Vale la pena invertir.

23 de abril de 2015

Publicada en El Economista

Carlos Leyba

“Tenemos el mayor crecimiento económico de toda nuestra historia, (la Argentina) es un país en el que vale la pena invertir”. Lo dijo Cristina en Rusia. Dos afirmaciones. La primera discutible. La segunda indudable.Lo discutible, de la primera, deriva de que las cifras oficiales están sometidas a la patética intervención realizada en el INDEC y por lo tanto, el debate no es ni por las causas o las consecuencias de los hechos económicos, sino acerca de cuáles son los hechos. No obstante, sin demasiadas precisiones pero con aproximaciones razonables, podemos configurar el escenario en el que estamos hoy y de dónde venimos. No estamos bien. Pero estuvimos peor. En esto la coincidencia es amplia.

El punto a favor de la afirmación presidencial es que la misma contiene el reconocimiento de que hemos tenido altas tasas de crecimiento durante un largo período de esta gestión aunque el período completo tiene claros primero y oscuros después. Ahora no estamos bien. Pero estuvimos peor.

Las reflexiones nacionales, desde hace largo tiempo, están ancladas en el pasado. Compararnos con el tiempo pasado es una costumbre nacional. Y como es obvio siempre la visión optimista del presente finalmente encontrará un tiempo pasado peor. Y los pesimistas del presente siempre encontrarán un momento histórico mejor que el presente.

¿Ha vivido el kirchnerismo el “mayor crecimiento económico de toda nuestra historia”? ¿Qué es lo que precede al kirchnerismo y cuándo es que empieza?

Antes  el paradigma económico era el de la convertibilidad asociada a la continuidad del endeudamiento externo que la sostenía. Cuando se agotó la capacidad de endeudarnos en moneda dura terminó la convertibilidad. Tan es así que el default,  bajo la presidencia de Adolfo Rodríguez Saa, le da la estocada final a la convertibilidad a la que Eduardo Duhalde sepulta con una devaluación suave que el mercado la proyecta a un nivel que transforma la estructura de precios relativos lo que hace surgir un nuevo paradigma.

Esas dos decisiones (default, salida de la convertibilidad) terminaron con el régimen económico anterior que había dañado la estructura de la economía nacional y que además atravesaba una coyuntura negativa inmanejable sin crisis: recesión larga, desempleo gigantesco, pobreza en niveles críticos y quiebra del sistema financiero en el marco de una grosera deflación. Un verdadero pozo.

El crecimiento desde el pozo fue extraordinario. Y fue acompañado por la creciente utilización de la capacidad instalada y el incremento del empleo y una tasa de inflación moderada. Una recuperación sólida con expansión del consumo y el empuje sorprendente de las exportaciones. Exportaciones que, gracias a los precios internacionales y el tipo de cambio, generaron una fuente poderosa de recursos fiscales. Historia conocida.

Desde Duhalde (2002) hasta el final de la primera presidencia de Cristina (2011) el crecimiento, desde el pozo, fue muy importante. Las cosas cambian, en todo sentido, con la segunda presidencia (2011/2015), el período que ahora termina.

En este período el empleo privado se estancó, los ingresos fiscales se tornaron insuficientes  en relación a las necesidades que satisface el gasto público, la inflación se desmadró y la economía se estancó. En el mismo período K hubo dos etapas. El final es recesivo o de estancamiento.

Si medimos hoy el crecimiento a partir del momento del pozo, a pesar del estancamiento de estos cuatro años, la economía ha crecido de manera importante. Pero si medimos el nivel de hoy respecto del momento más alto de la economía de la convertibilidad (1998), entonces el juicio sobre el período definitivamente no es el “mayor crecimiento de toda nuestra historia”.

Las tasas de crecimiento dependen del punto de partida y el de llegada elegidos. Si la cuenta se hace desde el pozo de 2002 hasta la primera presidencia de CFK (2011) el resultado es muy positivo. Pero si el punto de partida elegido es 1998, por ser el pico previo a la gran crisis, y el de llegada sigue siendo la primera presidencia de Cristina (2011), los números siguen siendo positivos pero tirando a modestos. Y finalmente si partimos de 1998  y llegamos hasta hoy, las cifras de crecimiento dejan de ser buenas.

La afirmación de  mayor crecimiento económico de nuestra historia no se sostiene.

Quien desautoriza la afirmación presidencial es Axel Kicillof. En una reunión con jóvenes empresarios dijo: “Pero ¿cómo vamos a dar sustentabilidad y estabilidad a nuestra economía y a nuestras políticas económicas si tenemos a medio país excluido, con dificultades para acceder a la comida, a los bienes básico que tiene que dar el Estado, la salud, la educación, la infraestructura, las cloacas? ¡Eso no es estabilidad, eso es explosivo!”. La Nación, pág. 41, 18/4/2015.

Después de 13 años CFK sostiene que hemos vivido los de mayor crecimiento de la historia nacional. Y después de 13 años, dice Kicillof,  tenemos a la mitad del país excluido de modo que la estabilidad no es posible y el modelo es explosivo.

Las dos cosas no pueden ser ciertas a la vez. Excepto que se haya generado un modelo de concentración que sería todo lo contrario a lo que el kirchnerismo sostiene como programa.

Es que el crecimiento no ha sido tanto; y las transformaciones estructurales de productividad económica y social tampoco se han materializado. A pesar de la década preñada de posibilidades no hemos podido resolver, en palabras del ministro, el problema más grave de la Argentina: la exclusión, la injusticia social o la pobreza.

En plana crisis de la convertibilidad Julio H.G. Olivera – el más importante de los economistas argentinos – sintetizó a la crisis como la de escasez de oferta de bienes públicos. Y ni siquiera el crecimiento, en los años que lo hubo, nos ha permitido superarla como bien señaló Kicillof.

¿Cuál es la causa? Ella está contenido en la segunda parte de la afirmación de Cristina en Rusia: somos  “un país en el que vale la pena invertir”.

Un país en el que el potencial supera largamente lo realizado y eso es consecuencia de la carencia de inversiones.

Estamos llenos de oportunidades pero no hemos hecho demasiado para aprovecharlas. Tenemos un país con potencial que sigue siendo potencial.

No hemos dejado de ser un país de oportunidades porque, precisamente, no hemos sido un país de realizaciones.

Por ejemplo destruimos el sistema ferroviario (que implicó la degradación de la integración territorial y la destrucción de una industria local); perdimos el autoabastecimiento petrolero; agujereamos las cadenas de valor de la industria. No ahora. Todo viene de largo.

El déficit de infraestructura incorpora costos que reducen la productividad al final de la cadena. Falta de inversión.

Desde 2004 – con los números del INDEC – la participación de la inversión en el PBI ha sido en promedio del 20 por ciento y  en ese mismo período  se fugaron del país excedentes por más de 100 mil millones de dólares.

La participación de la inversión en el PBI en la Argentina no es la de un país que se prepara para crecer. Ninguna de las experiencias sostenidas de alto crecimiento  se ha logrado con tasas de inversión de menos del 30 por ciento. La experiencia china ha superado largamente el 40 por ciento de la participación de la inversión sobre el PBI. No hay magia: sin altas tasas de inversión no son sostenibles las tasas altas de crecimiento.

Basta repasar oportunidades y potenciales como lo que representa en nuestro país la cuestión energética – desde la energía fósil de Vaca Muerta a la eólica de los túneles de viento del Sur o desde la hidráulica a la solar en el Norte del país – para visualizar la inmensidad de inversiones a realizar para poder aprovecharla.

¿Por qué buscamos todo el capital afuera cuando residentes argentinos se estima que poseen entre 200 y 350 mil millones de dólares en el exterior?

La pregunta frente a estas oportunidades es ¿por qué no nos percatamos de la necesidad de aprovechar el excedente de los capitales nacionales haciendo más atractiva a la inversión que la fuga? ¿cuál fue el proyecto pensado de largo plazo no expuesto que hubiera servido para orientar la atracción de inversiones que ahora hemos salido a buscar en China y en Rusia ofreciendo condiciones coloniales que están a años luz de las que les ofrecemos al excedente nacional?¿cómo construir una burguesía nacional, imprescindible para un país autónomo, si tanto en el neoliberalismo confeso o en  el actual neoliberalismo inconsciente, los incentivos son para el capital extranjero; y el capital nacional es invitado a la fuga por ausencia de moneda nacional e incentivos imprescindibles para la acumulación reproductiva?

Cuándo CFK mencionó a nuestro país como uno de las oportunidades de inversión tuvo una sana inspiración aunque tardía para los argentinos.

Haber sostenido durante años el teorema neoliberal y ortodoxo, de que el consumo dispara la inversión; y no materializar en concreto que en un país como la Argentina la transformación de la estructura productiva requiere un sistema de incentivos contundentes para la inversión y aprovechamiento del excedente, ha sido el gran error de estos años plenos de oportunidades.

El remedio, la búsqueda de las alianzas estratégicas con China y Rusia sobre la base del intercambio de productos primarios y el aporte de capitales para infraestructura con tecnología de esos países y adjudicación directa, es aceptar las condicionalidades menos convenientes envasadas en tasas de interés nominalmente bajas. Ese remedio no cura la enfermedad.

¿Qué produjo la confusión? ¿Mareados por el éxito como escribió José Stalin en el Pravda?

Es cierto que la combinación de una estructura cambiaria adecuada más las capacidades productivas acumuladas, hicieron que el país pudiera aprovechar el gran momento del precio de la soja como un disparador. Éxito. Un viento de cola que cumplió, al menos transitoriamente, el papel generador de un boom  en el área rural con inmensas consecuencias sobre la vida urbana.  Entre 2000 y 2013 el área sembrada con soja aumento el 85 por ciento y en 2013 la soja representaba el 55 por ciento del área sembrada. Las exportaciones del complejo soja, en ese mismo período, representaron el 30 por ciento del aumento de las exportaciones.

¿Qué hicimos para aprovechar esa oportunidad? Poco. La prueba es la dimensión de los beneficios de atracción que acabamos de ofrecer a China y a Rusia para reparar la ausencia de inversión en el período. ¿Proyecto propio o ajeno? Probar la respuesta puede ser muy caro.

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23 abril 2015

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