Problemas de señaletica

30 de diciembre de 2014

Carlos Leyba

El año termina con varios intentos de promover un acuerdo de contenidos que sea suscripto por organizaciones, dirigentes y tal vez partidos políticos de distinta procedencia. La condición de éxito de un acuerdo es que lo sea entre quienes tienen capacidad de convergencia y compromiso y además un volumen importante de representación. El acuerdo requiere fidelidad de trayectoria para generar confianza.

Ninguno de esos intentos, hasta ahora, tiene la envergadura necesaria, ni por los contenidos ni por los proponentes, como para generar una esperanza mayúscula acorde con la situación del país. Empecemos por la discrepancia dominante acerca de cuál es la situación. Los análisis, de gobierno y oposición, discrepan en el estado de “chapa y pintura”. Pero ninguno de los enfoques conocidos se introduce en el real diagnóstico del estado de los órganos fundamentales cuya enfermedad genera las abolladuras y descascaramientos de la inseguridad, la inflación, los deficit, los problemas de empleo, el retroceso en los resultados comparativos en la educación y el deterioro moral, para citar sólo la alarma de las encuestas.

Son pocas las organizaciones que gozan de pleno predicamento, los dirigentes reconocidos por la opinión pública o los partidos con signos vitales que indiquen buena salud para encarar el diagnóstico y formular el acuerdo. Inventariar estos hechos, por cierto difíciles de refutar, de ninguna manera implica condenar los intentos o desalentarlos o descalificar ab initio a los proponentes. Más bien todo lo contrario.

Es necesario reflexionar sobre el asunto del acuerdo porque sin ninguna duda es tal el grado de confusión reinante que estamos ante el peligro de alejarnos de adoptar un camino firme, con todo lo que ello significa. En su lugar estamos cerca de meternos en un laberinto del que siempre es difícil salir. Veamos.

Como en muchas otras oportunidades la sociedad argentina se encuentra en un cruce de caminos. Un cruce supone como mínimo las alternativas de los puntos cardinales, o muchas mas cuando las diagonales, que surgen del cruce, ofrecen combinaciones del tipo sureste o noroeste, etc. Un cruce es nítido  cuando la continuidad del rumbo no concita la adhesión mayoritaria. Ese hecho es el disparador de un cruce. Y allí estamos.

La inmensa mayoría de la sociedad, el sesenta por ciento para todas las encuestas y un poco mas para algunas de ellas, no quiere seguir el mismo rumbo por el que venimos. Si es que esté fuera realmente un rumbo.

En el cruce de caminos se hace remolino. Los que quieren seguir empujan en una dirección. Que empujen con fuerza en una dirección no significa ni que la dirección sea clara ni que ese camino vaya a alguna parte o que las direcciones que marcan los carteles indicadores sean verdaderas. Una masa compacta, de entre 30 o 40 por ciento de la sociedad, se reconoce como peregrina de la misma marcha y sigue a distintos actores, discursos, relatos, que se identifican con una misma palabra “kirchnerismo” que, como casi todas las del diccionario, significa cosas distintas y mas distintas ente si en el lenguaje hablado. La magia de los “ismos” es que tiene muchos exégetas y por lo tanto muchos seguidores.

La disciplina que se ocupa de indicar con precisión para donde marchar cuando uno está en busca de un determinado lugar, la cartelería de indicadores, se llama señalética. Y los argentinos, la Argentina, estamos flojos de señalética. Están flojas las ciudades, que no indican con precisión como llegar al Hospital o cuál es la ruta del transporte público. Y lo están las rutas que durante largos trechos dejan al que viaja en un suspenso policial y casi nunca aciertan a informar a qué distancia estamos de la meta.

Pues bien, ahora nos encontramos arremolinados en el cruce de caminos a la búsqueda del rumbo posible de la sociedad argentina, que habrá de definirse para los próximos años en 2015 y tenemos un problema crucial de señalética. Los varios, infinitos, caminos que salen del cruce carecen de cartel indicador, ninguno dice dónde llevan, por qué situaciones se pasa para llegar y ni remotamente a cuánto tiempo queda el destino. Confusión.

Hay un número importante de convencidos de “seguir” que, en la multitud, son los que con más vehemencia empujan. Pero tampoco ellos saben realmente donde van. Pero son los únicos que manifiestan la energía necesaria para encarar. La absoluta y contundente mayoría no quiere “seguir”. Pero no atesora vehemencia básicamente porque no tiene claro que camino elegir, aunque no quiere “seguir”. La falta de vehemencia es lo que genera la posibilidad de ser empujados. Atención con este dato al que los “analistas políticos” llaman “moderación”.

En esta situación de empuje vehemente y búsqueda desapasionada, el punto de cruce de caminos al que hemos llegado, nos pone en situación de remolino. Es decir damos vuelta en redondo. Pero el riesgo es ahogarnos para abajo. El cruce de caminos es una oportunidad. Pero el remolino es una verdadera amenaza. Los vectores de fuerza pueden resultar improductivos.

Cualquiera sea el esfuerzo del peronismo en el gobierno (representado por culturas tan distintas como la de los gobernadores, por un lado, o por las facciones dominantes en el oficialismo, que van desde los jóvenes de  La Campora  – denominación “anti peronista” en el testamento de Juan Perón – hasta los adultos mayores arrepentidos del Partido Comunista o militantes light de la izquierda cultural)  es teórica y prácticamente imposible que pueda ofrecer con claridad ” un rumbo” . No me refiero al diseño de un cartel indicador que diga “rumbo a la felicidad”. No. Ni tampoco la de un cartel que reivindique “justicia social, independencia económica, soberanía política”. U otro que señale el rumbo “a la liberación por la Patria Grande” o aun uno más osado a la medida del socialismo nacional y la lucha armada. Todo eso se puede decir, pintar, poner en carteles. Y de hecho se viene de alguna manera insinuando gracias a la multifacética composición del oficialismo. Todo esos dichos son posibles porque tiene alguno que los grita. Pero para ir a algún lugar hay que partir de donde estamos y saber donde estamos.

¿Cómo conjugan las banderas tradicionales del peronismo, Justicia Social, con un 30 por ciento de pobreza después de algunos  años de crecimiento y, lo que es peor, con la negación enfermiza de la realidad estadística?¿Cómo conjuga la idea de independencia económica con la entrega del petróleo y la minería; y ahora de un pedazo del territorio nacional a la República Popular China?¿Cómo conjuga la idea de soberanía política con la práctica del dedo para ungir candidatos, la filosofía de las sucesiones familiares, la desaparición forzada de los partidos políticos, en primer lugar la del peronismo? ¿Cómo es esto de la liberación por la  Patria Grande cuando respecto del MERCOSUR o de la región nada hemos hecho, en diez años, para entramar la infraestructura, en acordar el desarrollo del potencial exportador industrial de la región y cuando todos nos hemos ido primarizando? En estos términos el rumbo predicado vendría a ser hacer todo lo contrario a lo realizado. Carteleria confusa. Los que empujan, el núcleo duro, van detrás de carteles contradictorios sin saberlo. Los carteles dirán lo que digan pero la idea dominante del presente, en manos del oficialismo, es la continuidad y profundización de una suerte de acuerdo Roca Runciman, que hoy es el acuerdo del “veni chiquito Kicillof” y distintas áreas del gobierno chino, con el protagonismo fotográfico del gran Florencio Randazzo importador serial de trabajo simple procedentes de las manos baratas de nuestros hermanos orientales, no precisamente de los uruguayos.

Como vera el lector hay mas que suficientes presunciones para pensar que el cartel que implica la continuidad del rumbo dice una cosa que es casi todo lo contrario a lo que sugiere y confirma el presente. Pero lo que lo siguen hacen fuerza y eso es innegable.

En la multitud arremolinada está el otro 60 o mas. ¿Donde quieren ir? ¿Que dicen los carteles? Entre todos ellos, las voces dirigentes que se alzan, repiten en distintas proporciones los mismos colores de las voces dirigentes que constituyen el oficialismo. Peronistas hay en todas partes. Con Sergio Massa, con Mauricio Macri, y también en UNEN. UNEN tiene ministro de Cristina y funcionarios de Néstor, ni hablar de Massa que expone como ejemplar el equipo entero de Néstor. Digamos que entre todos ellos hay muchos que dicen que no quieren seguir pero que acompañaron hasta que los dejaron. ¿Las mentiras del INDEC?¿El tren bala?¿Minería, petróleo? ¿El juego? ¿La pobreza?¿La primarizacion?¿Los contratos de obra pública? ¿Lázaro Báez? ¿La ausencia de diálogo? ¿El parlamento escribanía? ¿Es todo nuevo? El grupo Talcahuano, que lideraba Sergio Acevedo, el renunciado gobernador de Santa Cruz, hace muchos años que denunciaba estas prácticas desde el propio oficialismo.

Puedo hacer una larga lista de las cosas que la oposición le critica al oficialismo y que, sin embargo, muchos de ellos cuando formaron parte del gobierno las pusieron en practica. Y muchas otras que, sin haber sido parte del gobierno, las comparten. El PRO, por ejemplo, tiene la misma Concepción que el kirchnerismo en materia de minería, petróleo,juego, primarizacion y Patria contratista.

Si es así, y es lo que aparenta tanta coincidencia laboral, alguien podría decir que el oficialismo finalmente ha realizado “políticas de estado” dado que reflejan una enorme coincidencia entre distintos portavoces de la oposición y el gobierno. Más aún en este entrevero, el nada inocuo Daniel Scioli, las apariencias engañan, después de haber atravesado todas las coloraturas del menemismo y el kirchnerismo y sin sonrojarse, ha elegido como numen inspirador al conocido consultor Miguel Bein quien fuera funcionario de Raul Alfonsin y principal promotor y ejecutor del Blindaje de Fernando de la Rua, durante el gobierno de la Alianza, para intentar mantener en pie la convertibilidad y la economía para la deuda externa. Su trayectoria es un programa.

Entonces la oposición que suma a UNEN, Macri, Massa y agrego a J. De la Sota, ronda el 60.  Y si lo ponemos a Scioli en la estantería como  “el oficialismo con cambio” – que tal vez no sea lo mismo que quieren los que empujan mas fuerte desde el oficialismo  – resulta que lo de “políticas de estado” o “todos están de acuerdo”, vendría a ser un hecho. Pero en realidad “esas coincidencias en el pasado de cada uno” no significan políticas de estado sino más bien “el estado de la política”. O si me apura, la degradación de la política. Una degradación que se sintetiza en los problemas de señaletica. Los carteles indicadores no dicen nada. No dicen dónde van los caminos que se ofrecen, nada acerca de por dónde pasan, ni nada acerca de a qué distancia estamos. Son puras palabras sin contenido. Obras del marketing y este al su vez consecuencia de las encuestas que, en la inmensa mayoría de los casos, son pura berreta. El sincericidio mayúsculo de un candidato – que me suena buena persona – dice “quiero lo que vos querés” o “quiero un mejor país” . ¿Será posible que otro candidato cuelgue un cartel que diga lo contrario? Maravilloso. El arte de palabras sin significado. Caras.

En 2015 empieza la carrera. Van 12 años K. Muchos quieren seguir K. La mayoría no quiere. Cruce de caminos. Los carteles indicadores de las alternativas no dicen absolutamente nada. Los que quieren seguir empujan a lo guapo. La multitud se arremolina. Damos vuelta en redondo. Confusión.

La gran esperanza es que una, muchas,miles de voces se levanten y propongan un acuerdo con contenido. No es contenido cumplir la Constitución, la honestidad, la libertad de prensa. Eso es como la necesidad de lavarse los dientes por la mañana. ¿Quién salvo la izquierda dura puede decir que está en contra?

El contenido es cómo resolvemos la educación para los hijos del 40 por ciento de la pobreza, como garantizamos el control nacional de los recursos estratégicos, como hacemos para transformar nuestras exportaciones en industriales, como convertimos el MERCOSUR en algo que nos ayude a desarrollarnos, como rediseñamos la ocupación de nuestro territorio, como hacemos federalismo igualando las oportunidades de vida en todo el país, como terminamos con el desempleo y el empleo marginal, como terminamos con las condiciones que hacen “racional”  la fuga de capitales, como transformamos una economía de consumidores. que siempre termina en más deuda como ahora, en una economía de productores que solo es posible con una economía de inversión. Esas son algunas de las cuestiones esenciales de un acuerdo con contenido para un proyecto de Nación. ¿Es posible? Si. ¿Está a la vista? No.

La gran esperanza es que, como en 1973, el motor de ese acuerdo sea una CGT unida, porque – en este estadio de desarrollo de la Nación – la columna vertebral de un acuerdo nacional es el movimiento obrero porque representa siempre la principal fuerza creadora de la ciudadanía que es el trabajo. El movimiento obrero es la expresión del trabajo organizado por mas trabajo y mejor distribución del ingreso y ese es el cartel indicador que la inmensa mayoría de los argentinos quiere seguir. Y el contenido que hasta ahora no ha sido reivindicado y que pasa por resolver, entre otros, los muchos problemas internos, y no de chapa y pintura, que acabamos de mencionar. La política tiene problemas de señalética y el movimiento obrero, si es capaz de la unidad, puede obligar a resolver.

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30 diciembre 2014

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