Llamen al gasista

31 de julio de 2014

Publicado en El Economista

Carlos Leyba

El gasista consiguió reparar el 93 por ciento de la cañería. Dado las dificultades del terreno, lo logrado, se consideró un éxito. El mayor tramo de la cañería fue acondicionado para soportar grandes cargas interiores de gas; y también grandes cargas sobre su superficie. Una obra de ingeniería que reparaba la mayor rotura de caños ocurrida en el planeta. Bravo.

Sólo el 7 por ciento del caño sigue averiado. Como es obvio esa pequeña parte impide la inyección de fluido. Si alguien lo intentara el gas se disiparía; y si en la espera se fumara o alguien súbitamente prendiera un fosforo todo el caño volaría en mil pedazos. Si queremos el caño para transportar gas, si o si, hay que repararlo. Es difícil que alguien no comprenda esto.

Frente a la decisión o imposibilidad de reparar cabe la siguiente pregunta: ¿Queremos el caño del sistema financiero occidental para inyectar crédito? ¿Lo necesitamos? Aquí las opiniones se dividen. La inmensa mayoría de los analistas y asesores de los líderes políticos sostienen que sin gas la cosa no funciona. Es más, el oficialismo – después de las reparaciones supuestamente exitosas, pero parciales , llamadas Canje – trato de preparar el campo desmontando las matas de Repsol, del Club de Paris y del Ciadi, con el propósito manifiesto de inyectar gas. Pero en los últimos días se anotició que el agujero del 7 por ciento hace imposible que se inyecte plata de la fuente habitual. La mayor parte de los opositores sostiene que, los problemas reales que nos agobian se arreglan con gas, es decir con financiamiento externo tradicional. Es decir hasta ayer unos y otros saben que para lograr fluido de esa fuente hay que reparar el caño que es el de los holdouts del 7 por ciento. Una minoría entiende que ese recurso es innecesario, inconveniente, sustituible y que por lo tanto reparar el 7 por ciento del caño es un problema a futuro.

Hay preguntas: primero, por qué no se reparó todo el caño; segundo, como hacemos para repararlo; tercero, ¿y si usamos otra cosa que no sea gas (financiamiento tradicional externo) o lo transportamos de otra manera?

La cuestión de los holdouts es el 7 por ciento de la cañería, al presente, no reparada. El transporte de gas y el gas, son todos los recursos financieros para los que la Argentina ha convenido la justicia de Nueva York. Esto incluye a recursos ya obtenidos y a obtener, por parte del Estado nacional y los estados provinciales o de empresas de mayoría estatal como YPF.

No reparar el 7 por ciento del caño significa que, en continuado, se bloquearán los fondos para el mantenimiento del caño (pago de los bonistas canjeados) ya reparado – con lo cual se generarán nuevas fisuras en la parte reparada – y que no habrá manera de concurrir a la búsqueda de gas porque será intransportable por esa vía.

En el estado actual la Argentina (manteniendo el caño roto) está en desacato con la decisión que por omisión tomó la Corte Suprema de los Estados Unidos.  Para no hacerlo hay dos razones. La primera (RUFO) es que hay que esperar el cambio de clima hasta enero de 2015, y entonces repararlo como piden los dueños de esa parte del caño (darle toda o parte de la razón a los holdouts). Hacerlo antes, además de muy caro, implica romper lo previamente reparado. Esa es la cuestión de la cláusula RUFO. Pero además, aunque en el verano la RUFO pierde vigencia, subsiste una ley nacional que impide cualquier mejora de las condiciones de lo ya reparado. Es decir, los funcionarios están atados de pies y manos no solo por la RUFO sino por una ley que les impide toda negociación razonable con el 7 por ciento de los acreedores. Nuestra ley impide el cumplimiento de cualquier juicio desfavorable de la justicia americana. No se puede reparar el caño. En otras palabras lo único legal, por ahora en la Argentina, es el desacato. Si CFK promoviera la derogación de esa ley para satisfacer a los holdouts los funcionarios podrían negociar.

Pero ¿quién imagina a CFK derogando su propia ley para beneficiar a los buitres? No es la primera vez que los K pegan la vuelta en dirección contraria, pero hacerlo por ley me parece que sería nuevo y ruidoso. ¿Qué harían con los carteles de “Patria o Buitres”?

Es cierto que los bancos privados han puesto a disposición del gobierno una estrategia que salvaría la RUFO, pero no salvaría la ley que prohibe mejorar las condiciones del Canje.

Llegar al verano, que es lo que pueden lograr los bancos, es una condición necesaria pero insuficiente. Hace falta la liberación de la claúsula que obliga a pagar lo mismo que a los que aceptaron el Canje. En otras palabras, que llegue el verano no alcanza para poder reparar el caño, hace falta una ley “pro buitres” en términos de la dicotomía “Patria o Buitres”.

Mientras tanto estamos en desacato y el gas no puede pasar. Siempre hay una alternativa. Hacer una voladura controlada del caño, diseñar otro trayecto y otros materiales, y empezar una nueva negociacion con todos los dueños del caño, incluidos los canjeados y los no canjeados. Eso implica mantener el desacato. ¿En esas condiciones se podrá construir un nuevo caño con la misma cabecera?

La alternativa a la “cabecera del caño tradicional” es aguantar sin inyectar gas y buscar otros recursos para energizar el sistema: este es el potencial de los acuerdos estratégicos con China, para los que se ha convenido la justicia del usurpador británico. Desconozco si todos los convenios con China consideran que la existencia de un nuevo default, aunque sea para organizar un nuevo Canje, no implican desactivar esos convenios. Pero si siguen en pie a pesar del desacato y el default, esos convenios firmados y otros posibles pueden proveer recursos pero implicarían un cambio geopolítico. Nuestra alianza integral sería el redescubrimiento de la vía Roca Runciman esta vez no con el Imperio Británico a cambio de carne, sino con el Celeste Imperio a cambio de soja, minerales y – según el Presidente de la Cámara Chino Argentina – agua. Pero hasta ahora haciendo renuncia de nuestra jurisdicción a favor de la ley y la justicia del país usurpador de nuestras Islas Malvinas.

Mientras estamos en estas elucubraciones, palabras van palabras vienen, la realidad encuentra a los responsables de la macro en la serena actitud de “fumando espero”. Y si bien mucho gas no está inyectado (solo el credito comercial), el caño roto lo ventea y la actitud de “fumando espero”, es peligrosa. La conflictividad social está en aumento. La organizada que tiene que ver con la vida sindical tradicional; y la desorganizada deriva de las corrientes criticas del sindicalismo. Detrás de esta situación está el crecimiento de los problemas de empleo; la disminución del salario real a consecuencia de la inflación y la amenaza de la reducción del ingreso disponible como consecuencia de la reducción de los subsidios. En esas condiciones afloja la energía del proceso y la economía navega en ritmo de recesión. La confianza, de los que necesitan de ella para poner energía en el proceso, disminuye y con ella la inversión y el consumo. Esa debilidad es la que ha inducido hasta hace poco al oficialismo a desbrozar el camino para llegar a la boca de pozo para inyectar crédito tradicional. En ese camino nos cargamos de mas deuda. Y al transitarlo percibimos con toda crudeza esa cuestión tan sencilla que reparar el 93 por ciento del pozo no es suficiente para que pase el gas. Y a pesar de que pasa poco si no lo reparamos y seguimos apostando a buscar gas en esa cabecera las cosas se van a compliacar. Sobretodo si, respecto de la macro, seguimos en la doctrina de “fumando espero”.

El tiempo resuelve muchas cosas. Pero no la flojera de la economía. Y tampoco la cuestión del caño.

Es cierto que un giro copernicano y poner la proa rumbo a Oriente suena atractivo al menos para el corto plazo. China nos provee de mucha industria financiada y la pagamos con naturaleza. Pero el problema argentino no es vender lo que heredamos de la Creación sino hacer posible que la fuerza de trabajo argentino cree valor. Y eso no se construye a partir del intercambio desigual y mucho menos esperando que el tiempo pase.

Habría que llamar a los gasistas que repararon el 93 por ciento del caño y reclamarles la fórmula para ver cómo se repara el 7 por ciento que falta. Los bancos pueden liberarnos de la RUFO. Pero ¿quién le garantiza a los bancos que los funcionarios pueden legalmente hoy pagar mas que el Canje o lo que es lo mismo, cómo recuperan lo puesto y como hacen su moneda? Convengamos que los banqueros por amor y por la Patria no mueven un dedo. No serían banqueros. Es cierto que con los buitres se entienden. Pero eso aquí y ahora significa poco.

La dura realidad es que el caño está roto; que muchos quieren gas y así no pasa. Dejar el caño de lado es posible. Pero hacerlo recomponiendo el intercambio desigual es pan para hoy un hambre extraordinaria para mañana. ¿Y si llaman al gasista, eso si, matriculado? Lo que hay que oír.

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31 julio 2014

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