El desafío en la agenda de la energía

1 de septiembre de 2014

Por Miguel Ángel Cuervo

Esta nota fue publicada en Mercado

El mundo está en los comienzos de una nueva “transición” que, hacia 2040/2050, habrá de registrar un cambio drástico en el mix que compone la matriz energética primaria (MEP). Los signos son claros, en lo que va del siglo 21 y acentuándose, se han acumulado problemas que son propios del fin de una era y el comienzo de otra y dan lugar a la agenda actual.

Una agenda en la que figuran el nivel y la variabilidad de los precios de los componentes de la MEP y su incidencia en la disponibilidad de capital de riesgo y en la inversión; el cambio climático y el ambiente; la vinculación con la incorporación de las energías renovables al mix de producto y los precios relativos de los combustibles fósiles y los renovables; el rol del impuesto al carbono en este punto; la disponibilidad de energéticos en cantidad y precios que no solo no sean un obstáculo para el crecimiento, sino que aporten al desarrollo del mundo de los países emergentes.

El mundo debe prepararse para trabajar con todas las energías disponibles, avanzando en la medida que sea posible hacia un mayor peso de las energías renovables y esto no es tarea sencilla. La historia y el presente así lo indican.

Mirando el 2050

Los temas críticos de la administración de la energía a escala mundial en el largo plazo, según el consenso de los organismos y expertos del sector (Cf. Consejo Mundial de la Energía – WEC; Departamento de Energía de los EE.UU. – DOE; Agencia Internacional de Energía – IEA, OECD; ExxonMobile Corp, USA; British Petroleum, UK; Vaclav Smil, Distinguished Professor Emeritus, University of Manitoba, Canada e IHS Cambridge Energy Research Associates – IHS CERA, USA) consisten en contar con una oferta de energía asegurada, con- fiable, accesible, limpia y equitativa. Estos temas plantean desafíos complejos para la humanidad. En sí misma, la definición de la agenda global de la energía lleva al contras- te entre los temas del corto plazo y los que definen los caminos del largo plazo.

El foco de esta nota está en el largo plazo, es decir la definición del escenario de la “transición” en los problemas de la energía y la exposición de los temas que ocupan el debate estructural sobre el mercado de combustibles y la energía. La “transición” no implica cambios rápidos y drásticos de una situación real a otra, sino un proceso que se despliega en el tiempo y que va diversificando los componentes de la oferta de energía. Seleccionar los “temas globales de la energía” a comienzos del siglo 21 implica considerar la oferta de energéticos y la relación con las necesidades crecientes de la sociedad, así como el caso de la eficiencia energética, el ahorro de energía y otros temas del lado de la demanda. No obstante, en este artículo solo se plantearán los temas del lado de la oferta.

El análisis se apoya en dos factores. El primero es la preocupación que genera la relación entre la matriz de energía primaria, la generación de energía y el cambio climático. El segundo consiste en la incógnita de si el mix actual de la energía, la composición de la energía primaria, es compatible con una política de crecimiento global y será capaz de satisfacer el aumento de la demanda de energía en el mundo de los países emergentes.

La “transición” ha sido el sendero por el que ha venido transitando la evolución de las energías. La biomasa (bosques, desechos) ha sido el energético primario dominante hasta los primeros años del siglo 20, siendo reemplazada por el carbón que llegó a ocupar 50% de la Matriz Energética Primaria (MEP). A mediados del siglo 20 otros energéticos completaron la MEP, primero y principalmente el petróleo, luego el gas, la hidroenergía y la nuclear; y a finales de la centuria se incorporaron los renovables, con la energía eólica y la solar fotovoltaica, dominando este último rubro.

A comienzos del siglo 21 dos factores impulsaron el debate acerca del comienzo de una nueva “transición”. El primero es el papel del cambio climático y su relación con la energía y el uso de combustibles fósiles. La Unión Europea con su Sistema de Comercio de Emisiones de Carbono al 2020, el marco a 2013 y la hoja de ruta a 2050; EE.UU. con su sistema de regulaciones e incentivos para el uso de energías de bajo nivel de generación de carbono, con el objetivo que su parque de energía eléctrica funcione a partir de renovables en 80% para el año 2050; y China, el principal emisor singular actual de dióxido de carbono, asumiendo un papel pro renovables en su Doceavo Plan Quinquenal, marcan el camino hacia un mundo compatible con el ambiente y la lucha contra el calentamiento global. El segundo factor es la aparición de los países emergentes en el crecimiento económico mundial y su peso en la demanda de energía. Hacia el año 2000 los países desarrollados (OECD) absorbían dos tercios de la oferta mundial de petróleo, y en 2011 los países en desarrollo tomaban la mitad de la demanda total. Además importa la necesidad de energía en el mundo en desarrollo, donde aún hoy 1.300 millones de personas no tienen acceso a fuentes modernas de energía. Se estima que en las próximas dos décadas, el aumento del nivel de vida en estos países reclamará 30% más de energía que la actual. La “transición” será larga y consecuencia de un conjunto sucesivos de etapas, pero ya ha comenzado la cuarta desde finales del siglo 19 y se estima que su conformación final tome hasta mediados del siglo 21. Después de todo, tomó 80 años para que el petróleo desplazara del liderazgo de los energéticos primarios al carbón en los EE.UU. (y en China aún es el primero).

Los desafíos que plantea la “transición” en el siglo 21 comienzan por posicionar adecuadamente el papel de los renovables en la MEP mundial. Sin duda el reclamo de la sociedad y la retórica de los Gobiernos se dirigen hacia la reducción del calentamiento global. Actualmente el foco está en lograr un mundo con solo dos grados centígrados más que los actuales hacia 2050 (el mundo 2GC) y para ello se reclama un mayor rol de los renovables. Sin embargo, la mayor “transición” en lo que va del siglo 21 fue el crecimiento del carbón en la MEP global, cuyo aumento fue el doble que el del gas natural, tres veces mayor que el del petróleo y 10 veces superior al aporte de los renovables y, además, recién comienza la explotación de los hidrocarburos no convencionales (shale y tight gas y petróleo), que cambiarán la oferta de energéticos en las próximas décadas.

Los precios de los combustibles son el desafío mayor para la definición del mix de energías. Las medidas de protección ambiental a partir de instrumentos de comando y control (regulaciones) deberán complementarse con medidas de mercado que ataquen las “fallas de mercado” y de las “políticas públicas”. La introducción de un impuesto a la contaminación (carbono) está en la frontera de las medidas ambientales que afectarán el precio de los energéticos de hidrocarburos fósiles. La discusión actual se da en el campo de la economía, la determinación de los precios relativos de los combustibles que emiten carbono a la atmósfera versus los renovables limpios.

El papel de la innovación tecnológica, sea para la explotación eficiente del petróleo y el gas shale y tight, los yacimientos no convencionales o para la transformación del gas natural en un commodity global a través de la expansión eficiente del Gas Natural Licua- do o para la obtención de combustibles líquidos más “limpios” a partir de convertir carbón, se espera que sea relevante recién a partir de 2030.

El temor de llegar al “peak oil” (el momento en que se hubiera alcanzado la máxima tasa de extracción global de petróleo, luego del cual la tasa declina sostenidamente), que do- minó la escena entre 2005 y 2009 ha pasado. La explotación de campos no convencionales de petróleo y gas, así como la tecnología disponible y crecientemente eficiente para explotar hidrocarburos en el Ártico y en aguas ultra-profundas, cambiaron la percepción de la industria y los Gobiernos.

Los energéticos renovables, eólicos, solares, mareomotrices, de la biomasa, incluyendo algas, tienen aún un peso muy menor en la MEP. En los hechos, 87% de la MEP es dominada por la tríada petróleo, carbón y gas natural, 5% proviene de la energía nuclear, mientras que solo 1,6% es provisto por eólicos, solares, geotermales y otros nohidro (Cf. BP Statistical Review of World Energy, 2012). Mientras el mundo adopta tecnologías amigables con el ambiente, los Gobiernos buscan promover el uso de renovables (mediante subsidios) y el uso racional de la energía aparece en el horizonte de los “usos finales”, el mundo aún espera por hechos revolucionarios, como sería el caso del automóvil eléctrico de uso masivo, que sí contribuiría a cambiar el escenario del uso de energéticos primarios.

Los Gobiernos han venido dando señales de su preferencia y necesidad de incrementar el peso de renovables en la MEP. Por ejemplo, los objetivos/metas de que 30% de toda la generación de electricidad sea eólica en 2030 o de que 50% de todas las energías sean renovables para 2050, son hoy por hoy una aspiración. La realidad marca que en lo que va del siglo 21 lo que ha crecido más es el uso de hidrocarburos fósiles (2,65% respecto del 2%, respectivamente). El peso determinante de la urbanización y la industrialización en la aglomeración de la población y las actividades (50% a escala mundial) reclama la provisión de flujos constantes de energía y el aporte de los renovables es aun visto como intermitente y de energías de baja densidad.

El consumo global de energía ha aumentado 27% desde el año 2000, mostrando algunos cambios en el mix de energéticos. La participación del carbón en la MEP creció de 23% en el año 2000 a 28% en 2012, el petróleo bajó de 36% en 2000 a 32% en 2012, el gas natural se ubica en 27% en 2012, subiendo desde 2000; la energía hidro alcanzó a 7,5% en 2012 y la nuclear a 4,4%, dejando para los renovables solamente 1,1% y de este pequeño porcentaje, 50% proviene de la biomasa y 10% de los biocombustibles, dejan- do para eólica y solar el resto, o sea 0,4% de la MEP global (Cf. BP Statistical Review of World Energy, 2013).

El carbón es aún la principal fuente de energía primaria en EE.UU. y tiene una participación preponderante en la generación, con 39% del total (Cf. Departamento de Energía, EE.UU.). En China e India el carbón es aún el energético más importante. En India se estima que hacia 2035 el gas sea el segundo energético, después del carbón y en China el 12 Plan Quinquenal planea que el gas aumente su participación en el mix de 4% actual (2012) a 10% en 2020. Sin embargo las proyecciones indican que China participará de 67% del uso de carbón en el mundo hacia 2030 e India con 33%. EE.UU. planea no acrecentar el uso de este energético. En el mundo, la participación del carbón en la generación de energía, para 2012, alcanzó a 40% del total.

Sin embargo, debe destacarse que el papel de los renovables en la generación de energía eléctrica ha crecido, de la mano de la hidroenergía. Mientras que en el año 2000 participaban de 1,4% de la generación en el mundo, en 2012 treparon a 4%, dando pie a una industria de US$ 184.000 millones (Cf. Daniel Yergin, The Quest: Energy, Security and the Remaking of the Modern World, Penguin Press, 2012).

La energía eólica fue el componente que más creció en este siglo, sumando 35 GW de potencia, mientras que la energía solar aportó 15 GW anuales en el último quinquenio, absorbiendo más de 50% de las inversiones en renovables hacia 2011/2012.

Los biocombustibles comenzaron a hacer notar su participación en líquidos, pero aún no pesan en la generación y solo incipientemente en el “uso final” en el transporte.

La energía nuclear, a pesar del impacto negativo derivado del desastre de Fukushima (Japón), aún cuenta con 12% de la generación de energía global. Mientras Alemania decidió eliminar plantas nucleares para el futuro y Francia impulsa al gas natural como fuente de energía, los EE.UU., China e India mantienen su interés en la energía nuclear y Japón ha vuelto a considerar la instalación de plantas.

El gas natural, mediante el LNG (Gas Natural Licuado), está comenzando a ser visto comoun commodity mundial, habiendo doblado el comercio entre 2000 y 2010. La Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) estima que el comercio de LNG crecerá 50% para 2020.

El consumo de gas natural se triplicó en los últimos 30 años y la IEA espera un crecimiento adicional de 50% para el año 2035. Sin embargo, el petróleo continuará siendo el energético dominante de la MEP y el carbón descenderá al tercer lugar, luego del gas. Este último será el energético de mayor crecimiento, estimándose un aumento del con- sumo de 65% entre 2010 y 2040.

El consumo de energéticos para las décadas próximas, hacia 2040, continuará dominado por hidrocarburos fósiles, con petróleo y gas en 60% del total de la MEP y el carbón en tercer lugar. (Cf. Rex Tillerson, Chairman y CEO de ExxonMobil Corporation, EE.UU., en WEF 2014).

Que el “peak oil” es un tema del pasado lo prueba el dato de reservas mundiales de petróleo, que crecieron 31% entre 2000 y 2011, mientras que las reservas probadas de gas natural aumentaron 35% en el mismo lapso. Nuevos oferentes han sido identificados en el este de África (Mozambique, Tanzania, Uganda y Kenia), tanto on-shore como off- shore, tanto para gas como para petróleo. Esto suma a lo ya mencionado de las explotaciones no convencionales, con EE.UU. liderando el camino y la Argentina y Canadá en el segundo pelotón. China, a pesar de sus reservas de este tipo de combustibles, enfrenta la dificultad de las tensiones ambientales en su explotación, dado que mientras los tres países anteriormente citados tienen los depósitos en áreas de poca población, en China los yacimientos están en el subsuelo de zonas densamente pobladas.

El dato interesante acerca de los hidrocarburos fósiles es que en el futuro, en la “transición”, habrá paridad de combustibles y no uno dominante, esperándose que su participación en la MEP se ubique entre 25% y 30% hacia 2020/2030 (Cf. Chistof Rühl, Economista jefe y vicepresidente de BP, Reino Unido, en WEF, 2014).

Los dos actores principales en la “transición” hacia 2050 y para la determinación del mix de energéticos, el mercado y el Estado, deberán asumir un rol protagónico en pos de lograr los dos objetivos centrales: energía amigable con el ambiente y compatible con el desarrollo económico de los países emergentes, que protagonizan el mayor ritmo de crecimiento económico en estos años y el futuro cercano.

La industria se plantea continuar el desarrollo y la provisión de fuentes de energía seguras, continuas y responsables respecto del ambiente. Para ello, su planeamiento de largo plazo, lo usual, estará ajustado al “manejo de riesgo” de las inversiones que, por la escala necesaria, requieren la asistencia del mercado mundial de capitales y un set de precios que sea factible de ser monitoreado y previsible, evitando en lo posible grandes fluctuaciones que dificulten el acceso al financiamiento.

No puede ignorarse que la industria decide invertir en proyectos de exploración y explotación de combustibles, el upstream de la cadena de valor, balanceando varias décadas de retorno sobre el capital, un conjunto in- determinado de riesgos que incluye el capi- tal, la construcción, la tecnología, la operación, la oferta, el plan de negocios, el mercado y la política pública. De allí que reclame reglas jurídicas, impositivas y regulatorias claras y estables para el sector. Este reclamo se dirige al Estado.

En cuanto al papel del Estado en sí, depende del tipo de organización según países. En

aquellos donde el Estado opera el sistema de energía, cualquier tecnología que no vulnere los límites de las leyes de la física será operable y los costos sociales (no los “privados”) serán siempre afrontables, dentro del contexto de cada macroeconomía.

En todos los casos, con Estado dominante o mercado prevaleciente, el rol de regulador de las energías por parte del Estado será un tema siempre presente en la política económica de los países.

El impulso hacia energías limpias depende casi absolutamente del Estado. Mientras el crecimiento del gas natural en la MEP ofrece

un marco ambientalmente más seguro para la captura de carbono, dado que la quema de gas natural es mucho más limpia que la de los otros combustibles fósiles, el Estado debe intervenir para solucionar las “fallas de mercado” (bienes públicos y externalidades, principalmente) y evitar las “fallas de políticas públicas”.

Teniendo en cuenta que la industria y los Gobiernos llevan 50 años tras el objetivo de energías limpias, los resultados a la vista indican que el éxito ha sido mínimo.

Sin            regulaciones            de “comando            y            control”  efectivas y sin introducir el impuesto progresivo al carbono que cambie los precios relativos del mercado, los biocombustibles no pueden competir con el petróleo y el gas natural, por la simple ecuación de costos y algo similar sucede con el resto de las energías renovables, con la sola posible excepción de la biomasa. El balance sólo puede modificarse si se contabilizaran adecuadamente los costos ambientales y su incidencia en el precio del petróleo y el gas. Esta es una tarea del Estado

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01 septiembre 2014

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