La paja en el ojo ajeno

22 de Octubre de 2015

Carlos Leyba

Tres etapas en la década. Primero fuerte recuperación, después lento crecimiento, declinación y retorno de males aventados. El signo demoníaco es que volvió la deuda. Los tres candidatos, que según Roberto García tienen pasaporte extranjero, afirman que el futuro depende, cada uno a su manera, de obtener deuda. Sean dólares o yuanes con tasa de interés superior a la de crecimiento. Ya estamos a ritmo de emisión de bonos: clásico de la “economía para la deuda” iniciada en 1976.

Con Néstor el PBI creció 9% anual; con Cristina y sin Axel 2,3; y con Axel se estancó.

La inflación Néstor fue 11% anual, Cristina la duplicó, y Kicillof la llevó a 25.

Néstor creó por mes 42 mil puestos de trabajo urbano; Cristina 18 mil y con Axel, los empleos registrados durante 2014, crecieron mensualmente en 1600 puestos, lo que proyectado, se estima en 5000 mensuales comparables. Cadencia declinante del empleo (0,1% entre el IT 2015 y el IVT 2014). La pobreza, que Néstor redujo notablemente, está estancada en los niveles de los 90.

Con Néstor superávit fiscal y ahora déficit creciente. El balance comercial, con Kirchner y con Cristina, tuvo superávit. Superó los 10 mil millones de dólares anuales. Con Axel el promedio se derrumbó.

Las Reservas con Néstor empezaron en 11 mil millones y terminaron en 47. Cristina le entregó a Axel 30. Hoy los dólares realmente disponibles, sin yuanes ni ajenos, se aproximan al punto de partida. Esa disminución obligó al cepo que terminó con la fuga, la que había sido de  13 mil millones de dólares con Néstor; y de 17 mil millones por año con CFK. Axel frenó la fuga. Pero dólar ahorro más déficit de turismo suman 15 mil millones por año.

Si los resultados se miden por crecimiento y empleo, la tendencia es declinante. Si juzgamos por la fortaleza de los instrumentos (superávit fiscal, externo y nivel de reservas) los mismos se debilitaron. Y si medimos por las expectativas (inflación y fuga) la nota no es buena.

Respecto del presente, uno de los ejecutores de la convertibilidad, J.J. Llach, dijo (LN, 19/10/15) Dado el conformismo de parte de la sociedad, es bueno recordar que el desempeño de la economía argentina entre 2011 y 2015 terminará siendo uno de los peores del mundo …  Éstos no fueron costos de un futuro mejor, sino costos hundidos en una herencia muy negativa, con la pobreza en aumento, buena parte de la industria, el agro y las economías regionales en situación mala o crítica, el retraso cambiario”. Si le sumamos la deuda y cambiamos las fechas por los años 90 sería la descripción generosa de la herencia de la convertibilidad. El autor ve en el presente, con razón, lo que no vio en los 90. La ausencia de crítica a tiempo se repite en los actuales hacedores. Veamos.

Kicillof, Agusto Costa y Cecilia Nahon, ministro, secretario y embajadora, en 2004, (“Realidad Económica, Número 203”), decían que Néstor no tenía plan. Para tenerlo debía “identificar los tres componentes (de) todo programa: un diagnóstico informado de la situación …, una serie de objetivos y el conjunto de instrumentos (para) alcanzar las metas propuestas”. Los objetivos de Kicillof no han sido estancar la economía, aumentar la inflación, no crear empleo, bajar las reservas, reducir el superávit comercial y aumentar el déficit fiscal. Pero eso sucedió. ¿Falló el diagnóstico? ¿Los instrumentos?¿O no había plan?

Los autores decían “Los defensores de la Convertibilidad sostenían que la regla cambiaria, al convertirse en un ancla para el control de la inflación” (¿Qué utiliza Kicillof?) había servido de plataforma para una notable expansión de la producción nacional. (En) la década de 1990, el país alcanzó un volumen de producción que -medido en dólares al tipo de cambio vigente- lo colocaba entre las naciones prósperas del planeta … Estos simples datos constituyeron la base sobre la que se construyó el discurso oficial”

Kicillof devalúa por debajo de la inflación: revalúa. Por eso el PBI por habitante, medido en dólares oficiales, es muy superior al que resultaría de aplicar un tipo de cambio que hubiera seguido el ritmo de la inflación. También sobre esta desinformación se construye el discurso oficial.

Decían “Con el tipo de cambio fijo en un dólar por cada peso, la Argentina parecía haber superado su ancestral orientación primaria-agroexportadora. Mirado a través de la lente de la sobrevaluación, el perfil productivo se había transformado repentinamente y casi el 65% del PIB era explicado por el sector productor de servicios. No pocos festejaban esta ficción como si se tratara de un aspecto más de la modernización: el país quedaba inscripto en la tendencia mundial hacia el “fin del trabajo” (industrial) y la tercerización de las economías.” Más allá de la precariedad académica de estos conceptos el dato relevante, para los autores, es que en la convertibilidad el 65 % del PBI (a precios de 1993) se generaba en el sector servicios. Con el mismo método, en el año 2000, los servicios generaban el 64 % del PBI y el 65 en el III Trimestre de 2013.  Con la nueva base del PBI, en 2004, Servicios era 50 % del PBI y en 2014 fue 53: aumentó. ¿Y entonces?

Dicen “las exportaciones, que representaban un escaso 10% del PIB, parecían ser poco significativas … ya que el 90% de la producción nacional se destinaba al mercado interno. Del mismo modo, las importaciones -si bien crecientes- representaron sólo un 13% del PIB en su año pico (1998)” ¿Qué pasa hoy? Con la misma base (en IIIT/13) las exportaciones fueron 12 % del PBI y las importaciones 15 %.

Afirmaban “Si antes de la devaluación el sector de los servicios pesaba tanto era porque su producción estaba computada en pesos sobrevaluados, (¿ y hoy?) … La tercerización no era aquí el resultado de un desarrollo de la producción industrial, sino de su contracción. … la Argentina actual es, como lo era a fines del siglo XIX, un país dedicado predominantemente a la exportación de productos de base primaria (agrarios y, en menor grado, mineros) con nulo o escaso nivel de elaboración.” ¿Qué dirían del presente? ¿Qué exportamos hoy?

La industria (en IIIT/13 a precios de 1993) representó el 17 por ciento del PBI. Lo mismo que en 1998. A precios de 2004 la industria representa hoy 20 por ciento del PBI como en 2004. No hubo “industrialización” y esa ausencia provoca un déficit comercial industrial externo de 32 mil millones de dólares anuales financiado por soja. Entre 2004 y 2014 cada punto de aumento del PBI generó 2,6 puntos de aumento de importaciones industriales.

Decía Kicillof “la Argentina actual es, como lo era a fines del siglo XIX, un país dedicado predominantemente a la exportación de productos de base primaria (agrarios y, en menor grado, mineros) con nulo o escaso nivel de elaboración.” Pasó en la convertibilidad y ahora vuelve a pasar.

Seguían “Cuando el peso está sobrevaluado los productos del exterior son baratos para los argentinos y los productos argentinos caros para los extranjeros. La sobrevaluación es una situación de algún modo ficticia, que hace que los pesos sean capaces de comprar más dólares de lo que en realidad valen”. Por las mismas causas el déficit industrial, la restricción externa, el déficit de turismo y el dólar ahorro. ¿Más claro?

Aclaran “Como toda situación económica forzada, la sobrevaluación necesita alguna fuente particular de alimento para sostenerse.” Es verdad. Antes fue sólo deuda externa. Y ahora, primero fue la dinámica de precios de las commodities, y después los yuanes al 7 por ciento anual más condicionalidades de una China excedentaria que necesita colocar lo que le sobra. Alimento difícil de digerir.

Afirmaban en 2004, “el hecho de que la Argentina pudiera exportar casi exclusivamente productos de base primaria y minera con mayor o menor grado de elaboración (como por ejemplo productos agroindustriales) a bienes favorecidos con un régimen especial de promoción (notablemente la industria automotriz) … (y que ) En las demás ramas de la producción la economía nacional no era suficientemente productiva como para afrontar la competencia internacional” . Una crítica acertada  a la convertibilidad. También un pronóstico de lo que pasa hoy a pesar de haberlo criticado.

Finalmente ‘“Pese a las apariencias, el nivel del tipo de cambio no es una variable arbitrariamente fijada por la autoridad económica, ya que …no es posible sostener indefinidamente una moneda sobrevaluada ni subvaluada simplemente a fuerza de buena voluntad. Cierto. ¿El cepo no es “buena voluntad”?

Nos explican “No obstante, los economistas ortodoxos encuentran las explicaciones más descabelladas y esotéricas respecto de la determinación del tipo de cambio. Por un lado están aquellos que creen que el tipo de cambio brota de los deseos del ministro (¿cepo?), pero también se encuentran quienes afirman que no existe una explicación precisa de naturaleza económica para el fenómeno, sino que toda devaluación es producto de una conspiración abierta o encubierta, destinada a desestabilizar al gobierno de turno. ¿Qué piensan ahora, conspiración, naturaleza económica, qué?

De ahí las tranquilizadoras hipótesis del “golpe de mercado”, o las más actuales denuncias que atribuyen el desplome de la moneda al canibalismo de los “fondos buitres”. (¡Premonición¡) De este último tipo de interpretaciones se burlaba Keynes en 1923:  “Cada vez que el franco [léase peso] se deprecia, el ministro de Hacienda cree firmemente que ello se debe a cualquier cosa excepto a causas económicas y lo atribuye a la presencia de un extranjero en las inmediaciones de la Bolsa o a las misteriosas y malignas fuerzas de la ‘especulación’. (Qué tal) Intelectualmente, tal actitud no está lejos de la del hechicero africano que atribuye la enfermedad vacuna al ‘mal de ojo’ echado por un circunstante y el mal tiempo al apetito insatisfecho de un ídolo”. Este era un palo para Néstor en 2004. ¿Hay un espejo ahí?

Conclusión: unos olvidan lo que hicieron y otros no aprendieron de aquello que “descubrieron”. Por eso los males vuelven. Su retorno se basa en la negación de la realidad.

Los tres candidatos presidenciales “van por más deuda”, sin diagnóstico y sin plan. Hace cuatro décadas apostamos sin plan y sin transformaciones estructurales y la enfermedad se prorroga. Sin desarrollo industrial estamos condenados a vivir de prestado, en dólares o en yuanes.

Las últimas dos décadas, menemista y kirchnerista, se parecen en no haber hecho lo necesario. Y sus protagonistas, se parecen,  en negar la realidad … de su tiempo. No ven la viga en el propio.

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22 octubre 2015

La paja en el ojo ajeno

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