¿Heredarás el viento?

28 de marzo de 2015

Carlos Leyba

El viento ha sido el protagonista de la década. Algunos sostienen que su fuerza se ha acumulado en la economía lo que se refleja, dicen, en el progreso del bienestar social que es sin duda el resultado y el objetivo de la política.

Difícilmente exista  una mejor medida del progreso del bienestar social que la erradicación de la pobreza. Pero la actual gestión de gobierno ha renunciado a medir la pobreza. Es decir ha renunciado a medir el progreso social. Como mínimo es notable. Y no es fácil entender las razones de esa decisión.

Al hacerse cargo del ministerio Axel Kicillof el INDEC estimaba que los pobres representaban el 4.7 por ciento de la población (2013). La suspensión de la medición, todo parece indicarlo, fue la convicción oficial que ese resultado era sencillamente ridículo. E inexplicable.

Según ese cálculo, ridículo e inexplicable, los argentinos habríamos retornado a los números sociales de 1974 cuando gobernaba el General Juan Perón. La pobreza no era un número aislado del progreso social. El país tenía un Índice de Gini igual al de Dinamarca hoy, un desempleo que orillaba el 4 por ciento, y heredaba una década de crecimiento extraordinario de la productividad industrial: diez años creciendo al 7 por ciento acumulativo anual. Mirado desde hoy se trataba de un verdadero Paraíso.

Ese país real acababa de elegir por primera vez desde 1952 sin proscripciones a Juan Perón para presidir el país. Jóvenes que se confesaban “peronistas” a las 48 horas de que se había consagrado a Perón con el 64 por ciento de los votos y con ese clima económico y social decidieron asesinar a José Ignacio Rucci – el líder del movimiento obrero – para marcar la lucha revolucionaria con el método de la toma del poder por las armas para instalar el socialismo “nacional” en la Argentina. Lo hacían, suponemos, en la convicción de que estaban dadas las condiciones pre revolucionarias requeridas en el manual del socialismo por las armas.

De aquellos jóvenes, hay hoy otros que se sienten sus herederos los que conforman principalmente la agrupación La Cámpora que reivindica la personalidad del presidente al que Perón echó por haber traicionado su confianza.

¡Qué paradoja! Inventar un porcentaje de pobreza que iguala aquél que sus predecesores, los de los jóvenes que participan de la conducción del proceso gubernamental, veían las condiciones pre revolucionarias. !!

Ese es el último cálculo oficial de la pobreza disponible; un dibujo a mano alzada que surge de la tasa de inflación inventada por el INDEC. Tan enorme resultó la mentira que el ministro del área ha decidido no calcular el porcentaje de pobres porque sería estigmatizarlos. Declaraciones oficiales.

Para esa consola del gobierno, el bienestar social se ha convertido en el éxito de un método psicológico: no es que las personas sin recursos suficientes hayan dejen de ser pobres sino que se los deja de contar. Una manera de desaparecerlos y por cierto, lo que es más que grave, una manera de justificar la inacción en políticas estructurales que hagan que los pobres dejen de serlo. Y no que lo sigan siendo pero calmados durante los primeros días del mes.

Esa es la visión de la década oficial y la que comparten entre el 30 y el 50 por ciento de los argentinos.

Otros, que fluctúan entre el 70 y el 50 por cierto, afirman que en la misma sustancia del viento está la imposibilidad de acumularlo sin mediación. Estos sostienen que, dado que la “mediación” no existió, y que el viento pasó, del mismo nada quedó. La “mediación” es la inversión transformadora del viento en riqueza perdurable. Si hay molino y acumulador, mientras el viento sopla la energía se acumula.

En términos de progreso social, estos últimos sostienen, basados en cálculos sólidos como los de la Universidad Católica Argentina que la pobreza condena al 27 por ciento de la población (2014) a mal vivir. Y para la versión oficialista de la CTA, en ese mismo año, el porcentaje de pobres es el 17.8 de la población y para la CTA opositora es el doble, 36.2 por ciento (2014).

A pesar de las enormes diferencias entre piso y techo de las estimaciones nos señalan que en materia de pobreza o de progreso del bienestar social, lamentablemente, hemos avanzado poco. Tan poco que los números, 20 años después, se asemejan a los de los bien condenados años 90. El menemismo material perdura. Sólo salimos del espanto de la crisis: no es poco.

Heredará el viento alude al “viento de cola” y no al Libro de los Proverbios que alude al desorden, al desmanejo, a la frivolidad: “Aquél que cree disturbios en su casa heredará el viento…”. ¿Cuál es el viento que se heredará, si es que se hereda alguno? ¿El viento de cola? ¿O los disturbios del Libro de los Proverbios?

Durante una década sopló el viento de cola cuya consecuencia fue los increíblemente favorables términos del intercambio. El precio de lo que vendemos por las nubes, y el de lo que compramos, aplastado por los bajos salarios incorporados en la oferta industrial china dirigida al mundo entero.

La economía global, gracias a esas ofertas chinas, experimentó una ausencia de inflación en los bienes corrientes y una inusual inflación en el precio de los activos. Esta última culminó, justamente, en la crisis del precio de los activos que licuó las garantías y puso al sector público de Occidente en un océano de deudas que todavía empantana la salida de la economía europea.

Pero ya no a la economía americana; y este despegue yankee es el que ahora contribuye a la marcha atrás del precio de las commodities. Traducido en lenguaje para países emergentes: fin del viento de cola.

Quién deba hacerse del Bastón de Mando en diciembre de 2015 no heredará el viento de cola sino el de los “disturbios” del Libro de los Proverbios.

El PBI desde 2008 a 2015, estimando crecimiento cero para este año, habrá crecido a un promedio de 1,7 por ciento anual acumulativo: ese ritmo – de mantenerse constante – permitiría duplicar el PBI en 44 años. ¿Quién puede proponerse una velocidad tan cercana a cero por habitante? ¿Quién podría sostenerlo? Desde 2003 a 2008 crecimos más, pero ¿cuánto de recuperación?

Si creciéramos al 3,4 por ciento acumulativo anual en 2026 tendríamos un PBI del doble del actual. Y si lo hiciéramos al 6,8 duplicaríamos el PBI en 11 años. ¿Cómo lograrlo? ¿Qué hemos heredado para conseguirlo?

Crecer, en la situación de nuestro país, es condición necesaria, aunque no suficiente, para desarrollarnos. Y para crecer a una tasa satisfactoria, por ejemplo la del 6,8 por ciento anual durante una década, es imprescindible aumentar significativamente nuestra tasa de inversión y – en el mismo plano – cambiar la composición de la misma. De esto hay que hablar, discutir y planificar. ¿Hay un escenario para ello?¿Hay otra manera que concertarlo?

La tasa de inversión, que hoy ronda apenas el 18 por ciento del PBI, debería aproximarse progresivamente a 30 puntos del producto social. Y su actual composición, intensiva en construcciones y en particular construcciones residenciales de alto nivel, debería inclinarse a construcciones de infraestructura y a inversiones reproductivas.

Energía, transporte e industrias con capacidad de exportar son las direcciones más necesarias, por los déficits acumulados, y las de mayor rendimiento por su impacto en la productividad y en los equilibrios fundamentales (externo y de empleo).

Nuestro país es inmensamente rico en recursos naturales y requiere de un especial diseño de su infraestructura y de sus inversiones reproductivas, para explotarlos de modo de no continuar replicando, aunque sea con otros socios y otros destinos como propone CFK (China, Rusia), el mismo modelo primario exportador que no sólo ha desintegrado la estructura productiva sino que ha desintegrado el territorio.

Hemos generando una concentración urbana que pone en evidencia la existencia de dos ciudades en un mismo espacio: el Siglo XXI y el XIX, si a condiciones de vida nos referimos, conviven a pocos metros de distancia. Simplemente lo hemos naturalizado: una generación entera nació y se educó en ese marco. No hay ciudad grande de nuestro país que no esté rodeada, por todos sus costados, por las Villas de emergencia habitadas por la pobreza y también – lo nuevo – por las secuelas del narcotráfico.

La consecuencia de ello es que el Bono Demográfico, la ventaja de disponer de una proporción de población en condiciones de trabajar capaz de soportar el peso de la población pasiva, debe ser calificado por la carencia de oportunidades de formarse que sufren los millones de jóvenes que componen los hijos de la pobreza y de su periferia. Los resultados del sistema educativo están poniendo en evidencia la ausencia de aplicación de políticas y recursos en el alumbramiento de capacidades. En estas condiciones estamos gestando verdaderos cementerios de talentos rodeando las ciudades.

En síntesis, el viento de cola y sus efectos benéficos han dejado de ser los que eran y – cualquiera sea la razón – la economía que recibirá el nuevo tiempo político es una hoy estancada, con carencias de inversión que anuncia estancamiento futuro, con fuertes desequilibrios sociales – que señalan estancamiento y deterioro de la cuestión social por el mero transcurso del tiempo; y con los conocidos problemas de los déficit gemelos en veloz retorno, fiscal y externo, sólo contenidos por el “cepo” y “la financiación a puro BCRA”.

Las consecuencias, y no la causa de todo ello, son la elevadísima tasa de inflación, la parálisis en la creación de empleo productivo; y una tasa de cambio diseñada para tratar de frenar la inflación que, a la vez, que aleja la posibilidad de crear empleo. Disturbios. Libro de los Proverbios.

Esta economía, tal cual está, sin cepo cambiario y sin freno a las importaciones, pondría en evidencia la restricción externa al más alto nivel del que tengamos memoria. Es que los únicos ingresos externos posibles, con las condiciones del cepo, sólo son básicamente exportaciones primarias más créditos, para distintos fines, sólo procedentes de la República Popular China que están atados a enormes condicionalidades. La condicionalidad central es inversión financiada para mejorar la exportación primaria. Punto. No para sustituir importaciones industriales sino para incrementarlas: especialización.

Esta es una economía en la que, dijimos, la cuarte parte de la sociedad vive en la pobreza y en su periferia, la que sobrevive gracias a los pagos de transferencia del Estado, subsidios, changas y trabajo en negro. Más aún, se extiende hasta el 40 por ciento de las personas en condiciones de trabajar, la proporción de quienes obtienen ingresos de un nivel con los que el progreso de la calidad de vida individual es extremadamente difícil.

El Estado está desbordado financieramente y cada vez más se materializa en una carga muy pesada para todos los trabajadores y los sectores medios que están entre los que menos reciben del Estado y lo poco que reciben es de muy baja calidad (seguridad, justicia, infraestructura).

La inflación desbarata todo principio de racionalidad y a la vez distribuye, de manera perversa, los valores generados por el aparato productivo. ¿Hay Estado sin moneda? ¿Podremos construir una moneda aceptando la necesidad de modificar, pari passu con la estabilidad, la cultura inflacionaria?

Una economía que sufre de la huelga de inversión privada y del despilfarro de la inversión pública. Una economía en la que no asoma ninguna señal de crecimiento acelerado y menos alguna señal de desarrollo.

Resumiendo, no hay una herencia de viento favorable sino más bien de los disturbios de los que habla el Libro de los Proverbios.

¿Alguno de los candidatos se propone permanecer en esta economía y mantener el modo de administración que supone reaccionar ante cada evento con el sólo ánimo de extender la sobrevida?

El gobierno práctica, con considerable éxito, la estrategia de patear los problemas hacia adelante; y aprovechar las oportunidades para consolidar la adhesión que siempre generan las políticas de aliento al consumo, más allá de cual sea el costo a futuro de las mismas. Practica extender la sobrevida.

Y todo indica que contará con recursos para hacerlo hasta la entrega del próximo mandato. Una prueba de ello es que los economistas más afines al gobierno estiman que al próximo gobierno se le entregaran Reservas en poder del BCRA de las cuales el 25 por ciento serán yuanes. ¿Algo más claro de hacia donde migran las condicionalidades?

Seguir en esta economía después de diciembre de 2015 significa, justamente, profundizar los acuerdos con la República Popular China porque no hay otra alternativa para endeudarse en divisas o tener crédito para sostener la actividad. Y sin crédito, como viene, se desmorona lo que sostiene a la política.

Todo lo que hemos mencionado es parte de lo que se heredará, que son las cosas, las variables, los indicadores tal cual están y además la bomba de oxígeno del Celeste Imperio que es la muleta imprescindible para sobrellevarlas por un tiempo.

Llegados a este punto importa interrogarnos acerca de las posibles posiciones de los tres candidatos con mayores posibilidades respecto de sus primeros pasos.

Los asesores de Daniel Scioli son firmes partidarios del arreglo con los buitres para acceder al financiamiento tradicional. Es decir cambiarían o acoplarían la tradicional, a la bomba de oxígeno china. Lo mismo podemos decir de Sergio Massa si tomamos en cuenta las palabras de uno de sus candidatos que fue a la vez el principal negociador de la deuda externa. Para él no arreglar con los buitres es no poder resolver los problemas del corto y el largo plazo. Nos queda Mauricio Macri que, además de contar en su campaña con una importante columna chino argentina, ha manifestado que levantará el cepo el primer día y siendo así va a necesitar algo más que oxígeno.

No hay nada extraño. El nuevo gobierno, sea de los hoy oficialistas o de los hoy opositores, tendrá por delante el mismo enigma que se arrastra desde que perdimos el Paraíso. El enigma de una economía estructurada para la deuda. Digo “para” : este endeudamiento permanente no es obra de un deseo sino de una estructura que no se sostiene sin ella.

La única herramienta, la manzana prohibida, que tienta a la dirigencia política desde 1976, es resolver los problemas con deuda. Pidiendo prestado de modo de no hacer lo que hay que hacer: lograr las condiciones para que el excedente económico nacional no fugue. No se trata de alentar que el dinero vuelva (blanqueos) sino que el dinero no se vaya: política económica para el desarrollo y no para la deuda.

Lamentablemente todavía esa concepción no figura en el inventario de consignas de los candidatos y sus asesores.

Y mientras las consignas del desarrollo no sean el núcleo duro del pensamiento político no habrá repudio a la herencia del viento como disturbio. Y esta se multiplicará, ora con la República Popular China con sus préstamos atados a condicionalidades que implican la transferencia de nuestros recursos y nuestra primarización; ora con los mercados tradicionales con sus préstamos financieros que implican la fuga de nuestro excedente.

Nadie debe rechazar créditos sin condicionalidades; ni créditos sin contrapartida de fuga. Pero condicionalidades estructurales y fuga permanente sólo alimentan la deuda eterna. Para obtener créditos para el proyecto propio y para eliminar la fuga hay que gobernar para el desarrollo y no para la deuda.

Los resultados a 2015 nos dicen que, en definitiva, seguimos siendo gobernados para la deuda. Ese es el viento que heredarán los que vengan.

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28 marzo 2015

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