¿Quien levanta la bandera?

29 de julio de 2017 publicado en diario Epoca

Carlos Leyba

 

La semana ha sido de una intensidad política notable comparada con la de los últimos meses. Han pasado muchas cosas importantes en términos políticos y económicos; y muchos datos han revelado como mínimo cuestiones, de corto y de largo plazo, que condicionan negativamente la evolución de la economía. Muchas de ellas, unas y otras, tendrán consecuencias inevitables.Unas las tendrán respecto de la intensidad y dimensión de la grieta sociopolítica que aleja la posibilidad de consenso, aun en sus formas más primarias, y por lo tanto alejan la posibilidad de un rumbo cierto y estable. Las consecuencias de este proceso político de divergencia acentúan la tendencia al estancamiento económico.En este grupo ubicamos el carácter de violencia verbal profunda de la campaña, aunque sea de buenas maneras, y la conflictividad social que se expresa en la necesidad de la CGT de llevar a cabo una manifestación, como prólogo de un paro general destinado a enfrentar las amenazas a las conquistas laborales, las condiciones actuales, bien que heredadas, de la economía, y a los anunciados programas de liberalización de la apertura económica.

Otras las tendrán sobre el futuro de la economía, más allá de computar como positivas la tendencia a la baja de la inflación y la recuperación – el rebote – de algunas actividades urbanas.

No obstante hay que señalar que la tendencia a la baja de la inflación está basada en altos costos, como lo son las tasas de interés que privilegiaron la inversión especulativa por sobre la aplicación de excedentes al proceso productivo y la prorroga, sin límite aparente, de un proceso de capacidad productiva ociosa y alto desempleo y empleo parcial y marginal, asociada al estancamiento de la actividad más allá del rebote señalado.

Decíamos más arriba “otras” para referirnos a las consecuencias inevitables que tendrán dos noticias económicas recientes.

Una referida a la bajísima tasa de inversión de nuestra economía y la otra el crecimiento del déficit fiscal, estimulado por el pago de las tasas de interés que es, a su vez, la noticia de las consecuencias de la estrategia de financiar con deuda externa el déficit fiscal.

Ambas, tasa de inversión y déficit financiado con deuda, convergen en un territorio que ha sido sacudido esta semana. Ese territorio es el del tipo de cambio.  A pesar del abastecimiento de dólares, por la deuda externa pública y no por el aparato o flujos productivos, el mercado “saltó” e hizo falta la intervención del BCRA para contenerlo.

El “salto cambiario” es una medida del atraso, de la falta de confianza, del miedo de los mercados. Las tres cosas, a su vez, están detrás de la bajísima tasa de inversión de nuestra economía. Por ahí transitan las consecuencias. Veamos los detalles de la semana.

El primer dato de la semana es la contundente definición gubernamental de centrar la estrategia electoral en el tema de la corrupción. De la corrupción pasada  focalizada en el kirchnerismo y, fundamentalmente, en Julio De Vido, el ministro estrella en el ámbito del Gasto Público.

El escenario elegido, para la instalación, fue el Parlamento. La derrota, en la votación destinada a la expulsión del diputado De Vido, fue considerada – por los estrategas gubernamentales – como un éxito. La contradicción merece una aclaración.

La idea es que – ante la impotencia para castigar al “Príncipe de los Corruptos” Cambiemos dixit – la derrota provocará un clima electoral tal que la votación esté destinada a sumar diputados sea para convalidar la corrupción (CFK) o sea, para lograr los dos tercios necesarios para despedir a De Vido después de las elecciones. Esta derrota, transitoria sería entonces la condición necesaria para sumar diputados suficientes como para cambiar el resultado en el próximo intento posterior a Octubre. Es un deseo y un pronóstico. El deseo está verificado. El pronóstico es optimista, pero algunos cálculos lo avalan.

Este primer dato de la definición estratégica electoral termina de confirmar que la compulsa está instalada entre el pasado y el presente. Y la palabra futuro se la menciona pero resta como cláusula vacía.

Cambiemos centra sus ataques en el pasado indefendible del Kirchnerismo, del que ahora elige la corrupción como principal bandera.

Y la oposición, especialmente Cristina Kirchner, elige machacar sobre el presente de la economía y la situación social. La percepción de una gran parte de la sociedad es terreno fértil  para esa siembra.

Todos apuntan en negativo. Me pregunto ¿qué fuego avivamos?

Cristina no contestará las razones de su fortuna súbita porque son inexplicables.  Y Mauricio no contestará acerca de la reiterada inexistencia del “segundo semestre” que supo ser el Oasis, al que no llegamos, en este desierto de estancamiento de larga data. Por ahora el balance de gestión también es inexplicable.

Dos sordos. Cristina (que es De Vido y todos los demás) – es evidente – cuenta con el acolchado isonorizante de la Justicia que a base de silencio, morosidad, papeles traspapelados, indigna. Y que de tanto indignar corre ¿el riesgo? de tornarse indigna.

Mauricio (que es Cambiemos) cuenta con el acompañamiento mediático de un ejército de “comunicadores sociales” que baten el parche de tal modo que no llega a la opinión pública el diagnóstico, el debate, las propuestas para salir de un círculo vicioso de desempleo estructural, gasto público y ausencia de inversiones.

Se lo niega con evasiones o ruidos, en la instalación, del tipo: ¿Y ustedes qué? Háganse cargo. Son evasiones para no hablar de lo crítico.

En ese marco no sólo son inútiles las PASO sino la misma campaña electoral. Porque si Cristina (y los demás) no van a explicar sus fortunas súbitas y el despilfarro de 12 años; y Mauricio y sus aliados, no van a explicar por qué no salimos del circulo vicioso y como se proponen salir de él, lo que vamos a hacer es simplemente votar y no elegir.

Porque elegir es escoger entre posibilidades. Y como es obvio el pasado y el presente no son posibilidades.

La única posibilidad de escoger está en el futuro y para eso es necesario que se ofrezcan posibilidades para cabalgarlo, conducirlo, crearlo, ansiarlo. Y eso, en estas lamentables estrategias, gubernamental y  opositoras, no está.

El primer dato de la semana, el debate De Vido, confirma lo negativo que nos espera en materia de estrategias electorales.

El segundo dato vinculado a estrategias y flacuras morales, ciertamente menor  – aunque en este contexto molesta y  confunde -, es que el inexplicable J. Duran Barba y su socio, finalmente, van a cobrar unos pesos en blanco de las arcas del PRO.

Hasta ahora formalmente el ecuatoriano de puro gaucho vino a trabajar gratis durante una década para su cliente argentino. Una pena tamaña desprolijidad, la que descubrió una investigación judicial que, como genera sospechas sobre todos, pasó sin ruido. “La mujer del César no sólo ser honesta sino aparentarlo”

Las campañas de Macri durante una década no las pagó nadie o alguien lo hizo “en negro”. Lo primero contradice la norma número 1 del pensamiento liberal que nutre al PRO, Milton Fridman sostiene “no hay tal cosa como un almuerzo gratis”. Gratis o en negro, la verdad, no es PRO.

Claro que las desprolijidades en la cosa pública de los que se fueron son escandalosas e incomparables. Obviamente solo me refiero al Kirchnerismo. La noticia que Duran empieza a cobrar ahora es un dato menor pero habla de chapoteo en el mismo barro. ¿Se entiende? ¿Dónde lo ponemos en el pasado o en el presente? En fin, un pequeño aporte a la grieta. Para aplacarla hace falta mucha ejemplariedad.

La tercera y mas que relevante, es el anuncio de la movilización de agosto de la CGT que concita hoy más gremios adheridos que nunca. Es una movilización a Plaza de Mayo. Para Duran y Peña, como la suba del dólar, las movilizaciones no inquietan a nadie y no tienen ninguna repercusión.

Pero en realidad las movilizaciones del Movimiento Obrero, que son difíciles de llevar a cabo, son manifestaciones de un estado febril en la sociedad. Un estado de malestar que las encuestas no reflejan porque, en general, las encuestas sintetizan el clima general en el que se compensan los humores de unos sectores con otros. La movilización sí indica que los trabajadores sindicalizados (que alberga al trabajo de mayor productividad) necesitan que la economía les ofrezca seguridades y perspectivas que ellos no perciben, que no perciben las bases; y tal vez que tampoco perciben los patrones.

Los patrones, los empresarios y gerentes, tienen un doble lenguaje. Por un lado no se pueden malquistar con el poder, la administración, el sector financiero, los medios. Necesitan, en general, ofrecer puertas afuera una versión elducorada de su realidad. Pero puertas adentro, del lado de los costos, del volumen de negocios, de las perspectivas de mercado – que es el lado con el que se relacionan con los trabajadores – no ocultan la incertidumbre y el malestar.

La movilización de la CGT es la fiebre que producen la incertidumbre – qué nos pasará – y el malestar – que mal la estoy pasando.

Y en la medida que ocurre, porque sus planteos a priori son rechazados por el gobierno y los medios asociados, está señalando un incremento del malestar, del estado de grieta. Las divisiones, en estado de conflicto, se multiplican. En este caso dividir es multiplicar. Y el que no escucha divide.

Hasta aquí las notas de la semana que fertilizan la división, la grieta y alejan el consenso y el futuro, desde la perspectiva de la voluntad política.

Exploremos ahora aquellas noticias que generan preocupación sobre la suerte de la economía.

La primera nota de la semana, y claramente importante, es la disparada del dólar. Para muchos sólo se trata de un dato político que refleja el miedo a Cristina como proveedora de un viaje a Venezuela. Miedo que, como siempre, se protege en el dólar a medida que se aproximan las definiciones de las encuestas en las que todas aseguran que Cristina llega. Primera o segunda pero llega.

Y ese es el miedo al futuro que el propio gobierno agita. Pero la realidad es que los datos financieros con los que debe leerse la escapada del dólar no convalidan la afirmación de Marcos Peña  “La verdad es que actualmente no hay motivos para preocuparse por la cotización del dólar en la Argentina. Ya que a decir verdad ese dato no afecta en lo más mínimo a la población en general”.

Una lamentable afirmación del inexperto Peña que se suma a las conocidas y emblemáticas del tipo “El que juega al dólar pierde” o a las alusiones “al mercado inexistente” del más que inexperto e irresponsable de Axel Kicillof.

Pero, peor, el mentor económico intelectual de las posiciones más duras (e irracionales) del gobierno, Federico Sturzenegger debió colocar más de 300 millones de dólares en el mercado, para atemperar a las fieras que devoran el “verde” y a pesar de ello el paralelo cerró en 18,50 pesos por dólar.

Podrá volver a bajar. Pero el nuevo piso será más alto que el anterior y el efecto sobre los precios será inevitable: sin compensaciones (y en esta modelo no las hay) toda devaluación nominal (la real ha sido mínima) es un cambio hacia arriba de un precio fundamental que se desparrama por todo el proceso económico y comercial. Y como sabemos, sin precios que bajen, la suba de uno es la suba del promedio de los precios y a eso es lo que llamamos “tasa de inflación”.

Este actor dormido, don dólar, del proceso de inflación, que refleja colosales desequilibrios, al despertarse requiere de un tratamiento que, en buen romance, pasa primero, por una visión de política económica global que incluye, entre otras dimensiones, la política de ingresos.

Nada mas ajeno a este esquema dominante del PRO que ha decidido trabajar sobre dos ejes notablemente contradictorios.

De un lado “objetivo de inflación” fijado por el BCRA que usa el solo instrumento de la tasa de interés y la esterilización vía colocaciones del Central (Lebac,etc.); y por el otro lado un instrumento de armonización al que denominan “gradualismo” y que consiste en la financiación de los déficits gemelos vía deuda externa.

El salto del dólar lo realiza el mercado en función de la percepción del atraso cambiario, de las expectativas políticas de incertidumbre y además en respuesta a la percepción de “menos éxito que el esperado” en la política inflacionaria y más riesgos que los esperados en materia de “gradualismo por la deuda”. La deuda …

El dato del mercado cambiario en sí, lo que está detrás de él, señala que “el mercado” dice, en los medios, “vayan por ahí”  … pero por si acaso … , en la caja, yo me quedo por allá. La prueba es que la “fuga de capitales” después del blanqueo continua, como lo hacen los gastos de turismo al exterior, la conciencia del déme dos y la abrumadora persistencia de las noticias que los precios de la leche y el pan – medidos en pesos – son mas baratos en Londres que en Buenos Aires. Todos sabemos que ese es el preludio en fuga del “déme dos”.

La segunda nota económica inquietante de esta semana es la información provista por la comisión de la OCDE que estuvo en el país revisando los números de nuestra economía que habría manifestado, desde la gestión de Carlos Menem, la intención de ser miembro de ese Club.

Según Clarín (28/7/17), la buena noticia del Informe es que si el país “hace una serie de reformas el ingreso promedio por habitante crecería 15 por ciento en los próximos 10 años” . Tenga en cuenta el lector que el ingreso promedio por habitante de 2017 – aún si se cumpliera el pronóstico de crecimiento de 3 por ciento – sería menor que el de 2011.  En ese caso según la OCDE y si hacemos las reformas que ese organismo propone, ese “crecimiento” de 15 por ciento ocurriría en 16 y no en 10 años.

Una velocidad de tortuga que nos dejaría en el marco de una conflictividad social inimaginable. Esa tasa de crecimiento apunta a las condiciones de vida (a ese ritmo ¿absorber el 30 por ciento de pobreza, el 30 por ciento de trabajo en negro?) y al ritmo de crecimiento de la productividad. ¿En qué están pesando los técnicos de la OCDE?

Lo cierto que el dato mas relevante del Informe – según Clarín – es la espantosa¡¡¡¡ tasa de inversión que revela. Nuestro país, según el Informe OCDE, invierte el 15 por ciento de su PBI, mientras que los miembros de la OCDE – que la mayoría mas que duplican el PBI por habitante de la Argentina –invierten en promedio el 23 por ciento de su PBI. Ahí está el meollo de la cuestión.

Con esta tasa de inversión, la que informa la OCDE, es imposible crecer a más del 1 y monedas por ciento anual por habitante porque con esa inversión no puede crecer la productividad. No hay manera de que lo haga.

Porque la inversión es la condición necesaria para la transformación. De la misma manera es absolutamente imposible crecer a mayor velocidad sino realizamos una revolución educativa para cortar de raíz el decadente proceso de empobrecimiento colectivo que implica que la mitad de los menores de 14 años son pobres, hijos de pobres y nietos de pobres.

Tal vez no son las reformas propuestas por la OCDE el camino que puede lograr las dos revoluciones económicas que necesita la Argentina: primero tender a duplicar la tasa de inversión especialmente la inversión reproductiva urbana y segundo transformar de inmediato el futuro de los millones de niños pobres y de aquellos, muchos más, que sin serlo hoy – a la velocidad de crecimiento que nos ofrecen las reformas de la OCDE – los serán en los próximos años.

Y finalmente la tercera nota económica inquietante es que “de la mano de los intereses, aumentó el 76 por ciento el déficit fiscal” tituló Ismael Bermúdez en Clarin del viernes pasado. Se refiere al primer semestre de 2017 en relación al de 2016. En términos reales el aumento del déficit es de 40 por ciento. Un paquetazo. Y la mitad responde a intereses de la deuda. Los números son más graves si tenemos en cuenta el déficit cuasi fiscal que genera el stock de deuda del BCRA multiplicado por la tasa de interés homérica que el Central paga. (¡que negocio para los líquidos¡).

Detrás de la deuda y del déficit están problemas estructurales de la economía por cierto heredados. Pero sobre los cuales no hay ni sombras de propuestas de solución ni del gobierno, ni de la oposición de CFK y tampoco de la coalición que lidera Massa.

Es que la solución del déficit, no sólo del Estado sino el déficit de la Economía nacional, pasa por la revolución de inversión y la revolución de la educación de la pobreza.

Y esas revoluciones en paz y en democracia, no hay otra vía, solo pueden ser consecuencia de un consenso amplio que sólo la Política puede construir. Para desgracia colectiva estos tiempos son de siembra de la grieta y el conflicto y eso aleja toda posibilidad de futuro.

El “triunfo” K – posible – sin duda aleja al futuro ,porque vendría a reivindicar el pasado que consagraría el auto indulto; y el triunfo M – posible – si se propone aplicar las reformas que sugirió la OCDE, nos condena al estancamiento como surge de sus cálculos y a la conflictividad porque, además, los que conocen el pensamiento íntimo del gobierno sostienen que ni piensan en incentivos a la inversión reproductiva. Que manden las ventajas comparativas.

Esa es la lógica de estos 40 años en que ha crecido y sigue haciéndolo la “oligarquía de los concesionarios”  (obra pública, concesiones, etc.) que es el poder económico que nos gobierna desde aquellos años. No hay aquí ni vestigios de poder de los sectores productivos, ni el campo ni la industria, sino negocios a pura concesión del Estado, bienes y servicios no “comerciables” que nos embarazan de deuda externa hasta la próxima crisis.

Esta ha sido la fórmula de la decadencia con arrebatos de crecimiento efímeros, la mayor parte de ellos, a pura deuda, o la pura suerte irrepetible de los términos del intercambio.

La deuda externa, que los concesionarios no pagan – aunque son los beneficiarios –  y tienen que pagar los sectores productivos, es la contracara de la ausencia de inversión y del incremento de la deuda social.

¿Quién levantara el consenso para las revoluciones necesarias?

 

 

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29 julio 2017

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