El Clan y la palabra

15 de agosto de 2015

Carlos Leyba

Todo junto. China devalúa e insinúa una nueva guerra de monedas. Pero sobre todo pone en marcha una estrategia de ataque competitivo. Brasil, que sufre enormes problemas endógenos – que van de la debilidad de infraestructura a la debilidad moral de sus funcionarios, dirigentes y empresarios –  recibe un sopapo considerable que la empuja para atrás. Aunque dispone de una justicia capaz de actuar y de una política que es capaz de respetarla cuando actúa. La Tierra – llorando a El Niño – nos golpea con inundaciones en la inmensa chatura de la Pampa. Desde adentro, el narcotráfico se instala en la discusión de Campaña, que no es lo mismo que un debate sólido sobre el drama del narcotráfico.  Julián Domínguez y Aníbal Fernández se opusieron por tener visiones absolutamente opuestas sobre el narcotráfico, la droga y las políticas para enfrentarlas. ¿De qué hablaban cuando discutían y se tiraban con misiles? ¿De qué hablaron cuando hicieron las paces?

El Banco Central oculta las cifras de venta de reservas durante los días previos a las elecciones PASO. El tipo de cambio paralelo resiste contra los ataques policiales; y a la seducción del “puré” que realizan los beneficiarios de la compra del dólar ahorro, comprando a 9 y monedas, y vendiendo a 14 y monedas.

Ante las inundaciones, lo primero, fue la negación y lo segundo, la fuga. Un funcionario de la provincia de Buenos Aires, en un programa de televisión, afirmó, sin ruborizarse, que Daniel Scioli había viajado a Roma a reparar médicamente los dolores que, tal vez, le causaba su brazo ortopédico; el mismo Scioli lo desmintió. Aclaró que viajó en busca de descanso para superar el estrés de la Campaña. Daniel es el gobernador de la provincia y los ciudadanos le pagan para que trabaje de eso. Y si usa el tiempo de gobernador para hacer campaña electoral para obtener otro puesto público, es claramente un esfuerzo propio que debe realizar fuera de las horas de trabajo y no descargar en otros su cansancio. ¿Algún empleador le paga vacaciones a un empleado que ha dedicado su tiempo de trabajo (o de descanso) para buscar otro trabajo?

El sayo le cabe a todos. Se van a pasar medio año haciendo campaña explicita y otro año y medio haciendo la implícita del tipo “Inauguración compuerta Magoya: Intendencia Pirulo”. Amarillo es mi color partidario y te pinto toda la Ciudad de amarillo. O, más o menos, “llevamos la salud a tu cercanía, gobernación Fangulo” Y los vecinos viajan desde el conurbano a atenderse en los hospitales de la Ciudad.

Cartel de Coca Cola para todos: brilla por delante y atrás está atado con alambre. Campaña es lo que se ve. Eduardo Duhalde formuló mejor que nadie la filosofía del “cordón cuneta”. Hagamos lo que se ve. Y de paso – valido para todos los usuarios de la manija – mucho cemento. ¿Cuál es una de las fuentes más maravillosas de la construcción de fortunas repentinas? ¿Le suena Patria Contratista? Pero que se vea. Y que se haga en no más de unos meses porque viene la otra campaña. Si no se hace rápido no se verá.

Jamás decisiones de largo plazo como las de Juan Perón, que sabía que no las vería realizadas, y sin las cuales muchos de los problemas, hoy morigerados, serían más graves. Decidió y concretó, a los 80 años y en menos de un año de gobierno, Yacyretá sin la cual hoy estaríamos sin luz; Plan Soja y expansión de la frontera agropecuaria, sin  lo cuál hoy estaríamos sin un dólar; el Acuerdo de gas con Bolivia; el Acuerdo del Río de la Plata y así. Un año y decisiones para 100 años. Sin inauguraciones.

¿No será que quienes hoy se ocupan o procuran gobernar creen que gobernar no obliga a ciertas cosas?

Por ejemplo, suponen que gobernar no es erradicar la pobreza; no es caminar hacia la igualdad; no es poblar. Por los resultados, mirando 40 años atrás, no cabe duda que no piensan que gobernar sea eso. Doce millones de pobres, concentración homérica de la riqueza, un  territorio vacío y concentraciones urbanas inmanejables hablan de la ausencia de esos conceptos.

¿Creerán que gobernar no es educar; cuidar la salud; garantizar la seguridad; mejorar la justicia? Si no es así, si no los nutre esa ignorancia, ¿cómo explican las reiteradas muestras de fracaso educativo, el deterioro de la estructura sanitaria pública, el auge aterrador de la inseguridad, la decepción cotidiana que genera el aparato judicial?

Es claro que están lejos de pensar que gobernar es proveer la infraestructura para el desarrollo productivo y la calidad de vida; o generar empleo digno, blanco y de calidad; o atraer inversiones. Si no se trata de un problema cultural de quienes gobiernan y de quienes aspiran a gobernar ¿entonces cómo explicar la ausencia de infraestructura por dónde mire (transporte, energía, riesgos ambientales), 35 por ciento de empleo en negro, cientos de miles de planes paliativos del desempleo, que la inversión (tomando toda) no supere el 17 por ciento del PBI lo que no alcanza a reparar el desgaste y la obsolescencia?

Esa misma cultura, de quienes gobiernan y los que aspiran a gobernar, es la que insufla la idea de que no es el Estado y la política, quienes deben alentar la vitalidad del espíritu de la comunidad que debemos ser. Esa cultura es la que no entiende que la política es responsable de generar hábitos sociales, con conductas testimoniales, que reflejen los valores que decimos compartir y que exaltamos.

La cultura política dominante de los hechos, de los que señalamos y los otros muchos que todos conocemos, es la que debemos revertir.

Hay que empezar por derogar, impedir, que continúe la conducta de que gobernar es un estado de permanente campaña para preservar el poder. La peste de esa cultura salvaje ha contagiado, tanto a muchos de los que están en el poder como a muchos de los que están procurando obtenerlo.

Lo debemos revertir, si es que creemos que la política es la herramienta para lograr, desde el Estado, las realizaciones de la construcción de una Nación que debe ser un hogar. Ni un hotel de paso, en el que la posesión más valioso está en otra parte. Ni un aguantadero donde se ocultan con seguridad las tropelías. Ni un lugar a la intemperie donde se sobrevive. Una Nación es la permanente construcción de un hogar.

Mientras tanto, con las inundaciones, una vez más, la realidad demuestra de manera palmaria la precariedad del aparato del Estado, el lugar en que se encuentra la administración de lo público. La infraestructura no sólo no está realizada ni mantenida. Lo peor es que ni siquiera está pensada. Todo lo que se repara está sometido a pura improvisación.  Un problema, una respuesta. Apelaciones a la solidaridad. Ausencia de Estado.

¿Y la política? La verdadera pareciera haber desaparecido. Lo que ocupa su lugar es la verborragia chicanera, la mentira, la pelota afuera y el caramelo para entretener la panza y esperame que después te traigo algo que alimente.

Mientras tanto el ministro de Defensa de la Nación coloca a su hija en el directorio del Banco Nación. ¿Cómo se enteraron el ministro de Economía, el Presidente del Banco Nación o la Presidente de la Nación de los méritos académicos de una jovencita que ha estado toda la década fuera del país (dado los años de estudio informados) si no es por cuenta y orden de su papá? ¿A quién estaban buscando para el puesto? ¿Cuál es la personalidad de una graduada que necesita de la “recomendación” de sus profesores extranjeros para un cargo en la Argentina?. No ganó un concurso. No se ganó el lugar por su militancia local (tipo La Cámpora) y suponemos tampoco por su militancia extranjera. No es precisamente la conducta de alguien “nacional y popular” militar para ser legislador en Europa.

Aquí y en cualquier lugar del mundo, ese nombramiento, se llama nepotismo y es un vicio espantoso de la política y una demostración de que esto, conseguirle un trabajo muy bien rentado a una hija de una familia más que rica, es una demostración de lo chiquitito, miserable y descarado a lo que está llegando la política.

Cuenta Francisco Olivera, en su columna del diario La Nación, el enojo y la tensión entre algunos empresarios y Mauricio Macri que representaría, según MM, “el cambio”.

¿Cuál es el cambio que representa Macri respecto de la cultura política dominante? ¿Quiénes de sus cuadros han estado ausentes y enfrentados con esa cultura política?

Las relaciones de Macri con la nueva oligarquía de los concesionarios –  que es la mayor concentración de poder económico protegido por el propio Estado (los que se apoderaron de lo que era tarea del Estado y fue privatizada; los que multiplican su patrimonio inicial merced a concesiones públicas (incluye banca); los que reciben contratos pagados por el Estado) – hasta el presente, por lo conocido públicamente, es  similar a las que mantiene el kirchnerismo.

No hay allí, en esas relaciones poco compatibles con la idea de gobernar, tampoco un corte cultural que se refleje en actitudes públicas concretas más allá del aparente escenario de tirantez.

Mientras tanto, justamente, cuando Macri se encontraba con algunos de los que participan de los dulces de la oligarquía de los concesionarios, se estrenaba “El Clan”, el relato sombrío de crímenes que asolaron nuestro país. “El Clan” cuenta algo que pasó. Y que la película la coloca en el pasado.

Relata hasta donde llega la perversidad del dominio de un sicópata sobre su núcleo de influencia, cómo se instala y cómo opera un sistema sicópata. Relata hasta dónde puede llegar “la obediencia debida”, la “lealtad a papá”, “papá lo hace por nosotros”.

La gravedad de los hechos, aquello que se trata de un pequeño grupo de individuos, es claramente visualizable, juzgable, condenable, en tiempo real. Y a pesar de ello la reacción, basada en lo que proyectamos acerca de la conducta de ese núcleo, nos lleva a sostener “no puede ser”, “es una conspiración”.

A veces llega la confirmación que  no fue una conspiración y que no sólo pudo ser, sino que fue.  Pero muchos, mucho tiempo, creyeron en la inocencia de los Puccio. A tal punto que la Justicia no fue implacable.

No es idénticamente igual la reacción que genera un  sistema sicópata cuando se proyecta a lo colectivo. Frente a cuestiones espantosas, las expresiones como “No puede ser; es una conspiración” son frecuentes. Pero en todos los casos, individuales o colectivos, los resultados materiales son irrefutables. Están ahí. Podemos discutir las causas. No los hechos.

Cuando negamos los hechos ascendemos en une escalón de la perversidad del sistema sicópata. Un sistema que se basa en dominios y supuestas lealtades. En el ejemplo de “El Clan”, uno de los testigos se va – pero no puede acusar ni enfrentar la situación –, uno de los protagonistas trata de suicidarse, no para no ejecutar el crimen, sino por no soportar ser descubierto.

No se trata de invocar una metáfora. Si no disparar una reflexión. Si la política, nuestros políticos, todos – opositores y oficialistas –, no logran un cambio cultural para comprender qué cosa es gobernar  y a qué obliga esa tarea, entonces se profundizarán nuestras enfermedades colectivas y tal vez los sufrimientos individuales de la mayoría.

La señal de que se está haciendo el esfuerzo de comprensión será que sean capaces de describir la realidad tal cuál la ven: el primer consenso es acerca de la realidad. No de la realidad en la superficie que inevitablemente oculta las corrientes profundas. Sino la realidad en las entrañas de nuestros males.

Esa situación no estuvo presente en las PASO. Nadie se preocupó por interrogar o tratar de explicar el por qué de las cosas que nos pasan. Y en primer lugar de eso se trata. Y en segundo lugar se trata de cómo nos proponemos resolverlas; y cómo podemos contribuir a solucionarlas acordando desde ahora cómo hacerlo.

No tiene el menor sentido hablar de propuestas si no somos capaces de hablar de los hechos y del diagnóstico.  Por ejemplo, pobreza, narcotráfico, inflación, resultados educativos, productividad. Todo está en la vidriera de la vida cotidiana.

Pero unos niegan la existencia y otros ignoran las causas- Todos recitan fórmulas y ninguna estrategia colectiva de solución.

Ahora nos enfrentamos a una elección de legisladores, intendentes, gobernadores, presidente. Lo que tenemos en las listas no es precisamente una renovación de la clase política. No hay nada nuevo. Todo probado. Y nada anduvo demasiado bien. Es lo que hay.

Pero no hay que perder la esperanza de una sanación. La palabra tiene la virtud de descubrir.

Tenemos por delante semanas de discursos y hasta el compromiso de una suerte de debate (ninguno es suficiente) entre los presidenciables que “arrastran”.

Quizá de esa puja, cómo llamarla, surjan las palabras puedan iluminar la necesidad de una cultura política que recupere el sentido de gobernar, el para qué de gobernar.

Que surja la verdad de los hechos, de lo que se piensa, lo que se diagnóstica, y lo que se procura hacer.

No se trata solamente que los candidatos estén “vacíos”. No sería, en ese caso, difícil llenarlos. Es que están obnubilados. Hechizados por ese sistema sicópata que puede estar haciendo de la política un Clan.

Lo que lo puede y debe  romper el hechizo no es la fuerza sino la luz de la palabra. Es decir, cuando del debate pueda surgir la amenaza y la oportunidad de la verdad.

No hay fuerza más potente para destrozar el embrujo del Clan que la luz de la verdad que sólo puede surgir de la palabra.

Y tal vez en estas semanas, ese “todo junto” con que empezamos esta nota, nos ayude. Recordemos, China, el “socio estratégico”; Brasil, el “socio de la industria”; las inundaciones en la pampa feraz; el malestar de la política cambiaria, fiscal y monetaria; el círculo vicioso de ser gobernados por la campaña para gobernar; el huir de los problemas; el nepotismo en lugar de los mejores para la función pública; la destrucción del concepto de hogar para la Nación; el olvido del para qué gobernar; el cerco de la nueva oligarquía de los concesionarios; el sistema sicópata y el riesgo de hacer de la política un Clan de hechizados.

Es eso y mucho más que, en esta semana, se ha presentado “todo junto” lo que, tal vez, los obligue, a quienes pugnan por gobernar, a debatir, a hablar y a que la palabra descubra la verdad y podamos alejarnos definitivamente de caer en la conducta de un Clan, de cualquier bando, ocupado de, para, por y con el poder que nos condene al silencio. Donde muere la palabra muere la verdad y la mejor metáfora es un Clan.

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15 agosto 2015

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