Pasados de anticipación

12 de diciembre de 2015

Carlos Leyba

¿Importan las experiencias del pasado? ¿Vale la pena visitarlo? Vamos. Los precios volaron antes de asumir el nuevo gobierno. Un poco por anticipación de los empresarios ante lo que imaginaban una fuerte corrección del gobierno entrante enfrentado a la herencia de un fenomenal desequilibrio de los precios relativos. Otro poco consecuencia del enorme desborde fiscal agigantado en las últimas horas. Nombramientos masivos y envíos de fondos a todas las administraciones provinciales. Una manera de ganar adhesiones electorales y de despedirse con buenas noticias, al menos, para los beneficiarios directos. La economía que dejaban los que partían no tenía deuda externa importante respecto del PBI. Sin embargo la recesión, que sucedía a un largo estancamiento sin inversiones, castigaba con problemas de empleo. El país estaba en estanflación, la más cruel de las enfermedades macro económicas. ¿Es una descripción del presente? Parecido. Pero en realidad lo dicho describe la situación de mayo de 1973 cuando la enésima dictadura entregaba el gobierno al FREJULI: Héctor Cámpora al gobierno, Juan Perón (proscripto) al poder.

En aquél entonces se impuso la democracia porque las mayorías políticas y las organizaciones sociales, acordaron, en 1972, líneas básicas de un programa multidimensional de mediano plazo que debía ponerse en marcha el primer día de gobierno.

La democracia es hoy mayor de 30 años. Pero no es menos cierto que la juventud se ha prolongado en todos los aspectos de la vida y 30 son pocos años. Veamos. Los últimos días de CFK ayudan a comprender sus primeros pasos. Me dijo Antonio Carrizo “el fin justifica los medios”, puede entenderse como “el final nos explica (justifica) los pasos iniciales” Cierto. La serie de gambitos dados por CFK y sus adherentes para no reconocer la alternancia, explican la razón por la que nunca Cristina consultó a sus opositores ni a los sectores sociales sobre las medidas principales de su gobierno. Por eso, estamos en democracia, pero en una democracia adolescente en la que la alternancia es un disgusto. No obstante las situaciones no son comparables.

La nueva democracia de 1973 reemplazaba a una dictadura en el gobierno y tenía el desafío de construir el poder mientras la resistencia de los que se iban y el rechazo de muchos que no podían llegar por las urnas, representaban un problema antes y después del acto electoral. Hoy las cosas no son así.

Pero también hay un nuevo gobierno con un escenario de poder repartido. Para “consolidarlo” hace falta unir, suturar, pegar ese reparto del poder para que el mismo sea audible.

En aquellos años fue necesario un Pacto Social y los resultados, si sirve como ejemplo, fueron sorprendentes. Los dos meses posteriores a la firma del acuerdo los precios bajaron. Satisfacción por el diagnóstico: aquella inflación tenía mucho de “precios adelantados”. Entonces la consecuente decisión conjunta de un ajuste salarial mínimo había resultado correcta y no fue gravosa para los trabajadores. “El gobierno detuvo radicalmente la espiral de precios y salarios … basado en un Pacto Social” “en el año terminado en marzo de 1974, la tasa de inflación fue sólo de 14 por ciento, en comparación con cerca del 80 por ciento en el año terminado en mayo de 1973”(FMI,16/12/1974).

En 1973 el PBI creció 5,4 por ciento, aumentaron las reservas netas y todo ello pese al cierre de la Comunidad Europea y el aumento del precio del petróleo (FMI,idem) Volvió el crecimiento La economía volvía a crecer y los precios a estabilizarse.

La política inflacionaria y electoralista de la dictadura, que propiciaba la candidatura del Brigadier Ezequiel Martínez, consistía en inundar de dinero el interior del país. Déficit y emisión no lograron ni revertir ni olvidar la estanflación paralizante. ¿Parecido?

El Pacto Social, concertó instrumentos financieros, aumentos salariales y compromisos de precios que resultaron exitosos. Lo que tenía que crecer creció y lo que debía bajar bajó. Juan Carlos de Pablo, observador económico implacable, entonces escribió: “Durante el primer semestre … los objetivos del acuerdo han sido cumplidos” ((FIEL,27/11/1973)

¿Por qué logramos tales resultados?

La dictadura se agotó por el fracaso económico y el hartazgo político. La productividad acumulada desde 1964, no fue distribuida a través del empleo y del salario real; pero tampoco fue derivada a una pujante estructura exportadora.

Sin materializar consumo, que esa productividad habría podido sostener; ni exportación de valor agregado, que ese progreso acumulado habría podido impulsar, el sistema se agotó por clausura de inversiones.

El gasto público, usado como herramienta aislada del sistema no fue capaz de impulsar la inversión; y sin su continua expansión todos los sistemas se agotan.

Llevamos 40 años repitiendo el mismo ciclo. Un ejemplo: el PBI industrial por habitante es hoy apenas similar al de 1974 lo que descalifica a quienes nos han administrado desde entonces.

Hemos acumulado deudas o desaprovechado increíbles términos del intercambio. El final es que gran parte del excedente de los argentinos (300 mil millones de dólares) está radicado fuera del sistema; agotamos los stocks energéticos, destruimos el sistema ferroviario, generamos una fábrica de pobres y el atraso relativo en el sistema educativo.

¿Por qué volvemos atrás para hablar del presente? En 1973 se agotó el proceso militar. La guerrilla, la montonera y la marxista, se presentaban como alternativas a la democracia para salir de la dictadura y viajar al socialismo para salir del subdesarrollo y la inequidad. Los líderes políticos de entonces Juan Perón, Ricardo Balbín, Oscar Alende, Horacio Sueldo reivindicaban, contra la violencia militar o guerrillera, la concertación política para recuperar la democracia; y la concertación democrática para lograr el desarrollo económico y social.

El clima anterior era irrespirable y el retorno de Perón fue una gigantesca bocanada de oxígeno: “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.

Esa frase explica los acuerdos que crecieron desde la política. La CGT liderada por José Rucci introdujo las cuestiones económicas – “hombres y mujeres sin trabajo” – como esenciales al crecimiento democrático. El empresariado nacional, liderado por José Ber Gelbard, sintetizó las Coincidencias Programáticas de las organizaciones sociales y los partidos políticos. Los autoexcluidos fueron los partidarios de las armas, de derecha e izquierda; y los partidarios de “el mercado lo resolverá”.

Todos los que creían en la democracia y la política, en el Estado, en el consenso y en el largo plazo, votaron por unanimidad el conjunto de leyes que sostenían el Pacto Social firmado.

¿A qué viene este recuerdo? El nuevo gobierno que se acaba de estrenar, ha sido recibido también, como el de 1973, por una escalada de precios que es consecuencia, igual que entonces, de la anticipación de los empresarios, ante lo que imaginan una fuerte corrección nominal del enorme desequilibrio de los precios relativos que estamos viviendo.

Por otra parte, al igual que entonces, un enorme desborde fiscal de última hora, nombramientos masivos e intentos de transferencias a las administraciones provinciales, intentan ser una despedida con buenas noticias para los beneficiarios directos. El empleo público se duplicó durante el kirchnerismo y la oferta de servicios públicos está a años luz de las necesidades.

Si bien la economía, al igual que entonces, no sufre de una enorme deuda externa, está estancada hace cuatro años y ha atravesado un largo período sin inversiones. Si bien la tasa real de desempleo está más cerca de 10 por ciento que los números dibujados del INDEC, la exclusión laboral es mas grave a causa del trabajo en negro y la subocupación.

En estas condiciones el nuevo gobierno, dicen, pretende retrotraer los precios al 30 de noviembre; y a partir de esas condiciones iniciales lograr un acuerdo de precios y salarios hacia el futuro.

Estamos en estanflación y ella requiere inexorablemente de un acuerdo. Pero el éxito del mismo depende de la política económica y de un enfoque multidimensional.

En 1973 se firmaron actas de concertación sectoriales con las administraciones provinciales, con el sector agropecuario , con los sectores específicos de la industria; y el Acta de Compromiso, que reguló la concertación de precios y salarios, incluyó un paquete de leyes que serían sancionadas porque en 1972 hubo un acuerdo político para ello. Todo eso era el prologo para un Plan de Desarrollo que se materializó en concertación regional, social, económica. No se trataba de precios y salarios solamente.

El liderazgo político lo ejercía Perón, acompañado por Balbín; el liderazgo empresario lo ejercía Gelbard al que lo acompañaron las primeras líneas de la UIA; la Federación Agraria y la Sociedad Rural y la casi totalidad de las organizaciones empresarias; y básicamente una CGT unificada liderada por Rucci. Justamente algunos de los que no firmaron las Coincidencias de 1972 asesinaron a Rucci en septiembre de 1973, después de la ratificación electoral por más el 90 por ciento de los argentinos de la política de concertación. Lo asesinaron porque buscaban el fracaso de la concertación para poder inventar otro Perón que sirviera a su ensueños adolescentes.

Mauricio Macri no es Perón, Hugo Moyano no es Rucci y ningún empresario argentino ha tenido una trayectoria de construcción de consensos como si la tuvo Gelbard.

Si en estanflación y en estado de tensión, la herramienta imprescindible es la concertación; en ausencia de liderazgos, consecuencia de los fracasos que los han erosionado, cualquier intento de pacto, de acuerdo, necesita de ampliar la base política que lo sustente. Sobretodo porque ya se han revelado voluntades de trabarlo; y además porque las condiciones de la vecindad y de la economía mundial no son de viento de cola. Por eso, para sustentar la arquitectura de un acuerdo, hay que incorporar mucho más que precios y salarios. Y más que sectores sociales.

Es imprescindible el compromiso de desarrollo con todos los gobernadores, bien por la reunión de este sábado, y en particular con los del Norte Grande donde radica la mayor diferencia entre potencial y realizaciones de la Nación. La existencia del Plan Belgrano es un buen indicio de esa voluntad. Pero no puede limitarse a un programa de infraestructura. Es imprescindible un programa de transformación de la estructura productiva de la región que tiene que ser parte de un programa nacional de desarrollo. Un programa de desarrollo es un programa de equilibrio de la Nación que incluye a todo su territorio.

Es cierto que los precios se han adelantado y que está bien hacer recapacitar a los empresarios. Pero existe la posibilidad que el acuerdo se corte al primer tirón si no se pone en términos de la multidimensionalidad de la política.

A esta altura del recuerdo y del comentario vale la pena reiterar lo que citamos del FMI acerca del Pacto Social que fue abandonado en Octubre de 1974.

También reiterar, para los dirigentes peronismo, que el legado de Perón fue la construcción de un consenso para un programa de transformación de desarrollo que, mientras estuvo vigente, fue exitoso. Lo que se abandona no fracasa.

Como las situaciones tienen parecidos, y desde el nuevo gobierno se ha enunciado la voluntad de un acuerdo, es importante que los nuevos gobernantes observen la única experiencia de Pacto realizada en la Argentina y sepan que un Pacto de precios y salarios requiere, para tener éxito, de objetivos e instrumentos mas ambiciosos. Y sobretodo el compromiso de largo plazo.

El llamado al Acuerdo debería incluir la convocatoria de personalidades de todas las corrientes de pensamiento nacional para abrir horizontes de futuro a la discusión sobre le desarrollo de la Argentina. El futuro no está pensado o en todo caso no está debatido. Y es función del Estado y de quien ejerce el gobierno convocar a ese debate para iluminar el diseño de un programa.

¿Qué nos dice el pasado? En 1973 el ministro Gelbard conformó un Consejo Asesor que incluyó a personalidades de todas las corrientes, desde el Arq. Luis Morea hasta el Ing. Manuel Solanet; el Plan Trienal se elaboró con el concurso de personalidades que estaban fuera del país como Eric Calcagno y Alberto Frachia; y todas las propuestas del plan se debatieron con las conducciones de todos los partidos políticos; todas las decisiones tomadas fueron elaboradas a partir del trabajo de concertación con todos los sectores involucrados.

En Octubre de 1974 – basta mirar el Informe del FMI – el país estaba en franca recuperación y viviendo un estado de diálogo. Es cierto que minorías profundamente antidemocráticas trabajan en contra de ese proceso.

Hoy el nuevo gobierno ha manifestado una clara vocación de diálogo. Las armas han dejado de ser una herramienta. Y la resistencia al diálogo y a la concertación, que existe, necesita esperar la hora de las urnas. Estamos, entonces, en un tiempo para construir consensos.

Pero los mismos serán vanos si no incluyen plantearnos el largo plazo, el país deseado. Ese debate generará discrepancias profundas. Pero es imprescindible trasparentarlas. La discusión genera un proyecto. ¿Qué industrialización?¿Qué integración regional? Responder sólo a esas dos preguntas conforma un abanico de posibilidades y de limitaciones. Pero si no lo transparentamos entonces el Pacto Social será tan efímero como el tamaño de sus ambiciones.

La experiencia de 1973 merece ser repasada para aprender de sus errores y sus aciertos, más allá que nada es parecido aunque nunca es difícil encontrar coincidencias.

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12 diciembre 2015

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