No es lo mismo

27 de octubre de 2014

Una versión fue publicada en El Economista

Carlos Leyba

Hace un tiempo un importante dirigente del radicalismo acuñó una frase muy apropiada para observar el devenir de algunas circunstancias críticas. La frase reza: “no es lo mismo verla venir que irla a buscar”. Es muy clara. No es lo mismo.

Hay conductores que “la ven venir”. Y uno imagina en ellos un ejercicio productivo de la inteligencia, de la comprensión, de los acontecimientos. Es decir que esos conductores desentrañan de qué está preñado el presente y -con mirada campera – ven más allá lo que aquellos acostumbrados a mirar corto no ven venir.

El General Juan Perón que, de acuerdo a las adscripciones declaradas de fe y militancia, tenemos la presunción que inspira con su “Manual de Conducción Política” a muchos de los que  han conducido, conducen, y tal vez conducirán, todo o parte del aparato estatal, enseñó que “la historia se cabalga”. No se dibuja.

Entonces de lo que se trata es advertir, a tiempo, los llanos, los obstáculos, los ascensos y las quebradas. La historia está preñada de llanos y quebradas; de descensos y obstáculos. La virtud del que “la ve venir” es la conducción apropiada para cada circunstancia. Y eso es capacidad de anticipación.

Por el hecho de estar montado no se conduce. Bien sabemos que uno puede terminar siendo conducido por la bestia sin razón. En otras palabras que lo que está por venir exige, en cualquier caso, preparación; y esa tarea obliga a prever o, en otras palabras, que gobernar es prever.

Pero también hay conductores que “la van a buscar”. Tal vez sin saberlo. Son los que se arrojan a los días que se suceden a como dé. Y puede que la suerte les venga grata; o que, por el contrario, les sea ingrata. Y los hay que le ponen galope a lo que montan, sin considerar “como viene”, simplemente porque sienten el mandato de que la “van a buscar”, y atropellan sin mirar si llano, quebrada o descenso.

El General en sus gobiernos, y en aquellos en los que participó, hizo del “verla venir” un culto. Es decir creó el Consejo de Posguerra, los Planes Quinquenales y el Plan Trienal como métodos de pensar largo sobre lo que viene. Y fuera del poder, en el exilio madrileño, escribió, por ejemplo, el “Mensaje ambiental a los pueblos del mundo” en febrero de 1972. “Verla venir” era para él la mejor manera de montar sensatamente la historia. Demasiado obvio como para no compartirlo.

Entonces cabe preguntarnos, aquí y ahora, ¿cuánto hay -en la actual política económica – de “verla venir” y cuánto de “irla a buscar”?

Cuando uno está en la posición de “verla venir”, primero acumula información veraz, otea el horizonte desde el punto de mira más alto que se pueda; y se prepara. Verla venir es la mejor manera de aprovechar oportunidades. O, cuando vienen malas, verla venir es la manera imprescindible de formar barreras protectoras. Cuando de crisis se trata, es decir, cuando rigen los desequilibrios, el que se pone en “verla venir” primero se preocupa; segundo, genera reacciones de reducción de costos, de control de daños.”Verla venir” es la primera condición que debe reunir aquél que asume la conducción. Recibir sorpresas, cuando son malas, es definitivamente riesgoso. El que “la ve venir” es porque pensó en función del futuro.

Cuando uno la “va a buscar” – cuando estamos hablando de crisis – lo primero es que en realidad, ese uno, ignora y ningunea, a la crisis – a los desequilibrios –  y a sus consecuencias. O lo que es lo mismo, desprecia sus costos. Digamos que uno la “va a buscar” justamente porque ignora de lo qué se trata. Estar montado no significa que uno sabe dónde va y menos aún que conduzca. Conducir implica pensar en términos de futuro.No hacerlo es ser conducido por la inercia del pasado. Lo peor es que, en ese caso, siempre es que el que cree conducir no lo sabe.

Tal vez la respuesta a esta pregunta, sobre la actual gestión, esté en observar el nivel de los stocks. Los flujos muchas veces confunden. Y la observación de los stocks, en general, ayuda a tener claridad sobre la idea del “ir” y el “ver” del conductor. Los stocks no sólo tienen que ver sobre el presente sino sobre lo porvenir. Veamos.

En los últimos años la economía nacional fue reduciendo algunos de sus stocks: las reservas en poder del Banco Central, las reservas energéticas comprobadas, la fertilidad del suelo castigado por el monocultivo extremo, las cabezas de ganado, el agotamiento de la capacidad ociosa sin reposición de capital, etc. Y eso fue consecuencia, en todos los casos, de políticas deliberadas.

La deliberación puede ser por comisión, por el hacer, (p.ej. en materia ganadera) o por omisión, por el “no hacer” (p.ej. en materia de suelos). La política económica, como toda la política pública, se define tanto por el hacer como por el no hacer. Al “hacer” se le pone prensa. Al “no hacer” se termina poniéndole explicaciones cuando el conductor se da cuenta y entonces es demasiado tarde.

Si en algún momento los gestores de la política económica hubieran visto venir al derrape de stocks; mejor, si hubieran mirado los datos verdaderos y no se hubieran auto engañado, seguramente habrían ensayado una política frente a la omisión de acción; o hubieran intentado otra, ante el fracaso de la política encarada.  La única verdad es la realidad. Y los stocks fueron para atrás. ¿Nuestros conductores miraban el horizonte como los bien parados o los ojos en el piso como el que camina arrepentido?

Llevamos muchos años repitiendo los mismos errores. Muchos de las declinaciones de stock mencionadas tienen más años que las más cercanasconducciones que son las que recordamos más facilmente. Sumamos años de declinación en energía, suelos e inversiones para citar algunas. Y mucho se ha repetido y advertido acerca de esas declinaciones.

Nadie en el poder, gobierno, parlamentarios, gobernadores, puede alegar “no lo sabía” o protestar “no me dijeron que venía”. Todo fue avisado. Todo esto estuvo en las críticas y sufrimientos de la vida cotidiana Siendo así lo más probable es que, los que conducen, hayan decidido “ir a buscar” la declinación de esos stocks, avalado la tendencia al agotamiento. No ha sido la primera vez. Claro que no. ¿Cuál es la lógica?

Aunque parezca impropio tiene el fundamento de hacer crecer el producto actual, es decir, el que edstá ocurriendo, aun a costa de achicar el producto potencial, que es el que debería poder ocurrir.

¿Qué implica la tendencia al agotamiento? Implica una cierta vocación por lo inmediato y una postergación del futuro. Pero, aunque parezca insólito tener que aclararlo, para sufrimiento del conjunto en situaciones de agotamiento de stocks, el futuro se presenta como desangelado, como algo que vale poco la pena y entonces me lo consumo ahora. No la comparto pero me viene a la memoria una reflexión un tanto cínica de J.C. Joncker que dijo “Sabemos lo que hay que hacer, pero lo que no sabemos es como hacernos reelegir después”. Tal vez esa errónea perspectiva sea la que guía a los que la van a buscar.

Unos ejemplos breves del costo de esa manera de mirar. La tendencia al agotamiento de las reservas del BCRA implica una extensa latitud; va desde desnudar la incapacidad de manejar las expectativas cambiarias hasta debilitar la capacidad de sostener el nivel de actividad económica y a la vez cumplir con los compromisos de pago comprometidos. Esto hoy está sonando fuerte. Nos llevó al camino de Repsol, el Club de Paris y el Ciadi y se detuvo y pegó la vuelta ecapando del aleteo de los buitres salidos del escritorio del Juez T. Griesa.

En segundo lugar, la tendencia al agotamiento de las reservas energéticas, implica comprometer el saldo de la balanza comercial más allá de lo que por sí sólo venía generando el déficit de la balanza comercial externa de la industria. El tema de la energía de hoy se patea fuera de la cancha al grito de Vaca Muerta. Una Vaca Muerta que, claramente, la estamos yendo “a buscar”. Pero, sin quitarle ni un pelo a la virtud de la Vaca Muerta, es imprescindible mirar lo que detrás de ella “va a venir”. Y no me refiero a la ecología, sino a la puesta en riesgo de la supervivencia de la capacidad de generar valor agregado en la producción, cuando llegue el buscado alud de inversiones en dólares, si es que no la “venos venir” y hacemos algo consistente. Cuando ello ocurra, cuando los billetazos aterricen, la cotización del dólar en pesos se desplomará o a más tardar lo hará cuando lleguen los dólares de la inundación del fracking. No es que sea malo. Todo lo contrario. Es una oportunidad. Pero no pensar en lo que “va a venir”, a partir de ese descomunal cambio estructural, dará lugar una vez más a que se repitan las oportunidades devoradas a las que, nuestra dirigencia política, nos está acostumbrando.

Volviendo al agotamiento pre Vaca Muerta de las reservas, las  importaciones compensatorias de energía jaquean la posibilidad de acumular reservas en el BCRA y a la vez financiar el déficit estructural de la industria.

Por su parte la reducción del stock ganadero jaquea los precios de la alimentación y contribuye a la merma del saldo exportador. La tendencia al agotamiento de la riqueza del suelo, como consecuencia de la tendencia al monocultivo – que incluye el agotamiento de la diversidad productiva, agotamiento que empobrece a las economías regionales –  implica un crecimiento de los costos futuros; o como mínimo una baja en el horizonte de la productividad rural.

Finalmente el agotamiento de la capacidad ociosa – sin la reposición amortizadora o el incremento de la capacidad productiva – produce un esclerosamiento del aparato productivo urbano que lo hace cada vez más dependiente de las importaciones.

¿Se puede resumir este comentario en algunas cifras? El promedio de la tasa de formación de capital desde 2004 hasta 2013 (INDEC) fue de 18,26 por ciento. Promedio que baja durante los años de CFK y cae a 17 por ciento en 2021 y 2013. Muy pocas veces fue tan débil el proceso de inversión (pública y privada). Nada describe mejor la tendencia al agotamiento de los stocks que la tendencia a la debilidad de la inversión. Es bueno saber que eso no es de ahora sino que viene de largo. Todo proceso de inversión es la respuesta de un sistema de acumulación. Y si la tasa es escasa el sistema es débil.

A ese proceso de caída en la participación de la inversión sin duda lo fuimos a buscar. Es que nada hicimos cuando se lo veía venir. Para verlo sólo había que mirar algunas estadísticas. Lejos de provocar una reacción positiva, durante largo tiempo, marchamos en la dirección contraria.

No estamos hablando de los deseos de la actual gestión que se manifiestan con entusiasmo y que, más allá de las formas de expresión, los compartimos. De lo que estamos hablando es de los resultados observados a través de los stocks. Preocupa.

Todo indica que estamos navegando a la búsqueda de esos problemas, negándonos a verlos venir y actuar en consecuencia preventiva.

Por otra parte la declinación de los stocks afecta la productividad y la competitividad de la economía. Otro dato tan duro como el de la inversión: entre 2007 y 2013 las exportaciones en volumen crecieron el 0,1 por ciento. Lo que ganamos, todo, se lo debemos a “los precios internacionales” de nuestras exportaciones. Nada de mérito propio. Más bien todo lo contrario. Y descontando los precios, el volumen de las exportaciones mundiales, en ese lapso, creció el 13,6 por ciento. Nosotros nos estancamos. Y si los demás crecieron. Fuimos para atrás.

Justamente por eso  es necesario interrogar qué es lo que estamos “viendo venir” en materia de precios internacionales. Si las cosas hoy no son fáciles, lo digo por los resultados, en el futuro más probable ¿cómo son?

Gobernar es prever. La historia se cabalga. El viento de cola amaina. Y ha soplado el viento norte que, como todos saben, irrita y deprime.

Jorge Gaggero, un tributarista  de compromiso con el kirchnerismo, ha calculado que, entre 2004 y 2012, se fugaron del país 110 mil millones de dólares. Es decir, una parte sustantiva del excedente del producto social no se convirtió en inversión. Lo prueba la más que modesta tasa de inversión que hemos mencionado. El país, para recuperar su historia, necesita crecer a no menos del 7 por ciento anual acumulativo. Ese crecimiento de ninguna manera puede lograrse, de manera sustentable, con una tasa de inversión del 18 por ciento del PBI.

Claro se puede “crecer” a costa de reducir los stocks. Pero la verdad que eso es “irlas a buscar”. Me refiero a  las situaciones críticas. Y eso no es lo mismo que crecer de verdad. Que no es hoy, sino hoy y mañana. No, claro que no es lo mismo.

compartir nota
27 agosto 2014

No es lo mismo

Los comentarios están cerrados.