Pensamiento de grupo y riesgos colectivos

19 de enero de 2015

Carlos Leyba

El Papa Francisco aterrizó en Filipinas, un país – como tantos otros – castigado por la corrupción y la pobreza. Corrupción que, en tanto se refiere a la malversación de fondos públicos, en realidad sería más propio llamarla cohecho o coima. Además del daño moral, la corrupción, genera reducción del potencial de nivel de vida de los más pobres a la vez que incrementan el patrimonio mal habido de los más ricos. Con lo que es claro que hay una línea directa entre corrupción (cohecho o coima) y pobreza o inequidad distributiva social.

Francisco, en Filipinas, llamó la atención acerca de que estamos “viviendo en una sociedad abrumada por la pobreza y la corrupción” en la que los jóvenes “están abatidos, tentados por darse por vencidos, de abandonar los estudios y vivir en las calles”.

En Filipinas el 50 por ciento vive en la pobreza y aquí – mal que les pese a los funcionarios que rediseñan las estadísticas – que alguna vez tocamos ese extremo, los cálculos más razonables estiman que la línea de pobreza deja afuera al 30 por ciento de la población.

Pero como alguna vez fue el 50 (2002) y hace 40 años que viene trepando sostenidamente hacia el 25 por ciento y lo ha superado varias veces, es razonable pensar en un 25 de promedio para estos años. Ahora bien dado que la población que sobrevive en esas condiciones tiene más hijos que los sectores medios, la conclusión es que, aquí, la pobreza es joven, y que hoy cerca del 40 por ciento de los jóvenes o niños lo son, o han sufrido las consecuencias de sus hogares carenciados.

José Maria Fanelli, brillante economista y presentador del libro de Thomas Piketty – otro de los acontecimientos de la semana –, señaló que nuestro país, mientras lo escuchaban atentamente el ministro Carlos Tomada y legisladores del oficialismo, frente al envejecimiento del Viejo Continente, tiene la ventaja que hasta la década de 2030 gozaremos de un bono demográfico que hace que nuestra población, en capacidad de trabajar, nos haga todavía un pueblo joven. Por tanto un pueblo que puede enriquecerse con la fuerza de trabajo. Dijo la Europa se hace vieja con mucho capital acumulado o siendo rica; nosotros somos jóvenes sin capital y aspiramos a hacernos ricos. Que así sea.

Dicho de otra manera tenemos una ventaja demográfica que se suma a la de los recursos naturales. Pero, atención, si corregimos la “ventaja demográfica” por el efecto negativo de una parte sustancial de los jóvenes nacidos y criados en la pobreza (en las carencias), entonces, a ese Bono, hay que realizarle un gran descuento y hay que agregarle el pasivo de la deuda de pobreza.  Sin capital, con naturaleza, pero no tantos jóvenes en capacidad de producir.

Francisco dijo jóvenes que  “están abatidos, tentados por darse por vencidos, de abandonar los estudios y vivir en las calles”. Son nuestros Ni Ni actuales y los que los precedieron, más los que están viniendo. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Las autoridades Filipinas sacaron a los indigentes de sus calles para invisibilizarlos. También hacen estadísticas amigables: no creen que la verdad los deje libres. Francisco les recordó la necesidad de  “La reforma de las estructuras sociales que perpetúan la pobreza y la exclusión de los pobres”; y señaló que esa reforma “requiere ante todo una conversión de la mente y del corazón”.

El Papa nos señala que necesitamos , para nuestra propia felicidad, salir de la cultura de la indolencia ante la pobreza, y pasar con el corazón (sin odios) y con la inteligencia, planificando, a la construcción de las bases materiales para terminar con la pobreza y la inequidad. Primero lo urgente. Sin una estrategia de desarrollo que tenga como uno de sus pilares el combate frontal a la pobreza y las condiciones que de ella se derivan y las que la reproducen, no existe una estrategia de desarrollo humanista. ¿Acaso hay otro tipo de desarrollo?

Ya hemos comentado , varias veces, en estas páginas el best seller de Thomas Piketty “El Capital en el SXXI” que destaca las cuatro décadas de creciente desigualdad que estamos atravesando al interior de todas las sociedades; y que advierte de la continuidad de esa tendencia si no se toma conciencia global de ese problema en términos de acción política.

La seducción que ejerce esta obra, de septiembre de 2013, y que lleva vendidos, en varias lenguas, más de un millón de ejemplares, es que en un lenguaje llano y al trasluz de los siglos y la literatura, identifica con el peso de la estadística aquella ley que el poeta, Alonso de Bonilla (1569-1642), cantara “aquel que en riqueza es poderoso/ con modo más suave y más ligero/gana, porque el dinero trae el dinero/ . Es decir ratifica el saber del Siglo de Oro que, esa tendencia a la concentración “el dinero trae el dinero”, siendo mala para todos, debemos hacer algo para impedirla. Lo decimos porque Piketty no cita poetas de lengua española.

Piketty, esto es muy relevante, señala que algo hicimos en la posguerra (1945/1975) con éxito para evitarlo. Dicho de otra manera; de fuertes desigualdades, recuerda la reputada obra, pasamos a 30 años gloriosos de estable equidad. Todo fue hasta que vino la cultura del neoliberalismo que arrasó con aquél paradigma. Y hoy si nada hacemos todo está dado para que el proceso se profundice. Compartimos.

El período que Piketty señala como el de “equidad”, le recuerdo, es justamente el de la creciente industrialización de los países centrales. Proceso acompañado por la estatización de los servicios y crecimiento de la capacidad y voluntad del Estado para hacerse cargo de las reparaciones sociales.

El retorno de la inequidad coincide con el de la desindustrialización y el auge de los servicios, la privatización de los mismos; y la debilidad y ausencia de vocación reparadora del Estado.

Desde el punto de vista social, la industrialización es el mejor escenario de las luchas sindicales reivindicativas. Y su natural resultado es una mejora en la participación de los trabajadores en el ingreso. Nuestra historia identifica ese período entre 1945 y hasta 1975. A partir de ese año alcanza todo su despliegue “el peronismo sin Perón”. Comienza la destrucción del paradigma anterior: ¿acaso no hay peor astilla que la del mismo palo?

Volviendo a lo que trata Piketty.  La etapa de la economía de los servicios que, a mi criterio importa destacar que coincide con el retorno de la desigualdad, es también la etapa del predomino de las multinacionales – con su pata financiera -, la deslocalización productiva en Occidente y el auge de la sustitución de producción nacional industrial por importaciones procedentes de países asiáticos de mano de obra barata (China).

Esta nueva relación de comercio – la nueva globalización – , por la aplicación del teorema económico de Stolper-Samuelson, genera la baja de los salarios occidentales – asociada a la desindustrialización – y ésta produce una “desinflación de los bienes de consumo” que permite el inmediato traslado de la liquidez abundante – como consecuencia de los déficits comerciales del emisor del patrón– a la “inflación de activos”.

Si bien puede no ser esta “la razón” que está detrás de la demostración empírica de Piketty,  no me cabe duda que son hechos que se superponen a la misma en la realidad. Y entiendo muy pero muy importante destacarlo que más o menos hay una secuencia: industria- Estado –equidad- desindustrialización- desestatización – globalización- servicios – inequidad.

Justamente la preocupación por la realidad y naturalmente, para un economista, por las estadísticas, es una clave de la obra del joven economista francés. Su trabajo, antes que nada, es una inmensa elaboración estadística. Y naturalmente tiene una sostenida preocupación por la veracidad de las mismas para analizar las cuestiones de pobreza e inequidad.

Ambas cuestiones, la cuestión social y los construcción de los datos que la describen, son el disparador central, el pilar, la base, del enfrentamiento que existe entre el oficialismo (30 por ciento), de un lado, y lo que podemos llamar todo lo demás (70 por ciento), del otro.

No obstante cabe aclarar que, entre los oficialistas y en particular entre los más formados o los que tienen más trayectoria, tomados de a uno tienen una visión muy crítica de las estadísticas oficiales, de las políticas llevadas a cabo y de los elencos que las ejecutan. Solicitan guardar el secreto de sus críticas y sin perjuicio de lo cual, al salir al ruedo, se convierten en talibanes defensores gubernamentales.

¿Se tratará del conocido fenómeno “Groupthink” que supone que el deseo de armonía grupal o pertenencia, lleve a tomar y a avalar decisiones incorrectas, por no evaluar críticamente las decisiones o puntos de vista alternativos y obligarse al aislamiento para mantenerse en estado puro? Sabido es que, por ejemplo, el desastre de Bahía de Cochinos fue una decisión tomada en pensamiento de grupo, lo que hizo que críticos como

Arthur M. Schlesinger, y J. William Fulbright, que trataron inicialmente de objetar el plan, finalmente se autocensuraron. ¿Estaremos en esta situación?

Un conocido filósofo, Silvio Maresca, desarrolló la tesis de las “máscaras del peronismo”. Pero si bien el grupo K incluye peronistas, menemistas puros, gente del Partido Comunista, guerrilleros socialistas de las distintas instancias, isabelistas maoistas y hasta conservadores de la vieja estirpe – en este caso – más que máscara estarían usando mordaza y tapones para seguir perteneciendo y evitando aportar claridad. Aclaro “no tampones” porque no hay y no son para las orejas. Volvamos.

Lo cierto que Piketty fue homenajeado por la flor y nata K de la economía, y ahora hasta por CFK, y también en un programa progre de la TV oficialista que dirige Eduardo Anguita, con un panel de economistas oficialistas que estaba integrado parejamente por menemistas, gente del PC y algunos “viejos hombres de armas”. Pero el economista francés puso el dedo en la llaga cuando públicamente cuestionó las estadísticas argentinas de inflación, fiscales, etc. Dijo que le hizo saber a “vení chiquito” que “Un gobierno que dice que se preocupa por la desigualdad no debería tenerle miedo a la transparencia… y a nosotros, los investigadores, se nos dificulta el acceso a los datos” . Tal como hace prever el “Groupthink”, el autor, comentó que “vení chiquito” le dijo “que es consciente de estos problemas y de que se necesita una mayor transparencia”. ¿Y?

En Buenos Aires el economista francés best seller dijo el “Gobierno no debería tenerle miedo a los datos estadísticos”.  “No podemos dejarle a la inflación que sea la que decida quién paga impuestos … éste es un caso extremo por el nivel de inflación de la Argentina.”  Y – enfocando lo estructural – señaló “La baja en el precio del petróleo es un proceso que va a continuar. Pero hay una vida después de las commodities. Es importante invertir en otros sectores”. Destacó  “La iniciativa de la deuda argentina en la ONU” y apuntó que  justamente sería más fácil de desarrollar en un mundo multipolar. Consideró que los fallos del juez Thomas Griesa, son “increíblemente arbitrarios, egoístas e inaceptables”. Y finalmente apuntó que “La globalización no puede ser una excusa para que los gobiernos no actúen”.

Resumiendo, nuestro Papa señaló la cuestión cultural, moral y estructural de la pobreza y la inequidad. Y formuló la necesaria conversión de la mente y el corazón como primer paso para encarar esas reformas del paradigma cultural y de las estructuras. ¿No valdría la pena una encuesta, mediante entrevistas en profundidad, a todos los que aspiran a dirigir el país (los candidatos a algo incluso en organizaciones privadas) a fin de saber qué piensan del paradigma cultural dominante, de los valores y de los hábitos de la sociedad (que nos rige ¿los valores o los hábitos?), de las estructuras dominantes y si aspiran a reformarlas ¿cómo?, no valdría la pena conocerlos en los términos en que reflexiona el Papa? ¿Es posible votar por alguien a quién no conocemos como piensa?

Nuestro economista de moda ratificó lo que todos sabemos acerca de la orfandad estadística que nos hace ignorar oficialmente la dimensión de la pobreza y la inequidad; y más aún el cómo y el para qué de una monumental cadena de subsidios y gastos que carecen de la más mínima transparencia y de toda valuación de impacto. Y lo que es peor, no sólo al oído de los viejos amigos muchos oficialistas reconocen en privado lo que niegan en público; hasta el ministro de economía, según Piketty, reconoció que es consciente de esos problemas. ¿Y?

Como dijo el Papa la cuestión primero es moral. Y el primer paso de la conversión moral es el reconocimiento de la verdad o por lo menos de los intentos serios y transparentes por develarla.

Lo cierto es que en el eje periodístico Manila – Buenos Aires; y el eje de protagonistas, Francisco y el joven Piketty,  se hizo presente la tensión de la realidad de la desigualdad y la pobreza, nuestro problema mayor que licua al menos parcialmente nuestro Bono demográfico (país jovén, con jóvenes debiles); y el presente externo de un proceso de auge del precio relativo de la commodities que tiende a desaparecer como protagonista del escenario. La población está y es joven. Pero la situación de muchos de ellos es problemática. La naturaleza está. Pero su precio internacional dejó de estar en auge. El crecimiento, que sin duda es una plataforma para luchar contra la pobreza y la desigualdad, perdió el viento de cola. Entonces requiere más que nunca un enorme esfuerzo de acumulación, de inversión y de elección de sectores que puedan atraerla, incentivos, políticas.

Procesos que pueden no ser demasiado largos pero que exigen grandes horizontes. Y como todos sabemos el horizonte se hace visible con transparencia. No es menor.

La mentira estadística es un cuello de botella descomunal. Lo gravísimo es que, en el oficialismo, gente sana e inteligente, que dice lo que piensa en privado, está sufriendo y haciéndonos sufrir las consecuencias horribles del   “Groupthink” que es – en definitiva – una máscara, un atajo a la verdad y una falta moral que puede tener consecuencias tan desastrosas como Bahía de Cochinos, Pearl Harbour o la continuidad de la guerra de Vietnam, a pesar que en todas las previas a esas situaciones, eran más, dentro del grupo, los que creían en el error de hacer lo que se hizo o ignorar lo que iba a pasar. Para alargar el horizonte hace falta consenso y sin verdad es imposible lograrlo.

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19 enero 2015

Pensamiento de grupo y riesgos colectivos

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