La liquidez liquída

4 de octubre de 2015

Carlos Leyba

Zygmunt Baumann instaló el concepto de liquidez para caracterizar a la sociedad actual. Todo es tránsito. Relaciones efímeras. No seremos muy originales si recordamos que nuestro presente nos señala el predominio de esa idea de liquidez en la política y en la economía. Sus actores son sujetos que dejan de serlo al estar en navegación permanente en un mar abierto sin rumbo. Justamente tener rumbo y seguirlo, implica la existencia de una forma, de una estructura. Rumbo como sinónimo de propósito.  ¿Así estamos?

Zygmunt Baumann instaló el concepto de liquidez para caracterizar a la sociedad actual. Una idea de flujo en movimiento y sin forma que señala la ausencia de estructuras que lo contengan: cuerpos líquidos que adoptan formas transitorias. Todo es tránsito. Relaciones efímeras.

No seremos muy originales si recordamos que nuestro presente nos señala el predominio de esa idea de liquidez en la política y en la economía.

Sus actores, los de la política y la economía, son sujetos que dejan de serlo al estar en navegación permanente en un mar abierto sin rumbo. Justamente tener rumbo y seguirlo, implica la existencia de una forma, de una estructura.

Rumbo como sinónimo de propósito. Su contrario, navegación a mar abierto sin propósito o con propósito individual en la política, y ejecución de la política económica dedicada a la pura supervivencia de quienes la ejecutan con independencia de sus resultados y sus consecuencias. Y prescindiendo de toda convicción o respeto por la realidad. ¿Así estamos?

Se ha destacado un hecho de un personaje menor, la señora Mónica López. Un símbolo de la liquidez en política. Pero hay más. López,  esposa de un hombre de fortuna y mujer de alta exposición mediática y de cuidada presentación, al punto de disponer de 240 pares de zapatos y decirlo, es compañera de vida y de política de un dirigente sindical petrolero. Hombre económica y políticamente poderoso por ser jefe de la bancada legislativa del Frente Renovador. Candidata al PARLASUR, a tres semanas de la elección, ha pasado a militar con Daniel Scioli. Un ejemplo de navegación sin rumbo. Liquidez.

Sergio Massa, en ese flujo, ha pescado especímenes de la Coalición Cívica; Mauricio Macri es beneficiario del traspaso de hombres de Massa; muchos macristas se han incorporado al massismo. Los cambios de puerto lo han sido por razones ajenas a convicciones o a  programas. Los pases se fundan en razones de cálculo. Está claro que en la política son demasiados los que navegan cambiando de puerto por un tiempo para volver a anclarse por un rato.

La liquidez de la política es posible por la inexistencia de los partidos como tales; la inexistencia de programas, plataformas, compromisos. Peor los partidos no se pueden construir si no es a partir de ideas.

Conclusión la política es líquida porque no existen partidos y estos no existen porque no hay ideas ni programas que lo conformen. Las personas o los cambios mencionados son menores expresiones superficiales de un problema profundo.

Pero los cuadros políticos de mas jerarquía, que acompañan a cada uno de los tres presidenciales, tienen historias personales de alta liquidez. En este sentido y tal vez en otros.

¿Qué evidencia esa liquidez de la política sin partidos – sin estructuras programáticas que contengan – que hace posible que “ser algo” no implique necesariamente “estar en un lugar determinado”? Respuesta: implica que la política, lo que hacen los políticos, no dispone de ideas claras acerca de lo que hay que hacer desde el Estado para gobernar en una determinada dirección. O bien que las ideas son condenadas al silencio para otra oportunidad.

No disponen de ideas claras  ya que pueden estar aquí o todo lo contrario. O bien todo es lo mismo. Y si todo es lo mismo o es porque en ninguna parte hay ideas o porque en todas partes las ideas son las mismas.

Esta segunda opción es la menos probable ya que si hay algo que está absolutamente fuera del escenario de la política es el anuncio de ideas fuerzas, ideales históricos concretos.

Esta ausencia de conceptos hace que la navegación de los dirigentes, entre un puerto y otro, no es ni más ni menos que la constatación del compromiso cero que ha logrado instalar este modo de apartidismo en que se mueve la dirigencia política.

La liquidez, la navegación sin restricciones, las anclas levantadas, han liquidado a “la política” que significa tener ideas claras sobre lo que hay que hacer para construir una Nación.   La liquidez, esta liquidez en política, mata a la política, la liquída.

Hay una variante. Es la de la liquidez pasiva o del silencio transitorio, particularmente notable en el kirchnerismo. Funcionarios, gobernadores, legisladores que ejecutaron y convalidaron todo lo que el kirchnerismo hizo y que se han ido desgranando del FPV con un discurso que hace incomprensible que hayan estado donde estaban. Jefes de gabinete y el INDEC; funcionarios y holdouts, etc. Hoy declaraciones de personalidades importantes del peronismo K sostienen la misma crítica de la oposición o el programa de Macri. Increíble pero real. Solamente la liquidez lo explica. “Los políticos” han dejado de ser líderes: navegan hacia el puerto protegido que otro construyó.

¿Y en la economía? Por ejemplo ¿cuál es la liquidez conceptual del actual ministro? ¿Navega, va de un puerto del pensamiento a otro? Veamos.

A propósito del primer año de gestión de Néstor Kirchner, Axel Kicillof, Agusto Costa y Cecilia Nahon, actuales ministro, secretario de comercio y embajadora en USA, decían, en “Realidad Económica Número 203” y a su criterio, en ausencia de un programa explícito de Kirchner, que un plan económico debe “identificar los tres componentes que -como mínimo- deben estar presentes en todo programa: un diagnóstico informado de la situación que se enfrenta, una serie de objetivos y el conjunto de instrumentos mediante los cuales se pretende alcanzar las metas propuestas”.

¿En qué consiste en este caso el primer elemento de “liquidez en economía” aplicado a nuestra realidad presente?

Simple, la gestión de Kicillof – al igual que Néstor – carece de diagnóstico. Las cifras principales de la economía han sido deformadas por el INDEC. Ni inflación, crecimiento, empleo real, situación social pueden formar parte del diagnóstico del gobierno porque los datos oficiales alteran la realidad y denotan colosales inconsistencias. No hay diagnóstico posible con análisis de sangre y radiografías trucadas.

Tampoco (carecería de sentido) conocemos los verdaderos objetivos (si los hubiera mas allá del “paso a paso” que ha caracterizado todo el período).

Para los autores de esa nota, este ministro, no pasaría la primera prueba de “consistencia” por falta de diagnóstico informado. Marxismo puro. Como diría Groucho: “no quiero pertenecer a un Club que me admite como socio”.  Sigamos que aclara.

Continúan los autores “Los defensores de la Convertibilidad sostenían que la regla cambiaria, al convertirse en un ancla para el control de la inflación, (¿le recuerda algo?) había servido de plataforma para una notable expansión de la producción nacional. Durante la década de 1990, el país alcanzó un volumen de producción que -medido en dólares al tipo de cambio vigente- lo colocaba entre las naciones prósperas del planeta o, al menos, lo sacaba del sombrío rincón en el que se apiñan los estados más pobres. En efecto, el Producto Interno Bruto (PIB) argentino llegó a alcanzar los 300 mil millones de dólares, mientras que el ingreso por habitante se aproximó a la más que respetable suma de 9.000 dólares anuales. Estos simples datos constituyeron la base sobre la que se construyó el discurso oficial según el cual el país estaba haciendo su ingreso triunfal al primer mundo” (¿le recuerda otra cosa más?)

Sabrá disculpar el lector lo abusivo de la extensión de las citas pero hoy el ministro mantiene la regla cambiaria de llevar las devaluaciones del peso oficial por debajo de la inflación real. Ello hace que la producción medida en dólares oficiales (que no se han ajustado a la inflación) representen un PBI por habitante, medido en dólares, muy superior al que resultaría de un tipo de cambio que hubiera seguido el ritmo de la inflación.

Sobre la base de esa desinformación se construyó el actual discurso oficial. ¿Cuánto hay de líquido (de falta de estructura) en el actual discurso económico oficial?

Notablemente quienes conducen hoy la economía decían entonces “Con el tipo de cambio fijo en un dólar por cada peso, la Argentina parecía haber superado su ancestral orientación primaria-agroexportadora. Mirado a través de la lente de la sobrevaluación, el perfil productivo se había transformado repentinamente y casi el 65% del PIB era explicado por el sector productor de servicios. No pocos festejaban esta ficción como si se tratara de un aspecto más de la modernización: el país quedaba inscripto en la tendencia mundial hacia el “fin del trabajo” (industrial) y la tercerización de las economías.” Más allá de la precariedad de todos estos conceptos, importa vincularnos con lo que son los resultados de la gestión al día de la fecha.

El dato relevante, para esta afirmación de los autores respecto del pasado que condenan, es que el 65 % del PBI se generaba en los 90 en el sector servicios. Pero según el Ministerio de Economía (III 2013) la participación del sector servicios hoy en el PBI es 65 %. ¿Entonces?

¿Cuánto de liquidez hay en la “ficción”? Los autores tampoco aprobarían su propia gestión. ¿Qué es lo que realmente pensaban, piensan, son?

Dicen mas adelante “las exportaciones, que representaban un escaso 10% del PIB, parecían ser poco significativas … ya que el 90% de la producción nacional se destinaba al mercado interno. Del mismo modo, las importaciones -si bien crecientes- representaron sólo un 13% del PIB en su año pico (1998)”

¿Qué pasa hoy? Con la misma base del Ministerio de Economía (III 2013), tenemos exportaciones por el 12 % del PBI e importaciones por el 15 %. Nada diferente.

Luego afirman “Si antes de la devaluación el sector de los servicios pesaba tanto era porque su producción estaba computada en pesos sobrevaluados, (otra vez ¿le recuerda algo?) sumándose al PIB con las tarifas en dólares más altas del mundo. La tercerización no era aquí el resultado de un desarrollo de la producción industrial, sino de su contracción. La realidad muestra sin rubor que la Argentina actual es, como lo era a fines del siglo XIX, un país dedicado predominantemente a la exportación de productos de base primaria (agrarios y, en menor grado, mineros) con nulo o escaso nivel de elaboración.” ¿A qué le hace acordar?

Este párrafo aplicado al presente con un déficit de 32 mil millones de dólares del comercio externo de la industria, financiados por soja, no requiere comentarios. Los autores dirían de sus resultados lo mismo que decían de la convertibilidad. ¿Se criticarían con el mismo entusiasmo?

Algo más, dice Kicillof “Cuando el peso está sobrevaluado los productos del exterior son baratos para los argentinos y los productos argentinos caros para los extranjeros. La sobrevaluación es una situación de algún modo ficticia, que hace que los pesos sean capaces de comprar más dólares de lo que en realidad valen”.

Este año el déficit de turismo será de 8 mil millones de dólares y con cepo, que evita la fuga, el dólar ahorro alcanzará a 7 mil millones de dólares. ¿Economía líquida?

Dicen Axel y sus colegas “Como toda situación económica forzada, la sobrevaluación necesita alguna fuente particular de alimento para sostenerse.” El nuevo alimento, acabada la dinámica de crecimiento de los precios de las commodities, son los yuanes. No solo de dólar vive el hombre. También de prestamos de yuanes llamados swap pero al 7 por ciento anual y con condicionalidades de importación forzada de productos y servicios de una China plena de excedentes que debe colocar a como de.

Nuestros autores afirman “el hecho de que la Argentina pudiera exportar casi exclusivamente productos de base primaria y minera con mayor o menor grado de elaboración (como por ejemplo productos agroindustriales) a bienes favorecidos con un régimen especial de promoción (notablemente la industria automotriz) … (y que ) En las demás ramas de la producción la economía nacional no era suficientemente productiva como para afrontar la competencia internacional” ¿Qué dirían de la realidad de la balanza comercial de hoy soja intensiva o auto intensiva?

Finalmente sostiene Kicillof “Pese a las apariencias, el nivel del tipo de cambio no es una variable arbitrariamente fijada por la autoridad económica, ya que -con independencia de las fluctuaciones menores de corto plazo- no es posible sostener indefinidamente una moneda sobrevaluada ni subvaluada simplemente a fuerza de buena voluntad. ¿Y entonces?

No obstante, los economistas ortodoxos encuentran las explicaciones más descabelladas y esotéricas respecto de la determinación del tipo de cambio. Por un lado están aquellos que creen que el tipo de cambio brota de los deseos del ministro, pero también se encuentran quienes afirman que no existe una explicación precisa de naturaleza económica para el fenómeno, sino que toda devaluación es producto de una conspiración abierta o encubierta, destinada a desestabilizar al gobierno de turno. De ahí las tranquilizadoras hipótesis del “golpe de mercado”, o las más actuales denuncias que atribuyen el desplome de la moneda al canibalismo de los “fondos buitres”. (¡qué capacidad de premonición¡) De este último tipo de interpretaciones se burlaba Keynes en 1923:

“Cada vez que el franco [léase peso] se deprecia, el ministro de Hacienda cree firmemente que ello se debe a cualquier cosa excepto a causas económicas y lo atribuye a la presencia de un extranjero en las inmediaciones de la Bolsa o a las misteriosas y malignas fuerzas de la ‘especulación’. Intelectualmente, tal actitud no está lejos de la del hechicero africano que atribuye la enfermedad vacuna al ‘mal de ojo’ echado por un circunstante y el mal tiempo al apetito insatisfecho de un ídolo” Suena increíble. Pero es real.

Como vemos la liquidez de la política es el trasiego de un puerto a otro. Y su causa la ausencia de partidos y la consecuencia la falta de ideas. Y en economía, la liquidez es el trasiego de los argumentos. O más precisamente su causa es la falta de programas por ausencia de diagnóstico cuya consecuencia es producir lo mismo que se creía que uno aspiraba a conjurar ¡hasta con los mismos argumentos¡.

La liquidez liquída. La liquidez (en el sentido de Baumann) mata. El problema sea “pato o gallareta” lo sufrimos los ciudadanos de a pie. Todo líquido, todos confundidos, todo en movimiento, los políticos se mudan, los economistas hacen lo que no piensan y no piensan lo que hacen. La liquidez mata.

Un poco de estructuras sólidas de pensamiento y políticas no nos vendría nada mal. Es hora que tratemos de lograrlas.

Por el camino actual vamos para  otro lado. La liquidez liquída.

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04 octubre 2015

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