Los escenarios de Cristina

15 de noviembre de 2014

Carlos Leyba

¿Cuáles serían los escenarios alternativos de Cristina para encarar la economía de 2015 en función del proceso electoral? Escenarios en términos de arreglar las cosas de la economía (consumo, empleo, actividad, inflación) de manera de tener un buen panorama frente a la urna; panorama que hoy parece esquivo.

Para alcanzarlos deberá tomar algunas decisiones de gran envergadura política. Desde la perspectiva electoral el orden de prelación es el citado. Veamos.

El incremento del consumo ha sido la panacea del éxito electoral K. Este se ha debilitado notablemente en 2014. El empleo privado no crece desde hace largo tiempo y – en gran medida – la “solución” encarada, por el gobierno, para ese problema de alto costo electoral, ha sido el empleo público y la política de asistencia de ingresos que han crecido a lo largo de toda la gestión del Estado Fiscal Consumista. Claramente un apoyo público al consumo. Apoyo que, paradójicamente, no ha reducido la tasa de desempleo ni contenido el nivel de actividad que se ha desplomado en los últimos meses. Una economía de consumidores no es necesariamente una de productores. Y la explicación es renta o deuda. Hasta ahora la gestión tuvo renta. ¿Va por la deuda?

A pesar de ese aflojamiento de consumo, empleo y actividad, la inflación avanza a un ritmo de 40 por ciento sin dar señales de aflojarse.

Si todos esos elementos se mantienen, es decir, si no se invierte la tendencia formarán una barrera electoral que impedirá que el candidato oficial – hoy Daniel Scioli – pueda superar el 30 por ciento militante del kirchnerismo; y alcanzar el 40 por ciento. El 30 por ciento está y no depende de ningún resultado económico adicional. Tampoco es invulnerable a un desastre. Pero eso está más que lejos. El 40 por ciento de los votos es la condición necesaria y el único escenario posible de continuidad en el Parlamento y  en el Ejecutivo, de muchos fieles dispuestos a luchar por el retorno pleno.

En síntesis revertir, y en ese orden, la tendencia del consumo, el empleo, la actividad y la inflación es la condición necesaria para no abandonar del todo el poder y prepararse para el desembarco futuro. Condición necesaria pero no suficiente.

Las cosas económicas, en ese orden, pueden mejorar ¿por qué no? Pero además del 40 hace falta que nadie de la oposición llegue al 30; y eso hoy depende esencialmente de la ingeniería electoral de los opositores que es otro tema. Afortunadamente para el oficialismo a la oposición, además de lo esencial, le está faltando un poco de ingeniería para que el precario edificio construido no se derrumbe en un golpe de timón.

Volvamos al escenario de “mejora económica” para ganar. Lograr el aumento del consumo es más sencillo que lograr el aumento del empleo privado. El aumento del empleo (sea público o por pagos de transferencia, planes) es más sencillo que revertir el nivel de actividad; y a su vez, lograr esto es más sencillo que revertir la tendencia inflacionaria a una velocidad razonable.

Entonces, la estrategia de conservar el poder (con el menor esfuerzo posible) lleva a privilegiar el impulso al consumo y en consecuencia, a dejar a cargo del que gane la solución de los demás problemas.

El elegir – y es lo que ha hecho hasta aquí el gobierno por acción o por omisión – la política secuencial (un objetivo a costa del otro) y no sistémica (un programa) puede brindar un resultado corto, pero agiganta el problema a futuro.

Una gran paradoja: se puede lograr el 40 por ciento aún dejando una bomba de tiempo para el que llegue. ¿Por qué querría CFK dejarle una bomba de tiempo a DS? Pregunta incorrecta, en realidad, la pregunta debe ser ¿porqué CFK querría dejar el gobierno con una derrota electoral? Si arreglar todo o tratar de hacerlo tiene precio eso se paga en términos de votos. No siempre lo que es necesario hacer cuenta con el aval de la simpatía popular.

Debe tenerse en cuenta que si bien el 40 por ciento es condición necesaria pero no suficiente para el triunfo de DS, sí es condición suficiente para acumular el poder en el parlamento y en los territorios. Un poder que garantice la capacidad de presionar para que no se puedan desmontar las condiciones institucionales favorables al kirchnerismo que el permitan el retorno (p.ej. Poder Judicial y todas las decisiones tomadas a favor de la “nueva oligarquía de concesionarios nacionales y extranjeros” , es decir, el poder económico). El kirchnerismo ha construido un poder económico (la oligarquía de los concesionarios) y una defensa institucional en el territorio judicial. Para defender esas conquistas – además de la infiltración en las líneas opositoras – es necesario un poder que podemos resumir en el 40 por ciento del electorado.

La consecuencia de todo esto es que la prioridad es llegar al 40; y eso depende de la recuperación del consumo y en menor medida del empleo privado, de la actividad y de la inflación. Pues bien, el escenario más interesante para CFK es el del impulso al consumo, a costa de lo que sea. Lograr el 40 por ciento y dejar una bomba de tiempo al que la suceda. Lo que no es un mal recuerdo desde el punto de vista del retorno: preguntarle a Fernando de la Rúa.

Esa bomba de tiempo es letal tanto para DS como para cualquiera de los opositores que, en el nuevo gobierno, tendrán que plantearse la solución de los cuatro problemas a la vez;  y en todo caso empezando por alguna de los tres problemas que, en una economía sana, están detrás del consumo: empleo, actividad, inflación.

La sucesión se enfrentará, si lo que imaginamos como propósito primordial de CFK se cumple, a una situación más grave que la actual. La política del triunfo electoral lleva a posponer la solución del tema inflacionario, del empleo y de la actividad. Y después de las elecciones esos tres jinetes aparecerán con todo vigor.

El otro escenario es el en que Cristina tratar de aminorar todos los problemas pero, digamos, financiándolos.  Aceptando el retorno al financiamiento internacional, lo que se ha insinuado desde hace tiempo. Para ello se hace imprescindible el arreglo con los holdauts. Esto es no solamente hacer explicita más deuda externa sino acudir a los mercados de capital por más deuda.

En esas condiciones se abren hasta las posibilidades de obtener, finalmente, hasta recursos del FMI que son cuantiosos, generosos y de bajo costo. La medida del éxito en este plano, lograr un caudaloso río de dólares, será idénticamente igual a la velocidad de arreo de las banderas de Patria o Buitres; Patria o FMI; etc.

Esta estrategia, más allá de las renuncias ideológicas (una mancha mas al tigre), implica llevar a cabo un ajuste de aterrizaje suave: reducir subsidios de a poco, incentivar la actividad por la mayor disponibilidad de insumos, etc. Y dependiendo de la celeridad de las medidas, implica lograr al mismo tiempo un cierto impacto en el consumo, una apertura del cepo, ganar en “respetabilidad” en el mundo financiero, mejorar el nivel de actividad, acomodar la cuestión fiscal, etc.

Con sus más y sus menos es lo que pareciera estar promoviendo el elenco de los que lo rodean a Scioli. Esas decisiones le garantizarían empezar su gestión con algunos de los problemas coyunturales mas difíciles de abordar medianamente encaminados. El consumo, en este caso, no sería el motor del 40 por ciento, ese papel lo cumplirían la “nueva respetabilidad otorgada por los medios financieros” y la mejora en el nivel de las reservas en poder del Central.

Pero el costo político de estas decisiones, arreglo con los holdauts y en el extremo y citado sólo para ejemplificar contradicciones, un eventual romance con el FMI, harían evidente un pragmatismo extremo que no tiene límites y cuando se borran los límites no hay manera de retener a toda la tropa.

Es cierto que los K han borrado muchos, pero hay algunos simbólicos más difíciles de hacer desaparecer sin provocar desembarcos inesperados o bien abriendo la puerta a desembarcos contenidos.

Una tercera alternativa sería imaginar que el hecho de haber logrado una baja del mercado paralelo y un cierre de la brecha con la cotización oficial, sea interpretado por CFK como un signo que la política económica, tal como está, puede ofrecer un resultado electoral positivo. Sería un error fatal. El blue, como dirían los cambistas, sin cambios en la política solamente “ha bajado a tomar agua”; y cuando calme la sed volverá a levantar cabeza. Siempre ha sido así y nos hay razones para pensar en que pueda hoy ser distinto.  No hay en, el actual  despliegue de herramientas, ninguna razón para esperar una desaceleración de la inflación, recuperación del nivel de actividad y del empleo, y de aumento en el consumo. En esas condiciones se hace muy difícil que ningún candidato oficialista pueda trasponer el límite del 30/35 por ciento. Mucho para perder pero poco para ganar.

Es necesario comprender que para la visión K lo mejor que le puede pasar al país no es una determinada política, un programa, sino la permanencia del kirchnerismo en el poder. Las contradicciones, los cambios de dirección; y la negativa a la expresión de un programa explicito, son evidencias de que no es un programa sino la permanencia del grupo en el poder lo que se entiende como lo mejor que le puede pasar al país: la contribución es quedarnos. Esa es la generosidad del kirchnerismo. Detrás esta la idea de que no son los mejores sino que son los únicos.  Es un supuesto fuerte pero no es malo para analizar las posibles decisiones.

Si uno piensa en las contradicciones estructurales del gobierno en materia programática la hipótesis no es tan irrealista. Por ejemplo entrega del petróleo y de la renta futura de los argentinos a grupos económicos extranjeros hasta 2075; la prorroga de jurisdicción en todos los convenios o contratos con las empresas norteamericanas o con el gobierno chino (inclusive en Gran Bretaña); la cesión de una porción del territorio a la República Popular China; el privilegio a las multinacionales telefónicas para hacerse del espacio comunicacional, etc. y sólo para citar algunos, conforman un conjunto de decisiones que son propias del neoliberalismo y recuerdan al menemismo más entusiasta. Pero el discurso K sostiene todo lo contrario, haciéndose buches con la condena a los grupos ultra concentrados y a quienes renunciaron a la jurisdicción a favor de los intereses extranjeros. ¿Cuál es la lógica de esa contradicción estructural?

Primero, no importan las consecuencias futuras (la entrega de la capacidad nacional de decidir en términos del discurso propio) sino los rendimientos presentes (una cantidad de dólares para pasar el rubicón en términos de la necesidad de mantener el poder). ¿Cuál es la justificación moral de esa contradicción? La siguiente: es que sólo nosotros garantizamos el proceso de progreso, cambio, revolución, justicia, etc. No lo garantizan un programa o una políticas. La garantía es nuestra presencia. Y por lo tanto de lo que se trata es de garantizarla. A esto se le ha dado en llamar pragmatismo.

Tal vez, en su fuero íntimo piensen que, si continúan en el poder, revertirán sus propias decisiones. Pruebas no le faltan. Los K votaron la privatización de YPF en los 90, le regalaron el 25 por ciento a los Eskenazi; estatizaron la mitad de la empresa previo pago; y luego le concedieron a las multinacionales el negocio mayor de la empresa. Una cosa y todo lo contrario.

¿Cómo se justifica el pragmatismo? Con el logro de ciertas conquistas que se encuadran en el territorio del “progresismo cultural”. Un ejemplo reciente: el fiscal Carlos Gonella interrogado acerca de la falta de prosecución de los fiscales en cuestiones de corrupción vinculadas a funcionarios, dijo algo así “El capitalismo es la corrupción”. Si recuerda lo afirmado unos renglones más arriba, el fiscal estrella del gobierno que sancionó la ley de hidrocarburos, considera a la vez que esa ley es positiva y que el capitalismo es la corrupción. ¿?

La decisión estratégica de CFK será la necesaria para conservar la mayor parte de poder posible después de 2015. El pragmatismo de esa decisión gobernará los pasos de los próximos días. El arreglo de los holdauts, desde la perspectiva del gobierno, sólo será posible si los términos en los que se gesta (acceso al crédito) garantizan que se puede acumular la suficiente cantidad de opiniones positivas para arrimar y superar el 40 por ciento.

Son, más o menos, algunos de los escenarios posibles. Nada definitivo. A veces para mantener a la tropa hay que sacrificar.

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15 noviembre 2014

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