Bifurcación

13 de febrero de 2015

Carlos Leyba

Febrero, en la antigua Roma, era el mes de la purificación y el de los azotes rituales que ayudaban a la voluntad; y hasta colaboraban con los trabajo de parto. Convengamos que, entre azotes, purificaciones y trabajos de parto, nuestro calendario nos invita a compartir el carnaval que vendría a ser todo lo contrario. Así de aquí para allá transcurren nuestros días.

Pero, este, nuestro febrero recargado, puede que sea o no, un tiempo de purificación colectiva – aunque debería serlo -. Pero lo que sí es seguro es que está siendo el mes de los azotes más que verbales. Y también el mes con que comienzan los trabajos de parto electoral que inexorablemente alumbrarán, en Octubre, una correlación de fuerzas políticas que,  en ningún caso, será la repetición del modo de gestión cristinista. El 2001 anunció el fin del menemismo sin que nadie imaginara qué o quién habría de reemplazarlo. Igual desapareció y para siempre.

Es poco probable que el candidato del FPV gane en primera vuelta; y es imposible que lo haga en ballotage. Superar el 40 por ciento del electorado es muy difícil, aunque la economía se entone a base de crédito chino, para que el dólar siga planchado, alentando el consumo de bienes importados envasados en Tierra del Fuego.

El consumo que promueve CFK es intensivo en componentes chinas. Una tijera en la que una hoja es el tipo de cambio revaluado mes a mes; y la otra el déficit comercial con China, que suma 6 mil millones de dólares anuales y financiado por el swap que se pagará con recursos naturales (poco valor agregado).

Dicho de otra manera: la dinámica del consumo se sostiene con trabajo chino y ahí reside la contradicción del esquema electoral urdido. La tijera corta la dinámica del empleo nacional.

Con ese esquema “pro consumo” y hojas enteras de avisos de obras de infraestructura (represas, centrales, trenes) que se publicarán en los diarios de la “opo”, se espera cambiar el clima económico, mientras las 12 cuotas sin interés financian el entusiasmo.

Hay tiempo hasta las primarias (agosto). Ahí sabremos si será Randazzo, Florencio o Scioli, Daniel.

¿Quién de los dos tiene mas chances de llegar al 40? Más allá de la economía a los aires de entusiasmo hay que capturarlos y ponerlos al cobijo de un candidato. Para el 40 ¿Florencio o Daniel?

La gestión cristinista (la gente de la Rosada) apunta a que sea Florencio (le pusieron celeste a los trenes, a los documentos, etc.) porque entienden que será agradecido y leal. Y porque saben que necesita del apoyo de CFK hasta el último día. Si deja de ser Ministro, para salir en la foto, tendrá que poner una parva de plata. Sin el cargo desaparece de la escena. Lealtad asegurada hasta el último día. Y vaya si da muestras. Lo acusó a Daniel (que viste de naranja todo lo que toca) de ser un “candidato de los buitres”.  Es decir en un solo lote con Sergio Massa y Mauricio Macri.  A UNEN lo dejó afuera.

¿No le dije que es el mes de los azotes purificadores? Y seguramente, si lo de Nisman continúa monopolizando las noticias, Florencio lo va a poner a Scioli “en la escena del crimen” (palabras de Sergio Berni).  La candidatura de Daniel es erosionada por Randazzo que es CFK.

Conclusión: Daniel hoy no llega al 30 y si le pegan desde adentro, difícilmente llegue a superar esa cifra, salvo que dé una vuelta en el aire. Y si lo hiciera sería efectivamente más “un candidato de los buitres” (no cristinista) y por lo tanto, de ganar DS, el “cristinismo” estaría afuera del gobierno a partir del 10 de diciembre.

La continuidad del cristinismo podría ser Randazzo. Pero es improbable porque sólo podría arrimar el bochín con el discurso anti Scioli y perfilándose como ultra cristinista. Con ese esquema, de ganar la interna, es improbable que pase de 30 en la general porque ese es el máximo del núcleo duro de CFK.   En síntesis, pato o gallareta, el cristinismo se queda afuera.

¿Qué es lo que se queda afuera? La versión CFK del kircherismo aspiró a fundar un sistema basado en una burocracia administrativa propia y rodeado de una militancia sin territorio y sin representación social y una representación mediática sobre actuada.

Eso es lo que diferencia al cristinismo, como sistema, del peronismo. La continuidad sería la de la actual burocracia administrativa (básicamente La Cámpora); una militancia (con núcleos fuertes de viejos antiperonistas) sin territorio y sin representación social y de una representación mediática despegada de la realidad.

El peronismo nació como una fuerza poderosa de representación social. Pero con los años y las transformaciones producidas, durante el peronismo fuera del poder y con los 20 años de peronismo sin Perón en el gobierno, mutó a una expresión política territorial en la que el peso creciente migró hacia los intendentes: una estructura de “barones territoriales”.  La representación mediática del peronismo se basaba en los méritos del pasado: las presidencias de Perón como Paraíso perdido hacia el que marcha el movimiento.

CFK abandonó los restos de representación social y aún la relación con los “barones territoriales” primarios o municipales, para fundar un sistema con una burocracia poderosa; reinventó la militancia del Patio de las Palmeras;  y diseñó una extraordinaria representación mediática extraordinaria que sepultó el pasado peronista y que traduce las acciones de modo que mantengan una apariencia de coherencia entre la práctica y el discurso ignorando la realidad.

En consecuencia, la continuidad del cristinismo, exige que el candidato del FPV no sólo logre el 40 por ciento, sino que además, si gana, no intente ni recomponer la representación social ni la territorial. Es decir, que conserve esa burocracia, esa militancia y esa representación mediática, que sólo se pueden sostener con una política económica de corto plazo basada en el consumo. Hoy el único modo de mantenerlo es la actual política económica que lleva sí o sí a China y que, inexorablemente, destruye las estructuras productivas regionales (erosión territorial) y afecta a las estructuras sociales (trabajo).

Volvemos al principio. Aún ganando en primera y suponiendo lealtad, las contradicciones de mediano plazo que contiene la política económica del cristinismo, impedirán que el mismo siga en pie después de diciembre de 2015. En el ADN está lo efímero.

La superación de ese esquema, a partir de 2016, obliga a la recomposión territorial o social o ambas a la vez. Y eso es incompatible con el sistema cristinista de burocracia, militancia sin base social o territorial; y de representación mediática contradictoria con esos intereses (el discurso mediático oficialista se compone de “feudos provinciales y municipales”; “burocracia sindical”; y “inexistencia de burguesía nacional”).

Es cierto que nada desaparece hasta que lo reemplaza. Y que este anuncio aventurado, de inviabilidad de la continuidad del sistema, no cierra en la medida en que no se descubra el reemplazo.

La reconstrucción del peronismo (social y/o territorial) y la construcción “política”  de lo que han sido las oposiciones del cristinismo, es posible.  Hoy no aparece como probable. Pero sin duda, esa reconstrucción y esa construcción, son fundamentalmente necesarias para salir de esta crisis en la que estamos en este Febrero y de la que hemos quedado embarazados por nueve meses que habrá que transitar.

Estamos en una crisis. Lo que la caracteriza es que es innecesaria, en el sentido que no deriva de un cimbronazo de la naturaleza; y que desde la lógica resultaba más que improbable y sin embargo sucedió.

Tan cerca de los chinos nos viene a cuento que el ideograma “crisis” se compone de dos ideogramas, uno que dice “peligro” y el otro que dice “oportunidad”.  Peligro: la ampliación de los abismos. Oportunidad: el parto de algo sano.

Describir esta crisis de Febrero nos hablará de peligros y oportunidades. ¿Cómo descubrir, en la bifurcación, cuál es el sendero correcto?

Multidimensional, esta es una crisis de adentro hacia fuera, todo deriva de cuestiones previas. Estaba en las entrañas y aparece cuando la piel se desgarra. Ahí estamos.

Un fiscal ha promovido una denuncia a la Presidente de la Nación de, como mínimo, incumplimiento de los deberes del funcionario público. Otro fiscal, el que lanzara a la palestra esa acusación, ha sido victima de una muerte sembrada de dudas que, para la Presidente por él acusada fue, sin pruebas pero con certezas, un asesinato. Toda la situación es sencillamente terrible. Los opositores consideran a esta situación como una responsabilidad del gobierno, sea por omisión o comisión. Y el oficialismo sintetiza esos hechos, la muerte incluida, como parte de un “golpe” adjetivado de mil maneras. Un abismo entre los que tienen que convivir.

En el edificio del Congreso los senadores oficialistas sancionaban, de manera súbita (sinónimos: repentina, inesperada, imprevista, impensada, improviso, precipitada, impetuosa, violenta) una ley que le otorga el control de la inteligencia, por cuatro años, a quien designe hoy la Presidente. Al lado, los representantes de los alineamientos opositores, se reunían para manifestarse indignados con quienes ejercen el poder, respecto de la muerte del fiscal; de la acusación por él realizada; por la demora del trámite de la Causa AMIA; y por el papel de la inteligencia civil y la militar en estos años. Un abismo parlamentario desarrollado a pocos metros.

La suma de todos esos acontecimientos se refleja en las contradicciones acerca de la convocatoria, realizada por un grupo de fiscales federales, a una Marcha de Silencio para el próximo 18. Esa convocatoria ha sido apoyada por toda la oposición y condenada enérgicamente por el oficialismo como una convocatoria a un “golpe judicial activo”.

En el oficialismo hay quienes señalan que “marcharían si no marcharan los que han convocado”.

Motivos declarados, homenaje al fiscal muerto, reclamo de justicia – si es justicia es necesariamente independiente – y verdad – sin verdad no hay justicia – y finalmente, si hay culpables, castigo. ¿Quién podría estar en contra de la marcha?.

Es imposible moralmente no compartir los motivos de la marcha aunque es lícito entender que no es conveniente o no es necesaria. Y acusarlos de “golpe judicial activo”, conforma un abismo. Los que marchan piensan que quienes los condenan no quieren un homenaje al fiscal muerto (¿porque lo acusan de agente de la CIA?), no quieren reclamo de justicia (¿porque sostienen que no puede o no debe ser independiente?) y no quieren ser proactivos en el descubrimiento de la verdad (¿porque no la quieren descubrir?).

A esos extremos hemos llegado. Las instituciones.

Al mismo tiempo la muerte de niños aborígenes por desnutrición, en el norte del país. Un campanazo que recuerda la manipulación de toda la información económica y social a partir de la intervención del INDEC. Un fiscal eleva a un juez, la denuncia de un particular que involucra, en la responsabilidad de esas muertes, al Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. La desnutrición es una realidad y poco importa si el porcentaje es irrelevante. Justamente si es irrelevante, es incomprensible que no se resuelva porque no puede serlo por falta de medios. Es falta de interés o incapacidad. Una responsabilidad del Estado en la que detrás está la falta de información.

Eso nos remite al costo que ha infringido la “burocracia administrativa” del período CFK a toda la sociedad como consecuencia de la deformación de toda la información estadística. Deformación destinada a confundir, primero a los funcionarios políticos, incluida la presidente, y a la población toda, con la sola finalidad del maquillaje que se borra con la primea lluvia. Una canallada además estúpida.

Este también es un abismo: hay una realidad que, por la deformación provocada de la información, es ignorada por aquellos que tienen  que administrarla. Inflación, empleo, nivel de actividad, condiciones de vida, han sido ocultados en su dimensión problemática por años. No se puede gobernar la realidad con la trama de una ficción.

Desencuentro cada vez más profundo al interior de la dirigencia política, empresaria, sindical y de las organizaciones sociales. Una economía de estancamiento con fuerte inflación  y marcados desequilibrios en los precios relativos. El problema se multiplica cada vez que el marco externo se torna negativo.

Para la memoria de los argentinos, crisis es la de fines de 2001. Y estamos lejos de eso. Pero tampoco estamos encaminados en el sendero de la oportunidad. ¿Y el de peligro?

¿Cuánto hay de institucional en aquella crisis 2001 que tituló los diarios con la “ley Banelco”, la renuncia del Vicepresidente, el escándalo de Loma de la Lata? ¿Y cuánto de económico en la deliberada profundización de la recesión, el Blindaje, el Megacanje, el corralito?

El presente no es igual. La Alianza fracasó porque confundió los miedos de la población con sus necesidades y eligió los miedos. Lo que ocurrió en 2001 fue el resultado de lo que se acumuló desde 1998 cuando la “economía para la deuda externa” crepitó. La crisis estaba en las entrañas. Y apareció cuando se abrió la piel.

¿Qué pasaba entonces además de lo institucional en la economía? Devaluación brasilera y bajo precio de las commodities. Hoy sufrimos la devaluación de Brasil. Y si bien los precios de las commodities son mucho más altos que los de entonces, vienen cayendo. En la dinámica económica, que es como la de una autopista, cuando desacelera el de adelante se hace una cola; y toda cola es un conflicto. Por otra parte, ahora, tasa de interés en suba y debilidad de la demanda China – que golpea a Brasil – forman un cuadro de señales no positivas desde la coyuntura externa. La respuesta interna implícita es, desequilibrio fiscal y revaluación cambiaria, aunque el peso de la deuda externa es mínimo. No igual. Parecido.

Hoy, el tipo de cambio real le quita zanahoria a la exportación con valor agregado. Lloran las economías regionales y también la economía industrial exportadora. En ese contexto, agobiado por la falta de dólares al tipo de cambio oficial, el equipo económico  acudió a un blindaje con el swap y a un megacanje como el del acuerdo con China. Nuevamente la política de territorio y la social, propia de un país emergente con necesidad de articular un proyecto nacional incluyente, se posterga a la búsqueda de soluciones importadas y no importa donde han sido hechas. Esto no es el 2001.Pero el silencio al que unos convocan y otros condenan, tiene el sonido desagradable del “que se vayan todos” o el muy sano de la insatisfacción ciudadana con la política incapaz de señalar con claridad el sendero de la oportunidad cuando nos enfrentamos a una bifurcación en que uno de los términos es el peligro. Febrero. Purificación. Claridad. Abismos que nos empujan al peligro. Oportunidad a partir de la crisis. Bifurcación.

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13 febrero 2015

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