Lo nuevo es lo que se ha olvidado

28 de junio de 2015

Carlos Leyba

Todo señala que en 2015 habrá de reaparecer el déficit de las cuentas externas. Esta es la noticia mas importante de este año en términos del escenario  que está detrás de las decisiones de quienes conducen la economía nacional o si se quiere en términos de los mayores condicionamientos económicos para quienes tienen la tarea de conducir la política económica a partir del año próximo. Ese es uno, pero ¿ cuáles son los otros?

Primero, ese déficit es compañero de un enorme déficit de las cuentas públicas que se ha venido construyendo con singular entusiasmo desde que asumió CFK. El déficit fiscal es un condicionamiento que obliga,  teniendo en cuenta la inflación, a aumentar los ingresos de recaudación o reducir los gastos o mejorar el financiamiento o una mezcla armónica de las tres fuentes. Obvio, para los economistas, suponiendo, lo demás constante.

La rebelión sindical frente al impuesto a las ganancias cobrado al trabajo (que no es ganancia); o la demanda rural por la incidencia actual de los impuestos a la producción (retenciones); son una muestra del grado de resistencia, urbana y rural, que puede provocar una vuelta de tuerca recaudatoria.

Por su parte la situación social (pobreza, estancamiento en la creación de empleo privado), el peso de los servicios (transporte, energía) en la demanda de los sectores populares; los nuevos pagos de transferencia;  el incremento, en los últimos años, del número de agentes públicos;  y los compromisos presupuestarios destinados a paliar el deterioro de la infraestructura; conforman una masa de gastos inflexible a la baja en términos reales. Finalmente, en este terreno fiscal, el nivel de las tasas de interés en pesos a los que se han logrado recursos públicos, así como las dificultades para obtener financiamiento a largo plazo en moneda dura a tasas razonables, con la excepción de algunos recursos provenientes de acuerdos geopolíticos al estilo China, indican con claridad que el estado y saneamiento de las cuentas públicas es otro de los condicionamientos para quien deba conducir la política económica de aquí en más.

Cabe la pregunta ¿por qué no es un condicionamiento para lo que resta de 2015? Respuesta: la fuga hacia adelante es una estrategia obvia para el que se esta yendo. El ejercicio de la política coyuntural, o electoral, o de entre elecciones, se define por la búsqueda del incremento de los beneficios presentes (adhesión de las mayorías (consumidores) y votos por continuidad) sin ocuparse de los costos futuros. Este hecho, en la jerga de la política menor, se sintetiza en la frase “los que vengan nos harán buenos” … dado que tendrán que pagar los costos. Estos conceptos tienen mucha miga, pero no la vamos a sacar ahora.

Estamos describiendo los condicionamientos económicos con los que se topará el gobierno por venir. Néstor Kirchner legó a CFK los acreditados superávit gemelos (externo y fiscal) . No importa cuál fue la fuente de los mismos. Importa que CFK los recibió y que no los recibirá quién la suceda.

Recordemos, en marzo de 2008 CFK, inspirada por el ex ministro Martín Lousteau (de larga trayectoria en el gobierno kirchnerista) y con el entusiasmo de ex jefe de gabinete Alberto Fernández, se jugó por las retenciones móviles a la búsqueda de ampliar la base fiscal del gobierno, ampliación que se había convertido en una imperiosa necesidad fiscal para entonces. El fracaso de la resolución 125 por la reacción rural y el apoyo de los sectores medios, abrió otros conflictos. Y tiene razón CFK al decir que ese error fue un hito y un disparador de la transformación del kirchnerismo en cristinismo (¿la política se define por los enemigos?).

En clave fiscal la 125 fue reemplazada por la nacionalización de las AFJP en noviembre de 2008 la que permitió las más activa de las etapas de pagos de transferencia social de que se tenga memoria. Esa decisión generó la aparición en primera fila de su inspirador, Amado Boudu, nuevo ministro de economía y vicepresidente de la Nación. La cuestión Boudu, a su vez, generó nuevos enemigos: por su intermedio pasamos de la “Corte independiente” al acoso, hostigamiento o cambio de la “idea” que hasta entonces teníamos del poder judicial: cambio ajeno a la lucha (no a los acuerdos) de la política.

Más allá de esas cuestiones políticas esenciales, CFK consumió ambos superávit (fiscal y externo) para calentar el horno de las políticas de consumo. Es preciso señalar que el calentamiento le dio rendimientos (beneficios) en términos electorales, y sus costos (abandono) se han ido sumando y forman parte de la cuenta a pagar para el que venga.

Otro condicionamiento es el de la inflación. CFK convivió con inflación elevada toda su gestión. Quedará para la historia de los videos su célebre expresión, como le encantó decir en Harvard, acerca de que si la tasa de inflación fuera de 25 por ciento anual el país volaría por los aires.

La cierto es que la inflación superó largamente el 25 por ciento y ha coqueteado con tasas del 40 y el país no voló por los aires. No obstante, la tolerancia a la inflación, ha ido declinando y las exigencias o las reacciones se han manifestado, entre otras, por la colosal fuga de divisas (100 mil millones de dólares en el período CFK), el incremento de las tasas de interés, el endeudamiento fiscal y la necesidad de intensificar los pasos administrativos en el proceso económico sin demasiado éxito. La inflación sigue.

Se trata de un importante condicionamiento para quien venga a conducir la economía. Al que hay unirle otro absolutamente insólito. Una de las herramientas elegidas para “combatir” la inflación ha sido la intervención del INDEC y la falsificación de las estadísticas de precios, pobreza y nivel de actividad. La falsedad de las estadísticas públicas es un condicionamiento en sí, que se deriva del condicionamiento que produce la inflación. Quién asuma, para poder diseñar una política ante la inflación heredada, deberá primero reconstruir el INDEC y las estadísticas públicas. Sin esa tarea cumplida, el Estado seguirá sin tener autoridad moral para diseñar políticas cuyos resultados deben mensurarse.

Como acaba de señalar CFK “No se gobierna el país con chamuyo y globitos, sino con números y gestión”. Justamente, para gobernar – en el sentido profundo del término – los números y la gestión del INDEC deben ser reemplazados por números verdaderos y gestión capacitada y honesta intelectualmente y no es éste el caso de la actualidad y desde diciembre de 2006. El combo de este condicionamiento es el de la inflación más el del INDEC.

Finalmente, un cuarto condicionamiento es el de un largo período de estancamiento de la actividad económica. En efecto el PBI actual, para las estimaciones mas sensatas (así tenemos que hablar) está en el mismo nivel de 2011. Se trata de uno de los períodos de más largo estancamiento de la economía nacional. Obviamente el mismo, al igual que la tasa de inflación, es jibarizado por las cuentas del gobierno. No obstante el gobierno reconoce el estancamiento de por lo menos dos años. Para el gobierno el PBI per capita hoy es menor al de 2012 aunque, haciendo números más finos, es menor al de 2011. Lo importante es que, en cualquier caso, quien suceda a CFK tendrá una economía con menos bienes para mas personas. Una economía estancada.

En síntesis 2016 comenzará con “Estanflación”, la enfermedad económica coyuntural más difícil de curar (alta inflación y nulo crecimiento), y además con déficit gemelos (externo y fiscal).

Lo nuevo de 2015 es que, por primera vez desde que Néstor asumió el gobierno, los cuatro condicionamientos se presentan a la vez.

El crecimiento – ni hablar de las tasas chinas – nos dejó hace años, la inflación golpea también desde hace tiempo y el déficit fiscal es un compañero ya demasiado conocido.

Lo nuevo, nuevo, lo cero kilómetros, es el déficit de comercio exterior que se inaugura en 2015 (más allá de la tentación oficial de arreglarlo con W40 en el INDEC)

En 2015 ni la metodología de “el que no exporta no importa”, que instalara el olvidado Guillermo Moreno; ni los controles hombre a hombre, ni las restricciones y demoras de pagos al exterior, ni el cepo – con todas sus secuelas sobre el comercio real no financiero – habrán logrado torcer la tendencia a que las importaciones superen a las exportaciones si es que la economía no se desploma.

Como todos recordamos, en los años de gloria del kirchnerismo las exportaciones volaban al mismo tiempo que la barrera del tipo de cambio “recontra alto” ponía en marcha gran parte del aparato industrial desvencijado por la sistemática destrucción iniciada por el tipo de cambio “recontra bajo” de José Alfredo Martínez de Hoz y Domingo Felipe Cavallo.

Además la reactivación en su primera y fundacional etapa – a causa del sablazo de la mega devaluación – fue financiada por la masa de dólares que regresaron a los bolsillos de dónde habían salido. Todo bien. Las exportaciones volaban al amparo de los disparada de los precios de las materias primas que vía retenciones inauguraban el superávit fiscal.

Recuerde el lector que la mitad de la tasa china corresponde a las ganancias de los términos del intercambio. Traducido, sin los precios altos de la demanda de materias primas chinas y sin los precios bajos de las exportaciones industriales chinas, las tasas chinas no se habrían producido: recordemos cuando computamos 8 por ciento de crecimiento, 4 son movilización de recursos dormidos por la soporífera política de la convertibilidad y 4 son la consecuencia de los términos de intercambio, es decir, que vendimos mas caro y compramos mas barato.

¿Qué nos dice la llegada de aquél viejo compañero de nuestra economía, el déficit comercial externo o traducido al lenguaje macro “la restricción externa” que traba la expansión?

Primero que estamos ante la declinación del precio de nuestras exportaciones primarias o lo que es lo mismo, ante el ocaso de los términos del intercambio generadores de tasas chinas. Segundo, que el costo de la factura energética, más allá de la baja del precio del petróleo, es consecuencia de haber perdido el autoabastecimiento y no es una limitación de la naturaleza porque, pasada una década, habilita a responsabilizar a la política, sobre todo en un período de formidables excedentes. Y finalmente, lo último y principal, el tercer elemento es la debilidad estructural de nuestra economía industrial.

El déficit comercial puede ser ocasional o permanente. En nuestro país la permanencia – mirando para atrás y sobretodo mirando hacia el futuro – es la palabra mas apropiada. Una primera lectura nos indica que, como hemos dicho,  quien lo genera “estructuralmente” es el sector industrial ya que nuestras cuentas en el sector primario son siempre positivas, aunque es cierto que en los años K se le ha sumado el déficit energético. Basta contrastar la estructura productiva con la estructura del consumo para obtener una explicación primera del origen del déficit de comercio exterior.

La estructura de consumo (bienes durables, automotor) tiene una dependencia extraordinaria de las importaciones. Por ejemplo la manufactura de bienes electrónicos se realiza con una composición del 90 por ciento o más de productos importados; y la producción automotriz (sin refinar demasiado los números) se realiza con un 80 por ciento de productos importados. En el resto de la industria, con excepciones, en todas las cadenas de valor hay agujeros fundamentales que sólo pueden ser llenados por importaciones de partes e insumos. La industria nacional ha devenido en una que agrega poco valor al producto final. Por ejemplo si las exportaciones industriales se valuaran, no al valor final de los bienes, sino al valor agregado contenido en el valor final de los bienes se revelaría con toda claridad la tarea que nos queda por hacer es proporcional a la debilidad, y mas bien ausencia, de nuestra política industrial desde que partimos de la anti industria hasta estos tiempos que podemos llamar de ausencia negada.

Las palabras por un lado y los hechos por el otro. Importan los resultados y aquí están. Cuatro condicionamientos y uno recién llegado que es un viejo conocido.

¿Cuándo un déficit de comercio exterior es un real problema? No lo es cuando se debe a una sobrevaluación (razonable) del tipo de cambio porque es un problema que se puede corregir fácilmente. O bien cuando se debe una gran cantidad de inversiones de alta productividad. O bien cuando está acompañado por ingresos (retorno) de capitales de largo plazo.  En ninguno de esos tres casos un déficit externo es un problema serio: los ajustes cambiarios leves no son un problema, las inversiones generan un saneamiento inmediato y la solidez de la incorporación de excedentes diluye los costos. Desafortunadamente cuando el déficit de comercio exterior responde a la diferencia entre la estructura de consumo y la de producción, cuando – justamente – hay carencia de inversiones masivas que permitan incrementos sistémicos de productividad y cuando la economía está atosigada por la tendencia a la fuga del excedente por ausencia de moneda, el déficit de comercio exterior es una fractura expuesta que llamamos ‘restricción externa” y que pone en riesgo la actividad económica global.

Esto es lo nuevo de este año – acumulación de errores de la década – cuyo origen no deberíamos haber olvidado.

La política económica heterodoxa no es la de la acumulación de controles (sean cuales) para alimentar el consumo (eso lo hicieron todos desde Martínez de Hoz en adelante).

No, la heterodoxia es cambiar la tendencia natural de los factores disponibles que nos empuja a primarizarnos y a depender de la emergencia de una potencia que empiece a comer.

Cambiar la ruta histórica implica no olvidar que, aquí y ahora y hace tiempo, la única receta de fondo es la inversión del desarrollo del potencial industrial para transformar nuestras exportaciones en mucho valor agregado.

Ni Néstor ni Cristina, como los que los precedieron, lo hicieron. Es grave. Pero lo que peor es que no se han dado cuenta.

El campanazo de los ahora cuatro condicionamientos llegó. Justo cuando se van.

El que tiene que dar examen es el que viene. Y debería seguir el consejo del poeta “Lo nuevo es lo que se ha olvidado”.

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28 junio 2015

Lo nuevo es lo que se ha olvidado

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