Cómo distraer difamando

5 de abril de 2018

Carlos Leyba

Un recuerdo. El ministro de energía Juan José Aranguren confesó que “no tiene confianza” en la Argentina y que esa es la razón por la que deja sus ahorros en el exterior a pesar que obtiene por ese dinero un rendimiento miserable.

Aranguren confirmó una doctrina popular en el gabinete (G.Arribas, N.Dujovne, F. Sturzenegger). “Ustedes tengan fe en la Argentina, inviertan en ella, nosotros no la tenemos ni estamos obligados a tenerla, por eso ahorramos o invertimos en el exterior”.

Preguntado el Presidente compartió ese criterio. Dijo mas o menos así: “Aranguren es bueno porque renunció a una posición rentable para ser ministro y ganar menos. Y como renunció le dieron un paquete de acciones”. Esa afirmación es parcialmente verdadera.

Aranguren se había retirado, y cobrado un suculento retiro por los servicios prestados, y eso mucho antes de ser ministro.

En el intervalo entre presidente de Shell y ministro, se anotó en una Maestría de Energía de la UBA. No dejó su puesto para ser ministro.

¿Qué cree el Presidente que es servir a la Patria?¿Aceptar un cargo?¿O cumplir la función y dar testimonio de ejemplaridad?

No hace falta mencionar la existencia de un largo listado de ministros que han traicionado el servicio a la Patria sea por inutilidad, mal desempeño o gigantescos delitos de corrupción.

Libres o detenidos, acusados o no, sentenciados o no, en la última administración, de la cabeza a los pies, hay fortunas inexplicables. Y antes también.

Un Juicio de Residencia, que lamentablemente no existe en el país, habría despojado de sus bienes a los malos funcionarios y a los socios privados que, decía Néstor, constituirían la nueva “burguesía nacional” aliada. Eso o no ocurrió sólo en el kirchnerismo.

Ser Ministro es ser elegido para un servicio y el mérito surge del cumplimiento del servicio y no de la designación.

Un “renunciamiento” no vale de nada hasta que no juzguemos su actuación en el área, claro que con la mira del Bien Común como primer filtro.

La gestión Aranguren no está terminada y al término de la misma se hará su evaluación. Pero sabemos algunas cosas.

La primera es que, por su propia confesión en el Parlamento, no sabe cual es el costo del gas en boca de pozo.

Eso no es idoneidad. Y a pesar de no saber el costo ha fijado un sendero de precios del gas . Aranguren no sabe si, con ese sendero, las empresas ganan o pierden.

Aranguren, que no tiene confianza en el gobierno del que es parte, si tiene confianza en lo que le dicen las empresas que el debía controlar.

No surge de estas dos confesiones que el hombre tenga algo como “me juego por la Patria”.

La idea del blanqueo era que las inversiones de los argentinos en el exterior volvieran al terruño. No ocurrió. La razón la dio Aranguren: “falta de confianza”.

La recuperación de la confianza fue el primer valor PRO para el retorno de un proceso inversor. No pasó. Difícilmente pase si los funcionarios que llaman a invertir son los primeros en quedarse afuera.

Sigamos con la política. El tarifazo del gas es un escalón muy fuerte en pos que los consumidores (familias, empresas) paguen por el gas (y la energía) lo que corresponde en función del costo más la utilidad razonable de la cadena de valor.

Nadie puede negar la racionalidad de un precio por el bien final que este acorde a lo que cuesta producirlo. Y la irracionalidad de lo contrario.

Ese costo debe incluir, en todos los casos, los directos como así también la amortización de las inversiones o equipos, etc., más la utilidad razonable.

Aranguren que dijo que no sabe cuanto cuesta, se anima a ponerle un precio. Es imprudente o equivocado. Sólo por casualidad “sin saberlo” podría poner un “precio” como Dios manda.

Aranguren fijo el precio del millón de BTU en dólares 4,68. A este 40 por ciento de aumento hay que agregarle a futuro 17 por ciento más.

Entre 2003 y 2005 los proveedores de gas formalizaban contratos en mercado libre a un precio de aproximadamente entre1,50 y 1,70 dólares el millón de BTU. La inflación de Estados Unidos en estos13 años ha alcanzado 35 por ciento.

Es decir para que los dólares que cobran los concesionarios en el país tuvieran el mismo valor real del millón de BTU promedio al que vendían libremente 13 años atrás, debería ser de 2,16 dólares.

Para Aranguren ahora es más del doble. Aranguren debe imaginar que tenemos un colosal atraso cambiario y que debe compensarlo “pagando más dólares” por millón de BTU que los que corresponden al mero ajuste de la inflación en dólares.

Al tipo de cambio de 20,45 pesos por dólar y a 4,68 dólares el millón de BTU, los concesionarios reciben en pesos 95,76 el millón de BTU.

El tipo de cambio “de hecho”, resultante de la nueva tarifa comparada con la que libremente en dólares reales se fijó por las empresas gasíferas hace 13 años, sería de 44,30 pesos por dólar.

Si 2,16 dólares los cambiamos a 44,30 pesos por dólar obtenemos los 95,76 pesos que es lo que hoy reciben los concesionarios. Lo único concreto es lo que cobran.

¿Cuál es la razón para que el gas haya pasado de 2,16 dólares a 4,68 dólares? ¿Quién se llevó esos 2,52 dólares por unidad de gas que antes no se los llevaba? ¿Los proveedores, los trabajadores o los titulares de la concesión? ¿Cuál es la razón para que el resto de las actividades puedan, deban, estén condenadas o no, trabajar con un dólar de 20,45 pesos y los concesionarios de gas no; y además que se lleven el doble?

¿Cuál es el impacto negativo a la competitividad en los demás sectores de tener que transferir, vía la “devaluación gasífera”, más del doble del equivalente dólar con el que viven?

Aranguren no tiene confianza como para invertir aquí sus ahorros y opera en la práctica con un dólar mucho mas elevado que el actual. Eso lo que sugiere la lógica de considerar los costos en dólares de la extracción (incluyendo todos los rubros) en dólares de valor real.

No olvide que el gas o el petróleo, son propiedad de los argentinos y el concesionario tiene la concesión para extraerlos.

Don Juan José, como el resto de los ministros mencionados y parientes blanqueados, no tiene “confianza” en el país; y tal vez menos en este tipo de cambio de 20,45 ajustado gradualmente.

Póngalo de otra manera, desde la perspectiva del Bien Común, el gas es la clave de la matriz energética. El precio que debemos pagar por él afecta, no sólo la calidad de vida de gran parte de los argentinos, sino esencialmente la capacidad competitiva de la industria.

Hay actividades que se tornan inviables y todas tienen riesgos de competitividad.

Si para todas las actividades el tipo de cambio es 20,45, es obvio que es inviable sostener una energía que se multiplica a un tipo de cambio de 44,30 pesos por dólar.

Dijo Paolo Rocca que no hay desarrollo industrial a más de 3 dólares el millón de BTU. Y Aranguren está pensando en 5,50.

Claramente el Bien Común, es decir, el desarrollo y empleo de las fuerzas productivas, en el esquema Aranguren, está sometido a la prioridad del beneficio de las empresas concesionarias ya que el Ministro ignora los costos y se limita a aceptar un sendero que, si lo fijo él, es la película de un director ciego y si lo fijaron los concesionarios, es una renuncia implícita a la función del Estado.

Para que no se hable de esto, de la decisión de una tarifa poco transparente por ausencia de auditoria de costos y de la decisión de no creer en el país para guardar el dinero, la Usina Mediática oficial de J.Duran Barba, no hizo lo de 6, 7, 8 que era difamar personas, superponer placas con “verdades parciales” y armar un circo infame del que, al derrotar al Kirchnerismo, creíamos que nos habíamos liberado.

No para no hablar de esto, de los problemas reales, la Usina y muchos medios, se han dedicado a destruir valores, a ridiculizar la Pasión durante la Semana Santa o a difamar, usando a marginales, personas apenas críticas y todo por los medios de mayor audiencia.

No hay sospechas de responsabilidad en estas cosas para todos los cuadros del PRO. No le cabe ese sayo a María Eugenia Vidal, a Carolina Stanley y a muchísimos dirigentes PRO que se comprometen con valores profundos de servicio y verdad, cualquiera sea su fe religiosa o su visión filosófica.

Pero sí le cabe a una estrategia mediática diseñada, protegida, promovida desde la Usina Mediática . Hay periodistas que se regodean en pulverizar valores que ellos no comparten, lo que es su derecho, pero que no son capaces de respetarlos en momentos importantes para el otro. Lo del gas y lo de la expatriación de capitales debía ser ocultado, distraído.

Para eso se utilizó la burla y la difamación en un verdadero retroceso moral en la manera de hacer política y periodismo. Distraer el debate de una política con poco fundamento. O sin información. Que es lo mismo.

El kirchnerismo instaló, como nunca antes, la estrategia de la difamación, la distracción y el ocultamiento de la verdad. La Usina Mediática PRO no le va en zaga y le agrega la dosis de frivolidad que alimenta una parte de su mercado.

Me explico: hubo que escucharlos burlándose o difamando, en Semana Santa, a Alejandro Fantino, Marcelo Longobardi, Jorge Lanata y sobretodo a Diego Sehinkman quien celebró la ocurrencia de que “Jesús debió ser crucificado por “enriquecimiento ilícito” a causa de la multiplicación de los panes o la promoción del vino”.

Una manera, infame, de ocultar y distraernos de lo principal. Con esos modos no hay manera de construir confianza, achicar la grieta, constituir una Nación.

Ni hablar del uso de los trolls, de las técnicas de Cambridge Analytica, de la utilización de la información del ANSES, etc.

Un mal de época. Muchas de esas cosas se han instalando y el kirchnerismo, sobre todo en difamación pública, ha hecho un gran aporte. El PRO, lamentablemente, le ha agregado tecnología y gestión en lo que, indudablemente, son muy buenos.

Pero, como vemos, eso no construye “confianza”. Los ministros PRO no la tienen y por eso invierten afuera y – de verdad – en lo que les compete hacen muy difícil que la Argentina industrial sea competitiva.

 

compartir nota
05 abril 2018

Cómo distraer difamando

Los comentarios están cerrados.