ENTRE LA GANSA Y LOS BUITRES

28 de noviembre de 2014

Carlos Leyba

La cuestión de los buitres, o el rebote de la deuda externa, como Ud. prefiera llamarla, ha suscitado distintos alineamientos políticos, cada uno de los cuales tiene sólidos fundamentos aunque, todas las versiones popularizadas, adolecen de la virtud de la mesura. Más allá de este episodio, que sin duda tiene dramatismo e importancia, lo que nos pasa es que seguimos en la larga marcha oscilante del endeudamiento que siempre es la misma. Magnitudes distintas. Posibilidades diferentes. Cosas gordas en común. La demanda de deuda externa es hija de la ausencia de política industrial. La falta de respuesta, de los que han mandado y de los que mandan, ha parido a la maldita fuga de capitales que, en esta década, se llevó 100 mil millones de los 160 mil millones del  excedente entre lo que producimos y lo que supimos ahorrar. Esa es la carroña que alimenta a los Buitres.

Hoy por un lado está la consigna “Patria o Buitres” que concita la mayor parte de las adhesiones populares y políticas.

Por el otro la consigna “Poniendo estaba la gansa” que goza de simpatía en los sectores de mayores ingresos que, naturalmente, son absolutamente minoritarios y que sostiene la doctrina de “a pagar se dijo”.

La primera consigna se pronuncia en voz alta y sin tapujos. Y es raro que ante las cámaras, contraponiendo ese discurso, alguien se pronuncie a favor de los Buitres que vendría a ser la traducción televisiva de la consigna de “Poniendo estaba la Gansa”.

Esta última, es decir la segunda y minoritaria, se pronuncia en voz baja, sometida a melindres varios. Más aún, los que a regañadientes reconocen sostenerla, llegado el momento telecomunicacional, la transforman en una afirmación del tipo “no digo que la ponga” pero que al menos que “converse”. Que la Gansa converse.

De las declaraciones de los que conducen el movimiento “Patria o Buitres”, que en realidad vendrían a ser “la Gansa” propiamente dicha, está sobrevolando el rumor atribuido a la boca de la Gansa que hay que conversar con los Buitres. Pero después de enero.

La diferencia principal entre unos y otros, en el caso de que sea cierto que el gobierno o la Gansa quiere o va a conversar con los Buitres después de enero, se reduce a cuánto pagar.

Simplificando, la corriente de “Poniendo” está dispuesta a poner casi todo lo que los Buitres piden; y la corriente “Patria” – si conversa – dice estár dispuesta a pagar lo que ya ofreció en los Canjes y tal vez un poco más.

A esto – a cuánto – se reduciría el debate nacional si el grupo “Patria” decide conversar y realmente decide llegar a un acuerdo que, se supone, estará tan lejos del valor del Canje como del valor que el Juez Tomas Griesa le liquidó a los Buitres.

Si los “Patria” quieren conversar sabemos que sus antecedentes de dureza en las negociaciones no han sido notables. Sólo basta recordar el precio pagado a Repsol por sus acciones de YPF; y lo pagado por la cancelación de la deuda con el Club de Paris. Los antecedentes bien pueden alentar alguna largueza, sin llegar a la locura de la liquidación de Griesa. Pero la clave, antes de lo que se esté disponible a pagar, es si la Gansa se sienta a conversar o no.

En enero vence la cláusula RUFO. Pero eso no significa que puedan los funcionarios conversar, negociar y pagar a los Buitres más que el Canje. Hay leyes, sancionadas por los “Patria”, que impiden hacerlo.

Vale decir que el primer test no es el calendario mágico que cae el primero de enero de 2015 sino la sanción de una ley – que requerirá la mayoría formada por los ”Patria” – que autorice la negociación; y la ruptura del límite económico del Canje.Un giro “heroíco”.

Si la cuestión se tramita en el Parlamento, no solo los oficialistas sino también los opositores, se verán en una tarea compleja.

Los primeros deberían tirar a la basura la legislación que sancionaron al grito de “Patria o Buitres” y los segundos deberán decidir si los acompañan o no.

Algunos de los opositores forman el grupo “Poniendo estaba la Gansa” y no sería lógico – más allá de los legítimos reclamos ante el giro de 180 grados realizado sin poner luz de giro – que no los acompañaran.

En ese caso se habría formado una nueva mayoría ya que algunos “Patria” seguirían sosteniendo que a los Buitres ni una miga; y se sumarían a la parte de la oposición que quedaría afuera.

Pero podría ocurrir que el trámite legislativo se torne complicado y lento; y que CFK apele al decreto de necesidad y urgencia que permita negociar y pagar, en medio del receso parlamentario, asumiendo ella sola, tal vez con el acompañamiento teatralizado de los empresarios propios, el difícil trance de ceder y aplicar aquella frase alfonsinista de que “sin principios no se puede gobernar, pero los principios no pueden gobernar”. Es decir la síntesis del posibilismo sádico, que no corresponde al Marques sino a Vicente Leónidas Saadi ,un arquetipo de esa política y constructor de esa corriente del peronismo post Perón que viajó en el mismo tren de Montoneros al Menemismo y a la vida por Chevrón.  Era “Volveré y seré millones” no “Volveré con millones” Confusión.

Es decir, en este tiempo de fusiones culturales, la habilitación, vía ley o decreto, hace que la consigna “Patria o Buitres” se haya transformado en su contraria “Poniendo estaba la Gansa”. Así serían las cosas.

Y aquí poco importa si las sumas a verter son unas u otras. Lo que importa es el que la solución del conflicto pasaría por “ponerse” y eso es seguramente menos que los que los Buitres tienen como liquidación pero más que lo que cobraron los canjeados.

Eso es así porque – cualquiera sea la forma de un arreglo por abajo – los Buitres saben que cuando CFK esté en el ocaso – cualquiera sea el presidente ungido – si no ha habido arreglo antes del nuevo período,  y la Argentina sigue en este default, los problemas de caja en dólares serán cada vez más complejos. Y en el desierto de verdes que reinará, la sed no se calmará con espejismos.

Para ese entonces el run run del grupo “Poniendo estaba la Gansa” conducirá a la búsqueda de dólares y obligará, a quien venga, a acciones complicadas; y una de las menos complejas será la de sentarse a negociar para resolver el conflicto derivado de la deuda.

Es que, lo que no se discute, es que el problema de la deuda, la economía de la deuda, sigue estando presente; y eso es independiente de la cantidad de deuda externa que la Argentina efectivamente tiene.

Sin duda después del canje y fundamentalmente por la pesificación de la deuda, la componente externa del endeudamiento público se ha reducido drásticamente. Pero ¿eso es acabar con el problema de la deuda? Veamos.

Si existe la posibilidad de terminar con un problema, eso significa terminar con sus causas. Sin ello tenemos analgésicos.

Y cualquiera haya sido la reducción de la deuda externa, lograda a partir del default de 2002 y la posterior negociación de 2005 y 2010, no ha implicado el cierre de los problemas del pasado. Concretamente la ausencia de cierre son los reclamos de los Buitres y demás especies depredadoras. Pero además no ha ocurrido la superación de las causas que hacen que en nuestro país se entienda como una necesidad acudir a la deuda externa, no para financiar su desarrollo, sino para calmar sus conflictos coyunturales derivados de las mismas causas de la deuda.

La Argentina de hoy sufre, y lo comparten una pléyade de economistas oficialistas, de una gravísima restricción externa.

Gravísima porque las importaciones están siendo administradas con cuenta gotas y no por razones ideológicas sino por razones que están en la antítesis de la ideología dominante. Bien puede uno pensar en la administración del comercio importador de bienes suntuarios o de aquellos que el país puede destacarse en producirlos, por ejemplo dulce de naranja o quesos de origen francés o italiano; o que pertenecen a la gama de los productos “lujosos” como perfumes o autos de alta gama. Podrán unos sostener que siendo prescindibles o sustituibles, no hay por qué liberar su comercio y vale proponer que hagan cola. Otros dirán que les impongamos tributos disuasores. Y – dada la restricción o la escasez – muchos acordarán en lo criterioso de esa decisión propia de las protecciones razonables cuando llueve y que uno bien puede dejar de lado cuando amaina la tormenta.

Pero no es eso lo que se está haciendo. Se está regulando la importación de insumos, partes y equipos. Y por lo tanto se está frenando la cadena del proceso productivo lo que lleva a la caída de la actividad, al entorpecimiento del proceso productivo, a la baja de la productividad y finalmente a afectar el mercado de trabajo. Eso es la restricción externa en toda su desnudez.

¿Por qué ocurre esto? Simple, porque la estructura productiva es absolutamente dependiente de las importaciones; y cuando el saldo de la balanza comercial deja de ser suficientemente excedentario, entonces, esas importaciones se deben frenar so pena de generar un conflicto a nivel cambiario que es menos silencioso que el proceso de freno, lento y alternativo, de sectores productivos.

Esa deficiencia estructural de la industria, del empleo, de las condiciones de vida urbana, es la consecuencia de la ausencia de una política industrial que –  a lo largo de diez años, tiempo más que suficiente para una transformación dada la inmensidad de recursos con los que se contó – no ha logrado desencadenar las fuerzas productivas capaces de lograr el equilibrio autónomo de comercio internacional por parte de la industria.

Ese sector, de cuya vitalidad depende el progreso colectivo, más allá de las palabras, ha estado, durante los últimos diez años, librado a la suerte que deriva de la pujanza del consumo. Una visión absolutamente liberal y de mercado, que, como es obvio, lleva inexorablemente al aumento de las importaciones excepto que exista una vigorosa política industrial de largo aliento destinada a lograr que la tasa de crecimiento del equipamiento sea mayor que la del consumo; y así poder generar saldos exportables que ayuden a financiar el proceso de expansión.

Si  no ocurre la acumulación,  la expansión del consumo lleva inevitablemente a una expansión de las importaciones industriales. Y esas importaciones son las generadoras de demanda de deuda externa coyuntural, salvo que el sector primario sea notablemente excedentario. De libro de texto. Eso pasó.

La soja fue la generadora del excedente que permitió la continuidad del crecimiento sin política industrial y sin exportaciones sectoriales compensadoras. Y eso ocurrió hasta que el déficit energético absorbió la parte del león del excedente primario. Ni el fuerte proceso de primarización logró ahogar la tendencia estructural a la deuda externa que genera toda política de expansión que no incluye una estrategia de transformación. Eso es lo que pasó más allá de las palabras.

El grupo “Poniendo estaba la Gansa” seguramente ha sido siempre partidario de acudir a la deuda externa como elemento disponible para financiar el entusiasmo consumista que se ha resumido como el famoso “déme dos”. Pero tanto con J. A. Martínez de Hoz como con D.F. Cavallo no ha sido sólo ese el problema de la deuda. Es que la deuda tuvo como contrapartida la destrucción del aparato productivo urbano y su reemplazo por importaciones. La estructura improductiva hace impagable la deuda contraída.

Pero en estos años no ha sido la deuda sino el excedente sojero el que ha financiado la expansión abastecida por importaciones. El crecimiento del déficit industrial y la absorción del excedente primario por el déficit energético, diseñan la nueva estructura de la economía de la deuda.

Más allá de las convicciones declaradas de los “Patria o Buitre” en la práctica se enfrentan hoy a la misma cuestión. Las magnitudes son distintas, bien distintas. Las posibilidades también son otras.

Pero en ambos casos  hay algunas cosas gordas en común. Primero la demanda o como quiera llamarla, de deuda externa es hija de la ausencia de política industrial: y en ambos casos ha parido la maldita fuga de capitales que, en esta década, se llevó 100 mil millones de los 160 mil millones de excedente y en las anterior, según Jorge Gaggero – K de pura cepa – otras 250.

Puede que arreglen o que no. Que paguen o que no. Pero téngalo por seguro sin un cambio de mentalidad, de concepción, entre “Poniendo estaba la Gansa” y “Patria o Buitres” la principal diferencia es que unos están el llano y otros camino a allanarse. Esta última palabra tiene dos lecturas metafóricas: aceptar o aplastarse. ¿En eso estamos?

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28 noviembre 2014

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