Trayectorias parabólicas

12 de abril de 2015

Publicada en El Economista

Carlos Leyba

Estamos en el desagradable y complejo escenario de estancamiento con inflación. El año pasado terminó con un caída del PBI de aproximadamente 2 por ciento y una inflación de más o menos 32 por ciento.  Lo más probable es que la inflación y el nivel de actividad sigan siendo problemas para el nuevo gobierno.

Camino difícil. La inflación dificulta el uso de herramientas sencillas para reactivar la actividad. Y las herramientas “sencillas” para contener la inflación empujan para abajo la economía real. No hay instrumentos internos para resolver de a uno estos problemas. Se requieren herramientas complejas para resolver ambos problemas (inflación, estancamiento) a la vez. La primera es una especial arquitectura política. Veamos.

Desde 1983 todos los gobiernos han partido de una situación crítica. Todos transitoriamente superaron la situación. Los costos sociales y económicos fueron pateados al futuro. El fin de cada período fue acompañado de una crisis.

¿Cómo concluye CFK más allá de la parafernalia de palabras y los efectos visuales David Copperfield que genera la magia del INDEC?

Respecto del pasado inmediato presenciamos declinación de todas las variables: inflación, nivel de actividad, dinámica exportadora, empleo, salario real, tasa de inversión.

Por otro lado, la mayor parte de los problemas estructurales permanecen en el mismo estado desde hace décadas. Por ejemplo, enorme dimensión y continuidad de la pobreza; debilidad de la infraestructura económica (transporte, energía); incapacidad del sistema educativo, judicial y de seguridad para generar el mínimo necesario de armonía colectiva para la resolución de conflictos; insuficiencia de la inversión reproductiva para industrializar el empleo y las exportaciones; fuga del excedente y consecuente reducción del producto potencial a mediano plazo. Además de los de la macro estos siguen siendo los desafíos.

¿La mayoría de la sociedad percibe la situación de corto plazo como un derrumbe? ¿Ha naturalizado la inevitabilidad de los problemas estructurales? ¿El “cambio” es inevitable? ¿Qué entendemos por cambio?

Las encuestas reflejan opiniones divididas acerca del corto plazo; y una naturalización de la convivencia con los problemas estructurales. No hay una percepción de la inevitabilidad ni de la necesidad de cambio. Y acerca de él hay poca claridad como consecuencia de la orfandad pedagógica de los líderes políticos.

¿Condiciones necesarias para el cambio? Cambio de elenco; de diagnóstico respecto del gobierno; de objetivos; de instrumentos; y de relaciones con los agentes centrales de la sociedad.

Hay un sexto elemento crucial cuyo comentario lo reservo para el final.

Raúl Alfonsín llegó al poder con la actividad cayendo 2, 5 por ciento anual; inflación anual de 210 por ciento; y desempleo de 4,6 por ciento. Respecto de la dictadura se verificaron los cinco cambios necesarios. Alfonsín terminó con inflación de 4.924 por ciento; caída del producto de 7, 2 por ciento; y desempleo de 7,1 por ciento. Antes del derrumbe tuvo un avance que concluyó en declinación. Una trayectoria parabólica que se estrelló en la hiperinflación.

Carlos Menem inauguró un cambio (elenco, diagnóstico, objetivos, instrumentos, relaciones). Al salir del gobierno el producto caía el 3 por ciento, mientras la economía, en liquidación, desplomaba los precios, (-1,8 por ciento) y el desempleo de 13,8 por ciento no sólo duplicaba lo recibido sino que estallaba en la pobreza. Trayectoria parabólica: pozo al principio, días soleados, verdadera crisis social en el final. En esas condiciones llegó la Alianza. No hubo cambio ni de diagnóstico, ni de objetivos, ni de instrumentos, ni de relaciones; y hasta se mantuvo parcialmente el mismo elenco que incluyó al ministro Domingo Cavallo y otro más. La continuidad, liderada por Fernando de la Rúa, terminó con un PBI cayendo 4,3 por ciento, la profundización de la deflación, el desempleo de 16, 4 por ciento y la pobreza  en niveles de escándalo. El verdadero final de la etapa de la convertibilidad (peronista y de la Alianza) dejó las cosas peor que lo que las habían recibido.

La post convertibilidad se gestó con cuatro de los cinco elementos necesarios del cambio. Porque hubo una continuidad parcial del elenco anterior que dura hasta nuestros días. “Los cinco presidentes”, que se resumen en Eduardo Duhalde,  zarparon del fondo del abismo. Rápidamente, después de la devaluación, mejoró el nivel de empleo y la producción. Se inauguró con él el tercer período de la democracia. Néstor Kirchner continuó lo desencadenado por Duhalde: crecimiento con poca inflación y bajando el desempleo y la pobreza.

La economía siguió creciendo, con poca inflación y bajando el desempleo; y  CFK fue su continuadora con una fuerte expansión y crecimiento del empleo.

Hoy el PBI está en retroceso, el empleo estancado y la inflación elevadísima. Se cayeron el consumo y las exportaciones. Anclar el dólar ayuda a desacelerar la inflación e impulsar el consumo para intentar salir de la zona negativa. Pero ambas cosas no  alcanzan para mejorar el empleo. Entonces 2015 terminará en la zona de estancamiento, que es mejor que la de retroceso; y en la zona del 25 por ciento de inflación, que es menos que el 35. Todo esto describe que por tercera vez en tres décadas una trayectoria parabólica de cada etapa con mal final.

En efecto, cuando comenzó Duhalde, el PBI caía mucho (4,3 por ciento); estábamos en deflación, desempleo (16,4 por ciento) y pobreza de escándalo. Este final de mandato es de crecimiento cero, desempleo a la mitad y pobreza también a casi la mitad de aquél entonces. Es decir el que venga partirá de un pozo. Pero menos profundo del que partió este régimen económico si es que a Duhalde lo consideramos el primer capítulo. Salvo cuestiones menores el elenco heredado de Duhalde cambió lentamente con Néstor. Y recién en el segundo mandato de CFK se observa un cambió de diagnóstico, objetivos, instrumentos y relaciones.

Los kirchneristas afirman que “todo empezó con Néstor” y no con Duhalde. En ese punto de partida el PBI crecía, el desempleo y la pobreza bajaban, y el impacto de la devaluación en los precios se morigeraba. La comparación con el presente partiendo de 2003 sería dinámicamente negativa. Pero si consideráramos que CFK es el cambio a partir de la presidencia de Néstor las comparaciones son definitivamente desfavorables. Cuando CFK asumió el PBI subía al 8 por ciento, el desempleo era del 7,5   por ciento y bajando, y la inflación era de 18,8 por ciento. Muy lejos del presente de estancamiento de la producción y del empleo y de una inflación han estancado a la pobreza en niveles vergonzosos.

Desde 1983 han transcurrido tres períodos de política económica, si bien CFK puede ser una variante fuerte respecto de Duhalde-NK.  A saber, Alfonsín, la convertibilidad, y desde 2002 la salida de la convertibilidad.

Los tres empezaron con la economía en el piso. Los tres terminaron y van a terminar con la economía en el piso: decrecimiento o estancamiento de la producción; crecimiento o estancamiento en el empleo y la pobreza o crecimiento de la inflación. Tres trayectorias parabólicas.

Llegados a este punto corresponde responder acerca de cuál es la sexta condición del cambio que prometimos comentar.

Se trata del “para qué” de la economía. Hay una idea – que ha permanecido constante desde la dictadura a la fecha – que es la del contexto de una economía “para la deuda” que se contrapone al contexto de una economía “para el desarrollo”. Es que sin desarrollo, aunque crezcamos, estamos condenados a la deuda.

Los tres períodos, de economía y política, surgidos de la democracia, no han cambiado las condiciones del “para qué” de la economía. Los tres tienen en común el haber estructurado la economía del largo plazo como una economía para la deuda por ausencia de desarrollo.

La economía para la deuda, sin que quienes la conducen sean del todo conscientes, es la de la ejecución de un proyecto ajeno de largo plazo. No la ejecución de un proyecto propio. La primera condición para ejecutar un proyecto propio es tenerlo. Y para tenerlo el Estado debe disponer de una central de prospectiva y programación. Y ese órgano, que lo hubo, desapareció con la Dictadura. La Democracia aún no lo repuso y el proyecto integral propio no fue formulado. En ausencia del propio se ejecuta el ajeno. La intensidad del proyecto propio está en relación a la dimensión del consenso.

Desde la Dictadura el mundo financiero y las multinacionales plantearon las condiciones de la expansión de la deuda y formularon el marco interno conocido, finalmente, como el Consenso de Washington. El resultado fue la combinación de endeudamiento, extranjerización y fuga del excedente. Y la trayectoria parabólica de la macro que esta asociada a esas variables. La saturación de la deuda dio por tierra ese mecanismo. ¿Concluyó la economía para la deuda?

El presente no es uno que pueda asociarse de manera directa ni al mundo financiero, ni al de las multinacionales ni al Consenso de Washington. Pero sin embargo, en los últimos dos años, el gobierno puso en marcha la ruta para el endeudamiento internacional (CIADI, Club de Paris, relaciones con el FMI). La insólita resolución del Juez T. Griessa cerró ese camino.

Pero se abrió otro: el Consenso de Pekín. El crédito de la potencia China, atado a sus condicionalidades, supone un sistema de prioridades que no las decide la prospectiva y el programa nacional, sino los intereses de la gran potencia.

Es un proyecto ajeno que hace que la economía para la deuda se abastezca de otra vertiente para seguir dando el mismo resultado: una economía primarizada con déficit industrial estructural.

Ahora podemos resumir todo. Pueden cambiar las cinco condiciones. Pero ninguna de ellas es suficiente.

El verdadero cambio radica en la sexta condición que no ha cambiado desde la Dictadura y que es la responsable de las tres trayectorias parabólicas: crisis, auge, crisis. Todo esto es consecuencia de una economía para la deuda y para el proyecto ajeno. Y no importa quién sea el acreedor.

Lo que importa es que nos industrialicemos. Y eso no ocurre sin un proyecto propio. Que requiere condiciones políticas sustantivas. Pero es otro problema.

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12 abril 2015

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