Sísifo y la Reina Roja

3 de abril de 2015

Carlos Leyba

La economía argentina, luego de un paseo con lindos paisajes en estos últimos años, ha retornado al desagradable y complejo escenario de estancamiento con inflación. El año pasado terminó con un caída del PBI de aproximadamente 2 por ciento y una inflación de más o menos 32 por ciento. Lindos tiempos pasados. Tal vez no para todos a causa de la inflación y la estructura del empleo. Pero – para todos y todas – un presente difícil y preñado de dificultades. Que, como las enfermedades silenciosas, no se ven de sopetón por que las dificultades están en las sombras y hace falta iluminar fuerte para ver como trabajan el escenario negativo.

Poco importa si este presente – el de la acumulación de problemas – es el producto de la intención (la bomba de tiempo para que le estalle al que viene) o del error (la mala política a juicio de los resultados repetidos en el tiempo y sin horizonte de corrección de causas).

Lo cierto es que este proceso electoral, el presente político – que implica necesariamente nuevos protagonismos – transcurre en un presente, social y económicamente, difícil.

Las potentes y convencidas fuentes oficiales trabajan para poner en las sombras esas dificultades y ensordecen toda discusión que haga pie en la realidad. Hay una prepotencia “informativa”, detallada con aire ganador de parte del marketing del gobierno.

Y de parte de los opositores hay una enorme incapacidad para develar la realidad en términos de un discurso medianamente convincente. Hablan con freno en la boca. El marketing de los opositores está gobernado por el “no hagan ola”.

Los oficialistas están en el mejor de los mundos y de él no quieren salir. Nada tienen que prometer que no sea quedarnos aquí. Tiene lógica.

Los opositores, por definición, postulan salir, pero no dicen ni porque ni tampoco hacia dónde.

La realidad social y la económica caminan lejos de la política. Porque unos que hacen política la niegan; y porque los demás, aunque sea contradictorio, la ignoran.

Mientras tanto dos mega consultoras políticas, la de Jaime Durand Barba y Poliarquía que trabajan para Mauricio Macri y Daniel Scioli respectivamente, pareciera que elaboran una particella para cada interprete de la misma obra.

Durand es quien lo corre a Macri al terreno que más le conviene a Scioli: dividir el frente interno (Gabriela Michetti), dinamitar la coalición PASO recién creada (no le daré nada a los radicales) y dejar a Sergio Massa afuera de la coalición para “el desalojo”.

Y Poliarquía, junto a La Nación, TN y Clarín, lo presentan a Scioli como “el máximo cambio posible”, es decir – para ellos – el “Macri” posible. Hay una costumbre reciente de la cartelería política que dice “Fulano es Mengano” Siendo Mengano el que más imagen positiva tiene. Los consultores y difusores de marketing  de Scioli paraecieran decir “Scioli es Macri”.

Por eso Florencio Randazzo, Massa y Cobos, para citar a algunos de los que quedan “afuera”, gritan “el rey está desnudo”.

Pero mas allá de los discursos, la realidad sigue su curso inexorable. Una medida – no la única- del presente social difícil fue el gigantesco paro laboral del 31 de marzo.

Este paro, cuya adhesión generalizada es indiscutible, no sólo fue la consecuencia de la insensata estructura del impuesto a las ganancias. Impuesto que se ha transformado en un impuesto a los salarios de aquellos trabajadores con capacidad de defender su poder de compra a los que, con ese impuesto, se les infiere un castigo por esa capacidad de lucha.  También el paro fue por el rechazo a la vigente política de ingresos de la que este impuesto es una componente.

La política de ingresos comprende, entre otros elementos, la erosión sistemática que sobre los salarios, sobre los ingresos fijos, produce la inflación. Y también comprende el impacto que sobre la estructura laboral, la fuente primaria de los ingresos, produce la política – deliberada o por omisión – de precarización de la fuente primaria de ingresos (trabajo en negro, sub empleo, planes, etc.), que es la consecuencia del gigantesco déficit de inversión reproductiva.

Este caliente clima social conflictivo está siendo “refrigerado” con una serie de decisiones acerca de la política de ingresos destinadas a jubilados (aumentos), plan progresar, AUH, devolución de retenciones a pequeños productores, etc.. Todo eso por ahora alcanza a 80 mil millones de pesos adicionales; a lo que hay que agregarle el maravilloso programa de “todo en 12 cuotas sin interés”.

Esas decisiones son una confirmación de la “estructura” de la política basada en pagos de transferencias, destinada a paliar la baja del consumo e impulsarlo. Pero lo que pueda ayudar en el consumo, que seguramente tendrá su impacto, no va a lograr disipar la conflictividad laboral de la discusión del nuevo nivel de los salarios. Las convenciones colectivas, destinadas como mínimo a cubrir el proceso inflacionario pasado y el que se prevé, más la compensación ante la guillotina de las escalas y los mínimos del impuesto a las ganancias, van a situarse en una demanda de ajuste superior al 30 por ciento y próxima al 40. Esa es la condición para permanecer en el mismo nivel salarial conquistado antes.

No hablamos de progreso y redistribución, hablamos de estar en el mismo lugar.

No es nada nuevo; Lewis Carrol, en “A través del espejo”, nos señalaba la diferencia entre el país de Alicia y el de la Reina Roja:

-En mi país –dijo Alicia, que todavía jadeaba un poco al hablar-, cuando se corre durante algún tiempo en una determinada dirección, se suele llegar a alguna parte.

-Tu país debe ser algo lento –comentó la Reina-. Aquí tienes que correr a toda velocidad para poder permanecer en el mismo lugar, y si quieres desplazarte a otro…¡Entonces debes correr el doble de prisa!”.”

Este diálogo no sólo señala la cuestión del presente conflicto social, acrecentado desde la política, sino también el del conflicto del presente económico marcado por la velocidad del crecimiento o del retroceso.

Cuando la economía se detiene, en este mundo al menos, todos los conflictos subyacentes de la economía se agudizan. La cuestión básica es que no necesariamente los motores que generan la velocidad del crecimiento son los mismos que los que lo hacen sustentable. La no sustentabilidad del crecimiento es lo que hace que esos motores giren en falso y el movimiento se detenga. En el país de la Reina no alcanza con correr; hay que correr el doble. ¿Qué significa eso aquí y ahora? Veamos.

La memoria del pasado inmediato nos revela que la economía argentina vive, desde hace tiempo, el mismo castigo que sufre Sísifo cuando la piedra cae de la montaña y debe volver a subirla. ¿Es nuestro castigo económico?

Todos los gobiernos desde 1983 a la fecha han partido de una situación económica parecida a un derrumbe. El derrumbe, en todos los casos, se supera como consecuencia del cambio. Pero ha sido siempre una superación transitoria. Y la declinación del cambio, o cuando lo nuevo se hace viejo, anuncia, exige, promete – con la piedra en el piso – una nueva oportunidad para llevar la piedra a la cima de la montaña.

Si esto es así ¿Cómo hacer para volver a subir la piedra del piso hasta algún descanso que este en la montaña y a un nivel mayor que el piso?¿Cómo hacer para que alcanzado el descanso en la cima de la montaña, el nuevo impulso la lleve más y más arriba, y que a la vez despeje la posibilidad de la caída nuevamente al piso?

A la primera pregunta la responde la macroeconomía con sus distintas vertientes. A la segunda pregunta la responde la estrategia de desarrollo que se resume en una condición necesaria: la inversión reproductiva.

Nuestro problema central es que todos se han concentrado y se concentran, en la macro porque es lo que ayuda en lo inmediato y responde a lo que se observa en la superficie. El predominio de los cultores de la macro, de lo inmediato y de la superficie, posterga las decisiones del desarrollo. Un problema cultural.

¿Por qué los cultores de la macro predominan por sobre los del desarrollo en lo que forma el marco de las decisiones de la política?

Una respuesta es que, con la piedra en el piso, todos los que aspiran a gobernar procuran llevar la piedra lo más alto posible y lo quieren hacer por la vía más simple, con la esperanza de que “aguante” en la cima; y que sea el que venga después – por la mecánica constitucional siempre hay uno diferente que viene después – el protagonista de la cuesta abajo de la piedra. El prestigio efímero. Nadie para el bronce.

El modelo K, que la muerte de Néstor Kirchner interrumpió y al que la demorada reacción de Máximo le ha generado un paréntesis, suponía un gobierno de NK y el siguiente de CFK; y así, hasta que la biología lo interrumpiera.

Este modelo obligaba a construir una coartada para disimular la caída de la piedra que siempre ocurrirá mientras la macro nos gobierne, cualquiera sea la macro. La coartada es por ejemplo la construcción de una ilusión al nivel de David Copperfield. Es lo que intentan las truchadas del INDEC. O montar escenarios de conflicto para cargarle a alguien ajeno la responsabilidad de la caída.  Esto merece otro comentario acerca de la estrategia de inaugurar conflictos distractivos pero no lo vamos a tratar ahora: Arturo Frondizi “descubría” submarinos en la costa!!. Lo cierto, volviendo al modelo de sucesión K, que lo inesperado pasó. Por eso hoy es inevitable la apuesta mayor del gobierno, dado el inexorable cambio de protagonismo, de que “los que vengan detrás nos harán buenos”. Nadie en el oficialismo “sugiere”: Scioli será mejor que nosotros. Todo lo contrario. En realidad el mensaje es “mejor es imposible”.

Es la convicción del que se va que está fundada en la expectativa que la piedra se quede en la cima el tiempo que sea necesario para abandonar el comando de la responsabilidad. Y que el que venga detrás la vea caer y sufra las consecuencias de tener que volver a levantarla. Es decir se sube la piedra sabiendo que se habrá de caer (o tal vez ignorándolo, pero no haciendo nada de lo que hay que hacer para que eso no ocurra) pero apostando a que lo haga “después de mi partida”.

La historia reciente nos indica que, lamentablemente para los que subieron la piedra a pura macro, ella se empezó a caer con ellos. Y siempre “los nuevos”, el reemplazo, llegaron con la piedra en el piso.  Nada nuevo. ¿Ahora también?

La economía argentina de los últimos años, sufre el mismo castigo que sufre Sísifo cuando la piedra cae de la montaña y debe volver a subirla. ¿Es nuestro castigo económico? Nos caemos. Nos levantamos. Milagrosamente. Hasta la próxima caída.

Raúl Alfonsín llegó al poder con un producto cayendo el 2, 5 por ciento anual y con una tasa de inflación anual de 210 por ciento; y en ese tiempo el desempleo fue de 4,6 por ciento. Dejó el poder con una tasa de inflación de 4.924 por ciento, una caída del producto de 7, 2 por ciento y un desempleo de 7,1 por ciento. Durante su período hubo tiempos mejores que los de su final. Una parábola.

¿Cuánto de los males heredados pudieron ser superados, cuál el contexto externo, cuál la responsabilidad propia?

Carlos Menem heredó esos resultados. Pero dejó el gobierno con un producto cayendo 3 por ciento, una espantosa deflación de 1,8 por ciento – una economía de liquidación – que estallaba en un desempleo de 13,8 por ciento, mientras la pobreza hacía estragos. En esas condiciones llegó la Alianza. Como mantuvo las mismas políticas resultó en una continuidad del menemismo; no un verdadero cambio. Fernando de la Rúa fue desplazado del poder cuando el PBI caía 4,3 por ciento, continuaba la deflación de precios (economía de liquidación) y el desempleo alcanzaba a 16, 4 por ciento y la pobreza llegaba a niveles de escándalo.

Allí concluyó la convertibilidad con el mismo ministro que la instaló. Claramente el régimen peronista y de la Alianza dejaron las cosas peor que las que habían recibido.  Caben las mismas preguntas al tándem  “Menem- de la Rua” que a Alfonsín: ¿Cuánto de los males heredados pudieron ser superados, cuál fue el contexto externo, cuál la responsabilidad propia?

Dado lo que dejó la convertibilidad podemos decir que “los cinco presidentes” que culminan en Eduardo Duhalde zarparon del fondo del tacho. Duhalde – con la deuda en default – eliminó el sistema de la convertibilidad que tenía 10 años de vigencia; y enseguida mejoró el nivel de empleo y la producción.

¿Néstor Kirchner fundó algo nuevo? No. Siguió el mismo rumbo y la economía siguió creciendo, con poca inflación y bajando el desempleo. CFK es su continuadora . Entonces el ciclo – ciclo y período las dos cosas a la vez – que comenzó Duhalde, en el fondo del tacho, culmina ahora con CFK. Aunque esta es una afirmación provisoria ¿culmina realmente, empieza algo nuevo? Veremos.

Lo cierto es que CFK, que supo gozar de fuertes expansiones y crecimiento del empleo, se encuentra hoy con un PBI en retroceso, un empleo estancado y una inflación elevadísima. Lo que esta haciendo, anclar el dólar, la ayuda a desacelerar la inflación; el impulso al consumo, la ayuda a sacar de la zona negativa al PBI. Pero ambas cosas no le alcanza para aumentar el empleo y deben alimentarse con más transferencias.

El 2015 terminará en la zona de estancamiento, que es mejor que la de retroceso; y en la zona del 25 por ciento de inflación, que es menos que el 35.

Pero cuando comenzó este ciclo-período, presidencia de Duhalde, el PBI caía y mucho (4,3 por ciento); estábamos en deflación, desempleo (16,4 por ciento) y pobreza de escándalo. Este cierre – antes del traspaso – es de crecimiento cero, desempleo de la mitad y pobreza también de casi la mitad. El que viene partirá de un pozo. Pero menos profundo del que partió este régimen económico si Duhalde es su primer capítulo.

Pero si lo que se pretende es que todo empezó con Néstor (y no con Duhalde) el punto de partida resulta mucho mejor que el del que partió Duhalde. El PBI crecía, el desempleo y la pobreza bajaban, y el impacto de la devaluación en los precios se morigeraba.

Pero si nos cristinisamos más y señalamos el punto de partida como el de cuando Néstor le entrega el poder a CFK, las comparaciones con el presente y con lo que está por venir son mucho más negativas. Veamos.

Cuando asume CFK el PBI subía al 8 por ciento, el desempleo era del 7,5   por ciento y bajando, y la inflación era de 18,8 por ciento. Muy lejos de la situación presente en la que el estancamiento de la producción y del empleo y la velocidad de la inflación han estancado a la pobreza en niveles vergonzosos.

Cualquiera sea el punto de partida para comparar “el ciclo CFK” las notas finales no son buenas. Pero comparadas con lo que recibió de Néstor son muy malas.

Cualquiera sea el análisis que hagamos desde 1983 hemos transcurrido tres ciclos-períodos de política económica. A saber, Alfonsín, la convertibilidad, la salida de la convertibilidad. Los tres empezaron con la economía en el piso. Los tres terminaron y van a terminar con la economía en el piso: decrecimiento o estancamiento de la producción; crecimiento o estancamiento en el empleo y la pobreza; crecimiento de la inflación.

Tres parábolas. Porque en los tres períodos-ciclos, hubo momentos de salida, de crecimiento y mejora en todos los indicadores, y luego un derrumbe o una caída, de distinta intensidad, pero del mismo signo negativo.

Hay una línea que une todos los extremos, los altos y los bajos, de cada período: esa línea es la apelación a la deuda con la sola finalidad del aguante. O lo que es lo mismo deuda para la gestación de la dependencia del Estado.

Con esa carga comenzó Alfonsín y el sistema la reprodujo hasta su crisis por saturación en 2001. Y desde entonces ¿terminó? ¿Nos hemos liberado de la deuda? Reducirla no es liberarse de ella.

La cuestión de los buitres y los remedios que se prodigan son distintos fármacos de la deuda. ¿Qué otra cosa, distinta de la economía para la deuda, son los swaps chinos atados a condicionalidades humillantes y propias de un país derrotado?

Hoy todas las voces de fuera del gobierno y todas las acciones dentro de él apelan a distintos mecanismos de endeudamiento. ¿Qué otra cosa es el acuerdo estratégico con China que la nueva versión de las relaciones carnales en las que ha cambiado la pareja pero no la dependencia programada? .

El ciclo que describen, en los últimos treinta años, todos los gobiernos (Alfonsín, Menem-Alianza, Duhalde-Kirchner- CFK) es uno que a partir de una crisis espantosa, se la navega generando simpatía y aprobación obtenidas a base de postergaciones del futuro. Se aparenta por un tiempo la construcción de un escenario de progreso y se termina en un proceso de declinación con caída del producto y un salto inflacionario o un salto de la desocupación y la pobreza.

La conclusión es simple, casi todos los que estuvieron en todos estos ciclos y que están hoy y esperan estar mañana, abrevan – respecto de la economía – en la misma fuente optimista de la macro de corto plazo. Encuentran el motor para empujar la piedra hasta la cima, no importa cuan alto esté, pero desprecian, o desconocen, el motor que garantiza la sustentabilidad de esa suba.

Ese motor es la estrategia del desarrollo. Que no es otra que la estrategia para, como mínimo, lograr que el excedente – que esta economía golpeada genera – se convierta en inversión reproductiva.

En 30 años no pudimos, no supimos, no quisimos tener una normativa fiscal y financiera de incentivos suficientes como para lograr una masiva inversión industrial que nos saque de las exportaciones primarizadas y el déficit industrial que hoy, como hace 40 años, nos condenan a esta economía para la deuda.

La cultura dominante, más allá de las palabras, en los hechos es furiosamente ortodoxa y fiel a la sabiduría de los mercados. Por ahora nada nuevo.

Y entonces en la medida que predomine esa inspiración inmediatista estaremos sometidos al castigo de Sísifo. Ahora esa visión la alimenta la filosofía del marketing político. Las de los propietarios del “toco y me voy”.

Todavía nos hemos escuchado a la voz de la Reina Roja que nos dice que para crecer hay que duplicar la velocidad: eso es inversión reproductiva. Treinta años sin escuchar tiene estas consecuencias, las que también están en las sombras, la pobreza del 30 o 40 por ciento de los jóvenes, el derrumbe de los resultados educativos y la continua primarización de la economía.

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03 abril 2015

Sísifo y la Reina Roja

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