Estado y Mercado

12 de diciembre de 2014

Carlos Leyba

En la última conferencia de la Unión Industrial Argentina, se suscitó un debate más que importante. La pena es que apenas se rascó la superficie de la cuestión, y como amenaza volverse costumbre, el debate concluyó en un cruce de chicanas de arrabal.

Lo que surgió al debate fue el papel asignado al mercado y al Estado en la vida económica actual.

El tema es más que importante, porque define el modo del capitalismo en que, unos y otros, aspiran a vivir; y doblemente importante porque si hay un problema de base en esta geografía política es que no hay un consenso acerca del papel asignado al mercado y al Estado en la vida económica nacional.

Los ejemplos sobran acerca de la variabilidad climática en este campo de la política. Variabilidad climática no significa cambio de clima.

Un ejemplo. Acerca de esto hay un consenso entre los meteorólogos; puede que no estemos ante un escándalo climático planetario, pero lo que es seguro que estamos en una era en la que cada tanto hace frío en verano y calor en invierno. La variabilidad extrema enferma. Y en política también. Veamos.

Por ejemplo, la tradición política argentina desde principios de siglo XIX hasta Raúl Alfonsín – tal vez con el breve interregno de Arturo Frondizi – establecía que el petróleo era un bien estratégico y que por lo tanto la empresa de bandera estatal era la conductora de la soberanía petrolera.  Fue así hasta que llegó Carlos Menem y el justicialismo peronista (¿hay otro?) se encolumnó detrás de la privatización más escandalosa de YPF y del mercado petrolero. Pasaron unos años y llegados los radicales, JL Machinea, Debora Giorgi y otros más que ahora militan en el justisiolismo, dieron rienda libre en Loma de la Lata. Menemismo más Alianza “a por el petróleo” en manos ya no del Estado sino en manos privadas. Néstor Kirchner, que había militado con Carlos Menem, siguió en la misma línea que llegó hasta a Cerro Dragón; y luego con la picardía Eskenazi estacionó en YPF. Todo fue así progresivamente hasta que ahogados en el fracaso de la privatización, Cristina Fernández, salomónicamente mantuvo lo privado del mercado y estatizó la mitad de YPF. Un YPF que es, por ahora, menos de la mitad del mercado local. Es decir que hoy tiene un poco más de juego el Estado. Pero llegó Vaca Muerta y ahora se transitará el camino de la ley de hidrocarburos que es la Carta Magna de la privatización del recurso. Un abandono de la idea de bien estratégico.

Las idas y vueltas en esta materia son una clara imagen de la “variabilidad climática” que en la práctica rige el diseño de las relaciones entre el Estado y el Mercado en la vida política argentina.

La cuestión Estado Mercado, es más que importante; es fundamental en una economía, que se reconoce como capitalista al menos para la inmensa mayoría de dirigentes políticos y sindicales. Un sistema que consulta la práctica de sus habitantes y acerca del cuál un cambio radical sólo sería posible hoy por una acción directa que impusiera por la fuerza la voluntad de una minoría.

En nuestro país, siempre alentada por grupos minoritarios, se intentaron varias acciones guerrilleras – a lo largo de una veintena de años – con escasa suerte en términos de poder por falta de apoyo popular; y en la última etapa de fines de los 70 como consecuencia del enfrentamiento, primero con el gobierno constitucional y luego con la dictadura, que puso a las fuerzas armadas en una función de exterminio genocida de cualquier pensamiento crítico, primero sobre la usurpación militar y luego acerca del sistema económico. Hoy los intentos socialistas por las armas no figuran en el inventario de las posibilidades, con lo que lo único probable son formas alternativas dentro del capitalismo.

Por eso es fundamental que se debata y se alcance un consenso básico ampliamente mayoritario acerca del papel del mercado, sus límites y sus objetivos; y del papel que se le asigna al Estado para alcanzar objetivos económicos y sociales.

¿Cuáles son las posibilidades de lograr ese consenso? En las economías socialistas, después de los años 60 del siglo pasado, se discutía la posibilidad de asignarle un papel más relevante al mercado. En esos años allí los negocios de mercado eran ilegales, sólo existía, como mercado, el mercado negro. Para este tiempo en las economías capitalistas de Occidente y después de la Segunda Guerra Mundial, las economías llamadas de mercado, le asignaban un papel creciente al Estado tanto como regulador y tanto como empresario.

El caso paradigmático entonces fue la economía Japonesa que atravesaba un período extremadamente vigoroso como consecuencia de una estrategia conducida por el Estado que utilizaba sinnúmero de herramientas para lograr el desarrollo de su economía capitalista y a la vez el pleno empleo y la mejora en la distribución del ingreso conduciendo al mercado.

La implosión del socialismo real, que culminó en el capitalismo salvaje ,dejo de lado al socialismo como alternativa. Son pocos los países que mantienen la consigna del socialismo. En nuestro continente el único caso es del Cuba donde son muy pocas las operaciones legales de mercado aunque existe un voluminoso mercado negro. El mercado en el socialismo cubano es marginal.  Camino al socialismo podríamos mencionar a Venezuela y a Bolivia. En el socialismo rastreamos en Asia a la República Popular de Corea, la Socialista de Vietnam, la de Nepal, Laos, la Árabe Siria; en África, Libia y en Europa Belarus. El caso de China – de lejos el más importante –  que se reconoce a sí misma como socialista, es el de una economía de capitalismo salvaje en el que la concentración del poder económico está en manos del Partido, pero que incluye empresarios nacionales aliados al poder asociados al capitalismo global en un territorio nacional de concentración e inequidad.

Con sus más y sus menos, como en la inmensa mayoría del planeta, nuestro país es una economía capitalista y ninguna voz de volumen se propone modificar el derecho de propiedad privada de los medios de producción, que es su sustancia. En el socialismo, el mercado es una presión, porque la economía es el Estado y esto es fácil de comprender si es él el único propietario de los medios de producción.

Robert Heilbroner, uno de los grandes economistas del SXX, sostenía que el capitalismo era un sistema en el que unas personas adquirían el derecho de dar o no dar trabajo a los demás. El Estado, en la mayor parte de Occidente, ha regulado ese derecho de suerte de proteger a aquél que no tiene trabajo y las condiciones de trabajo de los que lo tienen. Pero no ha logrado garantizar plenamente el derecho de trabajar. Por eso hay desocupados y trabajadores marginales en todo el capitalismo.

Para Tibor Scitovsky la proporción de desocupados (y agrego por mi parte los trabajadores marginales) es la medida del fracaso del mercado. Milton Fridman enfrentó esa definición estableciendo la regla NARU (tasa natural de desempleo) o NIARU (tasa de desempleo que no acelera la inflación) que, como bien observó, William Vickrey supone  el carácter “natural” del desempleo y así pretende establecer que es inmodificable y que el Estado no lo puede transponer. Combine Ud. los criterios y saque sus conclusiones.

Pero hay algo más. El gran JA Schumpeter agregó a la condición de propiedad privada como nota distintiva del capitalismo, la de la innovación financiada por crédito. Si juntamos todo lo dicho,  es cierto que la propiedad privada es un criterio dominante en nuestro país. Pero la ausencia de crédito nos señala un capitalismo menguado por estas pampas en términos schumpeterianos ; si miramos la tasa de desempleo y de marginalidad, con la mirada de Scitovsky,  los datos nos señalan que es un capitalismo menguado;  y que por ahora resulta más bien fracasado, al menos en los últimos 40 años incluyendo la década K si miramos desempleo, crédito e inversión.

Dicho esto pasemos a la cuestión en debate que es fundamental, en todo caso para mejorar un capitalismo fallado. ¿Hay acuerdo o consenso en acerca de qué Estado y qué Mercado, son necesarios para la marcha de la economía y de lo que depende de ella en términos de bienestar de la población?

Una de las frases que se lució en ese debate, según los diarios, fue la de  “Todo el Estado que sea necesario y todo el mercado que sea posible”. Fue atribuida a Willy Brandt, el canciller socialista de la República Federal Alemana. Pero esa frase también la pronunció Amartya Sen en el Anuario de la International Economic Association; y en mi caso la escuche por primera vez en 1978 como frase de cabecera del programa de la CDU, la democracia cristina alemana.  Esa expresión sostiene que cuando el mercado no brinda entonces el Estado debe actuar: “necesario”. Es la concepción del estado supletorio de la Doctrina Social de la Iglesia que se basa en los fines de la organización social. Esta línea nos da una pista. El Estado, la sociedad, tiene objetivos. Algunos los logra el mercado o creemos que los puede lograr. Otros no están en la mirada del mercado o éste no los puede alcanzar. Entonces el Estado, que no puede esperar el fracaso para actuar, se coloca al frente de algunos objetivos y los instrumenta, a veces con el mercado y a veces contra el mercado. Sobre esto volveremos.

En 1991 Michel Roccard, el gran político francés, y el filosofo Paul Riccoer, mantuvieron una conversación sobre Justicia y Mercado que publicó Esprit. Era el tiempo apropiado para debatir estas cuestiones ya que el mercado se había enseñoreado de todo el campo de las decisiones. La caída del Muro. Nosotros fuimos conejillo de indias en ese retorno a la preguerra. En la discusión entre estos dos gigantes, el intelectual interesado en la política y el político capaz del debate intelectual,  quedó claro que había que decidir antes que nada qué cosas las resuelve predominantemente el mercado y cuáles no.  Para ejemplificar viene a cuento mencionar que la escuela de Chicago inspiró a un grupo de juristas que se llamaba a sí mismo “La mirada” y que sostenía que la mejor manera de resolver los conflictos que se generan en los procesos de adopción de niños era el uso del remate de los bebes al mejor postor: una solución de mercado. De la misma manera, un enorme problema, que es el de la “seguridad de las personas y los bienes”, estaría resuelto – de acuerdo a este grupo – mediante la cesión de la seguridad a las compañías de seguro que son las que económicamente mas comprometidas están con la vida y el robo a la propiedad. Ambas soluciones de mercado. Puede que el mercado sea “eficaz” pero ¿los valores? Buenos ejemplos para comprender que no todo puede estar en el mercado, aún en las economías capitalistas; y por cierto no la adopción – aunque de hecho se compren bebes – y no la seguridad – aunque de hecho pululan las custodias privadas -. Queda claro que ambas propuestas absurdas derivan de la debilidad del Estado para realizarlas en tiempo y forma y del deterioro de los valores morales cuando la práctica de lo correcto no es satisfactoria.

Volviendo, la primera definición que nos debemos es la siguiente: qué es lo que es propio del mercado (más allá de las regulaciones) y que es lo que es propio del Estado (más allá de la operación).

Vamos a las cuestiones urticantes. La ideología pro mercado sostiene que no hay tal cosa como bienes estratégicos o actividades que sean servicios públicos. Por ejemplo las concesiones petroleras que genera esta ley de hidrocarburos hasta 2075 son un típico ejemplo de ideología pro mercado. También es un ejemplo de ello la declinación del servicio de educación pública y su reemplazo, de hecho, por la educación privada; o la declinación de lo servicios de salud pública y su reemplazo por la salud privada, son ejemplos prácticos de abandono del Estado de una función y por lo tanto de la inclinación por el mercado. Los funcionarios públicos asisten a medicina privada al igual que sus hijos a la escuela privada. Es más, Joan Robinson, la gran economista de Cambridge (UK) señalaba que en la elección democrática cada ciudadano contaba con un voto y en el mercado con el tamaño de su billetera. Muchas veces se sostiene que cuando no hay mercado hay cola. Pero lo que se desconoce que muchas veces “la cola” se sortea con mecanismos de mercado negro: entradas de futbol o de cine.

Pero lo más importante, en términos de ausencia de Estado, de nuestra economía capitalista es la inexistencia de una oficina de planeamiento (u oficina de prioridades) acompañada de la inexistencia de normas de direccionamiento positivo de la inversión y de la vigencia de un sistema financiero, aunque precario, orientado por el mercado.

Esas tres notas de la realidad vigente hacen que, en definitiva, las cuestiones principales de la vida económica se resuelvan por el mercado. Pero por un mercado orientado por el corto plazo y el rendimiento inmediato. Minerales a los que no se les agrega valor y se agotarán; suelos que se degradan sin compensación; inmediatez de los subsidios económicos; y finalmente una cultura del consumismo que, en sus versiones de deme dos o la que hoy rija, han terminado con que el Estado se olvide del futuro y el Mercado se escape y opte por la fuga en lugar de la inversión. Es decir el olvido de que el Mercado se justifica con la acumulación que brinda productividad y el Estado con la capacidad política de distribuirla cuidando que la distribución no sea negada por el incendio inflacionario.

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12 diciembre 2014

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