VIENTO NORTE

23 de agosto de 2014

Carlos Leyba

Kicillof es Miguelito. Me explico. En 1937 Mario Soffici filmó “El viento norte” con un argumento basado en un cuento de “Una excursión a los indios ranqueles” de Lucio V. Mansilla. En la Toldería van a juzgar a Miguelito por un crimen que cometió su padre. Finalmente el hombre culpable se presenta y asume la responsabilidad.

¿Lo que nos pasa hoy en la economía es pura obra de Miguelito (Axel en la realidad) o por el contrario las culpas son de los que le precedieron y presiden (varios)?

Lo que no cabe duda es que, en nuestro país, los responsables primarios nunca se hacen cargo. Y lo más grave es que, en este caso, detrás de los candidatos presidenciales – casi sin excepciones – están casi todos los responsables.

¿Por qué es importante saber la cadena de responsabilidades? Por que en ellas lo que subyace es “la misma manera de pensar”, aunque las caras sean distintas.

Los problemas argentinos son de acumulación de errores y esa acumulación es consecuencia de un pensamiento que no ha variado en lo esencial en los últimos cuarenta años.

Miguelito – sin duda – le agregó lo suyo, que no es poco, al problema. Pero no es el principal responsable.

Esta advertencia corresponde porque el aún no escrito Manual de las Desgracias Argentinas se inicia allá lejos y hace tiempo, cuando se impone la visión monocausalista, simplista, elemental de nuestros problemas; y ésta visión impone ora por las armas ora por los votos. El método de imposición no cambió el contenido de las políticas.

Muchos, más de la mitad de los argentinos, hacen responsable del crimen a Miguelito; y suponen que sin Miguelito las cosas habrían de cambiar. Lamentablemente no. La única manera de cambiar es cambiar la manera de pensar. Y esto es mucho más difícil. Y en esta toldería, al menos con esta polvareda, no se divisa con quién, cómo y desde dónde vendrá el cambio. Hasta acá la historia de Mansilla.

En esta toldería donde estamos, la primera relación es que esta semana estuvo soplando de verdad el viento norte, el viento de los locos; y que también estamos sometidos al viento del norte. La película comentada, la naturaleza y las cuestiones sistémicas, tienen en común el nombre con la que las podemos designar. Viento Norte. Para nosotros, los argentinos, particularmente nocivo sobretodo cuando en definitiva sucede al benéfico Viento de Cola.

Rápidos para el olvido, hemos dejado atrás el recuerdo de la madre de todas nuestras bonanzas: el viento de cola de los precios de las commodities que hicieron las delicias cambiarias y fiscales, las que alumbraron los tan afamados déficit gemelos. Mientras sopló y cada vez más fuerte, se consolidó la balanza comercial y la balanza fiscal.

Por tener el dedo en el bolsillo y no sacarlo para siquiera medir la dirección y la fuerza del viento; y por cierto tampoco disponer de una manga de aeropuerto rural para conocer de dónde viene y con qué fuerza; los auto elogios de los responsables de la política económica le atribuyeron a la destreza en el timón las buenas nuevas que fueron más hijas del viento o cola, que del rumbo o cabeza.

Esta afirmación parte de tener en claro que una economía, no transformada en su aparato productivo, cuando crece a causa del viento de cola, aumenta el consumo; y si la economía no se transformó e integró y aumentó su capacidad productiva, simplemente aumentarán las importaciones y se reducirá con el tiempo el superávit externo.

La causa de esa “pérdida de superávit” es que la expansión no es endógena – la que siempre empieza por la inversión reproductiva – sino exógena y sin transformación.

La exógena es la de una demanda dirigida a unos pocos productos con mucha elasticidad de oferta que provocan la expansión general; pero que rápidamente encuentra sus límites a causa de la falta de políticas de inversión y transformación. El agotamiento de los stocks (ganadero, reservas, fertilidad del suelo, capacidad ociosa, agujeros en la cadena de valor) responde a la disminución de la tasa de aceleración del precio de las commodities.

En esa etapa entramos antes de que ocurra el actual freno y disminución del viento de cola. Y a nivel fiscal ocurrió la misma cosa. La garantía de precios  e ingresos crecientes, inducida por el viento de cola, generó la construcción de un Estado Fiscal Consumista compensador de la ausencia de creación de empleo y valor, derivado de la ausencia de inversión y acción transformadora de la que la inversión es parte. El viento de cola fue el empujón y la ausencia de transformación, cuando se desaceleró generó una gama de problemas previos a Axel Kicillof.

Repasemos la historia. Desde que asumió Eduardo Duhalde, heredero de la declaración de default –que es necesario recordar que ya estaba en marcha desde el Blindaje de José Luis Machinea y Miguel Bein –,  el viento de cola de la soja, y de todas las commodities rugió in crescendo y sin pausa y – sin dudarlo – fue el artífice “bueno” de todas las bonanzas de la década K. Sin el saludable empuje del valor creciente, en valor absoluto y relativo a lo que importamos, de todo lo que exportamos, nada de lo bueno que pasó habría ocurrido. Tal vez podría haberse encontrado otra veta. Pero no ocurrió.

Una digresión. En los tiempos que corren, que observan la peligrosa declinación del “viento de cola”, nos han deslumbrado con la aparición del filón de “Vaca Muerta”. Si los llamados de Miguel Galuccio tuvieran eco y fluyeran a la Argentina miles de millones de dólares para comenzar la explotación, antes de que el oro negro sea nuestro viento de cola soplando desde las entrañas de la tierra, ya los verdes habrán inundado la plaza. Seguramente el valor del dólar en pesos se desplomaría – lo demás constante como decimos los economistas – y esa caída generaría una baja de la competitividad de nuestras exportaciones inclusive de aquellas de menor valor agregado. Y si esto no pasa en la primera etapa de lluvia de dólares para explorar y explotar, ocurrirá cuando el oro negro empiece a salir. Otra vez la buena suerte generará éxitos que serán “desmesurados y efímeros” . Y todo eso pasará si mantenemos la misma manera de pensar la sociedad y la economía. Volvamos no ya al presente e indaguemos al pasado que sirve como lección.

En la expansión de la economía también hubo artífices malos: la devaluación de Duhalde y el escándalo de la pobreza.

La devaluación, al igual que el default, fue la declaración de lo que ya había ocurrido: el ridículo valor que la producción nacional le generaba a la moneda real del país. Un país devaluado es el que importa aquello que en tiempos normales puede producir y de hecho producía.

Y la explosión que puso a la mitad de la población bajo la línea de pobreza fue la puesta, en negro sobre blanco, de las miserias acumuladas debajo de la alfombra durante la década de los 90.

Esos artífices malos (devaluación y pobreza) dieron lugar a una barrera protectiva de la producción nacional;  y a un freno, ciertamente infame, de la tasa de inflación potencial durante los primeros años de la política K. La pobreza opera como una capacidad de consumo ociosa y al igual que la capacidad productiva ociosa, mientras sus márgenes son importantes, fungen como amortiguadores de las respuestas de mercado de los precios. Son “artífices malos” porque actúan con el sufrimiento de muchos.

Los meneados superávit gemelos de la etapa NK fueron consecuencia, justamente, de los artífices buenos y también de los malos. La pobreza declinó pero sigue hoy  constituyendo un ejercito de 10 millones de sufrientes.

El tipo de cambió se equilibró, pero nuevamente acusa el deterioro que refleja la perdida de mercado interno de la producción nacional. En el mercado los carteles “origen China” son “n” veces mayores que los carteles “precios cuidados”. Nada nuevo.

Hace 40 años en nuestro país se trata de combatir la inflación con productos importados y eso ha logrado disminuir el valor agregado en nuestras cadenas de producción. La misma manera de pensar.

El viento de cola empujó. Y ahora amenaza con una disminución notable de su intensidad. La medida más elocuente es la baja del precio internacional de la soja. La Argentina vuelve a descubrir que los términos del intercambio pueden ser adversos y que la primarización es una apuesta al pasado.

En este estado de inflación, crecientes problemas de empleo, y economía en recesión, no sólo no sopla fuerte el viento de cola, sino que ha comenzado a soplar el viento norte.

La naturaleza y el clima son una metáfora de la realidad económica.

En esta semana de agosto de 2014 el viento norte ha soplado en la geografía más sensible. El viento norte, cálido y seco, produce trastornos en la mayoría de las personas. La piel, los ojos, lo sienten. Pero también el sistema nervioso central: mareos, falta de coordinación. Problemas respiratorios y cardiovasculares; y sobretodo decaimiento e irritabilidad.

La mala noticia de esta semana de agosto es que ha soplado fuerte el viento norte. Y no sólo porque se ha hecho sentir con estos calores más o menos secos, sino porque también el viento norte ha venido a ocupar en el protagonismo económico; el lugar que hasta hace poco ocupara el tan meneado viento de cola. Veamos.

Cuando el viento de cola sopla, algo ajeno a nuestra voluntad, nos empuja y aliviana el peso del cuerpo y de las deudas. Y vaya que lo hemos disfrutado.

¿Y cuando sopla el viento norte? Todo pica. Todo molesta. No es sencillo mantener la mirada limpia sobre la realidad y no porque los ojos piquen sino porque la información pública distorsiona la realidad. A punto tal que quienes conducen lo hacen a los bandazos dando la sensación de mareo, que el pasaje también sufre, y de falta de coordinación que impide definir un rumbo con adultez.

Las cosas de la economía real están mal y quienes están a cargo o no le prestan atención o si se la prestan no embocan con la respuesta adecuada. Por ejemplo ante la suba del precio de la carne deciden parar las exportaciones y además dicen que pretenden subir el peso de faena. Nadie deja de engordar un animal si los costos señalan que es negocio. Parar la exportación, después de la apertura del mercado ruso, es dar el aviso que bajo ninguna condición la carne, la proteína animal por excelencia, volverá a ser un producto de exportación que supera en valor agregado la exportación de proteínas vegetales. Y esa noticia implica necesariamente desaliento en toda la cadena, trabajadores, industria frigorífica, productores de carne.

¿Una política se hace a los bandazos?   Por cierto que no. Paso a paso para todo. Acción, reacción. Y esto para si se quiere un pequeño sector del mundo rural y del trabajo. Pero refleja una manera de pensar. Sin ello no se comprende tampoco la batería de reformas a las leyes del consumidor, de la competencia, del abastecimiento. Todas ellas suman una respuesta desde la política por la vía de “la reforma” a la que se entiende como resistencia de los empresarios a mantener o bajar los precios, a mantener o bajar la producción a no incrementar la inversión. Todo eso ocurre.

Pero ¿se arregla con normativas como estas o por el contrario se compone con política económica de corto plazo y política de mediano y largo plazo?

No hay que ser muy sabio para entender que, en el sistema capitalista – en cualquiera de sus versiones – las inversiones son consecuencia de horizontes e incentivos. Sin política de largo plazo no hay ni horizonte ni incentivos. Y entonces el producto potencial no es expande. Y el corto plazo recibe las consecuencias de esa falta de dinámica.

¿Puede la política de corto plazo por sí sola repararlo? No. Pero sí puede equilibrar la situaciones y hacerlas llevaderas si está concebida globalmente. Faltan dólares. ¿Se puede combatir la recesión impidiendo importaciones para la industria? No. Ejemplos hay muchos. Dejémoslo ahí.

Y en este contexto se nos pone a soplar el viento norte. Griesa y además las sanciones de la OMC. Nada de eso es definitivo. Pero todo esto es peor si no tenemos nada de horizonte por falta de políticas, si dejó de soplar el viento de cola y además nos pega en la cara el viento norte que deprime e irrita.

Miguelito no es el principal responsable. Pero si no se ponen las pilas para pensar en la política económica de largo plazo, el horizonte provocador de inversiones y no el salto infantil a Vaca Muerta; sino se ponen a pensar que la política de corto plazo no puede no rever la estructura del Estado Fiscal Consumista; y si no tienen en cuenta que hay que darle una salida a la cuestión Griesa que no es, por cierto pagar lo que piden de la manera que lo piden y cuando lo piden, y que tampoco es no te voy a dar ni un  tranco para reconocer que emitiste un juicio en condiciones que yo acepte, no nos la vamos a ver simpática.

Esta alharaca, la irritabilidad, se posa en Miguelito. Y no es verdad. Todos los que firmaron los bonos y los canjes de los mismos, han montado una cadena de errores que son muy parecidos a un Jaque Mate. Y bueno sería que los responsables se hagan cargo. La sorpresa es que no están tan lejos de Miguelito.

Que todo esto sirva para que cuando comience el festival de Vaca Muerta no se sigan firmando los que serán Jaque Mate para los que vengan. Es decir que cambie la manera de pensar.

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23 agosto 2014

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