensaje insólito del responsable nacional de la seguridad que declara la conveniencia de pensar en la legalización del consumo, distribución y producción de drogas. Casi como que inseguridad y drogadicción no tuvieran nada que ver. Insólito. Y a eso hay que añadirle las cifras de pobreza, la cada vez mayor necesidad de planes sociales para paliar carencias, la disminución del salario real, y el incremento de la conflictividad social.

El cuadro del presente interior, dista años luz de lo que sería una sociedad después de una década de progreso. ¿Hubo progreso y se desvaneció? ¿O el crecimiento fue apenas la recuperación de una crisis recesiva larga generada por la convertibilidad y el salto exportador del auge de las materias primas?

Lo cierto es que han reaparecido, después de los vientos favorables,  los males de una economía y de una sociedad mal administradas. Una de cuyas evidencias, de mala administración, es la deuda. Y justamente, cualquiera sea la solución que le vaya a dar este gobierno a la encrucijada de los buitres, los problemas de la deuda de hoy no difieren en su genética ni un ápice de los que han dominado los últimos 40 años. Es más, la solución China, es sólo el cambio del nombre del socio pero no de la estructura del contrato.

El “contrato” sea bilateral o multilateral es lo que rige materialmente la relación con otra economía. Hoy pagamos trenes chinos por 1000 millones de dólares al contado, y ahora además compramos más trenes  financiados con arbitraje de Paris y legislación británica y a pagar con soja: intercambio desigual. Les pagamos con naturaleza la venta de su trabajo y su tecnología. CFK dice, con razón, que los buitres vienen por nuestros recursos naturales, dijo “vienen por Vaca Muerta”. Tiene razón. El sentido del contrato con China, que tal vez nos permita surfear el default, es el mismo: vienen por la naturaleza. Con toda crudeza lo dijo, y además  con orgullo, el Presidente de la Cámara Chino Argentina por televisión en el programa de Roberto García, dijo sin ser repreguntado, y “mas adelante vienen por el agua”. Parece broma. Pero es verdad.

Pero es como que a la clase dirigente, política o empresaria, no les importa como se rifa el futuro del país, sino quién se lleva el premio. La corriente menemista (en la que casi todos estuvieron) aspiraban a que el premio se los lleven los capitalistas occidentales. A la corriente kirchnerista (casi todos fueron menemistas) aspiran a que el premio se lo lleve China. Es decir lo que les importa es hacer la rifa. ¿Qué diría Juan Perón de estos discípulos díscolos? Diría “mi único heredero es el pueblo”.

Es que los días de Griesa han resultado en una suerte de precipitador que separa los problemas graves de la visión elducorada en la que los mismos estaban disueltos.

compartir nota
24 julio 2014

Los días de Griesa

Los comentarios están cerrados.