Barba en remojo

24 de septiembre de 2015

Carlos Leyba

Publicada en El Economista

Según los expertos la expresión “si las barbas de tu vecino ves cortar, pon las tuyas a remojar” proviene del bajo latín.  Es decir, es tan vieja como nuestra civilización. Vale decir que es una precaución civilizada. Y aquí y ahora, es una sana advertencia para el ejército de expertos en marketing que lucra con la falta o escasez de profesionalidad política de los candidatos. El rasurado llegó o esta por llegar.

Convengamos que Daniel Scioli y Mauricio Macri – no así Sergio Massa – han llegado a la política a partir de la moda “los famosos a juntar votos” inventada por Julio Mera Figueroa para sumarle votos a Carlos Menem.

Carlos Reuteman y Palito Ortega –famosos y exitosos antes de la política – como  Daniel Scioli – no tan famoso y menos exitoso – fueron invenciones de Mera que le sirvieron a Menem para vaciar al peronismo.

Vaciarlo no sólo de ideología y programa, sino del debate partidario sobre la ideología y el programa que había iniciado la Renovación bajo el liderazgo de Antonio Cafiero.

Acudir a los famosos – ahorra gastar en hacer visible a un candidato – es una manera de terminar con lo “programático” que siempre incomoda  porque implica pensar y comprometer. Y terminar con lo “programático” ayuda a terminar con los profesionales de la política que acreditan méritos en la carrera partidaria. El club de los famosos es terminar con los partidos.

Los famosos no necesitan ni programa ni méritos en términos políticos. Cuentan con fama y, en el mundo de las imágenes  -que ha transformado la comunicación- eso vale un Perú. La “gente” (todos tomados de a uno) los conoce. Y eso es lo primero. Después viene la simpatía. No hacen opinión porque no necesitan tenerla. Usan la palabra “gente” y no “pueblo” porque esta expresión alude tanto a lo colectivo como a lo común, como a proyecto y a rumbo. Lo de “gente” es de a uno, individual, inmediato. “El tipo me cae bien”

Scioli ha generado “capital fama y adhesión” aplicando mejor que nadie la famosa máxima de Felipe Solá: “me hago el …. do“.

Mauricio, obra de su empeño, inauguró la profesión de empresario deportivo presidiendo el club de futbol que dicen que acumula los amores de la mitad más uno de los argentinos. Así se hizo famoso y exitoso.

Algo que antes de Menem era impensable. Menem lo hizo.  Ahora la política no empieza por pensar y comprometerse sino por hacerse conocer. Ya viene el “Gigolo”

Massa – y se le nota es diferente – participó en las lides universitarias en la efímera corriente liberal. Es una de las trayectorias tradicionales de la política y “militó” desde joven. Eduardo Duhalde, con el peronismo ya desideologizado,  lo puso en el lugar y en el tiempo justos para cosechar los éxitos de la transformación electrónica del ANSES. Y lo hizo bien. Heredó el municipio con más potencial tributario relativo del conurbano y lo manejó bien; y tuvo sus horas de fama gratuitas al ser Jefe de Gabinete del gobierno K al menos por un rato. El comienzo de su construcción política fue equivocado. Decidió – un poco a la manera de Duhalde – hacer un partido de intendentes disidentes con centro de gravitación en el conurbano. El se ofreció como candidato presidencial traccionador; y cada uno de sus socios, jefes comunales, se imaginaba candidato a gobernador de la Provincia. La imposibilidad de satisfacer a todos hizo estallar la coalición de intendentes de superiores propósitos laborales. No había nada parecido, como decía Cafiero, a “la lucha por la idea”.

Los intendentes lo abandonaron y el hombre cambió la estrategia. Desgranado apeló a la política. Sumó, además de a Felipe Solá, a dos destacados dirigentes de larga trayectoria. Elegidos o designados, Juan Manuel de la Sota y Roberto Lavagna, uno de los dos o fueron miembros de los gobiernos del radicalismo, del menemismo o de la Alianza o del duhaldismo o del kirchnerismo. Entre los dos suman presencia pública permanente desde que se inauguró la democracia. Sumados los dos estuvieron en todas. Fueron parte de la génesis de la hiper y de la debacle de la convertibilidad; la conducción de esa debacle, de la salida de la debacle; y sumando a Felipe y Sergio, el elenco, completa la presencia hasta el período K.

En el mazo de Massa están cartas de todos los mazos.  Pero lo nuevo en el massismo es que, más allá que el especialista en marketing continúe al lado de él, Sergio – después de su retroceso – encontró “la política”. Abandonó los consejos del gurú (¿por qué serán todos importados?) y creció cuando inauguró un discurso político que le hizo recuperar muchos de los votos perdidos. Menos marketing y más política le rindió en las encuestas.

Pareciera que Mauricio,  viendo que Sergio afeitó en la práctica a su gurú, que pasó a la política y que por eso creció, le acaba de rasurar la homónima a su gurú Barba. Lo que confirma que las barbas no Duran cuando se hace evidente su espantosa inutilidad.

Pocos dudan que este inútil gurú ecuatoriano trabajó en la práctica durante meses a favor del oficialismo nacional, logrando que Macri no avance un tranco más allá de lo que su  propia naturaleza le generaba.

Es que Mauricio es candidato de su representación social. Su 27/28 por ciento responde a lo que él representa en el imaginario colectivo, más allá de los méritos de razonable gestión en la Ciudad que nadie discute. Mauricio es una persona que representa la “no política”,  el “no peronismo”,  “la gestión”,  “lo urbano”, “lo moderno”. Y, para algunos, “lo nuevo”. Es lo que representa. Más allá que realmente sea “eso”.

Hay una parte de la sociedad harta de “la política” que quiere democracia de quirófano; que esta hastiada del “peronismo” explícito pero que no es “gorila” en el odio irracional a Perón; que disfruta sólo del presente y que no cree en proyectos, sueños o utopías y por lo tanto apuesta a la gestión; hay una legión entusiasta de Miami – la conozcan o no – a la que les apasiona la estética; y muchos que se apasionan por la “novedad” a la que le asignan un valor en sí mismo, aman lo moderno, la “moda”. Seguramente, entre los tres candidatos, Macri es el que representa eso.

Pero en realidad su gobierno está lleno de peronistas y radicales, menemistas y JP. Muchos de los que lo acompañan en el PRO llevan tanta presencia en todos los gobiernos anteriores como De la Sota , Lavagna y Solá y abarcan, con su historia, al alfonsinismo, menenismo, Alianza y duhaldismo. No recuerdo si hay ex funcionarios K en el PRO, pero vaya si los hay en Cambiemos y en los candidatos de las alianzas del interior. Los consejos del gurú acerca de la pureza además de ridículos eran falsos e inútiles. Se dio cuenta. Aunque tal vez sea demasiado tarde para él.

No hace falta recordar que en el kirchnerismo y en el sciolismo sobran alfonsinistas, menemistas, duhaldistas, y miembros de la Alianza.

Suena horrible pero, si el pasado deja huellas, los tres candidatos, en sus genes, tienen gigantescas coincidencias. Aunque sólo uno venga de la política y los otros dos de la fama. A los tres los acompañan cuadros llenos de polvo del pasado.Y aunque se desgañiten diciendo “somos diferentes” el CV de los que los acompañan los hace demasiado parecidos.

Lo que los ha diferenciado es el consejo de los gurú de cada uno: Pureza PRO a Mauricio; el consejo de Solá a Scioli y la leva de intendentes a Massa. La pureza casí lo funde, pasarse de Solá le provocó a Daniel un sosegate de Cristina llamado Zanini y si no alcanza Aníbal y La Cámpora. Y la estampida de los intendentes casi lo atropella a Sergio.

El marketing de los candidatos, como en los productos comerciales que son lo mismo, trató de marcar diferencias. No tuvo éxito. Son genéticamente parecidos: todos tienen gente que estuvo en todas desde 1983 y eso marca más que el marketing.

El único que cambió los números un poco a favor (Sergio) es el que le serrucho la barba al gurú: y a caballo de eso es que Mauricio le está serruchando la homónima al que algunos llaman impostor y cuyo primer apellido es Duran.

Los tres hablan de propuestas pero ninguno puede salir de la parte de los objetivos. Política es “tener ideas claras de lo que hay que hacer desde el Estado”. Y todavía no hemos escuchado ni herramientas ni recursos. Eso es economía de palabras, pero sin esas palabras no hablamos de economía.

Por ejemplo todos quieren “negociar con los holdouts” pagando lo justo. Ninguno dice que primero hay que derogar la ley que lo impide. Todos hablan de ‘’traer recursos” – lease dólares – pero no lo llaman endeudarse, mega blanqueo o qué. O bien “mas yuanes” – lease Roca Runciman plus. Recitan confianza. Todos sacan el “cepo” unos rápido, otros despacio y ninguno dice (o sabe) con qué tasa de interés funcionamos. Todos quieren aumentar la inversión, pero ninguno dice con qué sistema tributario, con qué sistema financiero y con qué tipo de cambio, sobre todo después que todos dicen que sacarán, rápido o despacio, las retenciones. Y no falta el que promete el aumento del consumo al mismo tiempo.

Los tres candidatos principales están estancados. Y el que va primero no puede, no quiere o no sabe afrontar un debate. No resiste una pregunta que no sea la del periodismo argentino que tiene la virtud de no repreguntar. No es que a Scioli Cristina Kirchner le prohíbe debatir; él – cuando Marcelo Bonelli  lo invitó a participar – no firmó lo que todos firmaron; y dijo “que el era hombre de palabra que no necesitaba firmar”. ¿Es así?

Ahora los dos que pelean por el segundo puesto aceptaron debatir. En cualquier caso el que lleva las de ganar es Scioli porque no va a tener que responder y continuará con el consejo de Felipe Solá que, sin saberlo, se convirtió en su gurú. Pero su problema es que CFK le va a responder las preguntas que él no responda.

Con debate o sin él, la hora de los gurú está cerca de su final. Todo el daño que podían hacer lo han hecho.

La realidad, cada día más espesa, hace su camino y el 11 de diciembre difícilmente todo lo bueno esté mejor que hoy. Y con seguridad todo lo malo estará peor.

A los que les preocupa el tipo de cambio tendrán que inventar un Jorge Remes de la galera. Y a los que no les preocupa, tendrán que conseguir o la ampliación del cupo chino y bancarse las cosecuencias; o bien lograr que el Parlamento – liderado por Axel Kicillof – anule la ley que, desde 2005, impide pagarle una moneda más que a los canjeados a los buitres y holdouts; y después pasar la gorra.

De eso los gurú no opinan y por eso todas esas barbas están en remojo.

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24 septiembre 2015

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