No es primavera

12 de septiembre de 2014

Carlos Leyba

¿Se acaba el invierno? Una noticia del calendario. Pero no es justamente la primavera lo que llega a la economía, ni a la sociedad, ni a la política. Ni un verdor en planta en esos escenario. Ni brotes tiernos. El calendario de la realidad social atrasa y los rigores del invierno continúan.

Es que,  lejos de la buena onda que habitualmente genera esta época del año, lo que gobierna el ánimo de la política es el país de los enojos; como el de los conflictos en materia social; y como el de las dificultades en materia económica. Todo se retroalimenta. Y para ser justos se pone pesado.

Desde los lugares más altos de las instituciones gobierna el pensamiento enojado. Y como cualquiera sabe,“pensar enojado” es una contradicción en los términos. El pensar exige serenidad. Y sin ella no se gobierna sino que uno es gobernado por los hechos. Ahí estamos.

El pensamiento enojado hace que, en definitiva, gobiernen los hechos. Lo que nunca es bueno. Los hechos están gobernando. No sólo al oficialismo.

Efectivamente uno de los más grandes lastres, errores, pesos que arrastra la decisión y, por lo tanto, el pensamiento gubernamental, es estar determinado por los hechos. Aclaro.

Es cierto que los hechos son los que motivan o evidencian los problemas y por lo tanto inducen la decisión; pero en el gobierno de la economía, la política, la sociedad, los hechos – de los que hablamos – ocurren como consecuencias de situaciones previas en las que los mismos maduraron.

Y son esas situaciones previas, y no los hechos, las que deben ser la materia prima del gobierno para reflexionar y decidir… a tiempo. Pero no lo han sido. Y así estamos en una crisis complicada.

Cuando el gobierno está inducido por los hechos, es cuando gobierna ex post; es decir “gobierna después que ocurrió”. Producidos los hechos, en el  mejor de los casos, estaremos llevando a cabo acciones reparadoras las que, en definitiva, no transforman a las situaciones previas que dieron lugar a los hechos, sino que solo modifican la manera en la que los hechos se presentan. Es decir modifican el cómo se manifiestan, pero siguen estando allí. La diferencia entre las concepciones ex ante y ex post es crucial en la política económica.

Las políticas ex ante son esencialmente transformadoras y apuntan a cuestiones estructurales. La ex post esencialmente modifican la presentación d el problema ya que no tienen como objetivo transformar las causas. En materia social es evidente que hay una distancia gigante entre las políticas ex post frente a la pobreza y las ex ante. Las ex post surgen a partir de la pobreza existente. Las ex ante procuran evitar que la pobreza se produzca.

En general las políticas ex post se han convertido en el canon dominante de la actual política económica. ¿Cómo parece ser la secuencia? Por ejemplo, el indicador central de la política económica es el consumo privado. Su incremento es la meta central. Si él decae se aplican distintas políticas. Pero todas tienen  la misma característica: se procede a incrementar los pagos de transferencia. O lo que es lo mismo la caja pública provee los recursos que – por distintas vías – se destinan a aumentar el consumo. Siempre ex post. No a las causas de la declinación sino a atacar sus consecuencias.

El último ejemplo es la promoción de las compras con tarjetas a pagar en 12 cuotas sin interés. La compensación al sistema bancario surge de la reducción de encajes. Esa reducción de encajes finalmente impacta en la caja pública con lo que se cumple el principio de los pagos de transferencia. Ese es el canon del Estado Fiscal Consumista que tuvo su edad de oro mientras el precio de nuestras exportaciones crecía de modo de brindar financiamiento continuo en la medida que no surgieran otras interferencias como, por ejemplo, la energética. Justamente esa “interferencia” es la que hizo que las “transferencias netas” del Estado Fiscal Consumista” tiendan ahora a reducirse y se haga crecientemente complejo lograr la expansión del consumo.

Para la actual gestión, el consumo es el gran disparador. En su mirada si el consumo aumenta la inversión le sucede de inmediato. Ese razonamiento, profundamente liberal, no se verificó en la práctica en todos estos años de aumento de consumo. La capacidad instalada de la industria aumentó sólo el 31 por ciento desde 2002 hasta 2013; mientras la producción lo hizo en el 98 por ciento.  Creció la producción y el consumo, pero la inversión permaneció a la retranca.

La Cuentas Nacionales revelan una tasa de inversión del 17 por ciento del PBI para 2013 y un promedio de 18 en la década: cifras absolutamente ridículas para una economía con un consumo creciendo aceleradamente. ¿Cómo se resolvió? Con el agotamiento de los stocks. Es decir si no vamos al meollo de la cuestión de la desaceleración sólo continuamos generando lo que quisimos evitar. Los stocks que no se reponen se agotan. No es difícil de entender. Pero para hacerlo hay que reflexionar “ex ante”, navegar por los meandros de las causas; y no caer en la tentación del ex post  que siempre consiste en patear para adelante.

Hoy, más allá de la centralidad del consumo en la política económica, lo que preocupa a todos los sectores es el problema del agotamiento de los dólares. Faltan dólares.

¿Es el Juez Griessa el responsable de que no los haya? No. Los dólares faltan desde antes; y por las razones que mas adelante mencionaremos. La decisión de Griessa se interpuso en el camino tradicional para la búsqueda de dólares. Bloqueo las rutas principales para la búsqueda de dólares. Y en ese sentido el bloqueo aumenta la sensación y la práctica de la escasez.

La escasez de dólares ha ganado el lugar preponderante en la relación entre el gobierno y el empresariado mas relevante. Se trata de la cuestión de la administración pública de la escasez de dólares: ahí está, por ejemplo, el conflicto automotriz.

Suena increíble que la Argentina actualmente atraviese un período de escasez de dólares.  Pero es un hecho.  ¿Por qué increíble? Porque todo parecía señalar que entre la soja y los términos del intercambio, más la reducción del peso de la deuda, había quedado atrás la restricción externa que caracterizó los años en que la Argentina pugnaba por llevar adelante su desarrollo industrial.

La deuda externa fue, justamente, una manera ex post de paliar la escasez de dólares pidiendo prestado y aceptando la destrucción del aparato productivo. La acumulación de la deuda fue la acumulación de cada año de escasez. Ese proceso concluyó con el default.

Para tener una idea clara de lo que estamos hablando basta mencionar que el saldo del comercio exterior acumulado entre 1992 y 2002 fue de solamente 1.619 millones de dólares; y desde 2003 hasta 2013 ese saldo fue de 134.856 millones de dólares. Un océano de 100 veces más de diferencia.

En estos años el peso de la deuda del gobierno en dólares es mínimo respecto del pasado inmediato; y no porque se hayan gastado dólares para cancelarla, sino porque se redujo en parte su valor por la quita; y porque se pesificó gran parte de ella y toda se extendió en el tiempo: la deuda dejó de pesar de manera determinante. La cuestión Griessa es un hecho nuevo y sus eventuales consecuencias sobre el valor de la deuda son controvertibles. Pero es otro tema.

Con los resultados del viento de cola acumulados en reservas en el BCRA la “escasez” de dólares resultaba inconcebible: el gobierno mantenía la legalidad de la fuga (2 millones de dólares por mes y por persona), permitía que las divisas petroleras de exportación no se liquidaran de inmediato. Mano largo dólares sobran. En estos tiempos se fugaron más de 10 mil millones de dólares promedio por año.

¿Cuándo apareció la escasez? La ausencia de una política energética basada en la reposición reservas mediante exploración sistemática, hizo que cayeran las reservas y bajara la producción. Era evidente que el sector se encaminaba hacia un crisis y que, ante la decisión de no hacer nada sensato, inevitablemente caeríamos en la necesidad de importar miles de millones de dólares de energía por año. Lo que ocurrió.

Mientras tanto se iba sumando la ausencia de una política industrial que merezca tal nombre. Así se generó la dependencia importadora creciente de la actividad productiva local .

Listamos aquí dos “situaciones previas” derivadas de la ausencia de políticas: energía e industria. Y mencionamos la fuga. ¿Cuál es la política anti fuga que no se llevo a cabo? Más allá de las cuestiones de la macro que impulsan a la huída de la moneda local, o de las políticas que avalan y liberalizan la fuga en dólares del excedente productivo, lo que está detrás es una ausencia de incentivos trascendentes que hagan posible y conveniente la aplicación de los excedentes generados al proceso productivo. La fuga del excedente es la consecuencia de la incapacidad de la política económica para generar el espacio de inversión reproductiva que es la misma causa de los problemas de déficit comercial de la energía y de la industria.

Finalmente una dimensión más. Durante los últimos años (2007-2013)

las exportaciones argentinas no crecieron en volumen. Sólo lo hicieron sus precios; y por ello aumentó el valor de las mismas al 6,5 por ciento anual. Todo viento de cola. Todo obra de los precios. Nada hicimos en materia de promoción de exportaciones.

Resumamos. Si hubiéramos ejecutado desde 2003 una política energética, una industrial, y una de incentivos a la aplicación local del excedente y si hubiéramos promocionado las exportaciones, aprovechando el menor peso de la deuda, hoy no tendríamos – con este nivel de crecimiento – una escasez de dólares que es lo que hoy determina toda la política económica.

Si las “situaciones previas” hubieran sido atendidas, estos “hechos” de la escasez no habrían ocurrido.

Lo que no hicimos ni siquiera era difícil de hacer porque estaban los recursos financieros para hacerlo. Lo que faltó es pensar desde las “situaciones previas” y sólo quedan – para quienes así se ubican, es decir, los que piensan ex post – las reacciones enojadas del paso a paso de un gobierno que se propone administrar la política una vez que el problema ocurrió.

Claramente y siendo que esta administración lleva 11 años largos en el poder  “las situaciones previas” a la escasez de dólares presente, que se fue acumulando en el tiempo, no motivaron ni atención, ni preocupación, ni ocupación de su parte. La escasez de dólares no ha ocurrido como consecuencia de una mega desgracia natural sino de la mas pedestre ausencia de pensamiento en las “situaciones previas” que habrían de desembocar en esta falta de inversiones, ausencia de creación de trabajo, aumento de la inflación y problemas de pobreza.

Hoy la escasez de dólares es un freno al nivel de actividad productiva de los sectores industriales que fueron el emblema de la promoción del consumo durante los períodos de auge consumista de la era K. Hace tiempo que la administración de esa escasez produce fricciones en el aparato productivo. Y las únicas reacciones gubernamentales son las ex post, que son siempre de administración y control de lo escaso; y no de nuevas abundancias.

El gobierno está enojado porque está encerrado en un círculo vicioso que él construyó. Y aunque parezca poco creíble los opositores no ofrecen otro modelo de razonamiento que nos permita escuchar ofertas de transformación. No. Todo gira en reflexiones acerca de los hechos ya ocurridos y no acerca de las situaciones previas que son las que dan lugar a los hechos.

Sino rompemos ese circuito inverso para poder razonar la política, nos quedaremos encerrados en el invierno circular. Y esa es hoy una amenaza cierta. Porque razonar desde los hechos y sin atender a las “situaciones previas” no nos permite siquiera observar de dónde proceden los males. Así no es primavera.

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12 septiembre 2014

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