China, o el desafío de la transformación del espacio económico exterior argentino.

Buenos Aires, 10 de febrero de 2014

José Alberto Bekinschtein

“Un David desorientado, empujado por intereses pequeños, llevas todas las de perder ante un Goliat perspicaz” Con esta afirmación Bekinschtein termina un trabajo del que esta nota es un resumen. El mismo  fue presentado en Septiembre de 2014, es decir, a tiempo. El autor es un profundo conocedor de la economía y la sociedad chinas y un experto en cuestiones de economía internacional. Este resumen es de lectura imprescindible para analizar las decisiones que habrá de tomar la Argentina y que, lamentablemente, han sido definidas sin el necesario debate por un “David desorientado”

Introducción.

Durante los años que permanecí en China, desde aquel lejano 1981, participé en innumerables reuniones con departamentos de gobierno, empresas y burós de todo tipo. Algunos de los contratos en que intervine requirieron años de negociación. Pero al final, cualquiera fuera el tiempo que demandaran, siempre me quedaba una sospecha: la de que las contrapartes locales, no sólo las presentes en la mesa de negociación, sino también el “poder real” que aparecería sólo en ocasión del banquete de celebración de la firma del contrato, sabían desde el comienzo qué pretendían y cuánto estaban dispuestos a ir cediendo, para no hacernos “perder la cara” a los “laowai” (extranjeros). Tales cesiones formaban parte de una fórmula consuetudinaria acerca del “interés y beneficio mutuo” que cerraba los acuerdos.

La experiencia de ese tiempo en China es lo que me permite entonces construir las reflexiones que siguen.

Un nuevo escenario en la distribución del poder económico (y el poder a secas) mundial y sus consecuencias.

No hace mucho, en 2003, la participación de China en el PBI mundial, medida adecuadamente por la paridad del poder adquisitivo de la moneda era del 8 %. Diez años después se ha duplicado y en cinco años, según los cálculos del FMI, superará la de los Estados Unidos.

Participación en el PBI mundial (%) calculado a PPA

Argentina

Brasil

China

Estados Unidos

2003 2013 2014 2015 2019
0,7 0,9 0,9    0,8 0,8
2,8 2,8    2,8    2,7 2,7
8,4    15,4  16,1  16,6  18,5
23,2 19,3 19,2 19,1  18,2

Fuente. FMI Outlook jul 2014

En 2003, el PBI per cápita de la Argentina era tres veces el de China, hoy es poco menos del doble y en cinco años sólo sería un 30 % mayor. Por añadidura, para entonces el PBI de China superará al de Brasil.

PBI per cápita a PPA us$ corrientes

2003 2013 2014 2015 2019
Argentina 8.983,5 18.749,3 18.917,3 19.227,8     21.419,6
Brasil 7.708,4 12.220,9 12.525,7 12.977,9     15.485,1
China 3.217,5 9.844,0 10.694,7 11.619,2 15.983,7
Estados Unidos 39.597,4 53.101,0 54.979,9     57.158,2 66.632,8

Fuente: FMI Outlook data Jul 2014.

En 2013 grupos chinos invirtieron en 5090 empresas en el regiones, por más de 100 mil millones de dólares, convirtiendo a China en el tercer gran origen de inversión externa global. Sólo en lo que va de 2014, capitales chinos invirtieron o adquirieron casi 10 mil millones de dólares en empresas del sector agrícola en el mundo, de las cuales las adquisiciones más importantes fueron Nidera, una firma transnacional protagónica en el negocio de semillas en la Argentina y Noble Agri Ltd., un holding de amplias ramificaciones en el comercio mundial de productos agrícolas1. En comentarios citados por la China Overseas Development Association, vinculada al Consejo de Estado, se hace mención a que “la agricultura será foco de atención de futuras adquisiciones chinas, con compromisos a través de toda la cadena del valor, en particular cría y ganadería”.

Tales previsiones y supuestos, como cualquier extrapolación lineal de tendencias actuales, podrán o no cumplirse. Restricciones en materia de recursos naturales, envejecimiento de la población, deterioro del ambiente, turbulencias en los bordes, aspiraciones políticas de una clase media en ascenso, pueden generar sobresaltos en el camino. Pero de todos modos China ya ha producido un cambio en los equilibrios del poder mundial que afecta especialmente a países donde están (notar que no digo “donde se producen”) los recursos que este nuevo actor protagónico requiere. Es un cambio de escenario trascendente, un desafío comparable al de otros episodios de mudanzas profundas en el mundo que, en su momento, alteraron el curso del desarrollo argentino. La amplitud de sus consecuencias aún no está clara, pero podría ser mayor al del fin de la relación privilegiada con

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1 Ministerio de Comercio Exterior de China.

Gran Bretaña después de la Gran Guerra, al de la transición de la segunda guerra a la guerra fría, al del fin del modelo agroexportador tradicional.

Se trata de un cambio que requiere de respuestas integrales, de previsiones, de evaluación de instrumentos de política, de ponderación de nuevas (y viejas) alianzas, de formulación de estrategias antes que de improvisaciones y espasmos.

Asimetrías “dadas” y asimetrías “aceptadas”.

“China es un gran país y otros países son pequeños: esto es simplemente un hecho”

Yang Jiechi, entonces Ministro de REEE, Julio 2010. (cita de prensa)

Los datos.

El territorio de China es equivalente a casi cuatro veces el territorio continental argentino, la población china es 34 veces la argentina, el tamaño de su economía es unas 20 veces el de la Argentina. China representa el 13 % del comercio mundial, la Argentina, desde hace décadas, no supera el 0,5 (0,44 actualmente). Tales son algunos datos de una situación asimétrica que puede ser caracterizada como “dada” como “de entrada, estamos así”.

Hay otras: pero esas son construidas por la historia y por la política. Por eso mismo son potencialmente modificables, en función de decisiones y acciones precisamente, políticas.

La asimetría de la relevancia (o irrelevancia) relativa.

Las exportaciones argentinasi a China representaban, diez años atrás, el 8,3% del total de las ventas del país al mundo. En 2013, alcanzaron a ser el… 8,3%. El chino es el segundo mercado para la Argentina, después de Brasil.

Al mismo tiempo, las exportaciones chinas a la Argentina pasaron del 0,16% del total exportado al 0,39%. Tal es la medida de la significación del mercado argentino para China. A título comparativo, el mercado brasileño representaba el destino del 0,4% de las exportaciones chinas en 2004, para 2013 esa participación se había multiplicado por cuatro: Brasil es el destino del 1,6% de las exportaciones de China, pese a todas las restricciones comerciales en práctica. A los Estados Unidos se dirigen el 20 % de los embarques desde China. Son medidas de relevancia relativa.

En cambio la participación del origen China en las importaciones argentinas se duplicó en la década 2004 – 2013: del 6,2% del total pasó al 12,6 por ciento. Para Brasil, esas cifras fueron 5,9 y 15,6 por ciento respectivamente. Pero la participación de China como abastecedor se vuelve mucho más importante cuando se miden sólo los productos industriales calificados según UNCTAD, como de alta tecnología, ya que de China proviene el 20 por ciento de las compras argentinas de esos productos. En particular, según el INDEC, las de bienes de capital y sus partes y piezas de origen chino, representaron en 2013 un 25% de las compras argentinas.

La Argentina adquiere cierta importancia cuando se mide su posición como proveedor de materias primas agroalimentarias (complejo soja en particular): es el origen del 5,5% de las importaciones chinas de estos productos. Esos productos básicos ocupan un lugar relativamente pequeño en el perfil de las compras chinas totales y de todo origen, representan un 5,3 del total importado (2013). Podemos decir que nuestras exportaciones actuales, básicamente de alimentos para porcinos, no constituyen de todos modos una porción estratégica del abastecimiento chino, por lo menos en términos cuantitativos. Los criadores chinos de cerdos quizá digan otra cosa.

El espacio de maniobra.

¿Se puede reducir al menos algo la magnitud de tales desigualdades? Sí. Por ejemplo, China importó en 2013 unos 41 mil millones de dólares de alimentos para consumo final (no insumos). De ellos, las compras en la Argentina alcanzaron los us$ 331 millones2. O sea que nuestra participación en ese mercado cuya tasa de crecimiento es del ¡25% anual!, es del 0,8%. El grupo de proveedores de alimentos ubicados en el Hemisferio Sur, cuyas condiciones de producción son parecidas a las de la Argentina, participan con aproximadamente un tercio de ese mercado. Por cada punto de “market share” que nos propusiéramos ganar, estaríamos generando entonces unos 400 millones de dólares de exportaciones adicionales. Una meta más ambiciosa, del 5% del mercado, en línea con el potencial competitivo teórico de nuestra producción, daría lugar a unos 1700 millones de dólares adicionales (casi netos, con muy poco componente importado). Casualmente una cifra muy similar a la que actualmente está en juego en un tribunal de Nueva York.

Para lograr eso, ¿basta con “la mano invisible”? Difícilmente. Es poco probable que actores públicos y privados atomizados puedan cubrir las brechas en materia de negociaciones de acceso, de soporte técnico a empresas que pretendan llegar al mercado asiático con productos adaptados a la demanda, de disponibilidad de crédito para realizar tal propuesta, de asimetrías de información en la negociación con contrapartes habituadas a la opacidad. Baste decir por ejemplo, para dar cuenta de las proporciones de unos y otros, que los ingresos anuales de COFCO, la corporación china que integra producción y comercio de alimentos fueron en 2013, más de 30 mil millones de dólares, el doble que los de YPF. Estos a su vez representan menos de una cuarta parte de la CNOOC (dedicada al petróleo offshore) y 9% de los declarados por SINOPEC, una de las tres grandes petroleras chinas. Tanto COFCO, a través de la adquisición del control de NIDERA, como CNNOC asociada con Panamerican Energy y SINOPEC, ya son hoy actores importantes de la economía argentina.

Un gigante perspicaz

En noviembre del año pasado el Tercer Plenum del Partido Comunista anunció, en lo que se puede considerar un punto de inflexión de su política económica, que en adelante, las fuerzas del mercado debían pasar a cumplir un papel decisivo en la asignación de recursos. Interpretado en muchos medios como el alejamiento definitivo de la planificación y el control político del partido sobre la economía, ello es desconocer los mecanismos que en China, el poder político mantiene para preservarse y legitimarse, en ausencia tanto de una democracia a la occidental como de una herencia revolucionaria, bandera que la actual generación al timón no puede ya exhibir como en tiempos de Mao y del propio  Deng.

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2 Unctad Stat,

Es cierto que el Plenum recortó en la práctica (ya que no en las formas) los inmensos 2014poderes de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el máximo

conducción” responsable de la planificación organismo de planificación, involucrado en casi cualquier aspecto de la economía del país. Pero a la vez creó, por ejemplo, un llamado “pequeño grupo de general y la implementación de las reformas. El propio Presidente Xi es quien lo encabeza.

Las decisiones que se tomaron en Noviembre están lejos de constituir una abdicación del papel del Estado y del Partido en la economía. Por el contrario las reformas anunciadas, algunas en proceso de implementación en lo que va de este año (Zona libre de Shanghai, flexibilización de sistema de residencia interno, reformas impositivas, etc.), se proponen reconfigurar la política económica de un modo que garantice el crecimiento chino a largo plazo y que por lo tanto, asegure la perpetuación del dominio del Partido. A los PCCh.01, PCCh.02 y PCCh.03 de Mao, al PCCh.04 de Deng, los sucede el PCCh.05. ii Al lugar común de “gigante asiático” con que alude a China, habría que incorporar entonces un adjetivo más: se trata de un gigante sí, pero, lejos de los estereotipos de grande pero tonto, de un gigante perspicaz y con alta capacidad de transformarse.

Nos encontramos entonces con asimetrías de distinta calidad. Unas de dimensiones relativas: físicas, económicas y de los actores (grupos, corporaciones) que intervienen de cada lado. Otras, determinadas por cómo se construyen tanto los sistemas de poder como de toma de decisiones. A diferencia de otros países socios o competidores, en el caso de China, se da una concentración particular de decisiones políticas y estratégicas en un sistema de partido único. Más allá de las discusiones entre liberales y “progresistas” acerca del carácter “imperativo” de lo que se llamó Consenso de Washington, éste, una serie de sugerencias más o menos fuertes de política macroeconómica y comercial, palidece en términos de – llamémoslo eufemísticamente- peso ejecutivo de decisiones concentradas, con disponibilidad de instrumentos concretos de ejecución, por parte de un poder nacional altamente centralizado, el PCCH.

Cómo dar respuestas adecuadas a grandes desafíos: ¿“acuerdos estratégicos” o estrategia nacional?

Desde hace décadas, las relaciones de China con el mundo están orientadas por visiones de largo plazo, diferenciadas según las necesidades y la posición relativa de las contrapartes. Los Estados Unidos siempre fueron un interlocutor privilegiado, el único, de todos, considerado como par. Hasta hace pocos años, este G2 de facto constituyó un esquema de cimientos y lógica frágiles, pero cuyo carácter complementario entre el mercado consumidor de USA, la “fábrica China”, la generación de excedentes financieros en China que remplazaban las carencias del nivel de ahorro en la economía norteamericana, y el respeto al statu quo en materia de límites y posesión de yacimientos de hidrocarburos y otros recursos en el Pacífico era aceptable para ambas partes. Tales equilibrios se están resquebrajando: ya han dado lugar a un replanteo de los ejes de crecimiento de la economía china desde la exportación al consumo. Si no aparecen “cisnes negros”, China debería mudar de ser (sólo) la “fábrica del mundo” a ampliar su relevancia como mercado consumidor.

Para proveedores de alimentos, el progresivo declive en las decisiones de autarquía alimentaria que dominaron el país desde incluso antes de 1949, plantea un desafío estratégico. Cuando uno repasa las conductas de otros países que se ven como protagonistas de tal desafío, entiende que en la Argentina, con contadas excepciones (la cooperación tecnológica en materia agrícola y alimentaria, los avances en apertura de barreras fitosanitarias, esfuerzos puntuales de promoción comercial) falta mucho para avanzar en esa visión comprensiva de las múltiples facetas de la relación con China. La acción de agencias como Austrade (Australia) con múltiples oficinas en China, o de la NZTE de Nueva Zelanda, la elaboración de estrategias y escenarios que en el marco del Acuerdo de Libre Comercio con China se vienen debatiendo en Australia desde ¡…2005!, implican a empresas, agencias gubernamentales, la oposición política, la academia, en la búsqueda de una visión común acerca de qué hacer con China, con Asia y con una Cuenca del Pacífico que es escenario de profundos cambios y renovadas tensiones. El Libro Blanco “Australia en el Siglo de Asia” (2012) resulta un buen ejemplo de esta construcción conjunta de estrategias por parte de todos los sectores de esa nación involucrados en el desafío de Asia y de China.

En nuestro caso, pareciera que estamos lejos aún de plantearnos políticas públicas de ese tipo. Ellas no pueden ser remplazadas con la aceptación de propuestas formales como los

Acuerdos Estratégicos – a la fecha China ya debe haber firmado 50 de ellos y unas decenas de los llamados “comprehensivos”-. No remplacemos las políticas de estado que nos debemos con fuegos de artificio (chinos, por supuesto).

Las conductas frente a este reto, deben dejar de ser defensivas y reactivas. Las restricciones comerciales aisladas, aún muchas veces legítimas, están lejos de cumplir el rol de una estrategia inteligente, tanto en el sentido más etimológico de la palabra (intelligere: escoger entre opciones) como en el usual “capacidad de entender o comprender” (…lo que sucede). En 2004 , en sendas cartas dirigidas desde China a los entonces ministros argentinos de RREE y de Economía, en base a la experiencia de casi un cuarto de siglo de tratos allí, les planteaba que lo que sucedía, clamaba por una visión de conjunto: el establecimiento de un China Desk 3un nodo que, provisto de un mapa general de la relación, pudiera proponer las líneas de acción y negociación en áreas aparentemente disímiles pero siempre conectadas, como infraestructura, compras del estado de bienes de equipo y transporte, participación de la industria local, política comercial, acuerdos de libre comercio de nuestros competidores que pueden darles ventajas en el mercado, inversiones, barreras fitosanitarias, protección del ambiente, facilidades financieras y cambiarias, para citar algunas.

Porque, por todo lo dicho hasta aquí, el desafío de China es una apuesta de extraordinarias consecuencias que requiereiii:

·            Antes que nada el reconocimiento de la calidad estratégica y de la magnitud inédita de ese desafío, por el tamaño del país y de los actores involucrados, por el sistema de decisión de Beijing y por las consecuencias de esas decisiones

·            Luego, claridad acerca de qué intereses y que objetivos son prioritarios para la Argentina y de ser posible, para otros países de nuestra región. Seguramente no serán necesariamente los mismos. Pero ello no obvia, sobre todo allí donde la ecuación oportunidad-amenaza es menos nítida, la necesidad de identificar qué se pretende en la relación con China.

3 En “China: un mundo para negocios”. Capítulo XVI, Edición 2013 desarrollo el argumento.

Habrá intereses contrapuestos. Aquellos actores económicos beneficiados por una vinculación basada en la provisión de recursos naturales “virtuales” o sea incorporados a granos, minerales, fibras, destacarán la oportunidad, el Eldorado chino. Los acompañarán los consumidores beneficiados y las industrias de ensamblado o con poco grado de integración local. Industrias de base o con integración significativa y sindicatos vinculados a esas actividades, destacarán los términos de una relación que consideran inequitativa y hasta fatal. De allí la inevitabilidad, entonces, de la construcción de una estrategia

inteligente que, si no consensuada, sea al menos discutida hacia adentro. El papel de un Estado no tonto y no cautivo de ciertos intereses parciales es de tal modo, vital. Las necesidades financieras y auxilios circunstanciales de hoy no pueden ser el pretexto para resignar esta visión de conjunto y de largo plazo, donde se juega en gran parte el desarrollo de nuestro sector productivo, de nuestra economía real.

·            Una vez que haya claridad acerca de los objetivos, se trata defenderlos, relevando previamente con qué instrumentos de negociación, con qué argumentos, con qué “leverage”se cuenta y cuáles son los límites de lo resignable.

Así, la cláusula usual acerca de “la igualdad y el beneficio mutuo” que enmarca acuerdos y contratos, podría ser entonces más que una fórmula.

Un David desorientado, empujado por intereses pequeños, lleva todas las de perder ante un Goliat perspicaz. Como siempre, las cosas serias no pueden dejarse en manos invisibles, ni las del mercado ni de las de corruptelas, influencias o simplemente impericias.

Dicho de otro modo, las decisiones que no se tomen en Buenos Aires, se tomarán en Zhongnanhai, la sede del Gobierno, a unos metros de la Ciudad Prohibida en Beijing.

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i Cuando no se cita la fuente, es UNCTAD Stat, basada en Estadísticas de la Aduana china. ii En el caso del PCcH de Mao, se trata de una simplificación, de las etapas de la 1949 al Gran Salto Adelante y a la Revolución Cultural. iii América Latina y China: ¿del Consenso de Washington al Precepto de Pekín? En Global Asia, Madrid, 2012.

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10 febrero 2015

China, o el desafío de la transformación del espacio económico exterior argentino.

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