¿Y de nosotros quién se ocupa?

20 de noviembre de 2014

Un resúmen de esta nota fue publicado en El Economista

Carlos Leyba

La economía de hoy se enfrenta a la política.  Nunca es neutral. Cuando la economía va, la política sigue; y a veces es empujada por ella. Todo depende, en realidad, de la percepción o del recuerdo del pasado. Si el mal recuerdo perdura, una economía con buenas noticias, empuja aunque haya demasiadas cosas malas contenidas en ella respecto del futuro. La política – al menos aquí – tal vez depende más del recuerdo que del estado relativo del presente. Nunca depende del futuro. Curioso.

¿Acaso no es el futuro lo que estamos haciendo ahora?¿Y cómo sabemos lo que estamos haciendo si no imaginamos el futuro que devendrá como consecuencia de las acciones u omisiones del presente? ¿Elegimos siempre en términos de lo que fue? ¿Nunca de lo que será?

Sin embargo, citando a Woody Allen, “Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”.Elegir por el pasado es una contradicción: del pasado sólo elegimos la manera de contarlo.

Carlos Menem disfrutó del recuerdo de la híper de Raúl Alfonsín, de la estabilidad tramposa de la convertibilidad; y gracias a ello nadie lo sancionó a tiempo por el desastre que incubaba.

El hombre desembarcó obligado por la Constitución. Pero como la bomba de relojería le estalló a Fernando de la Rua, increíblemente fue el que más votos sacó en la primera vuelta de 2003. Los fieles imaginaban que si él seguía el tren se iba detener antes del precipicio.

A veces la política no llega a tiempo para saltar del tren que se va a estrellar: frenarlo es imposible. Y entonces la economía se le cae encima.

Otras, el ingenio, la suerte, la magia, logran estirar los tiempos de la economía, siempre a costa del futuro. Estirar los tiempos y que la bomba le estalle a otros. La “excelencia de la política nacional” es “estirar los tiempos para que el estallido sea en mano ajena y perdure el buen recuerdo”.

Bogando entre mal recuerdo y estirar los tiempos, se ha construido el país de las apariencias con el aplauso mayoritario; y mientras rutas, hospitales, escuelas, dignidad social, se caen a pedazos y alguien encuentra la manera de lograr la continuidad del “déme dos”.

Cristina, lo crea o no, mire la información veraz o no, está inmersa en una economía complicada. En términos profesionales es una economía en recesión, sometida a restricción externa, carente de un proceso inversor, con clarísimas señales de problemas de empleo y además con alta inflación y baja capacidad fiscal y monetaria para empujar, a la vez, la actividad y la estabilidad.

Un mal presente para ocuparse del desarrollo, es decir para ocuparse de los problemas estructurales que son inmensos, en la energía, en el transporte, en la salud, en la educación y – por sobre todas las cosas – en la condición social de un país que tiene la mochila de 10 millones de hermanos sobreviviendo en la pobreza.

Y un mal presente para abrirle camino al candidato oficial. ¿Lo quiere o no lo quiere?

Lo ideológico solo atañe a las causas de lo que pasa y a la manera de salir. Pero los datos son los que son. Más allá que en el INDEC haya quienes creen que existe la virtud de la militancia en el error y la desinformación. Nadie – ni siquiera Axel Kicillof, no el que fungía como investigador, sino como ministro – cree en la fidelidad del INDEC. La prueba es que la serie de precios se discontinuo en 2014; y si se comparan las variaciones de precios del INDEC entre 2013 y 2014, la inflación explotó. Una tontería.

De la misma manera la eliminación de las estimaciones sobre la pobreza; y finalmente una serie de Cuentas Nacionales que, por primera vez desde que se estima, no se puede empalmar.

Si CFK no cree que la situación económica y social es la que resumimos y la información que maneja no se lo cuenta, estamos en el horno. Estar en el horno es que nadie va abrir la puerta cuando nos estemos achicharrando adentro.

Y eso ocurrirá si nada cambia, es  decir, todo lo que tiene que bajar seguirá subiendo; y todo lo que tiene que subir seguirá bajando. Si todo lo que se hace y lo que se hará, sigue como hasta ahora, sin cambios, y la gran celebración es que el dólar paralelo baja, lo más probable es que la situación que, por ahora, está controlada aunque en bajada; se descontrole y la bajada en algunas variables y la subida en otras, se convierta en una fuerza de arrastre negativa.  No es una cuestión ideológica. Es simplemente detenerse a verla venir.

Pero si CFK sabe lo que pasa, es decir, sabe que la economía se complica y que complicará el período preelectoral, seguramente, estará pensando en cómo revertir algunos de los problemas, sobretodo aquellos que afectan duramente en el período eleccionario.

Aplicando lo que sabemos de la filosofía kirchnerista desde 2003 a la fecha, las prioridades de esa visión pasan por alentar el consumo como medicina universal para todos los males. Para los K (y para muchos que lo fueron y lo dejaron de ser; para muchos que no lo han sido nunca) el incremento del consumo no solo genera las mejoras que los que consumen experimentan, sino que además incentiva la inversión y está genera más empleo.

El método ha dado resultado en términos de adhesión electoral. Pero, por ahora y desde ahora difícilmente se revierta, ha dado cero resultado en materia de inversión y – lo que es peor – ha estado aflojando muy fuerte en materia de empleo. La elasticidad de consumo en relación a empleo privado es nula al menos en los últimos períodos en que el consumo aumentó. La prueba es que lo que ha sostenido el empleo, entro otras cosas, ha sido el empleo público.

Pues bien si CFK reacciona, además de las medidas ya adoptadas de promoción del consumo, veremos una batería de decisiones cuyo objetivo sobre la coyuntura es esencialmente promover el consumo.

En ese marco todas las decisiones destinadas a obtener recursos líquidos de financiamiento externo (petróleo, swaps, comunicaciones) están destinadas a sostener la expansión del consumo de bienes de alto impacto en los sectores medios todos los cuales tienen una elevada componente importada y que no pueden ser promovidos sino se generan recursos líquidos para sostenerlos.  La paradoja de la ausencia de política industrial de una década.

CFK y el propio Daniel Scioli fundan su esperanza en llegar al 40 por ciento del electorado basados en revertir, en primer lugar, la tendencia negativa del consumo de los últimos tiempos. Los pagos de transferencia que generan adhesión en los sectores bajos y la promoción del consumo en los sectores medios, son los puntos de apoyo para una estrategia de llegar al 40 en la primera vuelta mientras la oposición se reparte, en tres pedazos mas o menos parecidos, la torta restante. En otras palabras una minoría, la primera, seguirá gobernando por todos. Una democracia disconforme.

El acuerdo, sea cual sea, con los holdauts se inscribe en esa misma estrategia: primero podría sumar las voluntades electorales de quienes aspiran a una “mayor respetabilidad internacional” y podría – esto es lo esencial – generar más recursos para liberar transitoriamente la restricción externa. Y más aún, en esa misma línea, podría suceder un acuerdo con el FMI que implicaría fondos frescos en cantidad y costos suficientes para suavizar cualquier proceso de reducción de subsidios.

Seguramente el lector pensará, con derecho, que estos pasos representan un viraje ideológico. Sí. Pero menor y tal vez de rendimiento más rápido, que la entrega de los hidrocarburos hasta 2075 que representa la ley de hidrocarburos votada por la bancada oficialista con el mismo entusiasmo con que el menemista Oscar Parrilli (hoy kirchnerista) informó la privatización de YPF en los 90. No hubo freno ideológico en estas decisiones contradictorias con el discurso habitual.

El objetivo es mantener el poder en las próximas elecciones. Seguir como hasta ahora, sin revertir la tendencia declinante del consumo, es montar un cepo electoral y generar la seguridad de una segunda vuelta en la que difícilmente el gobierno pueda obtener el triunfo. Por lo cual la reversión de la tendencia negativa del consumo es la prioridad y eso implica más importaciones y no necesariamente más empleo ni mucha más actividad.

Una prueba de esa mirada, como estratagema electoral, es la importación de trenes chinos llave en mano y pagaderos al contado, con justicia inglesa para colmo, que llevó a cabo el candidato Florencio Randazzo. Su estrategia fue que la gente viaje ya, pero de ninguna manera generar actividad en los talleres ferroviarios o más empleo o liberarnos de la restricción externa. Había que clasificarse para la carrera electoral y la prioridad era – a su manera – el consumo.

De las tres variables que componen la demanda agregada el Consumo, las Exportaciones y la Inversión, la única de rendimiento inmediato es el Consumo. Las exportaciones – salvo las que surgen de la explotación de la naturaleza – para agregar valor (o calidad de vida ciudadana) requieren competitividad y esa es una demanda compleja en sí misma que requiere mucho tiempo y mucha inversión y no es amigable con las urgencias electorales. Pero además castiga la producción de lo que se puede exportar ya, no trigo, no carne, no leche, no maíz …Y la Inversión es sacrificio para hoy y rendimiento para mañana y en ese caso tampoco tiene el mismo rendimiento en la urna.

Teniendo los problemas que hoy tenemos; y siendo que la cuestión en juego es ganar y que, antes de ahora, el gobierno ganaba porque todas esas cosas no venían tan mal, preparémonos para una de dos posibilidades.

Una, que CFK cree que nada esta mal y que todo siga como está; así nos irá mal a todos y a ella también electoralmente. O, dos, percibió los problemas y los atacará electoralmente y, en ese caso, hasta capaz que le abre la puerta al FMI (ansioso por volver) si lo ve necesario para garantizar que Scioli llegue al 40. El precio no es alto si las listas del FPV vienen repletas de fieles de La Cámpora, y Daniel se hace cargo en 2016 de pagar las cuentas que se dejarán, pero garantiza que el poder no se abandonó.

La oposición, para que ese evento del 40 se celebre, tiene la “gran misión de mantener el silencio” acerca del futuro de modo de impedir que nadie se enamore de ella para poder seguir siendo sólo oposición.

No enamora. Mauricio Macri se presenta como el mentor de la bici senda, el metrobús y las peatonales y Sergio Massa como el mentor de las cámaras de seguridad y los policías municipales. Ni la suma de transporte urbano más control ex post de la inseguridad, puede constituir una propuesta más allá de la higiene y los afeites personales.

El FAU Unen, por ahora, como el actor Tomas Simari  es “el hombre de las mil voces”. Debatir es una virtud. Pero el que aspira a conducir, como mínimo, debe decir dónde quiere ir.

Los tres espacios de una oposición que no es del todo tal, por ahora, han decidido no convocar, no invitar a una vocación de futuro. Si lo hicieran tal vez encontrarían la manera de acumular las voluntades mayoritarias que suman más del 40 anhelado por el oficialismo y que están a la espera de un convite.

Las oposiciones deberían pensar que es cierto que la economía se enfrenta a la política; pero que no es menos cierto que la política ha demostrado una enorme capacidad de estirar los tiempos aunque, como lo sabemos, el día – por ahora – tiene 24 horas y no hay programa que lo alargue. Y esto debería tenerlo en cuenta el oficialismo: el tiempo es como el alambre de alta resistencia, se estira, se tensa, pero no tanto porque se corta y se convierte en un chicotazo insoportable. No se olviden ambos que nosotros estamos acá.

¿Y los problemas del país, de la sociedad, el progreso social, el desarrollo? Eso es otra cosa. Acá hablamos de política. Al menos como la están entendiendo y practicando hoy todos los que la hacen. Hay excepciones. Pero lamentablemente pocas. Y eso nos preocupa. Básicamente porque por ahora nadie que pese se ocupa.

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20 noviembre 2014

¿Y de nosotros quién se ocupa?

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