El Puente

15 de marzo de 2018

Carlos Leyba

Si hay algo en que los argentinos no podemos ponernos de acuerdo es acerca del pasado. Héroes y villanos dibujan un pasado en el que ora somos víctimas ora victimarios. Y si nosotros no lo somos, entonces lo son nuestros héroes. Que da igual.

 

Esas grietas parten nuestra historia sin solución a la vista. Mucho más si se agrega la grieta a esa condición que, según Tomas Abraham, nos hizo “el único país del mundo que tuvo una avalancha inmigratoria en los niveles que registró la Argentina y eso provocó un caos identitario”( Entrevista en La Nación). Identidad. Nación. Hogar común. Al decir de J. Ortega y Gasset “la Nación es un proyecto sugestivo de vida en común”. Caos identitario y grieta, dos problemas que, sustentados en el pasado, nos condicionan de manera extraordinaria.

 

Las heridas, las grietas, se curan con azúcar y la sal las revive. Son pocos, mínimos, los que han echado azúcar en la grieta del presente; y muchos, muchísimos, los que esparcen sal en ella. De ambos lados, unos desde arriba, los del poder cuando lo tienen; otros desde abajo cuando desalojados.

 

Sin embargo un hecho protocolar de los últimos días ha sido una cucharada de azúcar levemente esparcida que debemos celebrar. Se trata sólo un acto, no una corriente, apenas un ejemplo. Pero una demostración de que algo es posible a pesar que, con el mero transcurso del tiempo, si nada hacemos el azúcar se torna más y más improbable. La grieta es acumulativa.

 

El envase de este hecho es una carta a Francisco al cumplirse cinco años de su pontificado. El contenido es la firma de un documento redactado en común de personas con responsabilidades y trayectorias procedentes de ambos lados de la grieta y un mensaje poderoso: “Gracias por lo que has hecho y haces” “sabemos (que tu visita) se producirá cuando sientas que es el mejor momento y confiamos en vos” “te acompañamos con cariño y confianza”.

 

Lo que importa es el gesto y el coraje de María Eugenia Vidal acompañada de Verónica Magario; de Esteban Bullrich junto a Juan Grabois; de Gabriela Michetti con Pablo Moyano; de Pino Solanas y Jaime Campos, presidente de la Asociación Empresaria Argentina; de Hugo Yasky, Juan Carlos Schmid, Héctor Daer, entre otros muchos dirigentes políticos, sindicales, empresariales que confluyeron con los valores que el Papa sostiene y testimonia. Una carta plural dirigida a un líder moral universal condenado aquí, día tras día, por una campaña difamatoria diseñada por estrategas de la política oficial.

 

En ese marco hay que destacar la decisión de dirigentes del PRO de compartir un reconocimiento a Francisco. Valioso. Valiente.

 

La medida del valor y la valentía es que, al tiempo que ellos gestaban esta esperanza con esa carta de sentir y sentido común, la usina mediática de la Jefatura de Gabinete, por ejemplo, mediante la apasionada obediencia debida del periodista Alfredo Leuco, contaminaba el ambiente con su mensaje de odio y difamación especialmente preparado para el quinto aniversario del papado. Claro que la ignorancia no es pecado.

 

La Carta fue azúcar para la herida. ¿Por qué la herida? Póngalo del derecho o del revés, la grieta, el desamor, el conflicto son hijos inevitables de una economía estancada y crecientemente injusta, que enferma a la sociedad toda. Sálvese quién pueda. Fuga de capitales. Estancamiento. Crecimiento escandaloso de la pobreza.

 

Podemos tratar de escaparnos de ese contexto repitiendo en el vacío frases más que huecas: “lo peor ya pasó” o “hace siete trimestres que crecemos”. ¿Vale algo?

 

La fuga continúa a 20 mil millones de dólares año al mismo ritmo al que empujaba el desastre de Cristina Elisabet Fernández hacia fuera del sistema financiero nacional.

 

La pobreza ¿no es acaso lo peor? ¿ qué importa un punto de porcentaje menos, cuando la inmensa mayoría de los pobres arrastran generaciones viviendo en esa condición? No es cierto que lo peor pasó porque la pobreza escandalosa esta aquí y ahora y golpea la puerta hace años.

 

El PBI por habitante está hoy en los niveles de 2011. No es cierto que crecemos. Tal vez recuperamos. Es algo.

 

¿Qué relación hay entre la grieta presente y el estancamiento de largo plazo de nuestra economía? En otros términos ¿cuándo comenzó la decadencia? El concepto de decadencia tiene sentido, sí y sólo si, en la memoria existe un tiempo previo de progreso. ¿Cuándo se detuvo?

 

Ese es uno de los ejes de nuestro profundo desacuerdo. ¿Cómo fijar la fecha de

extinción del progreso?

 

Para dar mi opinión me apoyo en dos pilares, el primero es hablar de los tiempos que he vivido; y el segundo, la democracia como proyecto de libertad, igualdad y fraternidad.

 

Mi tiempo fue de dictaduras y derrocamientos, de lucha armada quimérica alimentada de desprecio por la vida, y de represión genocida. También vivimos tiempos de libertad y progreso en todas las dimensiones de la vida social. Tiempos superpuestos. En esa historia no terminaron su período gobiernos constitucionales peronistas y también gobiernos constitucionales no peronistas. La Constitución no fue la regla ni siquiera desde 1983 ya que Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa no pudieron concluir sus mandatos.

 

Un indicador robusto de la decadencia es la dinámica del número de personas que viven en la pobreza medida como la medimos en nuestro país: el alcanzar o no a disponer de un mínimo de bienes. Es una medida limitada que, en todo caso, al mejorar la medición, nos llevaría a incrementar el número de afectados.

 

La igualdad o el camino hacia ella, se extravió hace 45 años. El número de argentinos en condiciones de pobreza ha crecido a la tasa de interés compuesto de 7,1 por ciento anual. El total de la población se multiplicó por 2 y el número de personas pobres por 16. Una fábrica de pobres. Incomoda recordarlo.

 

Si eliminar la pobreza, como incluso ha señalado Mauricio Macri, es la clave de “cualquier progreso”, entonces es evidente que la decadencia se desencadenó cuando la pobreza comenzó a crecer vertiginosamente, cualquiera haya sido el proyecto económico que se haya practicado en los últimos 45 años.

 

En ese marco la “fraternidad”, el proyecto sugestivo de vida en común, se transformó en lo contrario. En su lugar hoy la grieta social se expande. Edgard Morin, el gran pensador francés, señalaba que siendo contradictorias libertad e igualdad, la manera de sostener a las dos era el ejercicio de la fraternidad. La fraternidad es una condición necesaria de una democracia vigorosa. ¿Cómo imaginar una democracia plena sin ella?

 

Somos muchos los que reconocemos que la sombra de la decadencia está instalada en nuestra sociedad. Somos menos los que coincidimos en un exacto momento histórico en que se terminó el progreso.

La grieta histórica se agiganta en el presente cuando el territorio de cada uno es definido a partir de la fecha en la que cada uno entiende en que se terminó el progreso. El pasado nos divide.

 

Y como cada etapa tiene personajes e ideas dominantes diferentes, aunque los resultados sean mas o menos los mismos, la proyección del pasado sobre el presente anula cualquier posibilidad de fraternidad.

 

Anclados en el pasado devoramos el presente y reducimos cualquier posibilidad del futuro. Y el futuro es el lugar donde vamos a vivir. Es increíble que no podamos pensar acerca de él. El pasado nos divide. El presente es la grieta. Y la gran y la única posibilidad de escapar de ella es debatir acerca de la construcción del futuro. El primer paso es pensar el presente con humildad.

 

¿Cómo estamos hoy? A pesar que Macri señala que quiere ser juzgado por la reducción de la pobreza (pero nos informa que tardará 20 años y para entonces difícilmente pueda ser juzgado) hoy el 60 por ciento de los encuestados, mayores de 16 años, considera que su gobierno beneficia a los “ricos y a las empresas”. Lo señala la última encuesta de Raúl Aragón. El 71 por ciento considera que Macri no avanza en dirección a “pobreza cero”. ¿Acaso hay un programa de la dimensión necesaria para lograrlo?

 

El 71 por ciento considera que no está trabajando para cerrar la grieta o unir a los argentinos.

 

Y – una buena – 57,3 considera que es exitosa la lucha contra el narcotráfico. Y en verdad este es un enorme logro, tanto la convicción de tantos argentinos como el fundamento de las evidencias de progreso. Y ni hablar si lo comparamos con el período anterior y sólo recordamos la “efedrina” que, como en tantas otras cuestiones, nadie tiró de la soga para cazar los peces gordos que los hay .

Pero a pesar de estos desencantos, por compromisos no cumplidos, el 45 por ciento que es mucho, considera positivamente al Presidente. Un dato esperanzador para que cumpla un papel protagónico. ¿Querrá?

 

La realidad económica nos informa de una economía que este año tendrá una tasa de crecimiento menor a la informada hace apenas unos meses y la tasa de inflación, con los datos del último mes, nos informa de una resistencia a la desaceleración. En ese contexto el Banco Central ha comunicado, de manera sibilina, que finalmente retornamos al método del ancla cambiaria. ¿Todo vuelve? Otra presencia del pasado que nos ciega.

 

La única vía de escape del eterno retorno es debatir el futuro. La agenda del futuro, dada las bases de la decadencia en la que estamos instalados, tiene dos ejes principales, prioritarios y además urgentes.

 

El primero es un combate, consensuado y organizado, para terminar, aquí y ahora, con las condiciones de vida de miseria de los niños menores de 14 años. La mitad de los menores de 14 años son pobres. Es impostergable terminar con esa condición de vida. Sin ellos no hay futuro.

 

El segundo es un proceso de mega inversión reproductiva. Eso no se logra sin una política consensuada y de largo plazo para la captura de inversiones.

 

Objetivos sin enemigos. Sólo hay que consensuar el cómo para los que sobran ejemplos de éxito. Miremos cómo y qué hacen en el mundo.

 

Esos dos ejes pueden conformar el puente que permita cruzar la grieta. Francisco nos invita a crear puentes.

 

ver nota completa compartir nota
15 marzo 2018

El Puente

Marketing y enemigos

9 de marzo de 2018

Carlos Leyba

La ductilidad estratégica de Mauricio Macri – o de Jaime Duran Barba – lo llevó, en un primer momento, a negar el peso de la herencia.

No fue un acto de caridad sino una estrategia para mantener viva la campaña electoral que todos los males se debían a la desconfianza de los capitalistas, no sobre la realidad económica y financiera del país, sino sobre los que lo conducían.

La esperanza se basaba en el reemplazo. Con la elección ganada la panacea estaba sobre el mostrador: la confianza había llegado.

El destacado politólogo Luis Tonelli dijo más o menos “llegaron subestimando los problemas y sobreestimando sus capacidades”.

La consecuencia del triunfo era que reemplazadas las horribles personas que conducían por otras personas exitosas, probas, “el mejor equipo en 50 años”, las inversiones se desparramarían con energía inusitada.. Aunque cueste creerlo el “marco teórico” era : confianza = inversiones. No había que poner en marcha política alguna.

Guido Di Tella, en los 90, declaró “la mejor política industrial es no tener ninguna”. Los reclutados de la Fundación Pensar, al llegar al gobierno, creían que “la mejor política de atracción de inversiones, es no tener ninguna”.

Di Tella creía que los “mercados liberados a la Cavallo” nos darían la industria que merecíamos. Y el PRO entendía que “los mercados” más “la confianza” nos darían la inversión que merecemos.

Con CarlosMenem la industria fue bombardeada sin disponer de refugio alguno y la sobreviviente pena su pena a la que el ministro Francisco Cabrera llamó “llanto”.

Con Mauricio Macri la inversión real todavía no llegó, excepto – como siempre allí donde la naturaleza (no la confianza) o los regímenes especiales (no los mercados) la atraen.

Volvamos a la negación de la herencia. Los diseñadores del marketing, lo central de la política PRO, le preguntaban a los militantes con instintos políticos rebelados ante la ausencia del inventario recibido: ¿Para qué meterle mala onda al “cambio” recién llegado? ¿Para qué amortiguar la alegría del éxito?.

El cambio predicado era el crecimiento asociado a la expansión del aparato productivo. Y el triunfo y la llegada en diciembre de 2015 aseguraban la línea “de la confianza a la inversión y de ahí a la expansión del aparato y crecimiento. Lo principal estaba hecho: ganar y asumir el poder.

Con la confianza, el aluvión de inversiones y dólares. La convicción era tal que desde el primer día se preparó el blanqueo para que, además de los inversores blancos que llegarían de inmediato, se habilitara el regreso de los inversores negros.

Sin duda que el único cambio de raíz, en la economía presente, la heredada y conservada, será la expansión del aparato productivo, la revolución de las inversiones.

Sin duda el boom de las inversiones productivas es “la” medicina necesaria, tal vez insuficiente, pero sin ella nada mejor que el presente será posible.

Las inversiones, para el gobierno, serán consecuencia del marketing de la confianza. “El marketing” ( y las redes) lo pueden todo y “las políticas” se tornan redundantes.

El 7 de marzo, en Salta, en una reunión del Business-20, preparatoria al próximo G-20 a realizarse en la Argentina, Gustavo Weiss, de la Cámara Argentina de la Construcción, dice La Nación reveló que “la inversión … desde 1980 a la fecha … es negativa porque la amortización del capital fue superior al incremento del capital”.

Más allá de las cifras que puedan respaldar tal afirmación, no cabe duda que el aserto refleja el enorme deterioro de la calidad (productividad, actualización) de la estructura productiva; la gigantesca destrucción de capital; el bajísimo nivel de capital por persona ocupada; la masa gigantesca de fuerza de trabajo para la que no hay disponible capital que multiplique, en términos productivos, el esfuerzo humano.

Eso explica el estancamiento de largo plazo y el hecho que hace muchos años que nuestro PBI por habitante no crece. La larga duración del estancamiento es fuente de conflictividad social.

Acertado propósito. Error de diagnosticar que la “confianza” en el equipo podría cambiar la tendencia a “desinvertir” en términos netos que señaló Weiss en Salta.

De aquella operación de marketing importa señalar que la ausencia de inversiones está liquidando los retazos de confianza que el gobierno había obtenido en la primera elección y ratificado en la segunda.

La encuesta difundida a fines de febrero, de una consultora líder y muy afín a Cambiemos, señala que las expectativas positivas respecto del futuro global del país descendieron; y consultan a sólo el 38 por ciento de los entrevistados. Sólo el 31por ciento cree que nos espera un año mejor y apenas el 22 valora positivamente la situación económica actual.

Caen la imagen del gobierno y buena sólo la tiene un tercio de los encuestados; los consumidores han perdido 3 por ciento de la confianza; mientras el promedio supone que la inflación del año estará en 30 por ciento. Sólo el 25 por ciento tiene una visión positiva de la situación general. Mientras que lo que la consultora llama “índice de optimismo ciudadano” se mantiene en zona pesimista.

La confianza que debía traducirse en inversiones no se tradujo y la consecuencia es el deterioro de la confianza.

Esto obliga al gobierno a pensar que hace falta una política para lograr las inversiones para reestablecer la confianza inicial. El sólo pensar “una política de inversiones” es, para este gobierno, un cambio de concepción. Cambio imprescindible.

Veamos porque. El discurso de confianza factor de cambio, llevó a Alfonso Prat Gay a sostener que la liberación del mercado cambiario no tendría consecuencias en los precios porque los mismos ya estaban alineados al nivel del dólar paralelo. No fue así. La inflación del primer año PRO fue mucho mayor que la de 2015; y quedaban en el tintero ajustes de precios relativos que, aquí y en Marte, se resuelven con la suba de los promedios.

La estrategia de liberación estuvo asociada a la idea de un solo tipo de cambio, con eliminación de las retenciones a las exportaciones y por lo tanto un impacto amplificador de la devaluación en todos los productos exportables, lo que operó como un acelerador de la inflación que querían contener.

Pero no sólo eso. A pesar de haber denunciado penalmente (el entonces ministro) a CFK por haber habilitado las escandalosas operaciones de dólar futuro, el gobierno decidió pagar 55 mil millones de pesos (a valores de hoy suenan a 100 mil millones) de ganancia de lotería con número cantado, a los especuladores financieros locales. Naturalmente esa “creación monetaria de la nada misma” – innecesaria y de dudosa moral – hubo que aplacarla con el método de la tasa de interés que implica, a través de la colocación de LEBACS, que las entidades financieras las adquieren – entre otros fondos – con los depósitos en cuenta corriente y caja de ahorro que le cuestan cero pesos. Esas gigantescas transferencias de ingresos – innecesarias e injustificadas – alimentaron la tensión monetaria y la controversia entre tasa de interés, retraso cambiario y lucha contra la inflación. Pero nada de inversión. La confianza no resultó.

La pérdida de imagen y el riesgo de poder perder el Poder, a pesar de no haber contrincante que se presente en la cancha, obligó a un cambio de estrategia de marketing.

Apareció la herencia asociada a la mega corrupción simbolizada en los “bolsos de López” y el delirio de los movimientos de recursos fiscales para enriquecer a los “emprendedores” amigos del gobierno con indicios de estar asociados a lo más encumbrado del poder.

Una doble Nelson sobre el pasado: “herencia económico social” muy difícil de digerir y la corrupción comprensible hasta para lectores de Upa.

Esa fue la tardía estrategia de marketing de demoler el pasado para que no intente volver. Pero no alcanzó.

Después del mal trago de las jubilaciones, el marketing mutó a la combinación de demonización del sindicalismo, generalizando sin fundamento la conducta mafiosa de muchos dirigentes a la totalidad del movimiento obrero; más el ataque endemoniando al Papa Francisco condenando, en definitiva, su vocación por la presencia de la Iglesia en los sectores más desprotegidos de la sociedad, mensaje – por otra parte – universal. Al respecto fue sorprendente (y honesta) el silencio del principal difamador de Francisco, el periodista Jorge Fernández Díaz, cuando Marcelo Larraqui en una entrevista en La Nación+ desarmaba con especial refinamiento una tras otra las consignas patoteras de Fernández Díaz: imperdible.

Pero a pesar de las andanadas disparadas por todos los medios afines, que no son pocos, contra los que critican la gestión, el foco de la sociedad, como consigna la Encuesta de marras, sigue en el camino de la pérdida de la confianza y la crítica de la situación actual.

Al Papa y al sindicalismo se le agrega ahora un nuevo enemigo. El ministro de la Producción les dijo a los industriales, “dejen de llorar e inviertan”. Castigo mediático seguido de una orden.

¿Y la política? ¿Así se logran las inversiones en el mundo desarrollado?

Usando el método una de cal y otra de arena, el presidente, después del exabrupto (coincidente con la acusación y detención de un ex presidente de la UIA por delitos de corrupción asociados al gobierno K), ha llamado al diálogo a los empresarios.

Por su parte Jorge Triaca viaja con algunos dirigentes sindicales por Europa.

Pero Mauricio a Francisco, que no tiene votos, lo hostiga con la promoción del aborto. Ahora devela que tan mal no le parece “el aborto libre y gratuito”. En ese mar se cosechan votos.

El abuso de marketing ha trastocado el sentido del ejercicio de la política. Pero también ha diluido la confianza.

La mejor reacción sería ejecutar “políticas” para lograr objetivos. Política para la inversión, como todos los países; otra de defensa del trabajo y la producción nacional.

Ese es el mejor marketing y no el de generar enemigos, porque el verdadero enemigo es el de los problemas reales y el Poder se tiene para hacer las políticas que los derrotan.

ver nota completa compartir nota
09 marzo 2018

Marketing y enemigos

Distracción, no. Discusión, sí.

27 de febrero de 2018

Carlos Leyba

La economía no es una fuente de energía política para el PRO. Lo que tiene que crecer no crece como necesita el PRO que crezca; y lo que tiene que bajar no baja como necesita Mauricio Macri que lo haga.

La intensidad de esos movimientos es necesaria para que las promesas del PRO y Macri, se cumplan; y para que las expectativas de los simpatizantes y votantes se nutran.

Los optimistas, que los hay pero cada vez menos, ven en el estancamiento debilitado del PBI un signo de recuperación, y en la tasa de inflación, que no cede pero no aumenta, una muestra que la estabilidad está por venir.

Los pesimistas, que abundan, en lo que hay ven que “la cosa” no arranca: ni verdadera recuperación ni sostenida estabilidad.

Las encuestas señalan que, en economía, los optimistas son menos y los pesimistas más.

Los datos y percepción colectiva van en la misma dirección. No es bueno para los que gobiernan y tampoco para los gobernados.

En esas condiciones los que gobiernan –un clásico – “asustados” montan maniobras distractivas. Recuerdos.

Cuando Arturo Frondizi conducía, tironeado por chirinadas militares, un día complicado los diarios titularon catástrofe la aparición y desaparición, de submarinos en el Río de la plata.

Verdad o mentira, la opinión pública consumió la noticia y el debate fue: verdad, mentira o por qué.

Perdió espacio lo que preocupaba al gobierno que esperaba la cosecha de buenas noticias.

Hoy, bajo la conducción intelectual y mediática de Jaime Duran Barba – el “José López Rega” de Mauricio – se ha desatado una campaña mediática de distracción sobre dos ejes: el Papa “peronista” y la corrupción sindical.

La corrupción K pasó a segundo plano. Puede que la Justicia se encargue de ella. Lo dudo. Difícilmente ocurra una condena definitiva durante la presidencia de Mauricio.

Más allá de la Justicia para más del 70 por ciento de los ciudadanos la corrupción K está demostrada. Fueron definitivos “los bolsos de López”. Difícilmente se revierta. Y el “robaron pero hicieron” tampoco funcionara porque los males estructurales, pobreza y desindustrialización, están ahí y sin duda estaban antes de Macri: 30 por ciento de pobreza y déficit industrial promedio de los últimos años K en 30 mil millones de dólares. En todo caso “no hicieron y … no todos … robaron”. Claro.

Hasta el triunfo de Octubre, la corrupción K fue el telón de fondo.

Se atribuye a Juan Perón “no se preocupe m´hijo que los que vienen detrás nos harán buenos”.

La corrupción K aceptada por la inmensa mayoría, que no necesita confirmación judicial, diluyó la posibilidad de esa comparación a favor de los K.

Más allá del desastre económico de CFK y la dilapidación de oportunidades de Néstor, no hay manera que el kirchnerismo pueda reivindicarse con el 70 por ciento de la población.

La corrupción impide que el kirchnerismo pueda ganar un balotaje; y el kirchnerismo no tienen posibilidad de ganar en primera vuelta. Una ventaja política para el PRO.

Sin embargo los males de la economía del presente impiden que la mayoría de los argentinos crean que el gobierno está haciendo las cosas bien.

La consecuencia es que, ante la imposibilidad “estructural” (en la estructura de la cabeza PRO) de corregir una mala política económica – que mina la confianza en el gobierno – , y la falta de novedad que sería cultivar la corrupción K, se ha pasado a una maniobra destructiva, como dijimos antes, montada en dos ejes.

El primero es la atribución al Santo Padre Francisco de ser el promotor y operador de la “unidad de todos los peronistas, sean, quienes sean, con Cristina y los impresentables” para derrotar al gobierno de Mauricio Macri.

El portavoz de esa campaña es el periodista y académico de Letras, Jorge Fernández Díaz, acompañado por la biógrafa del Presidente, Laura Di Marco.

Son varios los artículos del columnista de La Nación destinados a tratar de demoler la figura del Papa.

No hace falta mucha perspicacia para identificar el origen de la campaña que no es otro que el odio militante que, a Francisco y a la Iglesia, profesa Jaime Duran Barba y el equipo que lo acompaña para asesorar y ser ojos, oídos y cerebro de Mauricio.

La “data” de Jorge Fernández Díaz es una conversación con el que fuera Jefe de Gabinete de Néstor y de Cristina Kirchner, Alberto Fernández, quien le habría dicho que ese fue el mensaje que recibió de Francisco en una entrevista que dice haber tenido en el Vaticano.

Fernández Díaz, en radio Mitre, “exigió que la Iglesia” desmienta a Alberto Fernández. Porque Jorge Fernández “respeta y le cree” a Alberto Fernández.

Jorge lo respeta a Alberto y Alberto la volvió a querer a Cristina. Todos Fernández. ¿Le creemos?

No soy amigo de Francisco. Pero tengo larga amistad con quienes lo frecuentan. Tres personalidades distinguidas y honestas del sindicalismo y de la política, que han estado con él más de una vez desde que Francisco ejerce la Cátedra de Pedro. Ellos jamás hicieron público el contenido de sus conversaciones. Nadie honesto lo haría sabiendo con quién habían hablado.

Francisco ya avisó que no tiene voceros y a algunos de los que así se presentaron, por la decisión de Su Santidad, ya no les atienden el teléfono en el Vaticano.

Es más uno de los que realmente frecuentan a Francisco, con el que acabo de hablar, no tiene constancia de esa reunión de Alberto con el Papa.

Y si la hubiera habido, no es justo, digno, ni necesario poner en boca del Papa las ideas, conceptos, propósitos de un político que, como es lógico, está tratando de escalar posiciones. Algunos se suben a esa sotana para figurar. No es lo mismo decir “con Pepito y Cachito pensamos la necesaria unidad de todo el peronismo” que decir “el Papa me lo dijo”.

Una maniobra destinada a minar la imagen del Papa, metiéndolo en una coctelera de personajes menores, y de esa manera minar mediaticamente el valor y estatura de su palabra.

La Cátedra de Francisco se ha ocupado de los problemas de esta fase del capitalismo y ha destacado aquellos en los que debemos poner mayor atención antes que sea demasiado tarde. Uno es la urgencia de la cuestión ecológica y el otro es el tema de la exclusión y de la desigualdad.

Justamente el Foro de Davos, porque el que pasó Macri, centró sus preocupaciones en esos mismos andariveles: allí la Cátedra de Pedro es escuchada y respetada. Por eso la desigualdad y la exclusión figuraron en la agenda de Davos como los mayores riesgos para la estabilidad de la economía mundial.

El Papa, como todos los Papas desde León XIII, han planteado la necesidad que los Estados arbitren para el “desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre”. Es un mandato. Y esa palabra no se puede silenciar más allá que la “autoreferencialidad” de los pequeña política argentina la quiera convertir en agua para el molino de la cosecha electoral o agua para ahogar la conciencia de una situación local compleja.

Pero, por ejemplo, en la conciencia de Warren Buffett cabe decir “si Usted pertenece al 1 por ciento del mundo que disfruta, quiere decir que tiene que hacer algo para el otro 99 por ciento”. Atención.

El Papa – a todos los países, incluido éste – nos está diciendo eso a todos, los que se ocupan de eso y a los que no se ocupan. ¿Eso es lo que le preocupa a Duran Barba y a Fernández Díaz? ¿Por qué lo desnaturalizan y hacen campaña anti Francisco para desviar la atención de los problemas sociales que él nos motiva a resolver?

La otra maniobra distractiva, la segunda, es el uso de la corrupción evidente de algunos sindicalistas, que debe ser como todas resuelta en la Justicia, lo que también creo difícil, aunque ya están condenados varios como Pedraza.

La cuestión criminal, delictiva y policial es eso. No es una cuestión política. Y esta muy bien que el Ejecutivo, con todos los organismos de control e inspección de los que dispone, realice todas las investigaciones administrativas que correspondan y que presente todas las denuncias que considere probadas o probables. Y que deje actuar a la Justicia. Y que el mismo criterio lo aplique a todas las grandes organizaciones. Hay denuncias de tipo penal que afectan, por ejemplo, a grandes empresas algunas simpatizantes del gobierno (y de todos los gobiernos).

¿Qué están haciendo los órganos públicos para abrir esos casos en sede administrativa y revisar los contratos, por ejemplo, de obras o concesiones, y así eliminar la sospecha injusta o la violación de la ley amparada en el poder económico?

El gobierno debe avanzar en esa indagación sea del sindicalismo o de las grandes empresas; y nadie se debe sentir agraviado por una investigación que bien puede ser la consagración de una buena conducta o la calificación para una condena.

No anticipemos el juicio. Nos desmerece.

Pero esos dos ejes “distractivos” y de marketing, desvían el punto central del área económica que, por cierto, no es todo aunque a todo lo condiciona.

Sería una contribución muy grande si el gobierno, con toda su indiscutible influencia en la conformación de la agenda periodística, convocara a que se interrogará, en el campo de la libre opinión, la respuesta a si es acertada la política macro que estamos llevando a cabo o si está claro el proyecto de desarrollo de las fuerzas productivas que encara este gobierno.

¿No hay alternativa a la tasa de interés como herramienta antiinflacionaria cuyo uso demostró ineficiencia y – en términos académicos – no se compadece en una economía que está lejos del recalentamiento?

¿Es producto de un análisis estratégico profundo sostener la apreciación del peso y proponer como pilares de nuestro crecimiento futuro, el litio, el viento, el sol, el shail gas y el turismo? Son afirmaciones del Presidente.

Si la inflación es un problema la tasa de interés demostró su insuficiencia. Si el crecimiento es un objetivo ¿cómo sostener que esos son los pilares?

Habría que recordarle al Presidente y su equipo aquello de Hamlet “hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que han sido soñadas en tu filosofía”. ¿Mucho?

ver nota completa compartir nota
27 febrero 2018

Distracción, no. Discusión, sí.

Agrandar la Nación para achicar el Estado

21 DE FEBRERO DE 2018

Carlos Leyba

Vaya. La secta de los “Caballeros del Fuego”, muy poco estudiada a pesar de su peso en la decadencia nacional, tuvo como principal maestre al inefable José López Rega que, además de ser el consejero detrás del trono de Isabel Perón, fue autor de por lo menos un libro. Pareciera que esta tarea es común a esa laya de consejeros.

La “sabiduría” de López Rega, se condensó en una obra tan voluminosa como sorprendente. Su título “Astrología Esotérica”. El sub título “secretos develados”. La primera parte trata del “Zodíaco Multicolor”, la segunda del “Zodíaco Vegetal”, del “Zodíaco Musical” la tercera y la cuarta trata de un imponente “Sistema Abreviado de Astrología”. La obra tiene pie de imprenta en 1962 y los dibujos que la integran son de su hija Norma.

Supe de ese libro cuando Ricardo Zinn, poniendo una mano sobre el mismo, como quien refiere sabiduría al Antiguo Testamento, me (nos) dijo “este hombre (López Rega) cambiará al mundo”.

Era la fe que Zinn tenía en este su maestro en la secta de Los Caballeros. Pocos días después de ese encuentro, Zinn imponía su programa económico a través del ministro designado, el Ingeniero Celestino Rodrigo, asesor para la presentación de proyectos industriales en el Banco de Desarrollo del que había sido gerente cuando, durante el primer peronismo, era el Banco Industrial. Rodrigo estaba en una escala superior a Zinn en la secta, pero le asignaba a él conocimientos económicos, ya que se había desempeñado en varias empresas, había estudiado Administración de empresas en la Universidad de Columbia (NY) y además lo tenía al “Chicago Boy” Pedro Pou como su asesor. Pou y Zinn después que se implementara el programa de ambos conocido como el “rodrigazo” sembraron la simiente de lo que hoy se conoce como el CEMA y ahora como Universidad del CEMA.

Hay dos cosas que han perdurado de la Secta y por eso la entiendo importante. Muchas cosas instaladas son de su cosecha, pero la secta tuvo la virtud de no reclamar el sello de origen.

La primera consecuencia de la aparición de la secta fue y es, el “rodrigazo” (1975). Una explosión que destruyó todos los contratos y dio nacimiento al Estado de Malestar en el que vivimos decadentemente hace 40 años.

No hay duda que desde entonces no fue posible retomar el camino del consenso político y el de la estrategia de Desarrollo Económico: ambas cosas se reclaman como condición necesaria.

No puede haber consenso político si no lo es en base a una estrategia de Desarrollo Económico. Y no puede existir y perdurar una estrategia de Desarrollo Económico sin la existencia de un consenso político. Una cosa y la otra.

La segunda consecuencia fue la potencia ideológica del CEMA que fundamentó, en términos de abuso de la ciencia económica, la necesidad de imponer, a como dé, la visión que el progreso económico sólo puede ser la consecuencia de la liberación de las fuerza del mercado que, operando sin restricciones, finalmente dará a cada uno, según sus esfuerzos y con independencia del punto de partida, el merecido beneficio.

La deriva de esta concepción no es otra, que el retiro del Estado de todo aquello que tenga que ver con el diseño del largo plazo de la sociedad. Son las fuerzas del mercado las que con racionalidad económica, día tras día, irán diseñando “el largo plazo” como una cadena de decisiones de cada día tomada por agentes individuales. Esa es la doctrina en boga.

El “rodrigazo” destruyó el capital acumulado del Estado de Bienestar. La doctrina ganó “el sentido común” de muchos miembros de la profesión e inundó las redacciones de los grandes diarios y de todos los medios en los que periodistas dictaminan el saber, por la vía de elegir a los que “saben” para que diagnostiquen y propongan.

Llegados a este punto es importante recordar la frase que inmortalizó Ricardo Zinn: “Achicar el Estado es agrandar la Nación”.

Nada podría sintetizar mejor que esta frase la vigencia del pensamiento de la secta de “Los Caballeros del Fuego”.

Nada mejor que esta frase para sintetizar el pensamiento dominante, que domina la controversia entre “gradualistas” y “shockeadores” en el gobierno y en la periferia de él.

Descontamos que todos desean “agrandar la Nación”. Pero para todos los que hoy debaten, lo que permite, posibilita, alimenta, el progreso no es otra cosa que “achicar el Estado”. Esa es la cuestión. Y esa era la cuestión de Zinn.

Ricardo en 1971 fue subsecretario de Aldo Ferrer. Ferrer fue uno de los economistas que pensó en profundidad los problemas de la economía argentina y uno de los que, con su particular modulación, creía en el papel del Estado, en la formulación de una estrategia, para el Desarrollo Económico. Claramente Zinn en 1971 no pensaba como lo hacía en 1975.

Cuando puso la mano sobre el esotérico libro de López Rega, cerca de 1975, predicaba que la desgracia de Occidente había sido la penetración oriental, que había triunfado de la mano del cristianismo y sus valores.

Esa penetración había derrotado, ablandado, inutilizado, la fuerza vigorosa de los Bárbaros que habría construido otro Occidente. Cito de memoria el pensamiento de Zinn que creo reflejaba las creencias de López Rega. La creación de la AAA por parte de López y puesta en escena a partir del retiro de Perón (12 de junio de 1974) previo a su muerte (1 de julio de 1974) tiene una conexión íntima con esa visión: el desprecio por la vida. No hay otra cosa detrás de esa locura.

Pero era ese el sentido de su pensamiento. Había que doblegar esa cosa dulzona del Estado Benefactor, del Estado Social, del Estado de Bienestar.

Seguramente este pensamiento crudo sería parte de la doctrina de la Secta dispuesta a liberarnos de los “malos”.

Pero la traducción económica fue el descomunal ajuste de variables que fue el “rodrigazo” (julio 1975) y su secuela de desempleo, reducción de salarios, comienzo del incremento de la pobreza y de la “dureza para sanar”.

Cuando leemos y escuchamos a los periodistas, columnistas y escritores devenidos en cronistas que se han dedicado, día tras día, a difamar, en el estricto sentido del término, al Papa Francisco, resulta evidente el alineamiento cultural con este aspecto de la Secta.

Difamar al Papa, al igual que la Secta despreciaba los valores cristianos, es también una manera de penetrar mediáticamente en ese “progresismo cool” que crece sobretodo en Buenos Aires y que tiene, en Jaime Duran Barba, su gran maestro con sus banderas pro aborto y “la mayoría quiere la pena de muerte” que encontrarán a la Iglesia en la vereda de enfrente y que, para poder pasarla por encima, hay que desteñir antes que nada al líder de la Iglesia Católica, a los curas villeros y sobretodo hacer pomada el testimonio de los que viven junto a los que esta sociedad hasta ahora no ha podido darles hogar. Condenar a quienes se entregan a los otros.

Es más, teniendo en cuenta nuestro pasado, esta sociedad que supo ser – como dijo con razón en La Nación el consultor Olivetto –,una que en 1974 tenía al 70 por ciento de las familias conformando la inmensa clase media que era nuestra “modernidad” y la verdadera manera de “inserción en el mundo”, esta sociedad digo, realizó a partir del “rodrigazo” un gigantesco trabajo de exclusión.

A partir del “rodrigazo” los 800 mil argentinos que vivian bajo la línea de la pobreza, desde entonces, se convirtieron en los 13 millones de hoy y eso implica una tasa de crecimiento anual del número de pobres del 7,1 por ciento acumulativo. Es un escándalo.

Pero no un accidente. Es la consecuencia de una manera de pensar, valores, programas, políticas que dejaron fuera del Hogar Nación al 30 por ciento de los argentinos y peor aun al 50 por ciento de los menores de 14 años. Pensemos qué es lo que tenemos a 10 años vista si seguimos creyendo en la misma visión ideológica que instalaron aquellos hombres y que dominaron la cultura económica y política de los años posteriores.

Ricardo fue un hombre del Proceso, la frase “somos derechos y humanos” es de su autoría. Recaló en el gobierno de Carlos Menem y participó, junto a María Julia Alzogaray, en las privatizaciones de ENTEL y SOMISA.

Pou fue el último del grupo inicial que participó del poder y – si mal no recuerdo – presidió el Banco Central con Fernando de la Rúa hasta abril de 2001 cuando lo sucedió Roque Maccarone ex presidente del Banco Río. Pou, siendo presidente del BCRA sostenía que había que dolarizar la economía, es decir no tener soberanía monetaria.

Hoy esos hombres ya no están. Pero las ideas centrales que sembraron están presentes. “Sólo hay cosas que el mercado resolverá” es la idea dominante.

Un signo de esa idea es el predominio de la tasa de interés de mercado como señal orientadora de las grandes decisiones. Otra la inutilidad del Plan, del Programa, del Rumbo. Una más la imposibilidad e irracionalidad del Consenso.

Estamos en un vértigo de disenso. En un vacío de debate. Todo giro en torno a la idea que achicar el Estado es agrandar la Nación. Y esa idea es poner el carro delante de los caballos. En rigor se trata de agrandar la Nación y eso implica crear trabajo productivo para todos aquellos que, porque la sociedad no crea trabajo, agrandan el gasto público y lo hacen más improductivo.

El desempleo, la falta de inversiones, son el principal causante del déficit fiscal y de la baja productividad de la economía. Cómo no van a ser causa del déficit si hay que sostenerlos para que vivan y como no trabajan productivamente no contribuyen a sostener el Estado. Y si en el tránsito todo lo que se nos ocurre es endeudarnos para emparchar las cuentas, lo que hacemos, es aumentar el déficit fiscal que es agrandar la improductividad del Estado.

La cuestión es al revés, la única manera de “achicar” la improductividad del Estado es agrandar la Nación y eso es una política de inversiones reproductivas que acabe con la exclusión y que así haga sanas las finanzas públicas, sin deuda externa y sin deuda social.

 

ver nota completa compartir nota
21 febrero 2018

Agrandar la Nación para achicar el Estado

Agrandar la Nación para achicarel Estado

PUBLICADO EN EL ECONOMISTA

Carlos Leyba

Vaya. La secta de los “Caballeros del Fuego”, muy poco estudiada a pesar de su peso en la decadencia nacional, tuvo como principal maestre al inefable José López Rega que, además de ser el consejero detrás del trono de Isabel Perón, fue autor de por lo menos un libro. Pareciera que esta tarea es común a esa laya de consejeros.La “sabiduría” de López Rega, se condensó en una obra tan voluminosa como sorprendente. Su título “Astrología Esotérica”. El sub título “secretos develados”. La primera parte trata del “Zodíaco Multicolor”, la segunda del “Zodíaco Vegetal”, del “Zodíaco Musical” la tercera y la cuarta trata de un imponente “Sistema Abreviado de Astrología”. La obra tiene pie de imprenta en 1962 y los dibujos que la integran son de su hija Norma. Continuar leyendo

ver nota completa compartir nota
21 febrero 2018

Agrandar la Nación para achicarel Estado

Insertarnos maduramente

25 DE ENERO DE 2018

Carlos Leyba

El Presidente, en Davos, además de describir lo que el entiende un éxito de sus políticas (más entusiasmo que objetividad) e inventariar nuestra disponibilidad de recursos naturales, lanzó una invitación a los empresarios para que inviertan, en la Argentina, a fin de, esencialmente, explotar nuestro sector primario y también participar en las obras de infraestructura.

Expresó allí su convicción programática: desarrollar la economía y la sociedad, para él, es, esencialmente, incrementar las inversiones destinadas a la explotación de nuestros recursos naturales.

Es el mismo discurso dominante en los últimos 40 años, más allá de las declamaciones K, cuyo fracaso lo demuestra el escándalo deficitario de nuestra balanza comercial industrial y sus consecuencias de “economía para la deuda”. Ejemplo, importamos el 70 por ciento de los automotores vendidos en 2017 y del 30 por ciento restante la mayoría de las partes que los integran son importadas.

La visión de Macri – que es la “opción por la primarización”- , compartida por los formadores de opinión, exalta el supuesto que el progreso de la Argentina de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del SXX, se habría basado en el desarrollo excluyente de granos y carne y que ese hubiera sido el “pensamiento único” de aquellos hombres. Importa aclararlo porque el alegato histórico, falso, se utiliza para fundamentar una propuesta de futuro equivocada. Veamos.

Por un lado Carlos Pellegrini acuñó el lema, “sin industria no hay Nación”. Esa afirmación es cantera inagotable y verdad de una vigencia extraordinaria.

Quizá la prueba más contundente de su vigor es que cien años después, sin estructura industrial exportadora, no hemos constituido aún una verdadera Nación. ¿Por qué?

Más del 30 por ciento de los habitantes están excluidos del presente; y por ahora, condenados a un futuro igual o peor.

Gran parte del territorio está vacío, abandonado en enorme proporción, ahora con el riesgo de convertirse en un damero de enclaves.

Los que cohabitamos el territorio ocupado y que nos sentimos incluidos, no sólo no tenemos un “proyecto de vida en común” sino que estamos ante el abismo de una grieta que se ensancha y que ahora “el pensamiento oficialista” lo incluye al Papa Francisco.

El desarrollo industrial, obviamente, no produce mágicamente un cambio tal que por lograrlo pasemos a “ser Nación”. Pero sin desarrollo industrial, que es la transformación de esta estructura productiva, la Nación verdadera es inviable.

El desarrollo industrial obliga a pensar y ejecutar un proyecto de vida en común; y el de la industria es el camino de mayor potencial de inclusión social y de integración territorial. Mientras transcurrimos el camino de industrialización avanzamos. Y el aborto forzado hace 40 años, abandono prematuro, de esa estrategia nos ha sumido en el estancamiento y la desintegración.

Después de Pellegrini, en el Censo 1914 la “oligarquía ganadera” decía “el censo de las industrias pone de manifiesto, … muchos prejuicios fundados en teorías económicas utópicas, que hicieron su época, y dogmática y erróneamente aplicadas al continente americano, en virtud de las cuáles se negaron a este país aptitudes para las industrias que no fueran la recolección de materias primas que servirían para alimentar el trabajo de fabricas europeas,… estando estos países en el primer período de civilización, … industrias ganadera y agrícola, según decían, debían permanecer en él por varias centurias… Pero aquella economía cosmopolita, que pretendió dividir a la humanidad en pueblos superiores aptos para la industria, por el hecho de poseerla, y pueblos inferiores, en evolución, por ser exclusivamente ganaderos y agrícolas, ha tenido el más formidable fracaso…

Hace un siglo, la “oligarquía ganadera” tenía claro qué significaba el desarrollo de la industria y qué las ideologías de la “necesaria e inevitable especialización” que hoy predica el Presidente para invitar a los empresarios del mundo.

El Censo de 1914 celebraba la producción nacional del 71,3 por ciento del consumo de manufacturas. Escasa distancia tecnológica.

En los últimos 40 años, al amparo de la doctrina que suscribe Macri, la distancia tecnológica se amplió. Las industrias fueron sometidas a aperturas destempladas, atraso cambiario, ausencia de incentivos financieros y fiscales. Incentivos que sí estuvieron y están presentes en todos los países industriales.

Mientras hablaba Macri, se concretaba un ejemplo de lo que pueden las políticas públicas, cuando tienen continuidad y soporte competitivo adecuado, en actividades de frontera tecnológica. El INVAP, empresa estatal de Río Negro, nacida del proyecto (¿locura de la década del 50?) CONEA, acababa de ganar (otra vez) una licitación en Holanda (compitiendo con Francia y Corea del Sur) para la construcción de un reactor científico. No es el único, pero es el ejemplo del día. Un estupendo contraste.

¿Hubiera podido Macri procurar un masivo arribo de empresas industriales, abarcando toda la cadena de valor hasta llegar al perfil industrial exportador? Lamentablemente, No.

La Argentina – desde mucho antes de Macri – carece de los incentivos habituales que, para la industria, ofrecen todos los países en el proceso de desarrollo industrial. Sin zanahoria no hay industria que es enterrar capital.

No hay incentivos financieros (¿Lebac industrial?), no hay incentivos fiscales (¿qué renta industrial exenta?).

Las preguntas entre paréntesis no encierran una recomendación sino que ponen al desnudo lo que, aquí y ahora, se premia.

Esta visión infantil de la economía (40 años) ha provocado que el excedente (400 MM de dólares fuera del sistema) no se invierta en actividades productivas; y que los dólares que arriban vayan o a la bicicleta financiera o a deuda tomada por los gobiernos.

Somos un paraíso financiero celebrado por formadores de opinión que destacan “la confianza” que la timba argentina genera en “los mercados”.

Nada nuevo en el discurso en Davos. El gobierno “busca inversiones” para las actividades en que las “ventajas” son naturales y evidentes (agro, minería, sol, viento) y en las que las necesidades obligan (o justifican) a “premios concesionales” como lo son, por ejemplo, las obras de infraestructura y la explotación petrolera cuyos costos el ministro del área desconoce (sic) y cuyos precios graciosamente ha liberado.

Además de las ventajas “naturales” gozamos de una superior productividad agropecuaria nacida de lo “mucho que hemos producido” (teorema de Sande) a lo largo del tiempo y de lo mucho aprendido y desarrollado de una tradición criolla de trabajo (Juan Manuel de Rosas, manual para capataces (circa 1830); José Hernández, manual para mayordomos (circa 1870) y se clonó en los que llegaron después.

Disponemos de riquezas mineras y la obligación de explotar racionalmente, respetando el ambiente, ecología de la naturaleza (permiso científico) y la ecología social en regiones en que salir del subdesarrollo no debe serlo sólo por un período transitorio hasta que se agota el recurso.

Sí, pero hay que tener en cuenta la dependencia que genera una economía especializada en la naturaleza, sometida a las fluctuaciones de los precios internacionales; y además el hecho – poco comentado – que el propio Banco Mundial estimó, para 2005, que nuestro “capital natural” por habitante era de 10.267 dólares, mientras que el de Nueva Zelanda alcanzaba 52 mil, 40 mil el de Australia, 19 mil el de Dinamarca y el de Chile. Seguramente, entonces, faltaba sumar Vaca Muerta, el sol y el viento. Pero – aún sumando esos bienes – no somos “la potencia natural” que imaginan los “especializadores”.

No son pocas las razones para escapar al camino excluyente de la especialización.

La propuesta de Macri no es original y sigue siendo la propia de “políticas sin plan” y de renuncia voluntaria e ingenua a la política industrial. Tampoco es original en esto. Lo precedió Guido Di Tella que con frivolidad menemista dijo “la mejor política industrial es no tenerla”. Los resultados, conocidos.

La ética política de la ausencia de plan es, como mínimo, vidriosa; y no tener política industrial es “original” en el concierto de las naciones, pero suicida.

¿Por qué es imprescindible el desarrollo de la industria? Para la ortodoxia todos los sectores tienen la misma capacidad de respuesta para la salud del tejido social. Sin embargo es incontestable que el vigor de las economías hoy desarrolladas, cualquiera haya sido la época en las que iniciaron su camino de progreso de la productividad sistémica, comenzó o se desencadenó, a partir de la industria vigorosa como consecuencia de una política pública deliberada para lograrlo. A pesar de los hechos, los organismos multilaterales, los intelectuales que proliferan detrás del discurso de las empresas multinacionales, los lobby que presionan a partir de la OMC, etc., sostienen que el desarrollo del sector primario (agro, minería) tiene el peso suficiente para generar el progreso de la productividad sistémica y los beneficios del progreso social colectivo. No hay experiencia alguna que lo avale.

Macri y el PRO deberían recordar que: “La industrialización fue la fuerza impulsora del rápido crecimiento del sur de Europa durante los años 50 y 60, y en el este y el sudeste de Asia desde la década de 1960”. Dani Rodrik. Y que “Si la economía Japonesa hubiera adoptado la simple doctrina del libre comercio y … especializarse en … industria (intensiva en mano de obra), … nunca hubiera quebrado … el … estancamiento y pobreza asiático”. Viceministro del MITI.

Y también recordar: “Es … prudencia que … llegados a la cumbre …, se patee la escalera que nos ha servido para trepar, a fin de que otros queden privados de la posibilidad de alcanzarnos. En ello radica el secreto de la teoría de Adam Smith. Federico List, Sistema Nacional … 1841.”

Si recordamos y aceptamos todo lo que pasó en el mundo, nos podemos “insertar” … maduramente. De lo contrario …

 

 

ver nota completa compartir nota
25 enero 2018

Insertarnos maduramente

La trampa de Penélope

19 de enero de 2018

Carlos Leyba

En 2017 el nivel del PBI apenas superó en 2 por ciento al de 2011. Hace seis años que las exportaciones no crecen. “Estamos siendo” un país consumidor que vive de prestado. Nuestro déficit externo monta 30 mil millones de dólares.

Todo el sector público (Nación, provincias, cuasi fiscal) orilla un desequilibrio de 8 por ciento del PBI; y las reformas y ajustes realizados, prometen una lenta reducción del mismo que, además, sólo será posible si el crecimiento llega con más vigor que el previsible.

Pero atención, dada la estructura de nuestro comercio, deficitario en industria, si crecemos las importaciones lo hacen más; y si el sector primario excedentario no supera ese crecimiento, el desbalance comercial aumenta.

El crecimiento es imprescindible. Pero no alcanza. Depende de cómo crecemos.

Problema heredado por Mauricio Macri. Pero no es menos cierto que es prioridad que lo resuelva.

Desde 2011hemos pasado seis años de pequeñas bajas en el PBI sucedidos por años que recomponen. El neto del PBI por habitante, en el paso del tiempo, no se asocia a que estemos mejor. Una manera generosa de decir que retrocedemos; estos seis años consolidaron un largo período de feroz estancamiento.

Las últimos mediciones de la opinión pública no perciben como progreso colectivo lo que no existió, de ahí el deterioro de la imagen gubernamental y de las expectativas económicas. Por cierto nada de esto es definitivo. Se puede (se debe) superar. Pero no puede ser dejado de tener en cuenta. Considerar que pequeños movimientos conforman un “cambio” es una curiosa tentación, porque es fácil distinguir entre reformas del edificio y cambios en la decoración.

Hay pocas cosas que bajen mas la moral que constatar que estamos volviendo cuando creíamos que habíamos partido. El feroz estancamiento económico de larga duración perturba.

Feroz, porque no será fácil derrotarlo. Largo estancamiento porque estos seis años, lamentablemente, no desentonan con el promedio de los 34 anteriores.

Nuestros males tienen raíces tan profundas como el tiempo en que se han instalado.

Tal vez haya consenso en esa parte del diagnóstico. Tal vez haya hartazgo en escuchar repetir que nos ha ido y que nos va mal.

Pero la repetición tiene lugar porque no tenemos presencia del futuro.

¿Qué es la presencia del futuro? El futuro se hace presente cuando lo expresa un programa convocante con objetivos e instrumentos explícitos. ¿Sin eso cómo imaginarlo?

Convocante significa que es capaz de desarrollar una vocación común, colectiva, dispuesta a abrir una puerta.

La puerta de entrada al futuro, en economía, es siempre el crecimiento. Es un primer paso.

El estancamiento, por el contrario, es la puerta de entrada al pasado. Crecer es el primer paso para dejarlo atrás.

Pero el futuro para ser convocante necesita mucho más que crecer.

Entre nosotros, entre otras muchas cosas, convocante implica incluir a todos los que hoy están excluidos; y el número de estos depende de la vara de medición utilizada para determinar la exclusión. Si nos guiamos por el INDEC y la UCA, el 30 por ciento de los habitantes está excluido. Pero si medimos a los menores de 14 años entonces, los excluidos por la pobreza, son la mitad de esas generaciones. Imposible no imaginar el futuro.

Crecer incluyendo sería una mejor definición del primer paso como objetivo de ese programa necesario.

En realidad es una quimera imaginar posible, dada la magnitud y densidad de la exclusión que hoy le quita dignidad a la Argentina, crecer sin incluir. La inestabilidad social sería un problema en expansión.

Por eso el crecimiento necesario es más complejo que el dictarían las prioridades del “mercado”.

No hace falta mucha imaginación para comprender que un crecimiento guiado exclusivamente por las “prioridades del mercado” no es naturalmente incluyente porque los excluidos son lo que no tienen “capacidad de mercado”: no emiten señales positivas al mercado.

Pero además de incluir socialmente, el crecimiento que nos abre la puerta al futuro, es uno que debe desarrollar nuestro potencial dormido.

También aquí el mercado tiene sus prioridades. Respetables, lógicas. Pero – como mínimo – incompletas.

Es conveniente repetir que estamos sobre un desierto poblacional en una inmensidad de territorio y riquezas vacantes. Un desierto crítico. Crítico porque es un desierto pleno de oportunidades y es, a la vez, un peligro latente que esas cosas permanezcan yermas.

Pero, otra vez, las “prioridades de mercado” no son las de la integración productiva del territorio, sino las de extracción rentable en primera iteración; y las más de las veces con externalidades negativas en iteraciones sucesivas.

Dicho en terminología en desuso, pero vigorosamente verdadera, las “prioridades de mercado” territorialmente no generan “polos de desarrollo” en un territorio vacío y aislado, sino “nichos de extracción”.

Desarrollar el potencial dormido, al igual que la inclusión, obligan a una definición del crecimiento que asuma esos problemas centrales como integralidad.

Eso sólo s posible a partir de un programa que se lo proponga y que dimensione instrumentos para lograrlo. Eso requiere de un Plan que sólo puede tener el horizonte temporal que le brinde la densidad del consenso social. No hay largo plazo sin consenso.

El “estilo” de crecimiento es tan importante, en el resultado final y en el tránsito, como la tasa de crecimiento. Lo uno y lo otro.

Un crecimiento incluyente y de desarrollo, es el primer paso de un programa que nos abra la puerta al futuro y es el primer tema de un debate multidimensional que nos debemos los argentinos. No de ahora sino desde hace 40 años. No nos hagamos los tontos.

Pero es verdad que no hay la más mínima señal que el gobierno esté procurando ese debate. Tampoco que la oposición este sugiriendo elementos para el mismo. Ambos han renunciado hasta ahora a la política mayúscula.

Hace muchos años que no nos pensamos hacia delante. Antes lo hacíamos. Y sin esa vocación, está demostrado, nos atrapan los problemas del pasado. Problemas que nos producen hartazgo y una molestia radical cuando discutimos acerca de quién es el titular de la responsabilidad de los problemas que ahora tenemos que resolver. La grieta se cultiva en el hastío del estancamiento.

Han pasado dos años de este gobierno y con él, como con Cristina K tampoco crecemos, no incluimos y no hay la más mínima señal de desarrollo. Es grave. Y más grave no debatirlo.

Es cierto que las condiciones de partida de esta gestión equivalían a tratar de salir de una marea de escombros. Es verdad. Pero hecha la claridad, al remover los primeros escombros que es lo que producen los primeros tiempos de gobierno bien empleados, la búsqueda del futuro no se inició con la propuesta de un programa convocante con objetivos e instrumentos explícitos. No, en subsidio, el gobierno, después de dos años, anunció el “reformismo permanente”. Una frase de ocasión, pero contradictoria, que sería el método para lograr “20 años de crecimiento”. El método sugiere la imagen de Penélope que también empleo 20 años tejiendo y destejiendo.

Si es un pronóstico es de baja credibilidad. Primero porque no hay la más mínima señal que esos años hayan comenzado; y segundo, lo principal, porque esos pronósticos no están fundados en verdaderas transformaciones estructurales.

¿Cómo podríamos crecer si rigen las mismas condiciones estructurales que nos arrastran al estancamiento desde años?

Las transformaciones estructurales, en economía, sólo son tales si conjugan un programa que, en nuestro caso, lleve la tasa de inversión sobre PBI a aproximarse al 30 por ciento por año y a lo largo de, por lo menos, los próximos 10 años.

Inversión fundamentalmente reproductiva con efectos en materia de inclusión y de ocupación del espacio.

Las señales del mercado, aquí y ahora, no son atrayentes para eso. Las prioridades colectivas necesitan los instrumentos de un Plan consensuado. Además el estancamiento silencia las señales del mercado.

Ni soñar con transformación con inversión del 20 por ciento sobre PBI. Apenas alcanza para no retroceder. La acumulación de años de estancamiento empeora las cosas.

El gobierno, como ha sido habitual, está atrapado en la dinámica de la permanencia. La oposición en la búsqueda de herramientas de demolición. La realidad arremolina a ambos. Sólo la leal propuesta del gobierno, porque tiene los fierros del poder, de debatir una agenda de consenso para el crecimiento, no de negociación de vituallas de permanencia, es la manera de salir del estancamiento económico que amenaza la productividad del sistema.

El gobierno necesita ayuda, solo no puede. Todos necesitamos que tenga éxito.

Por ejemplo necesita ayuda para salir de la encerrona de las Lebac. Si baja la tasa de manera consistente, los casi 60 mil millones de dólares “invertidos” en Lebac pueden generar una estampida de Puerta 12 en el mercado cambiario. Si, por el contrario, persiste en “la tasa” ¿cómo imaginar que “el mercado” va a optar por enterrar fierros productivos de riesgo cuando el BCRA ofrece la mayor tasa en dólares que se pueda imaginar, líquida y segura?.

El gobierno ha buscado la ayuda afuera para lograr inversiones. Todos los escenarios de marketing que procuró fueron, por lo menos ingenuos, el mini Davos, la reunión de ministros de la OMC, la anunciada respuesta del Tratado de Libre Comercio con la UE, la candidatura a ser parte de la OCDE.

Pero así como la “tasa de interés” no derrota esta inflación, a menos que la economía se desplome; así los actores para invertir necesitan “argumentos”. El “argumento” en el Planeta entero comienza por el tamaño de la zanahoria. Y la que ofrece Federico S., obnubila a las demás.

El gobierno y el país, más que actores del exterior, necesita “argumentos” para la inversión y eso sólo es posible y creíble en una agenda de largo plazo consensuada y que garantice inclusión y desarrollo del potencial para crecer. Esa es la manera de salir de la trampa de Penélope.

 

 

 

ver nota completa compartir nota
19 enero 2018

La trampa de Penélope

IMAGEN EN CHAPA

18 DE ENERO DE 2018

PUBLICADO EN EL ECONOMISTA

Carlos Leyba *

Informantes del gobierno anunciaron la presentación al Congreso de un proyecto de ley que introduce instrumentos para el desarrollo de nuevas actividades industriales en el interior. El objetivo, dicen, es la radicación de plantas productivas destinadas a la exportación industrial y/o a la sustitución de importaciones. Los proyectos exportadores – que pueden incluir la industrialización del litio o la industria de energía eólica o solar, entre otras, – se sumarían a proyectos de sustitución de importaciones posibles que, en los sectores químicos, automotriz, etc., podrían sustituir, por ejemplo, 15 por ciento de esas importaciones. La facturación anual de substitución rondaría 10 mil millones de dólares. Continuar leyendo

ver nota completa compartir nota
18 enero 2018

IMAGEN EN CHAPA

Distracción, no. Discusión, sí.

PUBLICADO EN EL ECONOMISTA

Carlos Leyba

La economía no es una fuente de energía política para el PRO. Lo que tiene que crecer no crece como necesita el PRO que crezca; y lo que tiene que bajar no baja como necesita Mauricio Macri que lo haga.La intensidad de esos movimientos es necesaria para que las promesas del PRO y Macri, se cumplan; y para que las expectativas de los simpatizantes y votantes se nutran.Los optimistas, que los hay pero cada vez menos, ven en el estancamiento debilitado del PBI un signo de recuperación, y en la tasa de inflación, que no cede pero no aumenta, una muestra que la estabilidad está por venir.Los pesimistas, que abundan, en lo que hay ven que “la cosa” no arranca: ni verdadera recuperación ni sostenida estabilidad. Continuar leyendo

ver nota completa compartir nota
15 enero 2018

Distracción, no. Discusión, sí.