¿El FMI es el programa?

9 de Junio de 2017

¿El FMI es el programa?

Carlos Leyba

Nadie puede negar la enorme capacidad de regenerar el entusiasmo de la que disponen los funcionarios y los dirigentes PRO. Es un ejemplo notable de resiliencia política. Cada comienzo de “semestre”, cada nueva cosecha de “brotes verdes” luego de verificar sea el desplazamiento del semestre sea la sequía de los brotes, los encuentra de nuevo frescos y entusiasta conjugando sus “gerundios” de estamos en proceso de. Aunque no hemos llegado. Ahora después de negar en un programa de Televisión la mera posibilidad de acudir al FMI, y luego de repetir hasta el cansancio que “lo peor ya pasó” y otros optimismos conexos del tipo “estamos creciendo”; cuando a la manguera de incendio de venta de dólares del BCRA, para abastecer a los que fugaron a 20, se le agotó la bomba impulsora, declararon al vuelo en emergencia.

Lo cierto es que, en emergencia, y a sorprendente velocidad, lograron que el FMI anuncie un asistencia de 50 mil millones de dólares y un desembolso inicial de 15 mil, a los efectos de sostener un programa de drástica reducción del déficit fiscal y eliminación de la herramienta del atraso cambiario (tasas de interés gigantescas con virtual “seguro de cambio”) y el objetivo de reducir la inflación aceleradamente.

Para los funcionarios y los sectores que comparten el “modelo”, este acuerdo del FMI es una ratificación que el rumbo de una economía más abierta y con mayor dinamismo de las reglas de mercado y sin nada que se parezca a un programa de desarrollo, goza de la simpatía de las voces de las principales economías de Occidente.

La historia no se repite: nadie se baña dos veces en el mismo río, pero algo de eso hay en la historia argentina de los últimos años. Una recurrencia notable de anunciar dos herramientas como panacea: el crédito externo y la promesa de ajuste. Usted puede hacer un inventario minucioso que se inicia en 1976 – de crédito y ajuste – y que se repite de manera precisa con sobresaltos extraordinarios más o menos cada siete años.

Nada es igual. Pero, por ejemplo, no está mal recordar que el 17 de diciembre de 2000 Clarín titulaba “Por el blindaje, llegan más de 37 mil millones de dólares”; y el 16 de Julio de 2001, el mismo diario, titulaba “ el recorte es la única salida y no es negociable”.

Muchos de los funcionarios de entonces, en cargos de menores jerarquías, son funcionarios de hoy. Y hoy al igual que ayer, anunciamos un mega crédito y la promesa de una reducción del déficit.

Nada de eso es malo en sí y tampoco bueno en sí. En economía todo depende de las consecuencias respecto de los objetivos principales.

Quizá todos estamos de acuerdo en los grandes objetivos. Pero no lo estamos en el orden de las prioridades y tampoco en la idea de la secuencia que produce el mayor beneficio y el menor costo social. Desordenadamente todos compartimos los objetivos de pleno empleo, crecimiento, saldo positivo de la balanza de comercio, estabilidad, tasa de inversión … Objetivos globales. Pero el orden de prioridad de los mismos define distintas concepciones del hacer de la política económica.

El arte de la política consiste en hacer posible el avance en la mayor cantidad de objetivos al mismo tiempo. La negación de la “política” – desde este campo de visión – es cerrar todo en un objetivo dejando de lado todo lo demás. O en la creencia que lo demás vendrá por añadidura. El clásico es el objetivo de la estabilidad de precios a cambio de todo.

La convertibilidad lo logró. Lo hizo a base de importaciones financiadas con deuda externa y como las anfetaminas, logró reducir el peso pero al mismo tiempo destruyó el cerebro. Es decir se estabilizaron los precios y se destruyó el aparato productivo.

Han pasado 18 años del estallido de la economía que heredó la Alianza y aún no hemos logrado dar ni un paso adelante en la reconstrucción del aparato productivo, el desempleo tornó en pobreza de un tercio de la sociedad; la desinversión del aparato productivo tornó en fuga masiva de 400 mil millones de dólares; el crecimiento de la economía es una materia pendiente ya que en 40 años crecimos a 0,7 por ciento anual acumulativo por habitante mientras subdesarrollábamos a la industria haciéndola deficitaria en 30 mil millones de dólares anuales.

La historia enseña que todas las políticas de un solo objetivo han fracaso estrepitosamente, al menos en nuestro país y al menos en los últimos 40 años de historia. Esto importa aclararlo cuando en el mismo gobierno por “enésima” vez se repite “ahora sí” y – a pesar de la evidencia que las cosas no fueron – se repite la misma doctrina con mayor acento.

Este Acuerdo – más allá de las condescendencias sociales que contenga – no es el soporte para un programa de desarrollo y tan es así que se reitera que “hace siete trimestres que estamos creciendo” sin tener en cuenta que el PBI por habitante que es lo que cuenta hoy es menor que el de 2011. Siete años.

A esta altura es posible que el lector que comparte las concepciones del PRO piense “Mienten. No hay crisis, y si la hay es crisis de progreso”.

Sí. Porque muchos creen que estamos avanzando, que estamos “haciendo lo que hay que hacer”. Hay que mirar todos los datos. Esta afirmación, tan familiar a los oídos desconcertados de quienes la ven venir, la mayoría de la sociedad que sufre las consecuencias de los problemas; es habitual en la boca de los que la van a buscar, es decir en la boca de los responsables de la política que son los que van a buscar la crisis por insistir en la quimérica búsqueda de un solo objetivo.

La frase citada la dijo el Presidente Miguel Juárez Celman, antes de la debacle de 1890, al ver los trigales dorados de Santa Fe. Esa foto colmó su visión del progreso, previó al tornado. A lo largo de la historia unos ven avances donde otros perciben retrocesos. Y esa diferencia es crucial. El entusiasmo ante este operativo exitoso en materia de acuerdo con el FMI está muy lejos de ser la constatación de un progreso en términos globales. Y según conduzcan las cosas también puede ser el comienzo de una crisis. El trigo dorado puede mecerse en la campaña, pero como diría el inefable Jorge Capitanich en aquella clase magistral “con el trigo se hace la harina y con la harina se hace el pan”. El problema es el proceso.

¿Dónde estamos? EL FMI procurará que tomemos su medicina a cambio de un balón de oxigeno que – sorprendentemente – se anuncia en 50 mil millones de dólares en un paquete que habilita créditos de Bancos Multilaterales, algunos privados y la ampliación del Swap chino. Balón de oxigeno para cuando falte el aire. No es crédito alimentario: no son dólares para desarrollar Vaca Muerta, para completar la cadena productiva del sector alimentario, tampoco para hacer baterías de litio en el Norte, ni para reconstruir las industrias naval y ferroviaria imprescindibles para transformar el sistema de transporte, y ni remotamente para montar la industria abastecedora de la energía eólica y solar, para decir algunas cosas que nos podían cambiar la vida.

Volviendo al recuerdo, en 2009, aterrada por el desplome de las Reserva CFK, entregó – a cambió del Swap chino, equivalente a 10 mil millones de dólares – la virginidad de las condicionalidades estructurales. Nunca un crédito obligó a tantas cosas y a tanto endeudamiento.

Mauricio lo convalidó y ahora anunció que vamos por más Swap chino. Money, Money, Money.

Todo suma porque lo que falta es “plata”. No está mal alegrarse por conseguirla. Dicen que Nicolás Dujovne está eufórico.

Pero sería mejor que los funcionarios tengan en claro que hemos hecho el camino al FMI y repetido el camino de CFK, por el agravamiento de la enfermedad y no por la buena salud. Esta plata no es para invertir y tampoco para crecer. Es una plata pedida y otorgada por enfermedad. Heredada del anterior facultativo y agravada por este equipo. Han pasado dos años y el nivel de las Reservas netas disponibles y propias es idénticamente igual que entregó el pésimo ministro Axel Kicillof (aclaro que era brillante para Carlos Bulgheroni según declaró a La Nación)

El crédito de FMI, de China o de estos privados, sólo sirve para aguantar el chubasco y no para crecer. Es oxígeno de emergencia. Es bueno antes de ahogarnos. Pero no resuelve el problema de no crecer que es lo que nos provoca el ahogo. Y lo grave es que nada hay en carpeta para crecer y evitar la repetición de la “crónica de la deuda anunciada”.

Llegamos a esta situación, acudir al FMI, porque el sector privado no nos habría de prestar mientras se fugaban las Reservas al galope.

¿Por qué huían? ¿Qué vieron que los asustó?¿Ahora van a volver?¿Para el pedal?¿Para invertir en desarrollo? La gran pregunta es si se han removido las condiciones de fuga.

Oxígeno logrado. Felicitaciones por ello. Pero la economía no crece en términos por habitante desde 2011. Estancamiento. El PBI por habitante de hoy es 3 por ciento menor que el de 2011.

Pasaron siete años, distintas políticas, y estamos en el mismo lugar y psicológicamente más atrás, como consecuencia de la monotonía del estancamiento.

El estancamiento crispa. Este oxígeno de por sí no hace crecer. Pero ayuda. Con este enfoque político y de política económica, sin el FMI, las cosas serían peor.

La crispación social observada deriva de la distancia entre la realidad y la promesa. Veamos.

¿Este oxígeno sirve para cumplir la promesa de la pobreza o el crecimiento? No.

Pero tal vez sirva para apuntalar la baja de la inflación. ¿Con qué costo en actividad?

Tengamos en cuenta que el empleo registrado, que es el que aporta al equilibrio social, no crece ni remotamente al ritmo de la Población Económicamente Activa. Es decir la demanda de equilibrio social demográficamente aumenta y la oferta laboral de equilibrio social va por detrás. Entre el III Trimestre de 2017 y el mismo período de 2011 se crearon apenas 40 mil empleos anuales. Nada.

Además la manufactura perdió empleo. En el discurso K la industria era importante, pero en la práctica, en los hechos, la redujeron. En el discurso PRO la industria molesta. Pero dado que lo que importan son los hechos y no las palabras la realidad hizo convergente esos discursos contrarios en las palabras pero similares en los hechos. Traducción: seguimos sin política industrial y sin ella no hay industria.

Observar la expansión del empleo público nos ofrece el panorama más contundente: crecieron los empleos registrados que paga la Caja Pública. Pero no los empleos que aportan a la Caja Pública. Una mecánica de déficit estructural. Más gasto salarial público menos aporte de los salarios privados. Lo negro obscurece el panorama.

La productividad del trabajo registrado fue, en 2017, menor que la de 2011. No hay nada que sugiera algo mejor para 2018 y 2019.

Declina la productividad y baja la capacidad de exportar. Eso es lo que nos está pasando antes del FMI. Como consecuencia de la mala gestión macroeconómica y de la ausencia de una política de ingresos, la inflación es una presión constante desde todos los puntos cardinales. Una presión inflacionaria multidimensional no tratada.

Y a pesar de la evidencia, para el BCRA, se trata de una “inflación de demanda”; y la pretende doblegar con una tasa de interés que no ha hecho otra cosa que frenar la economía, incentivar la especulación financiera y atrasar el tipo de cambio.

El apoyo del FMI ¿cambiará la concepción del BCRA?

La síntesis de la política macro de los últimos años es el aumento de los déficit gemelos. Crecientes y enormes. El peor de los mundos posibles.

Las exportaciones por habitante, entre 2011 y 2017, cayeron 34 por ciento.

Cifra que no habla de que el mundo está mal – a los vecinos les fue mejor – y que por eso no nos compra. Lo que dice es que nosotros no podemos vender. O porque no producimos o porque no somos competitivos.

Lo dice a gritos el hecho que en los tres últimos años el déficit de comercio creció velozmente.

El saldo del balance de comercio exterior, desde 2013 a la fecha, es negativo. Un lustro consumiendo más de lo que producimos, importando mas de lo que exportamos. Difícil de revertirlo sin una política que premie la producción y que por el contrario estimula la especulación. En todo el período K un sector que está en el podio de las ganancias es el financiero, ni que hablar de lo que ganaron los titulares del dólar futuro pagado por este BCRA o de las utilidades gigantes del sector financiero en todo el período Macri. En el Acuerdo con el FMI no hay un capítulo para la promoción de la inversión industrial.

Las cuentas que hizo el FMI, en su informe de revisión sobre nuestra economía, pusieron de manifiesto que el déficit del Balance de Pagos en Cuenta Corriente no sólo ha sido creciente sino que con controles, de 2011 a 2015, tuvo un promedio negativo de 1,5 por ciento del PBI. Pero en 2016/2017 fue de promedio 4 por ciento del PBI y creciendo.

Llevamos años necesitando que nos financien, nos endeudamos de las maneras más diversas y más traviesas. Endeudarse no es un programa.

Tampoco este préstamo del FMI es “un programa” para que las exportaciones crezcan o que se sustituyan las importaciones.

El déficit fiscal no va para menos. Entre 2011 y 2015 fue en promedio de 2,4 del PBI, pero de 4,7 en 2015. Los dos años PRO tuvieron un promedio fue de 4,75 en relación al Producto.

El déficit primario más el financiero fue en 2015 de 5,9 por ciento del PBI. Herencia. El promedio de Mauricio de déficit primario mas financiero fue de 6,7 por ciento del PBI. El Acuerdo con el FMI compromete la baja del déficit primario pero no del déficit financiero.

El PRO heredó un desastre en actividad, inflación y déficit gemelos. Cristina dilapidó recursos. Nadie debería recordar con simpatía la política suicida de agotamiento de stocks.

El PRO no logró revertir esa situación. “Lo peor no pasó”. El préstamo del FMI no sepulta lo peor porque nada indica que se puedan revertir las condiciones de la decadencia económica y social de la Argentina. La apuesta es a que logrado el equilibrio fiscal y disminuida la inflación, llegarán las inversiones. Si todo eso ocurre, dado el plazo requerido, tal vez sea tarde.

Poliarquía ha detectado que las expectativas de la población han caído.

El próximo semestre, en esas Encuestas, no aparece ya como un oasis; y la mayoría piensa que hasta ayer veían un espejismo. El índice de optimismo nos dice que sus niveles son menores que los de 2014, los que no eran precisamente holgados.

La aprobación de la gestión Macri cayó 9 puntos. La economía refleja la caída de 10 puntos de la confianza del consumidor y el impacto de la inflación es muy fuerte en los bolsillos y en la imaginación de lo porvenir.

Los pronósticos no son buenos para el gobierno y lo que es más grave, no lo son para la sociedad.

¿Cuánto cambia expectativas y optimismo un crédito del FMI? ¿Cuánto cambia ese crédito el estancamiento?

La encuesta REM del BCRA estima una inflación de 27 por ciento y un PBI que crecería 1 por ciento en el año.

Las cosas no estaban bien y los efectos de la “turbulencia”, expresión marketinera, fueron demoledores.

¿El crédito del FMI asegura mejores resultados en inflación, crecimiento y pobreza?

La realidad y las percepciones mayoritarias iban en dirección al deterioro de la imagen del gobierno y las expectativas sobre el futuro.

¿Cuánto cambia la realidad de crecimiento, inflación y pobreza el crédito del FMI?

Desde Juárez Celman muchos han visto “progreso”, “brotes verdes”, “segundo semestres”, o “las buenas noticias del blindaje”, donde no los había.

Las buenas noticias en economía dependen de la inversión, el crecimiento, el empleo y el equilibrio externo. Por ejemplo, dicen que diez mil millones de inversión en Vaca Muerta podrían evitar la continuidad de la conflictividad energética.

La corrida cambiaria, la defensa absurda de un tipo de cambio imposible, hizo dilapidar las Reservas del BCRA.

Las Reservas Netas Líquidas Propias están ahora en el mismo nivel “crítico” que cuando asumió Macri. No es lógico, con la ideología PRO, no haber ido al FMI cuando llegaron. Ahora la tolerancia social a todo ajuste es menor que en 2016.

El FMI resuelve el problema de garantía de caja. Y el resto de los aportes (Multilaterales, chinos, etc.) aporta en la misma dirección. Pero son remedios que hay que pagar. No son alimento para el cuerpo.

Para los chinos es toma y daca: “te compramos naturaleza y me compras trabajo”. No es una relación de desarrollo sino de todo lo contrario.

Para el FMI la cuestión no es el “futuro de los sueños”, sino la concreta construcción de condiciones de cómo le vamos a retornar lo que efectivamente usemos de lo que nos ofrece.

La medicina es simple de recetar y difícil de tomar y más difícil de asimilar, baje el Gasto Público, empleo, salarios, transferencias sociales. Saque “impuestos distorsivos”. Achique el déficit fiscal. Pare la inflación pero hágalo restringiendo la cantidad de moneda, abriendo la economía y generando “competencia” ahora, y no con el tiempo y con el método de la mejora de la estructura productiva.

Eso, la economía que rinde, doctrinariamente para el FMI, viene a partir de la estabilidad y la apertura.

“Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, dicen “a una” los países que gozan de ser potencias económicas. Pero no es lo que recomienda el FMI lo que hicieron para llegar a serlo.

¿Para el FMI el peso está sobrevaluado? ¿La deuda está en niveles de riesgo? ¿Cómo perfila el año 2018?

Lo más probable es que el crecimiento por habitante sea igual a cero.

El déficit de la Balanza Comercial habrá de orillar los 10 mil millones de dólares. Sin contar con el FMI y todo los demás, las Reservas en el límite crítico nos ponían en problemas.

En despejar por un tiempo esa sombra está la razón del giro del gobierno respecto del FMI.

Esos arreglos per se no aumentan el empleo registrado.

Con el FMI seguramente se reducirá el déficit primario pero no el financiero y tampoco el de la Cuenta Corriente.

Esos problemas nos empujan a la deuda externa que, antes de estas negociaciones, ronda los 185 mil millones de dólares. Y para pagar hay que crecer.

Llegados a este punto lo que cabe preguntar es ¿cuál es el programa para crecer?

El PRO no lo tiene o cree que no es necesario tenerlo, parafraseando a Guido Di Tella pueden decir “lo mejor política para crecer, es no tener ninguna política”

 

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09 junio 2018

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