VEMOS POCO

16 de agosto de 2014

Carlos Leyba

Largaron. A doce meses de las PASO los pingos anotados y los que están por hacerlo, empiezan a exponer el cosquilleo previo a la largada. Todavía no sabemos quiénes van a correr y tampoco las chaquetillas con las que van a competir en las pruebas de clasificación. Todo está en discusión. Pero a partir de estos días todo es clima electoral y falta mucho, tres pasos, para poder pensar en el hacer del futuro. No obstante las PASO de agosto son la meta más importante.

Pero lo que sabemos a ciencia cierta es que la pista está barrosa, pesada, y que la tribuna está crecientemente enojada. No son las mejores condiciones para los que compiten. Una simple razón, a medida que las condiciones sociales y económicas se hacen más complejas, los reclamos se hacen más exigentes, y la demanda de respuestas pone en el brete de ofertas precisas al discurso de la política.

En el brete no es fácil ir para atrás, imposible a los costados y cuando se va para adelante, es cierto que allí está la salida, y no menos cierto que también está el cepo. Es decir en la carrera se es prisionero de lo que se dice y el juicio de aprobación o rechazo es inexorable: se pasa o no se pasa.

Cristina, que podrá no decirlo pero que si revela que esta preocupada por la economía, ha decidido continuar con las propuestas de “reformas”, en lugar de encarar una reflexión profunda por la marcha de la economía. La primera consecuencia de esta apelación al discurso de “las reformas” capaz de velar los compromisos económicos, por parte de CFK, es que lo más probable es que lo que hoy vemos, como el conjunto de las políticas económicas, hasta las PASO continuará.

Desde que no pudo sostener, generando un mínimo de credibilidad que la economía “está bien”, CFK apeló al cajón de las reformas. Y fue sacando de a uno y según la oportunidad los proyectos o las ideas. Primero pone las “reformas” en la calle, distrae y atrae, y luego las convierte en consignas que constituyen un alimento irremplazable para la militancia. Que la cosa funciona electoralmente lo demuestra el crecimiento de la imagen positiva de Cristina en los últimos días. Y que es una herramienta de disciplinamiento de los aliados lo demuestran los hechos.

Cuando las dudas y las críticas, acerca de la marcha de la economía, se comenzaron a oír en el seno del oficialismo, la respuesta para encolumnar a todos ha sido un conjunto de reformas normativas en relación a la vida de las empresas.  En otro andarivel, al igual que con el matrimonio igualitario, ahora la despenalización del consumo de drogas avanza por el camino de lograr la adhesión – por otras razones y no la de la economía – de sectores de interés particular y allegados.

Todas esas consignas reformistas componen, de una cierta manera, un escenario atractivo para las corrientes “progre” que, de alguna manera, blindan para las críticas las otras políticas oficialistas. Una vez más el manejo de la comunicación, sin comunicadores, en la escenografía K ha demostrado ser una de altísimo rendimiento.

Pero, cómo es eso de la pista barrosa.  La economía viene mal. Y no de ahora. Veamos.

Es una costumbre nacional, a consecuencia de una enorme molicie en el debate o tal vez, peor, a consecuencia del formateo de la mayor parte de los cerebros involucrados en las discusiones de la cosa pública,  es una costumbre nacional, digo, centrar los debates económicos en la mira de una sola variable. Una suerte de concentración visual en una sola parte de la realidad que, por definición, es un sistema.

O lo que es lo mismo que todos los puntos de vista, por diversos que sean, se centran en la observación de un solo punto, prescindiendo de todos los demás puntos que forman parte de la figura geométrica en la que caminamos. Podemos estar centrados en un punto que está en un circulo que no nos lleva a ninguna parte; y el punto que observamos resultarnos atractivo. O podemos estar sobre una línea ascendente y disfrutando de observar ese punto atractivo en ese sendero. O, por ejemplo, podemos estar en una figura que es una suerte de “cul de sac”, es decir una trayectoria que durante un tramo es ascendente y se vuelve para atrás.

Siempre – en los últimos años – se construyó, en cada gobierno, un discurso en torno de un punto “favorable” dejando de lado la figura geométrica en la que estábamos montados.

Ejemplos y recuerdos, en el déme dos de J.A. Martínez de Hoz se exhibían las reservas en el BCRA como el “punto” exitoso que hay que mirar, mientras al compás del crecimiento de la deuda externa, se amasaba el desempleo, la pobreza y la desindustrialización.

D.F. Cavallo exhibía la “estabilidad de precios “ para el déme dos, cuya contrapartida era más deuda, más desempleo, más pobreza y más desindustrialización. Estábamos  montados en una línea descendente que concurría a la perforación de la estabilidad social.

Hoy – en todo este tiempo K – el punto que nos han invitado a mirar es el del consumo (privado y público) que ha crecido de manera extraordinaria, pero montado sobre una línea de regresión formidable de stocks.

Mientras el consumo creció, el discurso reclamó en exclusiva la mirada de ese punto, pero su contrapartida negativa – no inevitable – fue la declinación de las reservas hidrocarburíferas, del stock ganadero, también a partir de un cierto momento la declinación de las reservas del BCRA, la reducción de la participación de las inversiones en el PBI, el debilitamiento de las finanzas públicas, la reducción del excedente de comercio exterior, a consecuencia de los costos, también una erosión del suelo agrícola. ¿Compensa el flujo alguna vez la reducción de los stocks? No, si no se hace algo explícito para ello. El discurso de las “reformas” de CFK se instala toda vez que la expansión del consumo, mediaticamente, no alcanza  para convertir en éxito la declinación de los stocks.

¿Cómo ha sido la evolución, a grandes rasgos, de la pista barrosa?

Para esto hay que señalar algunas de las características de las tres gestiones K. Porque, en verdad, más allá de las presunciones que pueda haber sobre similitudes o diferencias en cada uno de esos tres períodos, lo que los diferencia son los resultados.

Veamos como fue y es el crecimiento de los tres períodos K.

Durante la gestión de Néstor, el período NK, la economía creció en promedio 8.7 por ciento por año. En la primera etapa de esa gestión, que llegó hasta 2005, ocurrió la recuperación del nivel del PBI alcanzado en 1998. Recién desde 2005 la economía, luego de la recuperación, ingresó en crecimiento. De todos modos, en términos de velocidad, el período NK fue de una tasa de expansión promedio de 8.7 por ciento que, naturalmente, estuvo muy influenciada por la recuperación del piso de 2002 luego de 4 años de recesión y desequilibrios profundos. En esa etapa, que comenzó con una pobreza de 54 por ciento, la inflación promedio – con todo el peso de la mega devaluación de Eduardo Duhalde – fue de sólo 11 por ciento. Sería ridículo no  computar en el pasivo de esa baja inflación el consumo imposible de la mitad de la población que, como consecuencia de políticas activas y asistenciales, se redujo al 28 por ciento al fin del período. Esa pobreza enorme al principio y enorme al final, contribuyó a mantener en la Argentina una inequidad distributiva que, al finalizar el período NK, medida por el Coeficiente de Gini estaba en 0,46, por cierto incomparable a los niveles argentinos de principios de los 70. Este período fue de una gran creación de empleo (2,7 millones de ocupados más) según las estadísticas del Ministerio de Economía. Las reservas en el BCRA subieron de 11,5 a 47 mil millones de dólares y todos los años tuvimos superávit gemelos. Según Jorge Gaggero, tributarista oficialista, en ese período cada año se fugaron en promedio más de 13 mil millones de dólares. Con todas las carencias que podemos señalar y alguna de las cuales reflejan estas cifras, el período NK fue venturoso por los resultados.

Comparado con él, el período CFK (2008/ 2013) que le sucedió, lamentablemente para todos nosotros no fue venturoso.

El crecimiento promedio anual (2,4%) se contrajo a un tercio. La inflación se duplicó. Todos los años – menos uno – hubo debilidad fiscal. Y si bien el saldo comercial promedio fue similar al del período NK, las reservas cayeron en 16 mil millones. Y la fuga promedio de todos los años creció a casi 17 mil millones anuales. La igualdad mejoró, lo que no es poco, y el Gini concluyó en 0,41 y la pobreza bajó, poco, a 26 por ciento. Pero la creación de ocupación desbarrancó: en todo el período 1, 3 millón es de los cuales mucho es empleo público como evidencia de la debilidad de la creación de empleo privado.

Llegados a esta estación, terminado el período CFK en 2013, la primera gestión K fue exitosa en resultados y no puede decirse lo mismo de la segunda, en la que la mayor parte de las notas baja. Y bajar las notas significa que aumentan los problemas y se hace mas difícil la posibilidad de solucionarlos.

La tercera gestión es la AK, la de Axel Kicillof. Es innegable que la impronta del nuevo ministro se ha impuesto en las decisiones, en las palabras y en el estilo. Y si bien CFK conserva el mando, este es el primer ministro de todo su gabinete, que hace su propia política con todo el apoyo del gobierno. Lleva sólo lo transcurrido de 2014 en el cargo y la pregunta es si ha revertido las tendencias comparadas negativas de CFK o por el contrario las ha profundizado. Veamos.

Este es y será un año recesivo. La inflación se aproxima al 40 por ciento anual. El déficit fiscal crece. El superávit comercial baja. Ningún pronóstico augura creación de empleo y tampoco reducción de la pobreza. Las reservas difícilmente se incrementen. En síntesis la tendencia negativa, el plano inclinado que comenzó con la gestión CFK difícilmente se revierta de aquí a las PASO.

Por lo dicho de aquí a agosto la pista estará barrosa. O lo que es lo mismo los candidatos estarán en el brete de tener que responder tanto por el venturoso futuro que todos prometerán alcanzar como por la manera en cómo piensan superar las dificultades muy serias que manifiesta la economía actual.

Este punto, “cómo superar las dificultades”, ya tiene una respuesta de manos de CFK: a los problemas de inflación, desempleo, sector externo, se los resuelve con “normas”, reformas institucionales sobre el diseño de la producción y la distribución. Ese discurso tiene un autor, Axel Kicillof, y por lo tanto un candidato elegido por CFK. La pista barrosa, la dureza de las condiciones económicas, que ha sido respondida con el discurso de las reformas tiene en AK no sólo su autor intelectual sino fundamentalmente su nuevo candidato. La continuidad de CFK en el discurso puede sumar las voces de La Campora, de Miles, de muchas voces del espacio K, pero el discurso y la acción que mejor lo representa es AK quién, a medida que pasa el tiempo, ha ido construyendo su propia burocracia. El partido de gobierno tiene su candidato, casi natural, salido del ministerio más poderoso y tiene su lógica en la mecánica de las sucesiones.

La verdad es que nadie, ni los oficialistas ni los opositores, la tiene fácil. En eso están iguales.

Es cierto que largaron, pero el barro de la pista salta a los ojos de todos los competidores y también a los de la tribuna.

Nadie hasta ahora aporta claridad. Y cuando alguien dice cosas fuertes y de peso, no se aleja demasiado de sostener que la panacea es salir a endeudarnos en el exterior. Después de lo que hemos pasado, esa recomendación, suena parecida a la del analista clásico luego del cuál el paciente sufre lo mismo pero no le importa. De lo que estamos mas que seguros que la propuesta “ a por la deuda” es rentable para algunos pero muy, pero muy gravosa, para el presente y el futuro.

Son otras las cosas que hay que hacer. Pero si en la carrera se sigue levantado barro para cegar a la tribuna o cegarse entre los competidores, no vamos a tener la mínima claridad y la reflexión necesaria para no repetir las ideas que nos han traído hasta acá en los últimos cuarenta años.

Vemos poco.

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16 agosto 2014

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