El escenario 2015 ¿será más caro?

19 de diciembre de 2015

Una versión reducida fue publicada en El Economista

Carlos Leyba

En el corto plazo la economía nacional está condicionada por la debilidad de los instrumentos macroeconómicos en poder del Estado para enfrentar los principales problemas del área. Debilidad parcialmente compensada por una indiscutible fortaleza política. El kirchnerismo ha ejercitado el poder como nadie a lo largo de nuestro proceso democrático.

Esa fortaleza política se alimenta, fundamentalmente, de la debilidad multidimensional de quienes aspiran a reemplazarlos. El paso de los años erosiona y obliga a quien quiere permancer y que a la vez rechazan la alternancia como elemento necesario porque la consideran una anomalìa;  a administrar el poder hasta el límite del abuso e incluso a trasponerlo. En eso estamos. Las reacciones críticas son silenciadas por el uso sin desmayo de las mayorías parlamentarias. Un ejemplo es la demanda de impedir la difusión del Indice de precios en el Congreso. Si la crítica – que implica diálogo – se traslada de la normal escena parlamentaria (¿qué es el parlamento?) a la escena, por ejemplo, de los medios y luego a la del campo judicial, entonces, la erosión normal del poder se mitiga trasladando la defensa a campos no previstos en la lógica constitucional que así está cuestionada desde el poder. Un ejemplo, el fiscal Carlos Gonella, ahora procesado, interrogado en un programa de TV acerca del papel de los fiscales ante las acusaciones de corrupción, contestó, avalando cierta morosidad, que “el capitalismo es la corrupción”. Toda una definición de fortaleza en el marco de una recuperación de imagen presidencial navegando serios problemas económicos.

Hablemos ahora de la debilidad. Esta ocurre ante un frente fiscal dominado por el crecimiento del gasto notablemente por encima de los recursos tributarios sin que las necesidades y la vocación de satisfacerlas aparente disminuir y ante un frente finaciero interno que adolece de capacidad prestable en pesos para financiar, por ejemplo, la inversión cuando la misma está paralizada. Por otra parte el frente monetario expansivo plantea una enorme incognita acerca de la abundancia de pesos con que comenzará el próximo enero, momento en que la demanda se reduce drásticamente; y además un frente cambiario que, ante la persistencia del fenómeno inflacionario y el reajuste de todas las monedas de la región, hace del tipo de cambio un elemento en  continua revaluación con consecuencias inexorables sobre la competitividad en un marco de productividad estancada.

¿Qué pesará más, la debilidad de instrumentos económicos o la fortaleza política en los límites? Tal vez la respuesta esté en la trayectoria posible de la  conflictividad social. Veamos.

Comencemos con los datos duros. Hoy tenemos menos bienes por habitante que en el pasado inmediato. Simple: el PBI actual, a causa del doble efecto de la disminución del nivel de actividad y del crecimiento de la población, es menor que en el pasado inmediato.  En consecuencia la discusión, acerca del reparto de los flujos en este año y el próximo, consiste y consistirá, no en una puja por la participación en el crecimiento sino en una disputa por el reparto de la disminución. El debate distributivo, en el corto plazo, entonces, no lo es y no lo será, por el reparto de las ganancias sino por la distribución de las pérdidas.

La disputa por la escasez siempre eleva la temperatura del conflicto social. Antes de acercarnos a la “temperatura” recuerde el lector la “fortaleza política K”. En otras palabras, si la economía no puede resolver, la política tratará de responder. El discurso de las reformas es un aglutinador político del espacio gobernante en tiempos de escasez de resultados económicos. El gobierno lo ha utilizado y no le va mal.

Volvamos a la temperatura del conflicto. Es importante señalar que la misma no alcanza a calentar los motores de la política. Por eso el conflicto distributivo no formará parte del debate electoral. “La oposición política” carece de representación social; está divorciada de los portadores de “la cuestión social”. No hay ningún vínculo, por ejemplo, entre la representación obrera y la dirigencia política, más allá de la existencia de diputados sindicales sueltos y repartidos en distintos bloques. Ellos carecen de toda capacidad de conectar la problemática de los trabajadores y el escenario de las decisiones: no hay un sub bloque sindical. Nada pasa por ahí.

El peronismo como fuerza política, de la que el movimiento obrero-  en el pensamiento de su fundador – era la columna vertebral, como consecuencia de las reiteradas traiciones de los funcionarios elegidos en su nombre, ha terminado por ser una serie de partes sueltas sin columna que las vertebre. Partes sueltas  además intervenidas por cuerpos extraños. Hoy el peronismo, donde quiera que se aloje, es un cuerpo invertebrado que no puede desplazar masa crítica. El oficialismo cuenta con algunas de esas partes sueltas del peronismo. Pero en la práctica la mayor parte de ellas está intervenida por una cultura política y económica ajena a la tradición del peronismo. Un dato ni el kirchnerismo ni el menenismo, con más en común que lo que reconocen, pudieron tener ministros de economía de origen y pensamiento peronista.

De la “a” la “z” la temperatura del conflicto distributivo no tiene manera de trasladarse a la política y, por lo tanto, sin esa intermediación tenderá  a anegarse en la acción directa. La consecuencia será la ausencia de un marco de solución de largo plazo para ese conflicto. Influye el divorcio que la política ha generado en el movimiento obrero y que, al dividirlo, lo minimiza como expresión de voluntad social.

La evidencia de la lejanía de una solución para el conflicto distributivo es que , por ahora, es inimaginable la gestación de un acuerdo marco económico y social y multipartidario. O, en su defecto, la existencia de una estrategia que pueda prescindir de un acuerdo marco y que genere la disminución de la temperatura del conflicto y no su aumento como pareciera ser el escenario de 2015.

Aclaremos que no existe en este plano “una solución de corto plazo” que pueda prescindir de una definición del largo plazo. Para hacer la valija hoy hay que saber dónde vamos, la ropa ligera de la playa nos haría padecer si el vuelo nos lleva al invierno.

El segundo problema, si bien vinculado al primero, es el de la inflación. Más allá del cálculo indulgente de la tasa global por parte del INDEC, la inflación –  que condiciona la “nominalidad” de las discusiones salariales del año que viene- es una para los agentes económicos privados; y es otra para la visión oficial del gobierno. La distancia entre una y otra es tal que, para el oficialismo, los salarios reales han aumentado mientras que para los asalariados ha disminuido. Si hubiera diálogo sería de sordos.

Los privados estiman la tasa de inflación en el entorno del 35 por ciento. La tasa oficial, para CFK, se ubica cerca del 25. Tasa que – en sus propios términos – pone a la Argentina “a punto de estallar”; lo que era y es una exageración tanto para el 25 como para el 35. Ninguna de esas tasas de inflación per se hace volar por los aires a una economía como lo es la Argentina. Pero sin duda genera una mala asignación de recursos. Lo que se agrava cuando la economía ha dejado de crecer.

El escenario de recesión, aunque suave, o de estancamiento, con inflación no solo dificulta la reversión hacia la estabilidad de precios o hacia el crecimiento, sino que afecta gravemente el producto potencial. Otra vez en el corto plazo es necesaria una mirada acerca del largo plazo. En última instancia la inflación arriesga la distorsión de precios relativos y además señala la existencia de demandas excedentes sobre la capacidad de oferta. Y ese problema solo tiene solución real en términos de una política de largo plazo. Es de una enorme ingenuidad abordar la estabilización de los precios sin definir un horizonte de inversión. Cualquier éxito, en ese caso, será tan desmesurado como efímero. En este punto un dirigente empresarial Pyme – alineado con el kirchnerismo – ha sostenido, en un programa de televisión, que el empresariado que representa no está en condiciones de aceptar los niveles de demandas salariales que reclaman todos los sectores sindicales. Esta posición dicha sin eufemismos nos retorna a la consideración de la compleja cuestión de distribución de la carga e inflación.

Un tercer problema del presente es el nivel de empleo. La política de expansión del mercado interno, que ha logrado el objetivo primario, no ha estado acompañada ni por una política de expansión del mercado externo, que es un elemento complementario, ni por una política de expansión de la capacidad productiva que es una condición necesaria. Las primarizadas exportaciones además se han estancado en términos reales en los últimos tres años;  y la tasa de inversión reproductiva de los últimos años es incapaz de generar una expansión del producto que genere un incremento sustantivo del empleo y de la productividad. En síntesis la expansión del mercado interno se ha sesgado hacia políticas de ingreso sin productividad; y las mismas, en definitiva, frenan la expansión del empleo o lo concentran en las zonas de la economía menos deseables. Las estrategias de crisis, aptas como respuesta inmediata, se tornan “crísicas” cuando se mantienen en el tiempo sin resolver las causas del problema. ¿Cuál es hoy el problema del empleo?

Desde fines de 2012 el incremento del empleo privado es igual a cero. La desocupación lisa y llana es hoy de tasas menores que un tiempo atrás; pero hay problemas de empleo por menos horas que el deseado; y de empleo informal; y de sobre empleo público. Y también problemas de población en edad de trabajar que no llega o se retira de la búsqueda de empleo. Dejar de lado el patrón habitual de personas dispuestas a trabajar, hace que la tasa de desempleo se reduzca artificialmente en entre 2 y 3 puntos más, llegando a 10 por ciento, cuando retornamos a los patrones habituales. Analizar las cifras de desempleo desde esa perspectiva integral nos revela que al presente se ha agravado un problema de larga data. Desde la mirada estrictamente económica la cuestión central es el peso en el conjunto del empleo con baja productividad. Este punto nos remite a los dos anteriores: la disputa por la distribución de la pérdida de ingresos globales y la tasa de inflación son producto, finalmente, de la baja productividad. O lo que es lo mismo de las fallas de acumulación. El discurso del dirigente Pyme es un toque de atención acerca de las dimensiones reales de nuestros problemas.

El cuarto problema es el de la caja en dólares. La política de desendeudamiento que comenzó con el default, continuó con la negociación, quita y mejora del repago,  solo concluirá cuando la deuda de financiamiento se torne innecesaria. La actual gestión económica ha retornado, por ahora sin demasiado éxito, a la búsqueda de deuda de financiamiento y ese retorno revela que el problema originario no ha sido resuelto. Las exportaciones en valor, lo que aporta liquidez, han caido en lo que va del año de tal suerte que el abastecimiento de dólares por la vía comercial no estará disponible ni en este ni el año que viene. Por eso los ingresos deberán realizarse por otra puerta. Y allí aparece la cuestión de la posibildad de financiamientos a tasas que superen largamente la tasa de crecimiento de la economía o bien a tasas que sean compatibles con la tasa de crecimiento esperable. Mientras el gobierno mantiene la línea dura frente a los holdauts el financiamiento seguirá siendo caro. La opción barata, cuesta creer que decidan hacerlo, pasa, por ejemplo, por la puerta del FMI del que seguimos siendo socios y respecto del que, en estos días, se ha manifestado claramente una vocación de armonía por parte de la renovada conducción económica. Por ahí el costo bajo del FMI y los recursos abundantes de que disponen, sensibilizan al kirchnerismo para abrir la puerta y lograr financiar a menor costo y ganancia de respetabilidad en el mercado de crédito internacional. Convengamos que esta gestión no le ha hecho algo a las contradicciones ideológicas y de la acción. Sólo ha ido desplazando “la contradicción principal” hacia el escenario mas conveniente para la permanencia (Chevron, Repsol, Club de Paris)¿Entonces?

Por el modo de expresarlo pareciera que estuviéramos hablando de cuestiones de largo plazo y no de la temática del presente inmediato. Y no es así. Hoy el Estado tiene una enorme debilidad para enfrentar estos problemas ya que los instrumentos propios para atenderlos, las herramientas fiscales, monetarias, cambiarias, tarifarias, en fin, de la política de ingresos, están en un nivel de estrés en el sentido de que no existen márgenes suficientes como para dar una salida no crítica.

La búsqueda del financiamiento externo revela la preocupación por la debilidad de los instrumentos propios. La continuidad de las estrategias del paso a paso y decisiones sorpresa, que aparentan una exquisita sensibilidad del momento, informan de un pensamiento de horizonte corto que, por definición, obliga a la búsqueda de “soluciones políticas” capaces de prorrogar la calma chicha, pero inevitablemente multiplicadoras del costo futuro de las soluciones económicas. Lo que no debe olvidarse es que el kirchnerismo puede darle “solución política” a los generosos contratos petroleros hasta 2075, al pago del Club de Paris con crema y al 100 por ciento del valor de las acciones de Repsol. Y ¿por qué no al retorno de los fondos frescos de Washington? La contradicción principal puede ser desplazada. Obervemos o “reflexionemos” como invitaba Diana Conti.

En materia de “soluciones políticas” CFK y sus leales han demostrado una excelencia que sería estupenda si fuera aplicada a las soluciones económicas. Lamentablemente no lo ha sido.

Claro, no es fácil juntar voluntades en el tránsito del problema económico a la solución económica; y sin duda moviliza mucho más  la “solución política”.

El escenario de 2015 no solo será el de la disputa electoral sino que se insinúa como uno en el que las soluciones económicas serán postergadas, por la debilidad del Estado en la materia, y en su lugar las soluciones políticas llenarán un espacio que hará al futuro  inevitablemente más caro. O las “soluciones políticas” impensadas desde el discurso pero convenientes para permanecer.

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19 diciembre 2014

El escenario 2015 ¿será más caro?

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