El gato muerto

1 de junio de 2015

Carlos Leyba

Esta economía, apurando el consumo – con el plan 12 cuotas sin interés y aumentos salariales tardíos – no es la que habrá de desalojar a los K. La oposición no solo está fragmentada sino que está convencida que el desalojo ya ocurrió. Y  no alcanzó a ver los albañiles que arman un techo de utilería – para no golpearse – para que todos crean que hay resto. Para desplazar el techo hay que, fortalecer los cimientos, tener una adecuada provisión de materiales, un plano y , fundamentalmente, hacerlo. Eso lleva tiempo y no ocurrió.

Los economistas, en general, adolecemos de una falla de pensamiento que hace que sean más las veces que los pronósticos salen mal que las que, los mismos, salen bien. Compartimos con los meteorólogos el esmero por la precisión de los datos estadísticos y la baja probabilidad de acierto en los pronósticos.

Un periodista de The Economist, la prestigiosa revista conservadora británica, señaló que su experiencia le indicaba que los pronósticos de los financistas internacionales, en general, inducían a las conductas correctas … siempre y cuando se tuviera el resguardo de actuar al revés que lo que sugerían sus informes.

Nos traiciona la linealidad. Es decir proyectar, con los datos del presente, cómo ha de ser el futuro tendiendo a confirmar las tendencias observadas. La realidad no es lineal. Pero es difícil pensar no linealmente.

Cuesta predecir a tiempo. Siempre llueve, pero no es razonable llevar el paraguas todos los días. Hay situaciones obvias. Sin nubes a la vista o con el cielo encapotado es posible acertar con la recomendación: pero para eso no hay que estudiar meteorología.

En economía es lógico que, luego de un largo proceso recesivo devastador, tocando piso, la economía rebote. Lo difícil es anticipar el piso. Y también la salud del rebote.

Un gato muerto, tirado desde un quinto piso, rebota. Pero esta muerto. Y no volverá a caminar.

La economía argentina desde 1998 inició una larga recesión, la más larga de nuestra historia. Y finalmente rebotó.

¿Estaba muerta? Si y no. Si nada hubiera cambiado en 2002 (default, devaluación, pesificación asimétrica, pesificación de tarifas, precios de la soja, retenciones, etc.) el rebote habría llegado algún día y durado lo que un lirio, porque esa economía (la de la convertibilidad y las materias primas por el piso) estaba muerta.

Pero los cambios del mundo, por una parte; y todos los cambios antes mencionados en el interior de nuestra economía, llevados a cabo por Adolfo Rodríguez Saa, Eduardo Duhalde y Jorge Remes, parieron otro felino. El que – como está a la vista – salió corriendo y lleno de vida.

Pero – contra todos los pronósticos lineales y optimistas – se detuvo. Primero, como consecuencia – al menos parcialmente – de la crisis internacional de 2008.Salió. Pero desde 2011 el nivel de actividad está estancado en términos por habitante y lleva los últimos seis trimestres en banda negativa. Es que es lógico que luego de un largo proceso de crecimiento acelerado la economía se aproxime a su techo. Es difícil anticipar la proximidad del techo para evitar el golpe en la cabeza.

¿Por qué llega al techo el crecimiento de una economía? Esa es la cuestión. Para decirlos en términos constructivos: para desplazar el techo hay que, fortalecer los cimientos, tener una adecuada provisión de materiales, un plano – con los cálculos de estructura y de materiales, etc. – y, fundamentalmente, hacerlo. Lleva tiempo.

Sobre esto cabe una vieja reflexión de economistas “es insensato construir cañones cuando no se tiene garantizada la provisión de pólvora”. Dicho de otro modo, el límite, el techo, lo pone el bien más escaso por insignificante que sea. Siempre. Veamos que nos pasó cuando el felino nacido en 2002 se puso a caminar.

Los cambios implementados en 2002 (que dieron lugar a su nacimiento) y a partir de 2003 (la mejor alimentación) la renegociación de la deuda; los pagos de transferencias (toda la gama de los subsidios, jubilaciones, AUH, etc.) generaron una expansión del consumo de los sectores medios y los sectores populares.

Nada de eso implicó un cambio de la estructura productiva del felino nacido en 2002 que tenía el ADN del de la convertibilidad. Pero sí un cambio en la estructura y en los niveles del consumo (p.ej. patentamiento de autos, línea blanca, electrónicos, etc.). La demanda de consumo creció y mucho.

Mientras el crecimiento de las exportaciones, motivadas por el mercado externo y la capacidad productiva local superando los increíbles desincentivos instalados por el gobierno, garantizó la pólvora, el techo se fue desplazando gracias a la provisión de bienes importados. Por ejemplo, la industria automotriz a duras penas alcanza al 30 por ciento de generación de valor local y las industrias de bienes durables (blanca, electrónica) entre pito y flauta importan más del 80 por ciento de sus componentes. Un marroquinero oficialista me decía “por primera vez en 30 años me hice importador”.

Si lo que empuja es el consumo y este se abastece de importaciones, el desplazamiento del techo depende del sector externo. Pero este, estructuralmente, depende de las exportaciones netas. Cuando estas alcanzan un nivel de compromiso, dadas las condiciones financieras externas, entonces el techo se aproxima. ¿Pronosticar la llegada al techo es sencillo? Sí y no.

Cuando los economistas críticos y los de la oposición, apostaban a la llegada del techo y al golpe en la cabeza, algo cambió. Veamos.

La economía está estancada en términos por habitante desde 2011. Y ese es un síntoma de proximidad del techo. Es cierto.

Los marketineros, consultores, los periodistas, los economistas y los voceros de la oposición confiaron, en 2014, que el techo llegaría antes del proceso electoral. Que quedaría instalado en 2015, y que la economía haría la tarea sucia que permitiría el desalojo del kirchnerismo del poder. No haría falta otro esfuerzo que prometer un futuro mejor. Como vimos la semana pasada, los carteles de la Panamericana certifican esa imaginación inocente y lineal. Es decir, el techo le golpearía la cabeza y tumbaría al oficialismo. No ocurrió y difícilmente ocurra.

El economista oficialista de Daniel Scioli, Miguel Bein, llegó a afirmar con entusiasmo y un poco de soberbia, que dado su (auto atribuida) record exitoso de pronósticos, estaba en condiciones de afirmar que en 2015 (en los primeros meses) habría acuerdo con los Buitres. Y que entonces la economía crecería 3 por ciento en 2015. El escenario base para ganar. Y agregaba, con esos dólares, procedentes del acuerdo buitre, se podría expandir el consumo y desplazar el techo y después, cuando él fuera ministro, se haría lo necesario para una buena construcción del futuro. Después. Y alertaba que sin acuerdo buitre la economía se desplomaría 3 por ciento en 2015.

Nada de eso ocurrió. Ni se acordó con los buitres ni la economía se desplomó, aunque sigue estancada. Y el gobierno no se golpeo con el techo.

Esta situación le genera dos problemas a la oposición. Primero, esta economía, apurando el consumo – con el plan 12 cuotas sin interés y aumentos salariales tardíos – no es la que habrá de desalojar a los K. Segundo, esta oposición, no solo está fragmentada sino que está convencida que el desalojo ya ocurrió; y no alcanzó a ver a los albañiles que, delante de sus ojos, siguen armando un techo de utilería – con agujeros y almohadones de goma pluma para no golpearse – para que todos crean que hay resto. Almohadones y agujeros en techo para no golpearse. Pero esos agujeros aseguran, para los que están o para los que vengan, que si llega a llover fuerte nos ahogamos. ¿Estamos pronosticando?

Es que, sin lugar a dudas, lo que se ha logrado (agujerar el techo y ponerle almohadones) para poder expandir el consumo, es – por un lado- incorporar financiamiento chino (cuyo costo son las gigantescas condicionalidades que le ha exigido a la Argentina, el gobierno chino en cada uno de los contratos y acuerdos de financiamiento) y volver a endeudarnos con los primos de los buitres para poder mantener la expansión del consumo en el último tramo electoral.

Pero los cimientos de la expansión (equilibrada) requieren construir la expansión de las exportaciones y de las inversiones, tanto de infraestructura como las reproductivas.

En materia de inversiones estamos paralizados desde hace años y en las exportaciones hemos ingresado en un territorio de declinación que señala el cambio de las condiciones externas, por un lado; y la incapacidad de la reacción interna por el otro.

¿Este verano económico de consumo electoral es “gato muerto” o nuevo felino? Nada hay en la genética del proceso actual que ayude a pensar en que algo cambió.

La nueva (vieja desde la Dictadura Genocida) estrategia de endeudarnos confirma que la estructura económica no transformada está obligando a retornar a la práctica abominable de la deuda de mantenimiento.

Es que, como lo hemos repetido hasta el hartazgo, esta estructura económica desindustrializada, desinvertida y con un 30 por ciento de la fuerza de trabajo nacida y criada en la pobreza, es una economía para la deuda: funciona para finalmente llegar a eso. Como ahora.

Debilidad o derrape exportador, cepo a la demanda de dólares, dólar blue, brecha, bajo nivel de reservas sólidas, son  las manifestaciones de incapacidad constructiva.

Salir de la economía “para la deuda” sólo es posible con un  programa masivo y de largo plazo para la “inversión”, la  “industrialización” y el combate frontal a las causas y a las consecuencias de la pobreza.

Las necesidades del presente están gobernadas, además de por la deuda externa – como en los viejos tiempos de la convertibilidad – por la dimensión obligada del creciente gasto público (jubilaciones más subsidios más sueldos suman el 70 por ciento y además falta sumar planes sociales y asignaciones familiares). Gasto que genera un déficit fiscal que supera el 5 por ciento del PBI y que determina necesidades de financiamiento, por encima de los ingresos, por casi 300 mil millones de pesos.

Esas urgencias reducen el pensamiento económico oficial al corto placismo que demanda el proceso electoral.

Además tenemos problemas de finanzas externas. Este año el país (sector público y privado) necesitará aproximadamente 15 mil millones de dólares para los vencimientos de deuda externa. Y además es probable que el mercado cambiario obligue a vender dólares al Central. Por todo eso, la economía para la deuda volvió. O bajan las reservas o nos endeudamos.

El gobierno toma deuda a pesar de repetir el discurso del “desendeudamiento”. Para el gobierno, la inseguridad es una sensación, la inflación es inferior a las demandas salariales, la economía crece y tomar deuda no es endeudarse. Por eso en la cruda realidad de la inflación y del estancamiento, no nos desendeudamos porque mantenemos intacta la economía para la deuda.

El techo no se desplaza, se agujera tomando más deuda. Deuda cara ya que, en todos los casos la tasa de interés, en dólares, que se paga excede y con mucho, a la tasa de crecimiento del PBI medido en dólares a pesar del atraso cambiario. Esa es la contradicción principal entre el gran ancla antiinflacionaria, que caracterizó a las gestiones de José Alfredo Martínez de Hoz ,Domingo Cavallo, Roque Fernández y José Luis Machinea, y la toma de deuda. Deuda con ancla los ayudaron a durar. Pero no evitaron el final. Ancla del dólar para contener la inflación, endeudamiento externo para contener el mercado. “Si hasta el nombre te has cambiado como cambiaste de suerte: ya no sos mi Margarita … ¡ahora te llaman Margot! (Celedonio Flores) Y ahora, sin querer queriendo, estamos en la misma onda.

Pero al empezar 2015, los opositores no contaban con la astucia del chapulín colorado. Por eso apostaron a que la economía desalojaría a los K. Porque estos cumplirían con el discurso y no se endeudarían para financiar el consumo. Pero el consumo cambió el humor electoral. El error de la oposición fue creerle al gobierno: se iban a desendeudar y a no tomar deuda, si se llamaban Margarita …

Pero la astucia, sabido es, tiene patas cortas. Aunque coloquemos Bonos, la “tranquilidad” de la brecha cambiaria es, finalmente, una fiebre baja, fiebre al fin, propia de una infección derivada de la falta de inversiones y de la debilidad estructural del comercio exterior. La fuga de divisas se calmó.

Pero las exportaciones declinan.  En 2015 difícilmente superen los 60 mil millones de dólares: ni punto de comparación con el máximo de más de 80 mil millones de hace apenas 3 años. ¿Mala cosecha? No.

Es cierto que precios y mercados se han achicado respecto de sus máximos. Pero pesan y mucho la falta de inversiones, la mar de conflictos derivados de una política de ingresos y de comercio exterior que es lo mas parecido a una maleta de loco (no tener objetivo claro, no saber bien qué se pretende).

Por lo que vemos, a la economía para la deuda le cabe la expresión de Aníbal Troilo “Cómo van a decir que me fui, si siempre, siempre estoy llegando”. Llegó y tendremos que esperar sus consecuencias. Este rebote por consumo es, por ahora, gato muerto si de energías propias se trata.

Pero aún muerto el gato que rebota, no baja los salarios  y demás pagos de transferencia, (por unos meses los aumenta), empuja para arriba el precario nivel de actividad y evita el derrumbe, estanca el empleo pero no aumenta el desempleo, desacelera la inflación, revalúa la  moneda sin aumentar la productividad. No es un milagro.

Es la astucia que, por el rebote, hace creer que el gato muerto está vivo. Pero la verdad no tiene remedio.

La única manera de que la economía viva, gane quien gane, es un programa masivo de inversión, de industrialización y de combate a las causas y consecuencias de la pobreza, las que ya impactan en toda la estructura social y dibujan, si nada hacemos, un futuro difícil.

Lo más difícil es la tarea de poner en marcha ese programa imprescindible sin que la cultura política de estos días sugiera, en lo más mínimo, que es capaz de tejer consensos, visiones, herramientas de largo plazo capaces de aprovechar la inmensidad de recursos lamentablemente desaprovechados. Reavivar al gato depende de la capacidad de los responsables de cuidarlo y alimentarlo.  En la publicidad electoral no se nota.

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01 junio 2015

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