Para leer a Kicillof

1 de octubre de 2014

Carlos Leyba

Publicado en El Economista

Los economistas oficialistas mediáticos justifican la marcha actual de la economía por cuestiones ajenas a la misma. A propósito de la economía de Néstor Kirchner este tipo de explicaciones, ajenas a la economía, fueron expresa, categórica y duramente condenadas por Axel Kicillof.

Las explicaciones de los economistas, por ejemplo, de La Gran Macro, del diputado Felletti o de una pléyade de periodistas, comunicadores y políticos, llaman la atención en términos de Kicillof por esotéricas. Siguiendo el método de exhortación a la militancia de de Diana Conti que gritaba “no vean a Lanata” cabría agregarle “pero lean a Kicillof”.

¿Por qué? Axel, Augusto Costa y Cecilia Nahón descalificaron al mismo tipo de explicaciones de los economistas oficialistas sobre los mismos temas que hoy nos preocupan. Entonces, llama la atención la evidente falta de lectura que, de los trabajos de los tres economistas, exhiben, por TV y radio, los economistas oficialistas y los políticos del FPV. Kicillof, Costa y Nahón son sus jefes políticos e intelectuales y  El 29 de agosto de 2006 publicaron en Realidad Económica* una nota que pretendía emular un famoso artículo de John Maynard Keynes.

Esa nota debería ser de lectura obligatoria para los comunicadores del oficialismo para unificar el discurso; y no confundir a la opinión pública difundiendo una visión que es diametralmente opuesta a la de las actuales autoridades económicas. Como modesta contribución repasemos la nota aludida. En ella los autores exponían conceptos referidos a cómo diseñar política económica y a cómo explicar los fenómenos económicos complejos.

La cuestión es que los economistas del oficialismo sostienen  – con honesta convicción – que lo que pasa en el mercado cambiario es la consecuencia de una conspiración, o cosa parecida organizada por los “fondos buitres”.

Agregan que antes que los buitres carroñaran, la economía transitaba con normalidad. Con esperanza que compartimos, esos comunicadores, sostienen habitualmente que una vez que los buitres sean aventados, la economía, retornará a la normalidad que, dicen, disfrutaba antes del descenso de los “fondos buitres” sobre nuestras pampas. Este es el argumento principal.

El argumento de segundo orden es el de las consecuencias de la alicaída economía de Brasil y del centro del mundo; y de la desaceleración de la economía china; como así también los efectos de la caída del precio de la soja. Todos argumentos exógenos. En la visión de los economistas oficialistas nada endógeno nos perturba. Hay en esto un dejo de pesimista impotencia al señalar que poco depende de nosotros.

La determinante entonces es la razón zoológica de los buitres. Sin los buitres otra sería la cuestión.

¿Este es el mejor argumento para explicar la situación desde el punto de vista económico? Para Kicillof, Costa y Nahón – y para la profesión en general –  el punto de vista económico debe expresarse a partir de la descripción del estado de las variables, las relaciones de causalidad y consecuencia entre ellas, en un marco sistémico. Es decir debería exponerse un diagnóstico respecto de la situación anterior a los buitres – en el apogeo del desendeudamiento – ; y también el diagnóstico de las variables luego del aterrizaje de los buitres.

La lección de Kirchner, Costa, Nahón, señala argumentos demoledores de la explicación conspirativa y zoológica. Le damos la palabra a los actuales funcionarios: “La brusca devaluación argentina (hablan del 2002) estuvo lejos de ser una política deliberadamente adoptada por el Ministerio de Economía. Por lo contrario, la pérdida de valor del peso frente al dólar estuvo condicionada por procesos económicos más profundos. Pese a las apariencias, el nivel del tipo de cambio no es una variable arbitrariamente fijada por la autoridad económica, ya que -con independencia de las fluctuaciones menores de corto plazo- no es posible sostener indefinidamente una moneda sobrevaluada ni subvaluada simplemente a fuerza de buena voluntad.

No obstante, los economistas ortodoxos encuentran las explicaciones más descabelladas y esotéricas respecto de la determinación del tipo de cambio. Por un lado están aquellos que creen que el tipo de cambio brota de los deseos del ministro, pero también se encuentran quienes afirman que no existe una explicación precisa de naturaleza económica para el fenómeno, sino que toda devaluación es producto de una conspiración abierta o encubierta, destinada a desestabilizar al gobierno de turno. De ahí las tranquilizadoras hipótesis del “golpe de mercado”, o las más actuales denuncias que atribuyen el desplome de la moneda al canibalismo de los “fondos buitres”. De este último tipo de interpretaciones se burlaba Keynes en 1923: “Cada vez que el franco [léase peso] se deprecia, el ministro de Hacienda cree firmemente que ello se debe a cualquier cosa excepto a causas económicas y lo atribuye a la presencia de un extranjero en las inmediaciones de la Bolsa o a las misteriosas y malignas fuerzas de la ‘especulación’. Intelectualmente, tal actitud no está lejos de la del qhechicero africano que atribuye la enfermedad vacuna al ‘mal de ojo’ echado por un circunstante y el mal tiempo al apetito insatisfecho de un ídolo”. Hasta aquí la cita textual y en contexto.

La primera conclusión es que los economistas que defienden la economía de Kicillof deberían leerlo para entender la actual situación. Y deberían analizar la realidad presente a partir de estas dos afirmaciones del ministro y sus íntimos:

a) la pérdida de valor del peso frente al dólar estuvo condicionada por procesos económicos más profundos;

b) no es posible sostener indefinidamente una moneda sobrevaluada ni subvaluada simplemente a fuerza de buena voluntad.

La realidad es que hoy hay una pérdida importante del valor del peso frente al dólar; y dado que esa pérdida no puede ser obra de una conspiración, ni de un buitre, ni de un extranjero, ni de la especulación – ya que todo eso es, según Kicillof, sus  íntimos y Keynes, argumento de hechiceros africanos – sería bueno conocer cuál es el diagnóstico de los “procesos económicos más profundos” que nos arrastran a esta situación.

Al menos los seguidores de Kicillof, Costa, Nahón, deben dejar de lado la holgazanería de no leer a sus jefes para tratar de comprender por qué nos pasa lo que nos pasa en materia cambiaria. Y dado que, según los autores, la “buena voluntad” no posibilita sostener indefinidamente una moneda sobrevaluada ni subvaluada, sería muy importante conocer, esta vez de la boca de quienes deciden, Axel, Augusto y Cecilia, qué van a hacer, además de poner buena voluntad en materia cambiaria.

En el artículo, el ministro y sus íntimos, distinguen, con acierto, que una cosa es la “buena voluntad” y otra la política económica. De lo que se trata es de explicitar y explicar cuál es la política económica actual.

Todo esto es imprescindible para elevar el tono del debate, que es una necesidad imperiosa tanto para quienes sostienen el acierto del gobierno, como para quienes acusan los desaciertos. Ciertamente la situación está a años luz de ser inmejorable y por eso importa el debate.

Quienes difunden positivamente la obra de gobierno; y aquellos que quieren contribuir con una crítica constructiva, deberían repasar los primeros párrafos de la nota de las máximas jerarquías de la economía y del gobierno.

Decían nuestros apreciados autores, refiriéndose al gobierno de Néstor “que es indudable que la ausencia de un plan manifiesto y teóricamente fundamentado dificulta la discusión sobre la viabilidad y los alcances de la política económica vigente”.

Preguntas ¿cuál es ahora el plan manifiesto y teóricamente fundamentado? ¿Por qué los “nuevos oligarcas concesionarios”, que fungen como empresarios y amigos, dicen haber escuchado de Kicillof que en “enero” habrá “soluciones” basadas en un “plan secreto”?

Más adelante, los apreciados autores, señalaban “tres componentes que -como mínimo- deben estar presentes en todo programa: un diagnóstico informado de la situación que se enfrenta, una serie de objetivos y el conjunto de instrumentos mediante los cuales se pretende alcanzar las metas propuestas”.

Pues bien. Puede que exista un plan. Pero como no es manifiesto y tampoco teóricamente fundamentado de manera manifiesta, la conclusión es – como lo señala el ministro – la discusión sobre la viabilidad y los alcances de la política económica esta dificultada y eso, es malo.

Pero además – como bien lo dicen los tres conductores – ese plan o programa, para ser tal, debe tener un diagnóstico informado de la situación que enfrenta. Ya sabemos que para Kicillof, Costa, Nahón ni los buitres ni la conspiración explican nada y además no son parte del diagnóstico profesional. ¿Cuál es entonces? Además para la mayoría de la profesión, incluyendo economistas oficialistas, el INDEC se ha transformado en un centro de desinformación.

Sin diagnóstico informado; sin objetivos expuestos, más allá de las generalidades, por ejemplo, del Presupuesto 2015 tampoco podemos estar tranquilos porque no parecen estar fundados en un diagnóstico. Y finalmente, en materia de instrumentos económicos – no los institucionales – no pareciera que los funcionarios estén dispuestos a utilizarlos. Poco diagnóstico, poca claridad de objetivos y ausencia de instrumentos, solo dejan lugar a la esperanza de un Plan Secreto. Pero, como lo sabemos de la tradición judeocristiana, la esperanza está fundada en la revelación. En otras palabras si no nos revelan el plan secreto se nos escurre la esperanza.

¿Y si en lugar de “chavizar” como dicen los opositores, Axel gira y acuerda con el FMI por una torta de miles de millones de dólares?

Mientras dure el secreto nos conviene hacer como hiciera Louis Althusser y  arremangarnos para leer a Kicillof.

*Las consecuencias económicas del Sr.Lavagna. Dilemas de un país devaluado. Realidad Económica, IADE, 29/8/2006

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01 octubre 2014

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