UNA SEMANA Y MEDIA

27 de noviembre de 2015

Carlos Leyba

El mérito político de CFK es haber  transferido problemas al  futuro que  acaba de llegar. La política económica tiene soluciones simples para una economía inflacionaria cuando la actividad económica está a pleno. Y también para cuando la economía está estancada y los precios atraviesan un período de estabilidad. Pero los dos problemas a la vez plantean la necesidad de una estrategia “no tradicional” en materia de política de coyuntura. Una herramienta disponible, aunque difícil de llevar a cabo, es la del acuerdo social.

Apenas falta una semana y media y sin embargo tenemos la sensación que estamos instalados hace un siglo en esto después de las elecciones. Las condiciones del traspaso de la administración nacional no están siendo facilitadas. Más bien todo lo contrario. Eso marca un clima.

El kirchnerismo duro, más allá que no puede evitar la condición de estar en retirada, está dispuesto a ganar la calle para prorrogar la epopeya que creen haber vivido. Aquellos que saben que no estarán en ninguna mesa de negociación convocan a la “resistencia”, a la calle, y a no abandonar “el poder”.

La primera línea de resistencia es la de los funcionarios que disponen de unos años más en sus cargos. Procuran provocar tensiones. Están atrincherados, por ejemplo, en la procuración, el Banco Central y en los medios de comunicación. La tarea de revisión de la probidad de los actos públicos, está bloqueada en lo que hace al impulso investigativo de los casos que involucran a la administración saliente y esperan continuar el bloqueo. El BCRA está en condiciones de bloquear toda la política económica y los directores designados a dedo esperan hacerlo. Y los medios de comunicación están en condiciones de bloquear parcialmente la comunicación de la tarea de gobierno y a la vez sostener el discurso cultural que ha sido decisivo en la instalación del imaginario que logró negar la realidad económica y social.

Respecto del relato señalo que militantes auténticos del peronismo que en la campaña electoral recorrieron el conurbano y las provincias del Norte, descubrieron el fracaso en las condiciones sociales de la pobreza. No son pocos.

De los que resisten casi ninguno proviene del peronismo, excepción del núcleo intimo de Cristina Fernández. La casi totalidad proviene de partidos aliados al FPV o pasaron por las organizaciones armadas o pertenecen a las corrientes “progresistas” que se empoderaron con Cristina.

Esa primera línea de resistencia no es representativa del peronismo anterior a los Kirchner; y seguramente podrá ser superada a tiro de DNU.

Una segunda línea de resistencia se conforma con movimientos sociales, organizaciones oficialistas de Madres y Abuelas, y la militancia de La Campora que sufrirá recorte de recursos. Esta resistencia numerosa ganará la calle primero con la despedida multitudinaria a Cristina; y luego con la ocupación de espacios públicos para repudiar cada medida del nuevo gobierno.

Más allá de las consecuencias gravísimas de la herencia económica que deja el gobierno que se va y del impacto de las medidas de política económica del nuevo, el verano se presenta como potencialmente ruidoso y conflictivo.

La aspiración de CFK abandonar el gobierno para mantener el poder. Aun si hubiera triunfado Daniel Scioli. No abandonar el poder fue el programa preventivo de Máximo Kirchner en su primer discurso en la Ciudad de Buenos Aires.

Más allá de las limitaciones, que esta actitud de resistencia pueda provocar, al ejercicio del gobierno, las consecuencias mas importantes se darán al interior del peronismo. El concepto de resistencia es un concepto de exclusión. Y a pesar de la reciente decisión de la Corte Suprema, que fortalece la autonomía presupuestaria de las provincias y debilita la capacidad de presión y negociación del nuevo gobierno respecto de las provincias gobernadas por el FPV y las que no responden a Cambiemos, subsiste la necesidad de esas provincias de mantener relaciones de inclusión con el gobierno nacional. Justamente las provincias más débiles, presupuestaria y financieramente, son las que necesitan ser parte de la gestión nacional.

Esa realidad es la que genera una contradicción fundamental entre el peronismo con territorio y aquél o sus aliados, carentes del mismo.

Las elecciones, según muchos allegados al actual gobierno, tuvieron un resultado diferente a los escasos dos o tres puntos de diferencia. Muchos, que participan del FPV, sostienen que los primeros guarismos de seis o siete puntos de diferencia son los que finalmente cerraron el comicio y que el resultado finalmente publicado fue producto de una negociación entre el ganador y los representantes de la “resistencia”. La razón, a criterio de esos dirigentes del actual oficialismo, fue la necesidad – de los que pertenecen a la “resistencia” – de capitalizar “los méritos” de una elección pareja. Una pelota sobre la red que podría haber caído de un lado o del otro. Match point. Y gracias a ese resultado, como fue mencionado por CFK, sostener prácticamente la continuidad: “el nuevo presidente deberá negociar conmigo que represento la mitad de los votos”. Más allá que, para esa situación, no hay canales con el nuevo gobierno, CFK pretende utilizarlas, primero, en relación al interior del peronismo y luego en relación al gobierno.

Ante esta situación Mauricio Macri, además de administrar el gobierno, deberá consolidar una alianza política que le permita sostener la voluntad de la mitad del electorado. Los votos que obtuvo representan un incremento del 100 por ciento respecto de los que logró para él en las PASO. Los propios sólo son la mitad de los que lo llevaron a la Rosada. Macri deberá lograr hacer propios gran parte de ese electorado. En apenas 24 meses se produce una elección que, normalmente, dispersa los votos o – lo que es lo mismo – afecta a la mayoría lograda si esta no es consolidada materialmente.

Pero además Macri deberá fortalecer a la oposición conveniente. Es decir, debilitar a la inconveniente. Claramente Macri necesita que el peronismo territorial, que no está alineado a la resistencia, se consolide a la búsqueda del control nacional del peronismo. La elección de Rogelio Frigerio, conocedor de toda la estructura política del peronismo del interior, es la de una herramienta precisa toda vez que haya un plano de la obra a construir.

Por otro lado, fuera de la construcción de la fuerza propia y de la oposición conveniente, está la administración del gobierno. No todo es economía. Pero si la economía derrapa la política cae detrás.

La última etapa de CFK fue la de una caída de la economía por los cuatro costados: estancamiento del empleo y la pobreza; elevad inflación; estancamiento económico; y reaparición de la restricción externa. Y sin embargo, la construcción del relato, la manipulación obscena de la información, lograron que la política navegara hasta obtener entre casi la mitad y el cuarenta y pico por ciento de los votos. Ese “beneficio” no lo tendrá Macri.

Ya no es posible construir un relato que evite describir la situación tal cuál es hoy; y supuesta la instalación de la veracidad informativa a partir del 10 de diciembre, la situación económica real estará en poder de todos los ciudadanos.

Sea como sea, y más allá de la convicción de los economistas de Mauricio que la suba, para el comercio exterior, del tipo de cambio no tendrá consecuencias sobre los precios, el tipo de cambio, la reducción de los subsidios tarifarios y la reducción de las retenciones, van a impactar en el nivel de los precios. Están subiendo preventivamente y van a volver a subir. Tal vez, y más allá del programa antiinflacionario, los precios en el verano van a seguir subiendo.

La lucha contra la inflación tendrá una primera movida inflacionaria. Tal vez no impacte el consumo. Debe, sin embargo, tenerse en cuenta que muchos consumos han sido adelantados. Los incentivos tipo “Ahora 12” y el miedo real al ajuste futuro, de las componentes importadas de todos los bienes durables, generaron una anticipación de consumo que puede afectar los niveles de producción en los primeros meses.

Estamos en una economía inflacionaria y estancada. Aunque la sociedad no tenga conciencia plena de lo que eso significa en términos de enfermedad y posibilidades de cura, el problema está. Será difícil, pero necesario, salir de todo ello al mismo tiempo.

El mérito político de CFK es haber logrado transferir ese problema a quien se hiciera cargo en el futuro. Pero eso acaba de llegar.

La política económica tiene soluciones simples para una economía inflacionaria cuando la actividad económica está a pleno. Y también para cuando la economía está estancada y los precios atraviesan un período de estabilidad. Pero los dos problemas a la vez plantean la necesidad de una estrategia “no tradicional” en materia de política de coyuntura.

Una herramienta disponible, aunque difícil de llevar a cabo, es la del acuerdo social. Implica acordar el tránsito, a la vez, de la inflación a la estabilización y del estancamiento al crecimiento. Tres actores fundamentales deben ser parte de esa estrategia: el Estado, representando el gasto publico, la tributación, la política monetaria y cambiaria; los trabajadores y los empresarios, representando los precios y los salarios.

Nuevamente “la política”. Macri puede contar con la buena voluntad de la CGT de Hugo Moyano y la condescendencia de los que lidera la UOM. Difícilmente se enfrente allí con núcleos sindicales aliados a la concepción de la resistencia. Pero el acuerdo genera costos que de alguna manera deben ser compensados. No será fácil. También en el sindicalismo está presente una corriente que aspira a reconstruir el peronismo como el partido del “trabajo y la producción” y por lo tanto deberá imponer condiciones que, como veremos, se enfrentan – en principio – a algunas declaraciones de los futuros funcionarios que son de una gravedad notable; y que también pondrán sobre aviso y sobre la mesa de cualquier acuerdo, los intereses de la industria nacional.

Y adicionalmente, a causa de esas declaraciones a las que nos referiremos mas adelante, también será inevitable la voz de los gobernadores en la mesa de esa negociación.

Resumo. Macri deberá enfrentar la realidad por un lado y a la “resistencia” por el otro.

Enfrentar la “resistencia” lo lleva a un acuerdo con los gobernadores peronistas y a fortalecerlos como oposición elegida; y a construir su alianza con vistas a las próximas elecciones que serán de consolidación o de camino al desierto.

Enfrentar la realidad lo lleva a formular un programa de corto plazo de estabilización y crecimiento con resultados prontos, lo que implica – por lo dicho – la consecución de un acuerdo con el sindicalismo y el empresariado nacional.

El problema es que el nuevo oficialismo ha anunciado la intención de avanzar en el programa del acuerdo MERCOSUR Unión Europea, la apertura al Pacífico que implica una nueva relación con los países de la región que han acordado libre comercio con los EEUU y – consecuentemente – un avenimiento a las condiciones de las actuales negociaciones en la OMC. Ese paquete es uno de liberalización del comercio, en breve, de apertura y reducción de aranceles protectivos de la industria nacional. Han sido declaraciones de Marcos Peña lo suficientemente aisladas como para darles una entidad de decisión estructural.

Y este es el problema. Ni los gobernadores, ni los dirigentes sindicales, ni los empresarios industriales pueden sin más acudir en silencio a esa estrategia. Es obvio que antes de esas definiciones el país debe recuperar una masa de inversiones y de transformaciones, que permitan un salto gigantesco en la productividad. Y esa tarea reclama la realización de un programa de largo plazo que no está sobre la mesa.

En definitiva si Mauricio Macri aspira a liderar un período de diálogo y de sana administración. Cree en sus posibilidades de erradicar la pobreza y la corrupción, combatir en serio al narcotráfico y la inseguridad. Si avanza en todos esos campos tendrá la posibilidad de hacer propio ese 50 por ciento de sus votantes que no son propios. Es decir se pone en camino a 2017.

Pero ninguno de esos problemas se puede aislar de las condiciones de atraso estructural de la economía y la sociedad argentinas.

Romper el circulo vicioso de atraso estructural, en el que se alimentan la pobreza, la corrupción, el narcotráfico y la inseguridad, requiere un proceso acelerado de reindustrialización y ocupación del territorio. Ese programa exige desvinculaciones selectivas.

Las propuestas de economía internacional de Marcos Peña están en la antítesis de esos requisitos con lo que, más allá de los avances que se logren episódicamente, el mecanismo de reproducción de esos males no solo permanecerá intacto sino que se reproducirá. Es lo que viene ocurriendo, con marchas y contramarchas, desde 1975 a la fecha.

Tenemos una semana y media por delante antes de asumir. Pero el posicionamiento ha comenzado.

Mauricio Macri con vocación de diálogo, si aspira a contribuir al desarrollo y a despertar las energías de un país potencialmente poderoso, debe – con urgencia – diseñar los pasos estratégicos sin olvidar que, como decía Juan Perón, “toda política es política internacional” y si bien es consistente señalar la distancia entre “política internacional” y las pequeñas vinculaciones comerciales con los residuos del chavismo, sería profundamente inconsistente, como política nacional y con cualquier programa de desarrollo, sucumbir a la presión de las empresas multinacionales, de los intereses de la burocracia de los organismos internacionales o de los vestigios del pensamiento único neoliberal, y privilegiar a la OMC, los acuerdos Unión Europea MERCOSUR o la escalada de acuerdos de libre comercio de los países del Pacifico, por sobre las previas transformaciones que nos obligan a mantener las desvinculaciones selectivas hasta alcanzar los niveles de productividad competitivas.

En ese sentido la generalizada algarabía por la eliminación de las retenciones puede ser una celebración valiosa para la producción primaria. Pero no debe dejar de tenerse en cuenta que somos una economía de dos velocidades en la que el mismo tipo de cambio para el agro y para la industria siempre ha generado un desequilibrio desindustrializante. Tipo de cambio sin retenciones y acuerdos tipo OMC, forman una horquilla que paraliza el desarrollo industrial. No empecemos mal.

 

 

 

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30 noviembre 2015

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