La continuidad según Kicillof

10 de julio de 2015

Publicada en El Economista

Carlos Leyba

El ministro Axel Kicillof, en un banquete para 400 empresarios del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (CICYP), informó que Daniel Scioli seguirá por los mismos carriles que transcurre la economía de Cristina Kirchner. Fue una dosis adicional de continuidad que se suma, entre otras, a la presencia de Carlos Zannini – que es como decir CFK con bigote y barba – en la fórmula presidencial del FPV.

El discurso despejó las dudas que habían sembrado asesores económicos de Scioli al proponer – antes de esta tarjeta roja K – un giro copernicano (p.ej pago a los Buitres con quita del 30 por ciento). El principal asesor económico de DS declaró este jueves a La Nación “No sé” a la pregunta de si Kicillof le impondría la agenda a su asesorado. Veamos la agenda de Axel.

Dijo Kicillof nosotros “Planteamos un modelo de largo plazo y pensamos seguir haciendo más de lo mismo”,  “el principal objetivo de nuestro modelo es el crecimiento”, “reindustrialización con inclusión”. Y concluyó “Si este modelo continúa, no va a estallar ninguna bomba. Lo que viene es una fase de continuidad del proceso de industrialización con inclusión”.

¿Qué están haciendo Axel y sus muchachos?. “Qué están haciendo” no es lo “qué está pasando”. Lo primero habla de la acción. Lo segundo de los resultados.

Lo que dijo el ministro es que “haciendo más de lo mismo” “no va a estallar ninguna bomba”. Los datos que anuncian al futuro inmediato, no amenazan que el presente termine fulminado en un bombazo. Esa hipótesis tremenda –pocos la barajan –  no es mayoritaria. “No va a estallar una bomba” es una afirmación que, al menos hasta el 10 de diciembre de 2015, goza de razonable consenso.

Pero el que goza de pleno consenso, al menos entre los economistas que no trabajan para el gobierno, es el diagnóstico que se están juntado elementos necesarios para armar una bomba. Pero no suficientes. Porque para que la bomba estalle es necesario armarla, luego prender la mecha o que un fuego externo lo haga. Y no está armada, no ha mecha, ni fuego externo a la vista.

Respecto de lo que está pasando no hay consenso. Para Kicillof estamos en un “proceso de industrialización con inclusión social”, como consecuencia de “un modelo de largo plazo” cuyo “principal objetivo es el crecimiento”. Para la mayor parte de la profesión (heterodoxos, ortodoxos, nacionales o liberales) no hay acuerdo en la proclamada dominante de crecimiento, industrialización e inclusión que imaginan  Axel y sus muchachos. Los datos no dicen eso.

¿Qué está haciendo Kicillof?

En materia de finanzas públicas, los gastos públicos (abril) crecen (45 por ciento anual) a una tasa mayor que los ingresos públicos (25 por ciento). Obvio que hay que sumar, y está bien hacerlo, los ingresos del ANSES y algunos originados por el BCRA. Pero seguir haciendo lo mismo, que los gastos públicos sigan aumentando más que los ingresos tributarios, lleva a continuar con el endeudamiento del sector público, tanto hacia dentro del sector como con el privado y elevando las tasas de interés. Las LEBAC a un año en el primer trimestre del año superan 29 por ciento y duplican la tasa que el BCRA pagaba en 2012. La emisión continúa.

En el orden cambiario, la política sostiene una brecha del 40 por ciento entre el dólar oficial (que duplica el de 2012) y el paralelo. Tratan de controlarla mediante una mezcla de gendarmería, ahora la SIDE y la venta de dólares a precio oficial para que abastezcan al “paralelo”. Generan una renta extra mensual (no deseada) más que interesante a los sectores medios y altos. El ajuste cambiario oficial es sistemáticamente menor a la tasa de inflación real. La fuga del excedente, en el primer gobierno de CFK, fue de 80 mil millones de dólares. El cepo cerró la salida y – naturalmente – bloqueó la entrada.

En la faena de comercio exterior, la política se basa en el control “paso a paso”. Trabas a las exportaciones y administración a la baja de las importaciones. No se trata de una política articulada de industrialización con sustitución de importaciones y de exportaciones primarias por otras de mayor valor agregado. Bajan las exportaciones y las importaciones y el saldo de la balanza comercial, todo a la vez.

La política de ingresos además de los pagos de transferencias ajustados a la inflación (incluye políticas sociales), paritarias salariales controladas, con una leve y transitoria mejora en el salario real a la que hay que restarle la carga tributaria de los salarios más altos (impuesto a las ganancias); subsidios a la oferta de servicios básicamente para la región metropolitana y sectores medios; y “precios cuidados”. El paquete no morigera la inflación del rango de 30 por ciento.

En materia de crédito, la política está orientada a cupos de financiamiento para PYMES, a mediano plazo a tasas inferiores a las pasivas; y para el crédito hipotecario. El crédito es escaso e inapropiado ya que ocurre dentro de un sistema de financiamiento prácticamente inexistente: los préstamos al sector privado en el país representan el 14 por ciento del PBI, mientras que en Chile supera el 75 por ciento y en Brasil orilla el 60. Sin moneda que cumpla todas las funciones no hay sistema financiero cabal. Hay más de 200 mil millones de dólares de residentes durmiendo fuera del sistema: los asesores de Scioli lo dominan.

En materia de políticas sectoriales, dejando de lado el zapatazo del desaliento a las producciones regionales o a las específicas como el trigo y el biodisel; se puede contabilizar la promoción específica vía protección de, por ejemplo, la industria de armado de la electrónica y el paquete Tierra del Fuego, cuya contraparte es el bajo valor agregado sectorial que nos penaliza con un déficit comercial externo del orden de los 6 mil millones de dólares anuales.

No hay mucho más que esto aunque, de todos modos, es un resumen muy parcial. Pero proponer la continuidad es proponer estas políticas: cualquier cambio en ellas rompe la continuidad.

Si sumamos todas esas herramientas en un modelo de política económica, tenemos un sistema de precios relativos que determina un proceso primario de distribución (pobreza, inequidad, concentración, estancamiento del empleo privado) que no se corrige con política fiscal; y un proceso de asignación de recursos que tiene un sesgo que implica la pérdida de mercados para la producción urbana local (y la de mayor valor agregado dejando de lado los servicios profesionales); y un sesgo a favor del consumo en relación a la inversión.

La traducción de ese conjunto de precios relativos, derivado de la política que están haciendo, es el predominio del corto plazo y el agotamiento de los stocks y la inocuidad productiva del débil y sesgado proceso de inversión: casino y Shopping. La continuidad arriesga que el presente se consuma al futuro.

Lo importante es que Kicillof afirma que Scioli, de ganar, seguirá haciendo lo mismo y que hay fuerzas condicionantes para que así ocurra; y que en el entorno de Daniel dicen “No sé”.

¿Se puede seguir haciendo lo mismo? ¿Hasta cuando? ¿No habrá que hacer algo en materia de gasto público de modo que no siga creciendo más allá de los ingresos?¿No habrá que hacer algo con los ingresos públicos para sostener una política sin tornarla inviable?¿No valdrá la pena reducir la brecha cambiaria antes que se convierta en abismo?¿No habrá que incrementar las exportaciones antes que se desaliente la producción? ¿No habrá que ganar mercado para la producción local urbana?¿No habrá que tener una política de empleo productivo antes que los sistemas de compensación no sean financiables? ¿Cuál es la conveniencia de seguir haciendo lo mismo? Respuesta compleja y no económica.

Para “poder seguir haciendo lo  mismo” ¿no habrá que cambiar al menos “algo”?. Pero cambiar algo implica no “seguir haciendo lo mismo”. Un dilema.

Y si nada se cambia, es obvio, que el déficit fiscal y la brecha cambiaria, aumentarán; y el saldo de la balanza comercial  disminuirá y así. Otro.

¿Es cierto que la continuidad no nos lleva a un cimbronazo? Seguramente esta “continuidad” sin cambios no producirá una bomba antes de diciembre de 2015. Después no sabemos. Pero lo que es seguro es que esta continuidad no conforma una política cuyo objetivo sea “el crecimiento”. ¿Por qué?

Llevamos seis trimestres con caídas importantes del PBI. Una recesión larga. Si la política está orientada al crecimiento, lamentablemente, no lo ha logrado. Recordemos que lo que justifica las políticas es el resultado y no la explicación.

Concreto, ninguna de las políticas – incluida la inyección de gasto público – ha podido sacar a la economía de 18 meses de recesión. Y si bien el actual impulso salarial al consumo lo impulsa, todo indica que se trata del “natural rebote” después de la caída. Las políticas de Kicillof no han logrado mover el tren hacia el crecimiento medido por el PBI.

Pero estas políticas ¿acaso han llevado a la  “industrialización con inclusión social”? El 30 o 25 por ciento de pobreza (Observatorio de la UCA) – mayor entre los jóvenes y los niños -, después de 12 años de “continuidad” de la política de inclusión, es una constatación de lo malogrado. Pobreza es exclusión; y exclusión del futuro: la pobreza es joven y jóvenes son los pobres. La continuidad de lo que se está haciendo no puede procurar la inclusión social.

Coyunturalmente la actividad industrial se encuentra estancada en los niveles de hace tres años. La participación de la Industria en la generación de Valor Agregado Bruto alcanzó 28 por ciento en 1974/75, cayó a 19 por ciento en los ochenta y a 18 en los noventa. Desde la crisis 2001/2002 y hasta 2014, la participación de la Industria en el PBI ha sido 16 por ciento. No se alcanzaron los niveles de participación de la industria en el PBI en ninguno de los períodos anteriores. La continuidad de las políticas no permite imaginar que nos lleve a ello. Entre 2003 y 2014, por cada punto de crecimiento del PBI las importaciones industriales, excluyendo alimentos, aumentaban 2,6 por ciento. El déficit comercial industrial es enorme y creciente. El volumen absoluto de la industria creció, pero menos que el promedio de la economía. Si nos guiamos por los resultados, que es lo que importa, no ha habido industrialización porque no hubo políticas para ello.

Haciendo lo mismo la economía seguirá estancada y con inflación; y nada augura progresar en materia de inclusión social ni de industrialización. Pero tampoco que hay una bomba a la vuelta de la esquina. Entonces ¿Vale la pena “por eso” la continuidad?

En realidad lo mejor es intentar una buena política económica para lograr aquello que, los que hacen la política, creen haber alcanzado. En realidad esa es una ilusión que se les va a desvanecer a medida que llega el reemplazo. Es bueno lo que dicen, pero no precisamente lo que hacen.

¿No será que siguiendo la continuidad hemos entrado en un cul de sac? Los que conducen no están percibiendo, entonces, que si seguimos la marcha, en lugar de avanzar, vamos para atrás.

La continuidad en un cul de sac es un oximoron.

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10 julio 2015

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