La noticia … se la lleva el viento (E.Sábato)

3 de agosto de 2017 Publicada en El Economista. 

Carlos Leyba

Las encuestas son una fotografía borrosa de las opiniones en días previos a su publicación. Miden presión y palpitaciones de ayer. No las de hoy; y ni remotamente las del día del voto.Lo mismo ocurre con las estadísticas de la economía. Los datos son de ayer. Las estadísticas no marcan presión y pulso de la economía real de hoy.Sin embargo consultores, económicos y políticos, toman encuestas y  estadísticas como base para pronósticos que son proyecciones lineales del presente.¿Hay otra manera de hablar “con fundamento” del presente? ¿Otra manera de predicar el futuro? ¿No hay acaso curvas, topografías que inviertan el recorrido registrado?

Para decir como estamos hoy también se hace un “pronóstico” sobre la base de estadísticas vencidas. Los economistas pronosticamos el presente. Y además con el fundamento de ese  pronóstico del presente nos atrevemos a pronosticar el futuro. Eso es el análisis coyuntural de la economía y también lo es del clima electoral cuando de pronósticos se trata.

La opinión pública y la economía, como la salud humana, no sólo tienen – para su análisis – un componente coyuntural pleno de limitaciones informativas sino, también, un componente estructural. Este es complejo ya que está sometido a la “visión del mundo” del analista que lo lee.

 

La dirección profunda de la estructura tiene mucho mas peso sobre el futuro que lo que en él pesa la dirección de superficie de la coyuntura.

Cuanto más distante, y por lo tanto mas relevante, el futuro más peso tiene la profundidad estructural. El peso de la “visión del mundo” de quién lee los datos estructurales aumenta con la distancia del futuro que se pronostica.

Puede pasar que mientras la coyuntura nos describe un escenario de alegría (o de pesar) la realidad de la estructura nos condiciona un futuro de pesar (o de alegría)es decir, contradictorio.

Los datos estructurales, sobre los que se basa un diagnóstico profesional, no pueden dejarse de lado en el análisis sobre el futuro. Y tampoco  debe omitirse la “visión del mundo” de quién lo realiza.

Acierta Ramón de Campoamor cuando dice “ En este mundo traidor/nada es verdad ni mentira/ todo es según el color/ del cristal con que se mira”.  La realidad es una suerte de “mundo traidor” ya que sus giros y transformaciones nos muestran distintas máscaras.

 

Pero de lo que más hablamos, lo que preocupa a los medios, es la información de coyuntura. Sube y baja que, como hemos dicho, parte del análisis de un producto por definición vencido. Producto que es “la noticia” que – en tanto tal – es algo que ocurrió. El presente es estadísticamente inasible hasta que ocurre.

Hay varias pruebas de lo dicho. En materia electoral las encuestas coyunturales mas importantes de los últimos tiempos (Colombia, Brexit, las elecciones estadounidenses) equivocaron el pronóstico del presente.

Lo que dijeron que iba a ocurrir no ocurrió. Los hechos fueron contra las encuestas y el pensamiento “políticamente correcto”.

No sólo los pronósticos fueron equivocados sino que los resultados fueron contra el deseo de los formadores de opinión.  Las encuestas entraron en zona de pantano.

En nuestro caso el triunfo de María Eugenia Vidal reflejó la debilidad de las encuestas y la consistencia de cuestiones estructurales en la opinión pública. Una cuestión estructural fue (y es) la resistencia al narcotráfico en los sectores populares La identificación del candidato Aníbal Fernández con el personaje de “La Morsa” hizo que un número importante de votantes de su partido lo rechazará, generándose una migración de votos determinada por la estructura que las evaluaciones de superficie no supieron captar.

De la misma manera, en el caso del Brexit y de Donald Trump, el impacto negativo de la globalización hizo migrar el voto de sectores que tradicionalmente votaban por las propuestas derrotadas hacia un voto inesperado desde el punto de vista que captan las encuestas.

¿Qué pasa en economía y los pronósticos? Desde 1978, cada año el Federal Reserve Bank of Kansas City promueve un Simposio al que asisten los líderes de las finanzas mundiales (funcionarios, académicos, banqueros, etc.)

Este año se desarrollara entre el 24 y 26 de agosto, como siempre, en Jackson Hole, bajo el lema “Fomentando una Economía Global Dinámica”.

Normalmente sus conclusiones tienen el carácter de pronóstico de alto prestigio. Después de asistir durante una década a esos eventos un periodista de The Economist – la prestigiosa publicación británica – concluyó que los pronósticos de los líderes de las finanzas eran una excelente guía para desentrañar el futuro inmediato. La clave consistía en hacer exactamente lo contrario que uno debería

hacer si seguía los consejos implícitos en sus pronósticos. Cien por ciento de error.

El ejercicio de pronosticar en el corto plazo y sobre la base de los datos coyunturales (por otra parte siempre vencidos) no goza de gran reputación.

Pero es ese componente coyuntural el que más nos atrae y nos distrae de observar los fenómenos estructurales que son los que realmente condicionan el futuro. Estamos intoxicados de información coyuntural con la grave consecuencia de abandonar el análisis de las cuestiones estructurales.

En un lugar la subestimación de los daños de la globalización y en el otro la subestimación de los daños del narcotráfico en el conurbano, fueron las causas estructurales que el análisis de coyuntura no está en condiciones de leer.

¿Qué nos dicen las encuestas y los analistas que las interpretan acerca de los próximos resultados electorales? ¿Qué nos dice del futuro de la economía la información destacada de estos días?

Para los analistas lo que puede cambiar la conformación del Poder es lo que va a ocurrir en la Provincia de Buenos Aires. Un dato estructural.

Mas allá de los porcentajes, lo cierto es que en todos los distritos es probable que ganen los que gobiernan en cada municipio y en cada provincia. Los datos del país relevados por encuestas – excepto los de la Provincia de Buenos Aires – indican que las elecciones futuras no revelarán un cambio de opinión y que los que están seguirán estando.

El dato referido al ejercicio del “Poder” es que ese resultado – a consecuencia del escaso número de legisladores  que Cambiemos renueva – puede generar un incremento importante en el número de legisladores de Cambiemos y una reducción en el número de legisladores del FPV.

Notable: si en los resultados del resto del país nada cambia, entonces cambia la composición del Parlamento, y en ese cambio gana Mauricio Macri y pierde la oposición, particularmente la que se mantiene en la fidelidad kirchnerista.

Pero el cambio en el real ejercicio del Poder depende del resultado en la Provincia de Buenos Aires.

Veamos la foto de las últimas encuestas. El sociólogo y analista político Ricardo Rouvier publicó las Encuestas de las principales consultoras de los últimos días.

Para el promedio el triunfo de Cristina Kirchner supera los márgenes de error y alcanza a superar a Cambiemos por 5,2 puntos de porcentaje. CFK suma en promedio 33,7 por ciento de los votos;  Cambiemos 28,5 mientras que Sergio Massa está 10 puntos atrás.

Nueve encuestas señalan este orden Cristina, Esteban Bullrich, Sergio Massa. Dos ponen a Cristina primero, seguida de Massa y tercero  Cambiemos. Una da ganador a Cambiemos seguido de Cristina y tercero Sergio; y una da ganador a Cristina, segundo Massa y tercero Esteban Bullrich.

El mínimo otorgado a CFK es 29,7, el de Cambiemos 17,5 y el de Massa 13,7.

Estas fotos nos dicen que en los días de las Encuestas era ganadora CFK.  ¿Es un buen pronóstico? ¿Cómo saberlo?

Pero lo que no depende  de la coyuntura sino de la estructura social, nos dice que CFK lidera estructuralmente un tercio de la Provincia y que salvo un accidente (un efecto Aníbal Fernández, etc.)  Cristina será senadora.

Lo estructural es que en el Senado provocará una “grieta” al interior del bloque Kirchnerista.

Detrás del Senado están las provincias, los potenciales electores y mediando los gobernadores que deben gobernar  y acumular para preservar el poder. Eso lleva a una mecánica de acuerdos que haga que lo que quede bajo la conducción del “desacuerdo” sea minoritario dentro de ese bloque. Pero si como midió M&F Cristina gana por 8 puntos y Cambiemos empata con Massa, entonces, las condiciones en el Senado no serán las mismas que las que se derivan de un resultado ajustado.

En ese caso la incertidumbre económica dominará la escena y pondrá en evidencia que los datos de la coyuntura económica, que el gobierno reputa como “la economía está en marcha” , son sólo matices de superficie.

En ese caso la realidad estructural de un PBI por habitante estancado hace 6 años, una pobreza infinanciable sin creación de empleo e imposibilidad de creación de empleo sin un proceso masivo de inversión reproductiva, al que este gobierno no piensa ponerla una ficha, se tornará incontenible y los brotes verdes se marchitarán.

Por eso “la política” (del oficialismo, de los gobernadores, de la oposición no dependiente de CFK) no puede ni debe abocarse con exclusividad al combate por la coyuntura electoral, sino que debe anticipar lo que puede producirse y que requerirá  un terreno apto para pactar, converger y ceder. Eso es atender las condiciones de la estructura política real.

De la misma manera que quienes conducen la economía (oficialismo, gobernadores, intendentes principales, empresarios, dirigentes sindicales) deben tener en cuenta que, más allá de los debates coyunturales de superficie, es inevitable poner en foco los métodos que hoy en el mundo, más allá de la retórica del discurso económicamente correcto, se aplican para comprar inversiones, capacidad exportadora y sostén de los mecanismos de distribución.

Un país con déficit gemelos, fuga de capitales, desempleo estructural oculto en empleo público y mecanismos de subsistencia, no puede distraerse con un “crecimiento” de 3 por ciento y con la discusión acerca de eso.

 

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03 agosto 2017

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