De qué se trata

5 de diciembre de 2015

Carlos Leyba

El kirchnerismo deja el gobierno. Aunque parece que se resiste a dejar “el poder”. El kirchnerismo deja una herencia que debe ser administrada por el gobierno que viene. La herencia K cubre todas las dimensiones de la vida social. La herencia fija las condiciones y marca la inauguración del gobierno nuevo. La herencia o se asimila (gradualismo), o se rechaza (shock) o se transforma (desarrollo). Asimilación, rechazo o transformación, la herencia es el nombre jurídico de las condiciones impuestas con las que se ejercen los primeros pasos del próximo gobierno. Ejemplo reciente: la Alianza heredó al menemismo y optó por la asimilación. La incapacidad biológica de asimilar generó la respuesta de rechazo (shock) por parte del duhaldismo. Después es esto: aquí estamos.

La densidad de la herencia, la posibilidad de ser asimilada, rechazada o transformada, depende del tiempo y de la intensidad del poder con que, la administración saliente, ha puesto en marcha su acción y sus ideas. Es decir, el condicionamiento que la herencia ejerce sobre el próximo gobierno y sobre la posibilidad de construir el próximo poder, depende de la densidad de la misma.

El tiempo y la intensidad en el ejercicio del poder por parte del kirchnerismo han sido notables. Y es esa densidad lograda la que establece la densidad de las condiciones para la nueva etapa y la posibilidad de la resistencia a dejar “el poder”.

Es esta la primera vez, desde Raúl Alfonsín, en la que la nueva etapa comienzan con la duda acerca de cuál es el grado de asociación entre gobierno y poder.

El gobierno será transferido. Pero no es menos cierto que el gobierno es transferido con un Senado, con el territorio al sur y al norte de la faja central del país y con la parte fundamental del conurbano bonaerense y con estructuras de la administración central, de las organizaciones universitarias y de la justicia nacional, en manos de los que están dejando el gobierno.

Todo eso conforma un sistema de circunvalaciones que hay que atravesar para, desde el centro del gobierno, llegar a la periferia de la realidad. Una tarea.

Pero además, el vigor con el que se atraviesan esas circunvalaciones depende del ejercicio del poder sin necesidad de confrontación. Es decir la garantía de que nada interferirá en el cumplimiento de las reglas de tránsito que gobierna el paso de las decisiones, desde el núcleo central de la administración, hasta llegar a la periferia de la realidad que es dónde se verifican los resultados.

En estas condiciones la clave de la construcción del nuevo gobierno está en la posibilidad de vencer la resistencia del kirchnerismo a dejar el poder.

Resistencia a dejar el poder, que fue manifestada por Máximo Kirchner antes de las elecciones, y que acaba de ser ratificada por el ahora diputado nacional, mediante un juramento provocador realizado en el Congreso y que reza “Por los que nunca aflojaron ni van a aflojar”.

Juramento provocador que, además de muchos mensajes similares, se corona con no permitir o no facilitar, una ceremonia de traspaso de la presidencia de la Nación en los términos de la tradición.

La pretensión de disociar “gobierno” de “poder” tiene que ver con la efectiva disociación previa entre “acción” e “ideas”.

El kirchnerismo es un ejemplo notable de bifurcación entre ideas y acción. Bifurcación entre “relato K”, ideas; y resultados K, acciones. Una breve síntesis aclarará las cosas. El relato K dice de su compromiso y – además – de la realización de “un modelo de matriz de acumulación productiva con inclusión social”.

¿Qué dice la realidad K? Es decir el resultado de la acción desarrollada. No hay inclusión social con 30 por ciento de pobreza y con 40 por ciento de trabajo en negro, que son las medidas más obvias de una enorme exclusión, por cierto heredada, pero que, en 12 años, no fue revertida. Los que estaban excluidos lo siguen estando. Más allá de la abundancia discursiva de las políticas sociales. Relato social.

¿Por qué? Justamente porque no hubo resultados de la vida económica que se puedan asimilar a una matriz de acumulación productiva, si con ello aludimos a una elevada tasa de inversión de capital reproductivo e incremento de la productividad. Si ello hubiera existido se habría manifestado, primero, en la inclusión social – que no hubo -; y segundo, en la transformación de la estructura productiva hacia exportaciones de valor agregado y tecnología. Lo que no sólo no existió, sino que su ausencia nos puso – terminado el auge de precio de las commodities – en la dependencia de la restricción externa que nos condena al estancamiento y a la inflación. Situación en la que estamos: la herencia económica básica que condiciona al próximo gobierno es esa, restricción externa, estancamiento e inflación. Relato económico.

Es decir la herencia K se compone de la herencia del “relato K” y de los “resultados K”, los que se bifurcan abiertamente. Veamos como es eso y como condiciona al presente.

Es cierto que Arturo Frondizi, una vez que llegó a la presidencia, puso en marcha muchas acciones que contradecían las ideas que había planteado antes de la campaña y que habían sido pilares emblemáticos de su carrera política. Pero una vez en el gobierno, más allá del juicio que merezcan, ideas y acción, fueron plenamente consistentes. No hubo “relato” por un lado y acción por el otro. El desarrollismo, entre otras cosas, fue apertura al capital extranjero y puesta en marcha de la segunda etapa de la industrialización que el peronismo había iniciado sin acudir masivamente al capital extranjero. Y así se explicó.

Es cierto que Carlos Menem, una vez que puso en marcha su gobierno neoliberal, nos anotició que si lo hubiera anunciado antes de la elección no lo hubieran elegido. Pero una vez en el poder su acción neoliberal fue sostenida por un discurso en la misma línea.

En ambos casos, Frondizi y Menem, las ideas que les permitieron el acceso fueron contradictorias con las acciones de gobierno. Pero una vez puesta en marcha la acción, la misma fue homologada por el discurso gubernamental. Cinismo antes y no durante.

En ambos casos la herencia fue densa. Frondizi dejó cumplida una etapa poderosa de industrialización. Menem dejó cumplida una etapa poderosa de desindustrialización.

Ambos estaban satisfechos de hacer lo que estaban haciendo y decían, explicaban, lo que hacían. Frondizi fue derrocado por un golpe. Menem fue derrotado por la voluntad popular.

La bifurcación entre ideas y acción, en el kirchnerismo es, por el contrario, “en tiempo real”. Es extremadamente difícil lograr identificación entre las ideas expresadas y las acciones realizadas. O lo que es lo mismo asociar el “relato K” con los “resultados K”.

Aclaremos que lo que hereda el nuevo gobierno es tanto el “relato K” como los “resultados K”.

Y este es un problema doble: los resultados son enormemente complicados por dónde se los mire; y además, dada la disociación de la realidad con el relato K impuesto, se hace extremadamente difícil colocar a la sociedad en condiciones de decodificar el estado de crisis en el que encuentra la realidad cuando el relato k describe un paraíso imaginario de justicia, empleo y crecimiento en el que la realidad, cuando se presente, será una “sorpresa”.

La herencia del “relato K” – que ha logrado convencer de su realización a colectivos de enorme peso mediático, intelectuales, artistas – es de tal peso que gran parte de los votos obtenidos por Daniel Scioli son votos logrados y sostenidos por la versión de la realidad que surge del relato, más allá de la objetiva ausencia de verificación de las acciones y resultados de la realidad.

Un ejemplo de esa disociación del día de hoy, más que extraordinario, servirá para poner en claro la bifurcación entre relato, ideas; y acción, resultados.

El relato, ratificado este sábado por Cristina K, sostiene que ella y sus seguidores son custodios de las banderas de Juan Perón. Perón en 1972 decía en un documento de enorme trascendencia “Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera”. Nuestro país desde entonces tuvo una posición internacional comprometida con el medio ambiente.

Pero la gestión de Cristina Kirchner, además de haber sostenido a capa y espada políticas a favor de la gran minería a cielo abierto (inauguradas por el menemismo), en la actualidad subsidia a las compañías petroleras (absoluta mayoría de capital extranjero) con un 50 por ciento por encima del precio internacional.

Y consecuentemente con esa posición, contraria a los principios básicos de la lucha ambiental, ha jugado en la Cumbre de Paris a favor del lobby petrolero mundial para evitar la reducción de subsidios a la energía sucia o fósil, junto con países como Arabia Saudita.

Una prueba de la distancia entre el relato ecologista y la acción a favor del calentamiento de la Tierra y del lobby petrolero.

Aquí cabe una digresión. El Santa Padre Francisco que, con la Carta Encíclica Laudato Si, ha comprometido a la Iglesia en la lucha sensata por el cuidado de la vida y el ambiente, con esta posición oficial de la Argentina, definida por el kirchnerismo, acaba de recibir una bofetada procedente de los ciudadanos del país en el que, supuestamente, su influencia pastoral debería llegar al mundo a través de las decisiones de una presidente a la que ha recibido muchas veces, mucho tiempo, fuera y dentro del protocolo, y que se supone ha influido en su pensamiento.

En todo caso, esta acción concreta en la Cumbre del clima, es una muestra más de bifurcación entre relato y realidad, entre ideas y acción.

Decíamos que “gran parte de los votos obtenidos por Daniel Scioli son votos logrados y sostenidos por la versión de la realidad que surge del relato”. Pero otra parte, la mayor tal vez, tiene que ver con los votos de numerosos beneficiarios de la acción directa del gobierno.

Puesto de esta manera, la construcción de una mayoría más sólida que la obtenida por Cambiemos requiere mantener “los resultados” allí dónde estén, superarlos; y además superar conceptualmente las consignas del relato K.

El relato K tiene la característica original de haberse basado esencialmente en el pasado. No es un relato del futuro y esa quizás es la carencia que puso todo su gobierno en reversa.

En realidad la comunicación y el relato, se trató de una suerte de “Ministerio de la Verdad”, con su tele pantalla de “dos minutos de odio” incluidos, que somete a control el pasado (El Hermano Grande, Orwell): a los intelectuales orgánicos les encarga la reconstrucción de la historia larga; y a los políticos y periodistas militantes, la de la historia inmediata, basada en los datos del INDEC de fantasía.

Las ideas conforman lo que todos, inclusive la propia Cristina Kirchner, llamamos el “relato K” y la acción es lo que todos observamos en las estadísticas, los resultados, los datos del presente. Y allí se produce una segunda bifurcación.

Todos sabemos que el kirchnerismo ha sido el primer administrador público, después de la Dictadura Genocida, que ha intervenido las estadísticas y las documentaciones oficiales para construir una realidad estadística y documental, distinta de la realidad material.

La energía política gastada en construir un relato falso de la estadística es lo que sacó a la gestión de un rumbo de desarrollo, si es que alguna vez lo tuvo. Esto no implica desconocer los méritos de muchas de las decisiones gubernamentales, sino señalar que finalmente el rumbo fue de “cul de sac” .

Retorno obligado de la gestión que se manifiesta justamente en lo que significa arriar “la bandera” por excelencia que es el retorno de la deuda externa como consecuencia de la inexorable restricción externa derivada de la ausencia de un verdadero proyecto económico heterodoxo del que, el relato, paradójicamente hace gala.

Volvemos al principio. El kirchnerismo deja el gobierno a consecuencia de una derrota escasa. El nuevo gobierno hereda la realidad. El kirchnerismo se resiste a dejar el poder a consecuencia de mantener y alimentar un discurso absolutamente ajeno a la realidad. Esa bifurcación es una herencia doblemente compleja para los que llegan.

Primero porque la realidad es muy compleja en todos los terrenos. Las condiciones mundiales y de la vecindad no son las que eran cuando Néstor y Cristina llegaron al poder y pudieron mantener una fiesta, con las luces prendidas, mientras se fugaban 100 mil millones de dólares.

Las condiciones internas, descapitalización, agotamiento de stocks, desvalorización acelerada de la moneda, debilidad fiscal, problemas sociales, narcotráfico, inseguridad, son graves.

Pero el relato logró que la percepción de la mitad de la población desconozca, no ya la responsabilidad de Cristina sobre todos estos problemas, sino los problemas mismos.

Y ese mismo relato es que convertirá a los nuevos en responsables de los viejos problemas.

Conservar el “Ministerio de la Verdad” (de la mentira) es la fuente de energía que le permite al kirchnerismo afirmar que no renuncian al poder. Al poder de convencer que los problemas que dejan son responsabilidad de los que vienen.

Los que vienen seguramente podrán reemplazar gran parte del gobierno (son muchos los territorios bloqueados), pero nada – hasta ahora – permite, alienta a imaginar, un relato que reemplace al impuesto por el kirchnerismo. Y es imprescindible que ello ocurra para el bien de todos.

Ese relato debería ser sobre el futuro, que es un campo vacío, y, siendo sobre el futuro, debería apuntar a invitar y a explicar el desarrollo de las fuerzas productivas.

El desarrollo de las fuerzas productivas no tiene otra alternativa que un salto de la productividad y del empleo con productividad, un salto en la acumulación del capital y de la industrialización y de la transformación de la estructura productiva para lograr exportaciones del doble o triple de valor agregado en promedio.

Pero ninguno de esos saltos ni remotamente es compatible, hasta dentro de muchos éxitos – que es igual que decir a muchos años – con relatos o decisiones de apertura, libre comercio y retorno a la capacidad del mercado para resolver cosas de largo plazo. Que de eso se trata.

El largo plazo es producto del consenso y del Estado. Si Usted lo quiere de otra manera, el gobierno que apuesta al largo plazo, al consenso, y al equilibrio de la Nación desde el Estado, es el que se hace el poder para la vida buena. No al poder de la buena vida que es lo que hay que abandonar. De eso se trata.

 

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05 diciembre 2015

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