El problema es la bolsa

25 de julio de 2015

Carlos Leyba

En la cabeza o en los pies, la bolsa es un problema. No se ve o se camina con dificultad. En esas condiciones se lanzó la carrera electoral. Convengamos que por ahora, de los que estamos en la tribuna, pocos son los interesados hasta ahora en la carrera y en consecuencia, las encuestas se topan con dudas e ignorancias que, muchas veces, sea por cumplir con el encuestador o sea por sacarse de encima la máquina preguntona, se tornan en respuestas provisorias que, las urnas, pueden tornar de modo tal que el resultado presente un giro de 180 grados con los pronósticos.

Puede que no sean malos los encuestadores sino más bien que sean malos los encuestados. Y eso sería a causa de que, con la información política disponible, sabemos poco e imaginamos mucho. Veamos.

Pocas veces la tribuna (el electorado) se ha enfrentado a tantos candidatos (jinetes) y tan pocas cabalgaduras (programas,  ideas, proyectos). Como decía Juan Perón el caballo es la metáfora de la historia y el jinete quien la cabalga: dos fuerzas independientes.  El mejor jinete pierde con el caballo equivocado; y el mejor jamelgo fracasa con una monta de poca valía.

Vale decir que en los caballos, en sus andares, se instalan el programa, las ideas, los proyectos que el jinete, primero debe ofrecer, y luego debe conducir.

Pero en el paseo, antes de entrar a la pista, nos encontramos con un montón de jinetes. Los candidatos. De los que la mayoría está embolsado. Unos por la cabeza otros por los pies. ¡Qué espectáculo! Y como si fuera poco, casi ningún caballo esta como para mirar con seriedad. Aparecen como paralizados. Me detengo en la seriedad requerida a la cabalgadura. Uno para jugar, se pregunta por la trayectoria del programa, la genética de la idea y evalúa las pruebas de resistencia.  Digamos que para elegir hay que mirar primero lo que nos ofrece el caballo y después la calidad del jinete. El programa y el conductor.

Lo que hace la historia es la calidad del programa, de las ideas, de los proyectos, más que las virtudes del jinete. Las que, por cierto, también cuentan. Pero son inútiles si la monta no aguanta 300 metros o carece de la velocidad o se manca, o no es para esta pista. Convengamos que la pista que se le presenta a la Argentina es más que barrosa y eso lo comentaremos más adelante. Es barrosa de aquí al disco de llegada en Octubre y a los primeros metros de Agosto también, por más que se trate de un tramo corto.

Pero, antes de apostar, y aunque el caballo sigue mudo (ni sombras de programa, ideas, proyecto), es importante dilucidar las características de los jinetes.

Ningún caballo es igual y eso aunque los programas, por causa del silencio, sean parecidos: no hay discurso mas callado que el de un mudo. Y ningún jinete es igual al otro aunque las imágenes públicas sean parecidas. Todos con vocación de dentífrico, desodorante o detergente.

Si los jinetes están embolsados, mas que de caballos que es un deporte noble, parece que estamos ante una carrera de embolsados, que es un entretenimiento primitivo por decir lo menos. Me explicó.

Todos los candidatos que hablan en nombre del oficialismo están embolsados con la bolsa en la cabeza. De resultas de ello no necesariamente mienten, es que no ven la realidad. Han decidido no verla. No digo mirarla. Ni siquiera verla. Es obvio que con la bolsa en la cabeza no pueden siquiera saber qué caballo (programa) van a montar, y si a ciegas lo montaran, no sabrían como conducirlo: subite a un caballo con los ojos tapados y preguntate al final quién guía.

La historia seguiría su camino  a pesar del intento del jinete de conducirla. Es en este sentido, y sin ánimo de ofender, que todos los candidatos oficialistas se presentan en la pista de paseo con una bolsa en la cabeza.

¿Qué se van a proponer si se niegan o no están en condiciones de ver la realidad? Primero fue el INDEC, qué logró derogar la base estadística pública (pobreza, crecimiento, inflación); después las cataratas de explicaciones (el relato) que sustituye los hechos (o los reinterpreta); finalmente las manipulaciones legalizadas para evadir las normas constitucionales (y legítimas) sobre el funcionamiento de la Justicia; y así.  Esta difícil condición de tener una bolsa en la cabeza implica la imposibilidad de elegir un caballo (que no significa que no lo puedan encontrar tanteando que no es lo mismo que elegir) y obviamente sin ninguna posibilidad de conducirlo (no ve por dónde va), no impide que el principal jinete del stud oficialista hoy, en promedio de las encuestas, cuenta con el 35 por ciento de la taquilla.

Lo que es seguro que el caballo al que se suba será quién lo lleve por donde la cabalgadura quiera.  En otras palabras, si hay crisis, la crisis lo conducirá; si hay bonanza, la misma se hará cargo de él. La corriente lo arrastrará. Pero “proyecto, programa, e ideas propias” imposible con una bolsa en la cabeza.

Para el resto de la tribuna, el 65 que por ahora no lo elige, la primera incógnita es saber si se sacará la bolsa de la cabeza en algún momento de la carrera. Y la segunda, si fuera  hecho el acto de valentía, tiene a bien decirnos lo que ve o se hace el distraído. Y finalmente qué caballo elige una vez frente a la realidad.

Los jinetes oficialistas hace rato que han decidido caminar con la cabeza embolsada. De no hacerlo pasarían como mínimo al territorio del oficialismo crítico, que es un desierto de millones de kilómetros cuadrados, sin agua, sin alimentos y con una tormenta de arena que habría de secar la piel. No hay tantos machos para aguantar el chubasco. Después de todo la bolsa hasta el verano no es irrespirable. Se aguantará. En el verano de 2016 veremos. Para entonces la bolsa será sofocante.

Es que casi todos los que militan en el stud oficialista ya tuvieron puesta la bolsa con la convertibilidad, la entrega del patrimonio público y la destrucción de las fuentes de trabajo del menemismo, donde todos, o casi todos, los que estaban en el acto sciolista del viernes militaron aquella vez embolsados en la modernidad del Consenso de Washington. Y después descubrieron la verdad. Se autorescataron sin pasar por el desierto de entonces. De embolsar y desembolsar y de volver a embolsar, saben un montón.

Todos los candidatos relevantes que hablan en contra del oficialismo también están embolsados, pero con las bolsas en los pies. Para caminar, a los saltos, tienen que ocupar las manos para sostener la bolsa y están obligados a mirar para abajo más que para adelante. Ven la realidad. Pero están más ocupados en no caerse (miran para abajo) que en analizar la realidad y elegir una cabalgadura (programas, ideas, proyectos).

Miran la realidad, pero no pueden correr porque, dominados por los imbéciles del marketing político que les han puesto la bolsa en los pies, sólo atinan a no cometer errores de marketing.

El ejemplo más impactante es el de Mauricio Macri. Alguien a quien podemos conocer por su sometimiento a los enjuagues de un chantapufi  como Jaime Durán Barba que no ha hecho otra cosa que impedirle toda acumulación de voluntades en torno de su candidatura. Primer servicio al oficialismo realizado por este pícaro ecuatoriano capaz de embrujos estadísticos. Un brujo para Mauricio. No contento con eso, después del balotaje, donde constató lo eficaz de sus consejos para dejarlo solo, ahora lo obliga a recitar desordenadas simpatías con el gobierno que es lo necesario para que muchos de sus seguidores lo abandonen. Lo que abonará el amarillismo del color elegido.

Macri, como símbolo de la oposición, tiene los pies atados, las manos ocupadas y la cabeza gacha. Lejos está de las condiciones mínimas para elegir un caballo (programa, ideas, proyectos), montarlo y conducirlo. No obstante, si a las encuestas nos remitimos, suma hoy 26 por ciento para las PASO.

Lo dicho tal vez no es justo con el resto de los opositores. Dejando de lado a los que, en Cambiemos, acompañan a Macri, nos quedan – en este orden según promedio de encuestas – Sergio Massa, José Manuel de la Sota, Margarita Stolbizer, Jorge Altamira y Adolfo Rodríguez Saa. Si sumamos los tres peronistas de esta lista, juntos orillan el 18 por ciento. Stolbizer tiene 4 por ciento y Altamira 2. Ernesto Sanz y Elisa Carrió acumulan 4 por ciento con lo que sumados a Macri llegarían a 30.

Entonces el marcador nos dice que hay dos jinetes en punta, Scioli y Macri. Y los dos están embolsados. Suponiendo que uno, el que está a ciegas, monte; y que al que ve lo suban a empujones, en cualquier caso – en la pista embarrada – van a correr caballos gobernados por la furia de la historia y no por los jinetes. Por que hasta ahora no tenemos ninguna noticia de conducción. Me explico.

¿Cómo podemos saber quiénes realmente son, qué realmente piensan, qué están dispuestos a hacer o más bien qué pueden llevar a cabo? No nos ofrecen información; y la que ofrecen es producto del marketing con no mucho más contenido o veracidad que un producto para adelgazar. ¿Será por eso que no tenemos más remedio que imaginar lo que son, piensan, harán? Debe ser así. La palabra más frecuente que está presente en todos los spots, jingles y juguetes de campaña, es “sueños”. Sí, los dos candidatos principales hablan de realizar nuestros sueños. O lo que es lo mismo “te dormimos y vemos”. La campaña todavía está ahí.

¿Cómo está la pista en los primeros metros? Los primeros metros que van hasta agosto tienen la pista complicada. La brecha cambiaria se abre. Para cerrarla suben la tasa de interés. La inflación sigue aunque se calme. El consumo no aumenta a pesar del aluvión de dinero. Y algunas de las acciones públicas, con un déficit enorme, apenas mueven el amperímetro de la construcción, pero todo lo demás sigue planchado; y sobre todo la demanda de inversiones y el empleo. La compensación, otra vez, viene del gasto público, crecimiento de la planta estatal y reparto de fondos. La acción gubernamental está dedicada a desplazar los problemas en el tiempo y no a resolverlos. El éxito es de patas cortas. Y si bien llegará a Agosto, puede llegar a Octubre con la lengua afuera y tal vez entonces se note, la falta de aire, el EPOC del programa del gobierno.  .

¿Y después qué? Montar con la bolsa en la cabeza o con los pies embolsados es una proeza, pero difícilmente permita conducir el caballo de la historia.

En los últimos días, además de las impactantes cifras de pobreza del 30 por ciento después de una década en la que supuestamente gobernaron en todo el país gobernadores peronistas, han surgido informaciones de la tendencia a la deserción de más y más padres del sistema de educación pública que, por otra parte, ve declinar su calidad comparativamente con el resto del mundo. Tenemos el servicio público de educación en proceso de declinación. Y combate a la pobreza ( y a la desigualdad radical) y fomento a la educación es prioridad  cultural para el peronismo y – repitiendo a Perón – para todas las fuerzas políticas (“somos todos peronistas” dijo el General al volver). Al paso que vamos el servicio de educación se privatiza por falta de oferta publica, con todos los riesgos que eso implica para la igualdad de oportunidades y la democracia. Qué decir de lo que queda del servicio público de salud. El servicio público de seguridad está desvencijado y también en proceso de privatización por falta de oferta. Y algo parecido esta pasando con el servicio público de justicia. La deserción del Estado liberal es un prólogo de la ausencia del Estado de Bienestar y de la desaparición del Estado de Desarrollo.

La prueba de la ausencia del Benefactor es la magnitud, profundidad, larga duración y juventud de la pobreza; la proliferación de Villas Miserias, la explotación al interior de las mismas que está dominada por propietarios, seguramente capitalistas del narco, que alquilan edificios precarios de cinco pisos a los verdaderos pobres de la Villa, después de haber usurpado la tierra publica usando la miseria, que ellos explotan, como mascarón de proa de su piratería. El trabajo en negro; la ausencia de redes de agua, cloacas, transporte, para los sectores más necesitados.

La prueba de la desaparición del Estado de Desarrollo es la orfandad de infraestructura a la que nos hemos acostumbrado como lo demuestra la pasividad social frente a la infamia del menemismo, y de todos los que lo hicieron posible, al destruir el sistema ferroviario mas grande y mas antiguo de América del Sur. Puertos, sistemas de almacenaje, frío, energía, y ahora el colosal atraso en telefonía celular , son solo algunos de los ejemplos de un país que gasta en obra pública y que acumula atrasos en los sistemas de infraestructura que contribuyen a la productividad. Una colosal contradicción. Asentados en la primarización heredada, disfrutando de la emergencia asiática, sufrimos hoy otra vez la restricción externa como consecuencia del proceso de desindustrialización que no fue revertido. Hoy el nivel de la industria es el de 2010 y hace dos años que derrapa y su participación en el valor agregado está estancada. Nos primarizamos porque nuestras exportaciones son básicamente primarias y a un sólo país; y sólo Brasil es el país que nos demanda industria que es prácticamente sólo autos.

La pista barrosa hasta las elecciones. Y los problemas estructurales del Estado liberal que no ofrece bienes públicos, del Estado Benefactor en retirada al que sólo lo queda distribuir a la desgracia y la desaparición consentida del Estado de Desarrollo.

Suena demasiado fuerte y pesimista. Pero hay que contrarrestar la condescendencia panglosiana del oficialismo que cree estar en “el mejor mundo posible” con la bolsa en la cabeza; y hay que despertar el sentido crítico de los que se oponen, atados de pies y manos, por los chantapufis del marketing político que nos van a intoxicar con desodorantes, dentífricos y detergentes que ni curan ni alimentan y sólo disimulan.

Sáquense la bolsa.

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25 julio 2015

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