¿Y la matriz?

19 de marzo de 2015
ESTA NOTA FUE PUBLICADA EN EL ECONOMISTA
Carlos Leyba

La entusiasta mención oficial al “modelo de acumulación de matriz diversificada con inclusión social”, infaltable en cada discurso cuando la economía crecía, ha salido de escena al ritmo del estancamiento con alta inflación. Veamos porque.
Hubo, al amparo del progresivo silencio matricial, dos decisiones de largo plazo tomadas por CFK, las que perfilan el futuro.
Una, el Acuerdo con China, una norma “de jerarquía superior a las leyes” (Constitución Nacional, art. 75, inc.24 ).
Otra, acumulativa a lo largo del tiempo, que constituye la práctica del Estado de Bienestar de CFK. Un Estado de Bienestar que poco tiene que ver con la idea predominante en la política y en la academia, aunque ayuda a curar heridas sociales.
Las definiciones de las relaciones comerciales internacionales; y aquellas que conforma el Estado de Bienestar – cualquiera sea la definición- son los ejes que identifican todo proyecto político.
¿Las definiciones adoptadas por CFK, en materia internacional y de Estado de Bienestar, son compatibles con la “diversificación productiva” y la “inclusión social”?
Aclaremos, disentir en procurar un “modelo de acumulación de matriz diversificada con inclusión social”, significa consentir un “modelo de acumulación especializada” y su consecuencia que es la “exclusión social”. Difícil que alguien levante esta bandera. Pero en la práctica, lamentablemente, la misma se ha materializado, más allá de las palabras.
En la práctica equivocada (especialización, exclusión), la estabilidad política exige compensación. En el orden interno, se trata de compensar los daños de la exclusión con las respuestas de políticas sociales compensatorias. En el orden externo, se trata de compensar los desequilibrios de ese orden mediante la apelación a “la deuda”.
Sólo la diversificación productiva es compatible con la inclusión social y el equilibrio externo.
La especialización productiva, que aquí es primarización, obliga, para mantener la paz social y la financiera, a desarrollar estructuras de compensación, sociales y financieras. Esos remedios, lejos de curar, enferman.
El modelo que nos lega CFK tiene como ejes, por un lado, este Acuerdo estratégico integral (que implica consecuencias geopolíticas sorprendentes) con la potencia emergente del SXXI; y por el otro, su Estado de Bienestar basado pagos de transferencia y subsidios reparadores pero no curadores.
El modelo de acumulación implícito en la estrategia de asociación integral con China es básicamente uno de especialización productiva primaria.
El modelo de Estado de Bienestar social de esta gestión no es de inclusión social sino de compensación de la exclusión que el mismo modelo primario produce.
El cierre tardío y vergonzante del “modelo” vía el Acuerdo con China, es la consecuencia de no haber logrado, en la década, un proceso de acumulación diversificada.
La fuga de capitales (90 mil millones) fue la dominante del primer período CFK; y la contención de la fuga (cepo) es la dominante de su segundo período. Fuga y cepo son a la vez causa y consecuencia de la reducción de la inversión reproductiva.
El déficit comercial industrial, la escasa participación de la industria en las exportaciones y el bajísimo nivel de inversiones reproductivas son la prueba de que no se avanzó en la matriz productiva diversificada.
Y la continuidad del proceso de compensación social, como única fuente del Estado de Bienestar, es la consecuencia de la ausencia de ese proceso de acumulación que es el único capaz de generar inclusión social por el trabajo en blanco, en sectores de alta productividad, y con creciente participación en el ingreso social.
Este Estado de Bienestar no pasa por el trabajo como condición necesaria, sino por el consumo como condición suficiente.
Todo proyecto político requiere una estrategia de relaciones comerciales internacionales, la que está indisolublemente unida a la definición de la estructura económica que la hace posible; y exige definir un Estado de Bienestar que es lo que compromete objetivos y habilita alianzas al interior de la sociedad.
La definición de cómo se obtiene el bienestar colectivo completa el carácter del sistema económico capitalista. La construcción de un Estado de Bienestar parte del reconocimiento que no hay tal cosa como “derrame” en el capitalismo; y que el mercado por sí solo no resolverá los conflictos ni logrará el bienestar colectivo ni el desarrollo asociado con él.
En consecuencia, la política debe proponer cuál va a ser nuestra relación de intercambio con el resto del mundo, y cuál va a ser el modo en qué vamos a repartir las condiciones de vida producidas. Sin esas definiciones la economía queda a merced de los vientos.
CFK nos propone el Acuerdo con China que define relaciones económicas bilaterales. Su magnitud y multidimensionalidad (incluye recursos naturales, defensa, tecnología nuclear, nuevas energías, geopolítica etc.) determinan el futuro de nuestra estructura productiva como exportador primario. Nos desvía de la diversificación productiva (acumulación diversificada).
La historia confirma que los países diversificados, y que logran exportar industria, tienen estructuras sociales más equitativas, mejor distribución de la riqueza y un nivel de vida más elevado que los países no diversificados. Allí está la clave de la inclusión social.
Los legisladores oficialistas que lo votaron, explican que el Acuerdo se justifica por la necesidad financiera coyuntural (yuanes). Y la expectativa de futuro parte de la visión lineal de la historia que proyecta sine die que la demanda china no tiene alternativa de interrupción.
La síntesis es un futuro dominado por la relación entre China, país industrial de mano de obra barata; y Argentina, país primario de abundancia de recursos naturales. Nada hay en el Acuerdo que implique nuestro desarrollo industrial. Se supone que la Nueva Potencia Mundial financiará el déficit comercial industrial, inexorable en esa relación; y las obras de infraestructura destinadas a darle más productividad a la producción primaria.
La traducción hacia el interior del Acuerdo es que éste, a pura soja e importación, puede sostener el incremento del consumo, financiado por préstamos chinos, como motor del crecimiento.
El pasaje del Acuerdo al consumo, se realizará en la continuidad del Estado de Bienestar de CFK (transferencias, subsidios). Es decir compensar lo que la estructura productiva no ofrece.
Lamentablemente hasta ahora no hay en oferta la materialidad de un proyecto político consistente de diversificación e inclusión. Los discursos se agravian de la inseguridad y la inflación que son, entre otros males, sólo consecuencia de la especialización y la exclusión asociada.
En Argentina hubo otro Estado de Bienestar que fue demolido desde 1975 hasta 2002 .
Aquel Estado (1945/1974) se construyó en paralelo con la transformación y construcción de una estructura económica capaz de sostenerlo, mediante el proceso de industrialización forzada, que cambió el sistema de relaciones introduciendo barreras arancelarias y la dinámica de la sustitución de importaciones.
La construcción de aquella estructura productiva industrializada y diversificada, fue el sostén de un Estado de Bienestar progresivo; y a la vez la determinante del modo de relaciones comerciales internacionales.
Desde 1975, “rodrigazo” mediante, se fue reemplazando aquél Estado por uno de Malestar signado por el genocidio, la desindustrialización activa, la apertura financiera y comercial externa y el desempleo como regulador del conflicto social. Concluyó en 2002 en crisis interna por pobreza; y crisis externa por deuda.
Desde 2003 se ha construido el Estado de Bienestar CFK cuyo error central es que se pretende autonomizado de la estructura productiva. Se trata de un Estado de Bienestar “compensatorio” de las ausencias que genera la estructura productiva. Y es distinto de un Estado “de origen” de Bienestar que es el que es consecuencia del diseño de la estructura productiva.
Todo lo que esta estructura primarizada, al extremo del monocultivo de soja, no puede brindar, se “compensa” con una vasta extensión de programas sociales. “Se asiste a la pobreza” pero no se reemplazan las condiciones que la generan. Cierto, peor sería que no se asistiera y compensara. Pero “compensar” no es incluir sino una forma de exclusión.
Gracias a las compensaciones se salió del Estado de Malestar y se reconstruyó el mercado interno, por otra parte, crecientemente abastecido por importaciones.
El logro es que se ha detenido el avance del desempleo y la desindustrialización.
Pero la subsistente pobreza – que abarca al 30 por ciento de la población y una proporción mayor de niños y jóvenes – es una medida del fracaso de la inclusión social sobre bases compensatorias propias de una estructura productiva no diversificada.
Tenemos una significativa tasa de desempleo (mayor que el 7 por ciento del INDEC) en la que habría que computar los jóvenes y adultos que viven de diversos planes de ayuda o que están retirados del mercado laboral. Por otra parte más del 35 por ciento de la población vive de un trabajo informal; y una enorme proporción de ocupados lo está a tiempo parcial.
Un país primario no genera el trabajo decente necesario. Genera “excedente económico o financiero” y recursos para la compensación. El Estado de Bienestar a la manera de CFK – sin empleo industrial – es posible, aunque insustentable en el tiempo.
La etapa del Estado de Malestar (1975/2002), que fue la de la deuda, implosionó (2002) a causa de la fuga acumulada infinanciable.
También la primera etapa de la gestión de CFK sufrió una fuga enorme (propia del “éxito” de la estructura productiva primaria), pero los precios únicos de la soja le permitieron escapar por un tiempo de la condena que asegura la primarización dependiente.
El Acuerdo Chino, con yuanes frescos, es el salvavidas para los últimos días. Siempre la deuda.
Desgraciadamente la política no discute esto y los colegas economistas tampoco; y los empresarios no se conmueven. Las únicas voces preocupadas y ocupadas, un vez más, están en el sindicalismo.
Desarrollar las fuerzas productivas nacionales (trabajo, conocimiento, inversión), con una matriz de acumulación diversificada, es la única alternativa de construir una Nación que sea hogar, inclusión social, de los argentinos; y no una familia escindida con 30 por ciento de pobreza.
No haberlo hecho está en la matriz de nuestros conflictos. Y no discutir cómo hacerlo es la consagración de la frivolidad de la política del marketing.

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19 marzo 2015

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