El Estado a la defensiva

11 de enero de 2018

CARLOS LEYBA

La tasa de inflación del año rondará (jueves por la mañana) el 25 por ciento. La estrategia de la tasa de interés para combatir la inflación, equivocada o no desde el punto de vista teórico, ha sido decididamente cara (cuasi fiscal ) e inútil (mucho costo y poco beneficio).

Ni menos inflación, ni menos pobres, ni más PBI por habitante.

Volvamos a la inflación.

Es cierto que el peso de los precios regulados sobre los promedios (y sobre la cadena de ajustes que corren por la Matriz de Insumo Producto) anula cualquier “calma inducida” en la inflación núcleo.

Pero es no menos cierto que, con precios inflexibles a la baja, los cambios en los precios relativos presionan los promedios al alza y estos presionan las expectativas hacia arriba y provocan reajustes preventivos.

Los “fiscalistas duros”, aquellos que entienden que la madre del borrego es el “enorme gasto público, y los “fiscalistas blandos”, aquellos que entienden que la madre del borrego es el déficit, coinciden en que primero hay que acabar con los “subsidios económicos”. Pero ese cambio en los precios relativos es una presión que golpea la inflación núcleo.

La economía es un sistema. La conferencia de prensa de Federico S., N. Dujovne y L. Caputo dejó afuera a los ministros de energía y de transporte. Esas ausencias marcan la negación del enfoque sistémico en la política de estabilización y en la política económica. Problema central de la concepción PRO.

Recordemos que esos ajustes (transporte), o liberaciones (combustibles), son más inflación excepto un desplome monumental del consumo lo que es absolutamente improbable.

Ante la resistencia inflacionaria, los “fiscalistas duros” han retomado la iniciativa. Gozan del entusiasmo de algunos economistas que encajan como anillo al dedo en el “teorema de Baglini”: en el llano se comen los niños crudos y cuando alcanzan las alturas, en las que ven el precipicio, reculan.

Ellos sostienen que el problema es el tamaño del Estado que, en nuestro país, no es mayor al de muchos países europeos. Demandan achique ya.

Los voluminosos Estados europeos proveen bienes públicos en cantidad y calidad que fortalecen el consenso acerca del sistema: educación, salud, seguridad, infraestructura pública, transferencias por equidad social y por equidad de desarrollo territorial y así.

Los tributos y el financiamiento a largo plazo del gasto, a tasas de interés iguales o menores que la tasa de crecimiento, hacen de esos Estados promotores del Bienestar que sus políticas de pleno empleo sostienen. No es nuestro caso.

Aquí ha crecido el Gasto sobre el PBI. Pero no ha logrado ni el financiamiento vía tributos ni tampoco vía financiamiento a tasas consistentes con nuestro crecimiento.

La clave es que ese Gasto Público es incapaz de brindar educación – la privatización crece sostenidamente -; salud – es enorme la atención privada, lo es la sindicalizada -; seguridad – es gigantesco el ejército privado-; y nada ha logrado en materia de transferencias para la equidad regional del desarrollo. Imaginemos nada más las condiciones de vida promedio en el Chaco y en la Ciudad de Buenos Aires.

Las distancias regionales, la inequidad social, se acrecientan al mismo ritmo que la privatización de la prestación de los que consideramos bienes públicos y al ritmo del aumento del Gasto Público.

El indicador que lo esclarece todo es que el porcentaje de personas que viven en condiciones de pobreza hace que uno de cada 3 de nosotros sea pobre. Una tendencia de largo plazo. Esa es la estructura de nuestra sociedad.

Nuestro Gasto Público no es anómalo o “malo” por su tamaño, sino por lo que “no hace”. No hace lo que tiene qué hacer ¿qué hace tamaño Estado?

Como la política no cumple con la función elemental de cualquier gobierno, que es la de crear condiciones para el trabajo productivo, se ha concentrado en sostener un mínimo de vida, para decirlo de alguna manera, mediante un sistema de pagos de transferencia (becas, planes, subsidios directos) y una masa enorme de empleados públicos. Si ni siquiera hiciera eso ¿cómo estaríamos hoy?. Lo aclaro: peor.

En muchos municipios los salarios se pagan con demora, bajando otras partidas de gasto para poder pagarlos, se pagan con anticipos de impuestos pedidos a las empresas del territorio. Pan para hoy y hambre para mañana.

La ausencia de una estrategia de desarrollo, que es un bien público que el Estado debe proveer y no provee hace 40 años, ha generado un Estado “a la defensiva”.

Un Estado que, con su gasto, trata de enmendar el error (y evitar males mayores) de no haber logrado generar incentivos a la inversión productiva y por lo tanto no haber logrado generar empleo.

Un Estado a la “defensiva” y desfinanciado, no ofrece las mejores perspectivas.

Cualquiera sea el sistema público, de gasto y tributario, con reformas o sin ellas, sin una economía dominada por inversiones reproductivas, que implican empleo y productividad, estará sometido a la tendencia al déficit.

Primero, por carencia de recursos y después, por el aumento de gastos destinados a sostener la vida de millones de personas a las que, la carencia de empleo, les impide subsistir sin esas ayudas públicas, transferencias, que agotan la capacidad del Estado para hacer todo aquello que, al privatizarse, termina aumentando la exclusión.

Un Estado “a la defensiva” es un Estado “paralizado” ante la frontera de la exclusión social.

La propuesta de reducir el Gasto Público, a lo pavote, para que se achique su peso sobre el PBI – más allá de los fenómenos sociales críticos en un país que, con ese gasto, tiene 14 millones de personas en la pobreza – implica, en una primera iteración, una caída del PBI que – paradójicamente – lo más probable es que haría aumentar el peso del Gasto Publico sobre el PBI. No es el camino.

Estamos en una encerrona propia de la decadencia. Una decadencia que, medida por la tasa de crecimiento de la pobreza y por la debilidad de la tasa de crecimiento del PBI, comenzó en 1975; y que – medida por la violencia y la violación de los derechos humanos – también comenzó en esos años. Hay quienes ponen el comienzo del declive más atrás. No podremos acordar sobre el pasado. Tal vez sea esa una de las características del desacuerdo nacional.

Pero nos queda la posibilidad de acordar sobre el futuro.

Claro que no queda demasiado tiempo para lograrlo. El gradualismo en la búsqueda del consenso de estrategia de largo plazo, a esta altura, es un crimen.

El año comenzó con estos datos “Ni menos inflación, ni menos pobres, ni más PBI por habitante”.

Sin más PBI por habitante será difícil reducir la pobreza y bajar la inflación. Más PBI y más productividad forman la plataforma más sólida para sostener la lucha contra la pobreza y la inflación. ¿Cómo hacerlo?

Necesitamos, antes que nada, un acuerdo básico para poner al asador todos los incentivos (los hay) para promover un shock de inversiones reproductivas capaces de generar empleo y reequilibrar la geografía productiva.

También necesitamos acordar que no hay incentivo posible a la inversión reproductiva que funcione con este nivel real del tipo de cambio. Y no existe un tipo de cambio de incentivo, compatible con la estabilidad social, sin retenciones a los productos básicos de exportación.

Nuestra estructura productiva es dos velocidades. Tenemos un sector primario con la mayor productividad del Planeta. Y un proceso de destrucción de la industria desde hace 40 años. No podemos no tenerlo en cuenta.

Nuestra distancia tecnológica creció, en este período, vertiginosamente. Hace 40 años estuvimos cerca de la primera línea en muchas industrias y dejamos de estarlo. Fuimos sometidos a las “aperturas benéficas” que se llevaron a cabo sin medir las consecuencias y sin consolidar las estructuras previas.

Mis tías abuelas riojanas decían “entorna el madero volante para que no penetre el céfiro constipante”. Sabias.

Tuvimos varios procesos de abrir “el madero volante” y el céfiro constipó el aparato productivo. Y fue así – al menos para mí – que comenzó la decadencia. Los sistemas no se reforman. Se rediseñan.

Y el diseño requiere incrementar la productividad que implica, esencialmente, hacerlo aumentando el empleo, no disminuyéndolo. Todas las “aperturas benéficas”, desde 1975, destruyeron el empleo productivo. Los rediseños, entonces, no fueron tales.

Para entornar es tarde. Cierto. Hace falta mucho más. ¿Qué?

Mega incentivos como los que aún proveen los países desarrollados, como los que produjeron el despegue de los países que crecieron aceleradamente cuando nosotros decaíamos aceleradamente.

Insertarse en el mundo no es abrir “el madero volante”: eso sólo sirve para aumentar la constipación.

Insertarse en el mundo es hacer lo que el mundo hace. Que justamente no es lo que, aquellos que en el nombre del mundo hablan, realmente hacen.

Simplemente repitamos los incentivos que el mundo capitalista ahora, hoy, le brinda a las empresas para que inviertan en sus países.

Sería muy positivo que la Cancillería le solicite a nuestros Embajadores la lista de incentivos, beneficios, donaciones – de distinta envergadura y forma – que los países brindan y le han brindado, a las inversiones reproductivas en los últimos 10 años. Sería desopilante ver la sorpresa de los traductores tardíos que abundan en la profesión.

La pregunta es con qué. La respuesta es sencilla.

Pero, para ponerla en blanco y negro, primero necesitamos la convicción y el acuerdo que sin incentivos a las inversiones reproductivas, creando empleo y distribución regional, y sin retenciones que permitan un tipo de cambio que no trabe el potencial productivo, no hay manera de equilibrar las cuentas públicas ni las cuentas externas. Esas son condiciones necesarias para debatir el con qué.

Sin esas condiciones (convicciones) seguimos en la “economía para la deuda” que ahora puede malversar los potenciales beneficios de la PPP.

La ausencia de inversión reproductiva genera el “Estado a la defensiva” cada día más débil.

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11 enero 2018

El Estado a la defensiva

POLITICOS INTRATABLES SUELTOS

10 de enero de 2018

Carlos Leyba

Hay insistencia, por parte de los intelectuales ligados al oficialismo, en negar la condición de liberal a la gestión PRO.

De ese modo conforman una “pareja cultural” contradictoria con sus homólogos de la deshojada “Carta Abierta”. La “Carta” también está integrada por intelectuales ligados al kirchnerismo en el poder que afirmaban que el proceso K era progresista y transformador.

Ambos conjuntos de “articulistas” se equivocan. Unos al afirmar que no son lo que son y otros por afirmar que son lo que realmente no son. Veamos.

El kirchnerismo no fue ni transformador ni progresista. Los resultados lo evidencian. No ha habido, con los K, ni transformación económica ni progreso social.

El PRO básicamente está inspirado en convicciones liberales. Cree que el gran regulador es el mercado. Por ejemplo tiene el embeleco de creer que la tasa de interés regula la inflación, y que la reducción de ésta genera el crecimiento. La gran discusión de política económica de los últimos días, en el seno del gobierno, ha sido “el nivel de la tasa de interés”: la gran herramienta.

Vamos a Carta Abierta. La estructura real de la economía argentina, en los 12 años K, continuo la tendencia a la primarización de las exportaciones que es lo que pone en blanco y negro al proceso de desindustrialización y lo que produce el déficit comercial estructural. Ese es el fundamento de la economía para la deuda que, llamada al retorno desde el default ya que desde entonces nada estructural se modificó, finalmente, llegó.

Además en los años K se profundizó la dependencia de la asistencia social, para subsistir, de una proporción creciente de los ciudadanos. El trabajo productivo fue sustituido por la asistencia del Estado. La política se dedicó a fabricar consumidores no productores. Dependencia versus autonomía. Si no se produce se importa. Otro aporte a la economía de la deuda a sobrevenir.

Con los datos estadísticos, que cualquiera puede corroborar, se confirma que no ha habido un proceso de transformación sino de confirmación de la estructura heredada. Estructura disparada por la Dictadura y perfeccionada por el menemismo.

Los datos estadísticos, que cualquiera puede corroborar, confirman que las políticas K no resultaron progresistas sino profundamente regresivas: 12 años de pobreza estructural han cambiado radicalmente la estructura social argentina.

Una economía estancada y una sociedad más conflictiva es el legado del kirchnerismo al que no pueden rescatar, y ya ni siquiera lo tratan de hacer, la tropa de “articulistas” K.

De hecho hoy se concentran en la crítica del presente que es una prorroga, mal llevada por cierto, del pasado reciente.

No menos notable y sorprendente, es la necesidad de negación por parte de los “articulistas” PRO que insisten en que su economía no es liberal. O que el gradualismo, en lugar de ponerlo en marcha, lo amortigua.

Por cierto que ser liberal no es lo mismo que ser neoliberal. Aclaremos.

La esencia del “neoliberalismo” la sintetizan dos frases. Margaret Thatcher afirmó “la sociedad no existe”. No hay tal cosa como el Bien Común. Ronald Regan declaró “el Estado no es la solución sino el problema”.

No hay tal cosa como el Bien Común, entonces, la parte del Estado ocupada del bienestar colectivo queda derogada; lo que subsista de ella es sólo una carga. Margaret puso la doctrina y Ronald la aplicación. Retirar el Estado es contribuir a solucionar los problemas. ¿Ejemplos?

¿Por qué utilizar al Estado (la Justicia) para administrar la adopción de niños huérfanos o abandonados? La solución neoliberal (minimizando el papel del Estado) es “el mercado”. ¿Cómo? Simple. Un remate. El niño será adoptado por el que comprometa mas recursos. Y por ese mínimo proceso administrativo el Estado, además, obtendrá recursos. De la misma manera puede ocurrir con la seguridad. ¿Quién está más interesado en que no haya robos ni crímenes o accidentes? Claramente las compañías de seguro. La conclusión de mercado es obvia. La seguridad debe ser entregada a las compañías de seguro. Todos asegurados. Cálculos actuariales.

Los ejemplos no son pura imaginación. En los tiempos de auge del neoliberalismo, donde se procuraba pensar fuera del marco del Bien Común y diluir al Estado, estas ideas se promovían. La memoria selectiva de algunos neoliberales lo ha olvidado. Ambos ejemplos desenmascaran la radical ausencia de ética del neoliberalismo. “El plan es ética en acción”,Paul Ricoeur. La definición del filósofo eminente pone en evidencia la ausencia ética del neoliberalismo y la flacura ética de su versión primera, el liberalismo económico en todas sus manifestaciones.

El PRO quiere menos Estado. No la desaparición del Estado de la escena. Pero procura una orientación del mismo bastante alejada del Estado de Bienestar. No lo cree posible. Pero tampoco sufre la “imposibilidad” del Estado promoviendo el Bienestar porque no lo cree necesario. El mercado puede hacerlo mejor. La misión de la política económica PRO es liberar a las fuerzas del mercado.

Pero los PRO tampoco derogan la idea del Bien Común. Sí creen es que el mercado, librado a su energía propia, es el que generará más Bien Común que el Estado en acción. O, como diría Ricoeur, el mercado supera al Plan. Esa creencia religiosa en el “Mercado” es lo que los hace liberales, tal vez, como el avaro de Moliere “sin saberlo”.

Es iluminadora al respecto la creencia del “equipo” en la “apertura económica” (solita ella) como mecanismo de “creación dinámica de competitividad”. Cuesta creer que no reflexionen en las condiciones de la demanda, exportación e inversión, respecto de la “competitividad”; ni en las condiciones de la oferta que las satisfacen. Nada de todo aquello que, como herramientas, provee el pensamiento económico tanto como los ejemplos prácticos de los países que han alcanzado los niveles de productividad y diversificación que procuran la posibilidad del bienestar colectivo.

¿Por qué se empeñan en negar el carácter liberal de su pensamiento? Podría ser irrelevante saber porqué, pero la confusión genera un problema. ¿ Cuál es ese problema? Veamos.

Negar una identidad no es afirmar la propia. Decir “no soy liberal” no aporta nada. En todo caso confunde a la espera de “otra cosa” por venir. PRO no afirma su identidad. Niega una. En mi opinión no la afirma porque no la tienen.

La identidad en política, y el PRO hace política aunque crea que no es necesario hacerla, se define en función de un programa. Un programa requiere tener objetivos y sobre todo herramientas. Naturalmente la existencia tiene valor si es explicita.

El PRO no define objetivos ni herramientas más allá de generalidades que no admiten discusión. Y es en ese sentido que no tiene identidad. ¿Es importante?

Una identidad no es una marca. Una marca puede vaciarse de contenido. Una identidad supone objetivos y herramientas que, juntos, forman un programa y la fidelidad a él conforma una identidad.

Podemos decir que uno de los problemas de la precariedad de los debates en nuestro país se debe a tener profesionales de la política que carecen de programas y por lo tanto de identidad. Son como semáforos del Río de la Plata que cambiaran de lugar con el menor soplo y en esas condiciones todos los navegantes habrían de encallar.

No forman partidos y sin las “partes” – que son los partidos – no hay “todo”. Los profesionales de la política son como navegantes solitarios sin brújula, sin vela, sin remos y que, además, no saben – ni les preocupa saberlo – donde quieren ir y donde nos quieren llevar. “Políticos sueltos”.

Es cierto “ser liberales” asumidos y predicando, conforma una identidad. En el mundo en que vivimos esa identidad política deja todo el acontecer al arbitrio de las fuerzas del mercado. Hoy las fuerzas del mercado son trasnacionales y concentradas y – en el marco de la identidad liberal a cargo de la política – modelan a las economías que no las interfieren. Y las modelan en función de intereses que ninguna relación tienen con quienes habitan el territorio. Y digo territorio porque en esas condiciones y en el límite extremo, se deja de ser Nación. Nación es tener un proyecto de vida en común. (José Ortega y Gasset) Y si es común es un proyecto propio. La modelación en función de las trasnacionales es un proyecto, por definición, ajeno.

La consideración cabe para el pasado ya que la improvisación, el paso a paso, de Néstor no resultó muy diferente al “gradualismo y al reformismo permanente” que es, en rigor, un oximoron. Volvamos a las definiciones.

Pueden compartirse objetivos y sin embargo pueden proponerse herramientas distintas para conseguirlos. No hay programa sin objetivos y herramientas explícitas.

Miremos nuestro pasado inmediato. Cuando decimos “peronismo” después de la muerte del General ¿hablamos de una marca o de una identidad?

¿Los “peronistas” se han propuesto objetivos y herramientas comunes? Repasemos.

María Estela Martínez parió el “rodrigazo”, el antecedente más siniestro del neoliberalismo en la Argentina. Fue ejecutado por la secta “Los Caballeros del Fuego” integrada por José López Rega, Celestino Rodrigo, Ricardo Zinn y Pedro Pou.

Zinn fue mano derecha de Franco Macri, de María Julia Alzogaray y sus privatizaciones menemistas baratas y participó de la fundación del CEMA – hoy Universidad cuna del liberalismo – a través de Pedro Pou, quien fue parte del equipo de Carlos Menem.

Otros miembros de ese “equipo”, por ejemplo la mano derecha de Domingo Cavallo, formaron parte de la Alianza integrada por el FREPASO en el que se destacaban dirigentes surgidos del peronismo. Agotada la Alianza algunos de ellos militaron en el gobierno K. ¿No lo altera su manera de bogar?

¿Cuál es la identidad, definida por programa, objetivos y herramientas, del peronismo si éste fue la marca con la que se vendió el menemismo y el kirchnerismo?

Por abandono explícito de programa, la contradicción es abandono, se convirtió, al menos por ahora, en una marca sin contenido. ¿Acaso no se reivindican peronistas los que están en todos lados?

De manera temprana el PRO se está convirtiendo en marca. ¿Cuál es el contenido en términos de programa, objetivos y herramientas? Aclaremos que sin programa es imposible resolver problemas. Y mucho menos transformar y progresar. Que tenemos problemas, que necesitamos transformar (productividad) y progresar (pobreza), no hay dudas. ¿ Cómo lo haremos?

Hagámonos algunas preguntas al respecto. ¿Qué objetivos de exportaciones y de inversiones tiene el PRO?¿Cuáles son las herramientas para lograr unas y otras?

¿Qué objetivos de desarrollo territorial y demográfico tiene el PRO?¿Cuáles son las herramientas?¿Qué objetivos educativos, de empleo, de distribución del ingreso?¿Cuáles son las herramientas PRO?¿Objetivos de pobreza?¿Herramientas?¿Objetivos de consenso como dilución de la grieta?¿Qué herramientas? Y así podemos interrogarnos acerca de la agenda y encontraremos sólo palabras y pocas cosas. Algún ruido y ninguna nuez.

En todos los órdenes, la ausencia de explicitación de objetivos y el relegar las herramientas a la mera acción de desregulación de mercados, define una orientación liberal.

Ellos, lo digan o no, creen – por sus actos lo sabemos – que, parodiando a Alfonso El Sabio, hay cuestiones que “el mercado ha resuelto” y otras “que el mercado resolverá. Eso es la esencia del liberalismo que, en este mundo y con apertura, es la fuente de un proyecto ajeno.

Las cosas que el mercado “ha resuelto”, si hay algunas, no las ha resuelto aquí en nuestra Patria; y las que resolverá aquí son, al menos, una incógnita, para ser generosos.

Por ejemplo hasta aquí, según el gobierno, el tipo de cambio lo determina el mercado y nada cabe hacer, para “corregir” esa definición del mercado; y si esa definición primariza las exportaciones y determina un colosal déficit comercial de la industria, no importa. ¿Ese es “el objetivo”?

Y si las inversiones reproductivas no ocurren es porque “el mercado” no ha dado las señales suficientes. Y nada debemos hacer por afuera del mercado para que lleguen. El resultado es que no tenemos inversiones. ¿Ese es “el objetivo”?

De la misma manera en materia territorial y demográfica no hay objetivos y ninguna herramienta. Si uno mira la acción del Jefe de la CABA podría decir que, si el mismo es parte del gobierno, esas herramientas – ciertamente de poco peso – reman en sentido contrario.

Pero, además, nada hay en materia de inversiones y de empleo productivo que aporten en esa dirección. ¿Hay acaso alguna herramienta más allá de las evidentemente negativas señales de mercado? ¿Invertir en qué?

De la misma manera en materia educativa nada hay que nos señale la existencia de herramientas específicas para atender la particularidad sistémica del 50 por ciento de menores de 14 en estado de pobreza. Nada para generar la posibilidad que no sea el Estado o la asistencia social lo que genere oportunidades de salario. Nada en pos de distribución progresiva, pobreza y grieta son caras de la misma ausencia. No se queje las mismas omisiones con palabras distintas nos legó el kirchnerismo, no en dos, sino en doce años y doce años con condiciones externas irrepetibles.

La ausencia de forjar una identidad y no una marca, un programa y no generalidades, está en la base del problema.

La consecuencia política de esas ausencias de “esta parte” es que nada incentiva a la “otra parte”. Sin partes no hay todo.

Esta ausencia es en cierto modo lo que nos hace una sociedad incomprensible.

Y que los “intratables políticos sueltos” sean nada más que un entretenimiento cotidiano.

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10 enero 2018

POLITICOS INTRATABLES SUELTOS

INSERTARNOS MADURAMENTE

10 DE ENERO 2018

PUBLICADO EN EL ECONOMISTA

Carlos Leyba

El Presidente, en Davos, además de describir lo que el entiende un éxito de sus políticas (más entusiasmo que objetividad) e inventariar nuestra disponibilidad de recursos naturales, lanzó una invitación a los empresarios para que inviertan, en la Argentina, a fin de, esencialmente, explotar nuestro sector primario y también participar en las obras de infraestructura. Expresó allí su convicción programática: desarrollar la economía y la sociedad, para él, es, esencialmente, incrementar las inversiones destinadas a la explotación de nuestros recursos naturales. Continuar leyendo

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10 enero 2018

INSERTARNOS MADURAMENTE

EL ESTADO A LA DEFENSIVA

PUBLICADA EN EL ECONOMISTA

CARLOS LEYBA

La tasa de inflación del año rondará (jueves por la mañana) el 25 por ciento. La estrategia de la tasa de interés para combatir la inflación, equivocada o no desde el punto de vista teórico, ha sido decididamente cara (cuasi fiscal ) e inútil (mucho costo y poco beneficio).Ni menos inflación, ni menos pobres, ni más PBI por habitante Continuar leyendo

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10 enero 2018

EL ESTADO A LA DEFENSIVA

POLITICOS SUELTOS

PUBLICADA EN EL ECONOMISTA

Carlos Leyba

Hay insistencia, por parte de los intelectuales ligados al oficialismo, en negar la condición de liberal a la gestión PRO.Conforman una “pareja cultural” contradictoria con sus homólogos de la deshojada “Carta Abierta” también integrada por intelectuales ligados al kirchnerismo en el poder. Estos, en lugar de negar la pertenencia del kirchnerismo a una corriente de pensamiento, afirmaban que el proceso K era progresista y transformador.Ambos conjuntos de “articulistas” se equivocan. Unos al afirmar que no son lo que son y otros por afirmar que son lo que realmente no son. Veamos. Continuar leyendo

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05 enero 2018

POLITICOS SUELTOS

Políticos sueltos

3 de enero de 2018

Carlos Leyba

Hay insistencia, por parte de los intelectuales ligados al oficialismo, en negar la condición de liberal a la gestión PRO.

Conforman una “pareja cultural” contradictoria con sus homólogos de la deshojada “Carta Abierta” también integrada por intelectuales ligados al kirchnerismo en el poder. Estos, en lugar de negar la pertenencia del kirchnerismo a una corriente de pensamiento, afirmaban que el proceso K era progresista y transformador.

Ambos conjuntos de “articulistas” se equivocan. Unos al afirmar que no son lo que son y otros por afirmar que son lo que realmente no son. Veamos.

El kirchnerismo no fue ni transformador ni progresista. Los resultados lo evidencian. No ha habido, con los K, ni transformación económica ni progreso social.

La estructura real de la economía argentina, en los 12 años K, continuo la tendencia a la primarización de las exportaciones que es lo que pone en blanco y negro el proceso de desindustrialización y lo que produce el déficit comercial estructural. El fundamento de la economía para la deuda que, finalmente, llegó.

Además en ese tiempo se profundizó la dependencia de la asistencia social, para subsistir, de una proporción creciente de los ciudadanos. El trabajo productivo fue sustituido por la asistencia del Estado. Se dedicó a fabricar consumidores no productores. Dependencia versus autonomía.

Con los datos estadísticos, que cualquiera puede corroborar, se confirma que no ha habido un proceso de transformación sino de confirmación de la estructura heredada disparada por la Dictadura y perfeccionada por el menemismo.

Los datos estadísticos, que cualquiera puede corroborar, confirman que las políticas K no resultaron progresistas sino profundamente regresivas: 12 años de pobreza estructural.

Una economía estancada y una sociedad más conflictiva es el legado del kirchnerismo al que no pueden rescatar, y ya ni siquiera lo tratan de hacer, la tropa de “articulistas” K. De hecho hoy se concentran en la crítica del presente que es una prorroga, mal llevada por cierto, del pasado reciente.

Más notable y sorprendente es la necesidad de negación de los “articulistas” PRO que insisten en que su economía no es profundamente liberal. Por cierto que ser liberal no es lo mismo que ser neoliberal. Aclaremos.

La esencia del “neoliberalismo” la sintetizan dos frases. Margaret Thatcher afirmó “la sociedad no existe”. No hay tal cosa como el Bien Común. Ronald Regan declaró “el Estado no es la solución sino el problema”.

No hay tal cosa como el Bien Común, entonces, la parte del Estado ocupada del bienestar colectivo queda derogada; lo que subsista de ella es sólo una carga. Margaret puso la doctrina y Ronald la aplicación. Retirar el Estado es contribuir a solucionar los problemas. ¿Ejemplos?

¿Por qué utilizar al Estado (la Justicia) para administrar la adopción de niños huérfanos o abandonados? La solución neoliberal (minimizando el papel del Estado) es “el mercado”. ¿Cómo? Simple. Un remate. El niño será adoptado por el que comprometa mas recursos. Y por ese mínimo proceso administrativo el Estado, además, obtendrá recursos. De la misma manera puede ocurrir con la seguridad. ¿Quién está más interesado en que no haya robos ni crímenes o accidentes? Claramente las compañías de seguro. La conclusión de mercado es obvia. La seguridad debe ser entregada a las compañías de seguro. Todos asegurados. Cálculos actuariales.

Los ejemplos no son pura imaginación. En los tiempos de auge del neoliberalismo, donde se procuraba pensar fuera del marco del Bien Común y diluir al Estado, estas ideas se promovían. La memoria selectiva de algunos neoliberales lo ha olvidado. Ambos ejemplos desenmascaran la radical ausencia de ética del neoliberalismo. “El plan es ética en acción”,Paul Ricoeur.

El PRO quiere menos Estado. No la desaparición. Pero procura una orientación del mismo bastante alejada del Estado de Bienestar. No lo cree posible. Pero tampoco sufre la “imposibilidad” porque no lo cree necesario.

Pero los PRO tampoco derogan la idea del Bien Común. Sí creen es que el mercado, librado a su energía propia, es el que generará más Bien Común que el Estado en acción. Esa creencia religiosa en el “Mercado” los hace liberales.

Es iluminadora la creencia en la “apertura económica” (solita ella) como mecanismo de “creación dinámica de competitividad.

¿Por qué se empeñan en negar el carácter liberal de su pensamiento? ¿ Cuál es el problema?

Negar una identidad no es afirmar la propia. PRO no afirma su identidad y, en mi opinión, es porque no la tienen.

La identidad en política, y el PRO hace política aunque crea que no es necesario hacerla, se define en función de un programa y un programa requiere tener objetivos y sobre todo herramientas.

El PRO no define objetivos ni herramientas más allá de generalidades que no admiten discusión. Y es en ese sentido que no tiene identidad. ¿Es importante?

Una identidad no es una marca. Una marca puede vaciarse de contenido. Una identidad supone objetivos y herramientas que, juntos, forman un programa y una identidad.

Podemos decir que uno de los problemas de la precariedad de los debates en nuestro país se debe a tener profesionales de la política que carecen de programas y por lo tanto de identidad. No forman partidos y sin las “partes” – que son los partidos – no hay “todo”. Los profesionales de la política son como navegantes solitarios sin brújula, sin vela, sin remos y que, además, no saben – ni les preocupa saberlo – donde quieren ir y donde nos quieren llevar. “Políticos sueltos”.

La improvisación, el paso a paso, de Néstor no es muy diferente al “gradualismo y al reformismo permanente” que es, en rigor, un oximoron.

Pueden compartirse objetivos pero pueden proponerse herramientas distintas para conseguirlos. No hay programa sin objetivos y herramientas explícitas.

Miremos el pasado inmediato. Cuando decimos “peronismo” después de la muerte del General ¿hablamos de una marca o de una identidad?

¿Los “peronistas” se han propuesto objetivos y herramientas comunes? Repasemos.

María Estela Martínez parió el “rodrigazo”, el antecedente más siniestro del neoliberalismo en la Argentina. Fue ejecutado por la secta “Los Caballeros del Fuego” integrada por José López Rega, Celestino Rodrigo, Ricardo Zinn y Pedro Pou.

Zinn fue mano derecha de Franco Macri, de María Julia Alzogaray y sus privatizaciones menemistas baratas y participó de la fundación del CEMA – hoy Universidad cuna del liberalismo– a través de Pedro Pou, quien fue parte del equipo de Carlos Menem. Otros miembros de ese “equipo”, por ejemplo la mano derecha de Domingo Cavallo, formaron parte de la Alianza integrada por el FREPASO en el que se destacaban dirigentes surgidos del peronismo. Agotada la Alianza algunos de ellos militaron en el gobierno K. ¿No lo altera su manera de bogar?

¿Cuál es la identidad, definida por programa, objetivos y herramientas, del peronismo si este fue la marca con la que se vendió el menemismo y el kirchnerismo? Por abandono explícito de programa se convirtió, al menos por ahora, en una marca sin contenido.

De manera temprana el PRO se está convirtiendo en marca. ¿Cuál es el contenido en términos de programa, objetivos y herramientas? Aclaremos que sin programa es imposible resolver problemas. Y mucho menos transformar y progresar. Que tenemos problemas, que necesitamos transformar (productividad) y progresar (pobreza), no hay dudas.

Hagámonos algunas preguntas al respecto. ¿Qué objetivos de exportaciones y de inversiones tiene el PRO?¿Cuáles son las herramientas para lograr unas y otras?

¿Qué objetivos de desarrollo territorial y demográfico tiene el PRO?¿Cuáles son las herramientas?¿Qué objetivos educativos, de empleo, de distribución del ingreso?¿Cuáles son las herramientas PRO?¿Objetivos de pobreza?¿Herramientas?¿Objetivos de consenso como dilución de la grieta?¿Qué herramientas? Y así. Sólo palabras y pocas cosas.

En todos los órdenes, la ausencia de explicitación de objetivos y el relegar las herramientas a la desregulación de mercados, define una orientación liberal.

Ellos, lo digan o no, creen – por sus actos lo sabemos – que, parodiando a Alfonso El Sabio, hay cuestiones que “el mercado ha resuelto” y otras “que el mercado resolverá.

Las que “ha resuelto”, si hay algunas, no las ha resuelto aquí en nuestra Patria; y las que resolverá son, al menos, una incógnita, para ser generosos.

Por ejemplo hasta aquí, según el gobierno, el tipo de cambio lo determina el mercado y nada cabe hacer, para “corregir” esa definición del mercado; y si esa definición primariza las exportaciones y determina un colosal déficit comercial de la industria, no importa. ¿Ese es “el objetivo”?

Y si las inversiones reproductivas no ocurren es porque “el mercado” no ha dado las señales suficientes. Y nada debemos hacer por afuera del mercado para que lleguen. El resultado es que no tenemos inversiones. ¿Ese es “el objetivo”?

De la misma manera en materia territorial y demográfica no hay objetivos y ninguna herramienta. Si uno mira la acción del Jefe de la CABA podría decir que, si es parte del gobierno, esas herramientas – ciertamente de poco peso – reman en contrario.

Pero nada hay en materia de inversiones de empleo productivo que aporten en esa dirección. ¿Hay acaso alguna herramienta más allá de las negativas señales de mercado?

De la misma manera en materia educativa nada hay que nos señale la existencia de herramientas específicas para atender al 50 por ciento de los menores de 14 en estado de pobreza, o para generar la posibilidad que no sea el Estado o la asistencia social lo que genere oportunidades de salario.

Distribución progresiva, pobreza y grieta son caras de la misma ausencia.

La ausencia de forjar una identidad y no una marca, un programa y no generalidades.

La consecuencia política de esas ausencias es que nada incentiva a la “otra parte” y sin partes no hay todo. En cierto modo esto es lo que nos hace una sociedad incomprensible. Y que los “políticos sueltos” sean un entretenimiento.

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03 enero 2018

Políticos sueltos

EL DIA DE LOS SANTOS INOCENTES

29 de diciembre de 2017

PUBLICADO EN EL ECONOMISTA

Carlos Leyba

Las noticias periodísticas que pusieron en alerta del descomunal déficit comercial (9000 millones de dólares en el año) y del escape, si bien lento, de la cotización del dólar, animaron al equipo gobernante a reconocer públicamente dos verdades evidentes que, hasta ahora, venían siendo devaluadas por él.Esas verdades, entre tantas otras desconocidas, son la naturaleza retórica de la independencia del BCRA y la poca propiedad de la meta de inflación asociada a la retórica de la independencia.Bien por eso. Dos pájaros de un tiro disparado el jueves 28 de diciembre en el día de los Santos Inocentes. Continuar leyendo

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29 diciembre 2017

EL DIA DE LOS SANTOS INOCENTES

El día de los santos inocentes

28 de diciembre de 2017

Carlos Leyba

Las noticias periodísticas que pusieron en alerta del descomunal déficit comercial (9000 millones de dólares en el año) y del escape, si bien lento, de la cotización del dólar, animaron al equipo gobernante a reconocer públicamente dos verdades evidentes que, hasta ahora, venían siendo devaluadas por él.

Esas verdades, entre tantas otras desconocidas, son la naturaleza retórica de la independencia del BCRA y la poca propiedad de la meta de inflación asociada a la retórica de la independencia.

Bien por eso. Dos pájaros de un tiro disparado el jueves 28 de diciembre en el día de los Santos Inocentes.

Estas fueron verdades hasta ayer devaluadas por el “mejor equipo de los últimos cincuenta años” (Mauricio “autoelogio” Macri dixit) Equipo que hasta ahora no ha demostrado serlo y que ha logrado pocos goles, algunos en contra, y que ahora, cumplida la mitad del partido programado, nos informa que para demostrar sus habilidades necesita cuatro años suplementarios.

El reconocimiento de las verdades ignoradas, la ruptura en la continuidad en el error, abre las posibilidades de un segundo tiempo mejor. Posibilidades que se abren por haber dado un paso, muy pequeño, en la rectificación de parte de la política. Tal vez en camino a la continuidad en el poder.

El grupo conformista, dentro del gobierno, piensa que esa posibilidad constitucional es altamente probable electoralmente, por aquello de que “fueron tan malos los que se fueron” que su recuerdo nos hará buenos.

Esto explica el “dale dale” publicitario a la grieta por parte de los jóvenes PRO, mientras que, en la misma dirección, las huestes K siembran las semillas del “no me olvides”, las que son tóxicas para los no vacunados. El período de vacunación ha terminado.

Cristina y Mauricio coinciden en eso. Y el resultado es que la grieta goza de muy buena salud como también lo gozan todas las consecuencias negativas conocidas.

La grieta es lo que no permite que la política, la sociedad y la economía pasen al futuro, y que queden dando vueltas en redondo entre el pasado y el presente.

La política, porque no logra la formulación de proyectos con densidad acerca de cómo salir de la decadencia de 40 años; la sociedad, porque se cierra y como todos sabemos los sistemas cerrados generan crisis; y la economía, porque no se generan inversiones que es el modo material en el que se perfila el progreso.

La grieta es el optimismo del oficialismo conformista y el de su principal oposición. Hay que leer los mensajes íntimos, los que se comunican entre ellos ambos grupos entre sí, para percibir el fenomenal grado de involución social y política de ambos grupos, lamentablemente, dominantes.

Confirmando esa tensión, las recientes palabras de CFK y las palabras iniciales de la Conferencia de prensa del jueves del Jefe de Gabinete, señalaron la falta de vocación y compromiso por lograr el entendimiento, el encuentro, para cerrar la grieta entre los argentinos.

Del otro lado están los inconformistas del gobierno. Uno de los cuales es ubicado por los expertos, ya no en la “mesa chica”, sino en la mesa de luz del Presidente donde está desde la primera juventud de Mauricio.

Los inconformistas sostiene que no es probable que haya segundo turno salvo que los resultados globales cambien de manera radical.

En Cambiemos, vaya paradoja, no hay cambio radical en perspectiva. Primero porque los radicales de Cambiemos la miran de afuera y están a años luz de las decisiones; y segundo que lo quedó de la filosofía Zen de los primeros tiempos PRO se convirtió en “gradualismo” que – más allá de lo criterioso de ese concepto – en la práctica PRO es un “vamos viendo” porque, dónde quieren llegar, no lo ven seguramente porque no existe.

Los inconformistas del gobierno son los que están disconformes con los resultados de la gestión y la orientación de la política; son los que desearían suprimir la promoción de la grieta y definir un programa consensuado con las fuerzas sociales y partidos de la oposición. Los que quieren aprovechar las últimas sanciones parlamentarias para reconocer y potenciar que el diálogo puede más que la negociación de caja.

El inconformismo ha dado un paso adelante, pequeño, pero paso al fin. Remedando el dicho francés “cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil”, podemos decir “cuando la política está equivocada, destacar el reconocimiento de un error” debe ser valorado como un paso virtuoso. Volvamos al principio.

La primera verdad reconocida durante la Conferencia de prensa del Jueves es el límite natural que, en cualquier país, se le pone a la “independencia” del Central, límite que no es otro que el de la política económica en su conjunto.

“El límite” es la cuestión de la coherencia, instrumentos y objetivos, en cualquier sistema y no menos que en cualquier otro, en el sistema económico. Bienvenidos a la frontera de la sensatez. Ahora a animarse y cruzarla y a diseñar un camino en ese territorio. Es lo que deseamos para todos, gobierno y ciudadanos, en este 2018 que está por empezar.

El ministro Nicolás Dujovne anunció el cambio de la meta de inflación para los próximos años. Llegamos a 15 por ciento para 2018. El anuncio vino unido a un reconocimiento de un error de estimación previa debido, alegó, a lo confuso de la situación en el comienzo del gobierno.

Lo importante políticamente es que el anuncio del cambio de meta de la política del Central no fue hecho por Federico S., sino por el Ministro de Hacienda que también anunció las metas fiscales.

Tenemos derecho a pensar que la nueva meta le fue impuesta al BCRA por el Poder Ejecutivo, poniendo en claro que no hay tal cosa como una política independiente del Central.

Quedo claro que ahora este gobierno, por fin, reconoce que las metas las decide el gobierno incluidas las metas del Central.

La segunda verdad evidente es que la meta de inflación, a la que apostó Federico S., no sólo era inverosímil sino que, por las herramientas usadas para alcanzarla, habrían de tener sobre la economía el mismo efecto que poner sobre una camioneta una carga de 18 mil kilos.

Con ese peso la camioneta, por más que se encienda el motor no arranca y además, lo más probable, es que se quiebre el chasis aún estando estancada.

La herramienta de la tasa de interés construyó una carga descomunal sobre la economía.

Federico S., supuso que una tasa de interés pagada sobre las Lebac que duplicaba la meta de inflación y que iba muy por delante de la inflación pasada, habría de administrar la moneda de tal suerte que obligaría a la “inflación” a arrodillarse “despacito” para finalmente ponerse a la altura de la meta. Ahora subió la meta.

La tasa de interés, entre otras cosas, es la remuneración al capital líquido y mientras el gobierno sostiene la política de pretender que los salarios se ajusten a la tasa de inflación futura y no a la de la inflación pasada, de la mano del BCRA el capital líquido es remunerado largamente por encima de la inflación pasada y con el doble de la meta de la tasa de inflación.

El planteo, además del impacto negativo sobre la producción, es decididamente concentrador en términos de ingresos beneficiando largamente al capital líquido en relación a los ingresos del trabajo.

Para que Federico S., afloje con la tasa de interés le han relajado la meta de inflación.

Lo han hecho cuando es imposible ocultar la dimensión que ha adquirido la cuestión del sector externo con un desequilibrio comercial de 9 mil millones y uno déficit en cuenta corriente que alcanzará en el año a más de 28 mil millones de dólares. Este déficit externo representará el 4,5 por ciento del PBI. Una medida del costo del atraso cambiario.

Suficiente razón para que, sin hablar de manera directa del tipo de cambio ni de la tasa de interés que lo aplasta, el cambio de meta de inflación y el fin de la retórica de la independencia del BCRA, augura la posibilidad de una tasa menos exigente.

Al igual que el despido sin piedad del ministro estrella Alfonso Prat Gay, esta vez también la reconvención al Presidente del BCRA fue anunciada y ejecutada por el Jefe de Gabinete Marcos Peña y en nombre y en ausencia vacacional del Presidente en el sur de la República.

Todos los expertos en relaciones íntimas del gobierno sostienen que Federico S., es el más influyente en las decisiones económicas de Mauricio Macri, el funcionario más respetado por el Presidente en ese campo y al mismo tiempo que dicen que la meta de inflación es la más importante para su gestión.

Para Macri el combate a la inflación es el método para reducir la pobreza, la garantía del crecimiento y de su sustentabilidad. La lucha contra la inflación es el alfa y omega de toda la política económica. Todo lo demás se dará por añadidura.

Y Federico S., es el numen de la lucha contra la inflación, el cruzado capaz de afrontarla con armas que, para los demás, pueden ser letales.

No es nuevo. José A. Martínez de Hoz, en su comienzo tenía otro discurso, y el mismo cambió a partir de un numen que lo cautivó. La influencia doctrinaria hizo del programa de la Dictadura uno de un solo objetivo mensurado a través de las reservas en poder del BCRA. Esas Reservas eran pura deuda. Sabemos como terminó.

Carlos Menem, en su comienzo tenía otro discurso, y el mismo cambio a partir de un numen que lo cautivó. La influencia doctrinaria hizo del programa del peronismo uno de un solo objetivo mensurado a través de la “estabilidad”. Esa “estabilidad” era deuda. Sabemos como terminó.

No recuerdo el comienzo de Macri, pero el discurso de Federico S., ha convertido el programa del gobierno en uno de un solo objetivo, “meta de inflación”. Esa meta es la montaña de Lebac que – medidas en dólares – más que duplican las reservas netas, líquidas y disponibles del BCRA.

La última decisión significa un cierto paso en la “liberación” de los influjos del numen y en un intento de ablande al incentivo a que la montaña de Lebac siga creciendo mientras liberan un poco al dólar. Nada mal para el día de los Santos Inocentes.

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28 diciembre 2017

El día de los santos inocentes

El marketing no te saca del presente

23 de diciembre de 2017

Carlos Leyba

Cuatro noticias importantes de la semana. Por orden cronológico, la enorme manifestación conducida por Hugo Moyano e integrada por distintas vertientes (izquierda clásica, movimientos sociales, peronismo próximo o devoto de CFK, sindicalismo clásico versión uno, etc.) Todo eso puede durar amalgamado no más que lo que dure el cauce de Moyano. Este no es un cauce profundo porque, todo señala, ya no representa la fuerza aglutinante del movimiento obrero tradicional. Y, si el cauce no es profundo, el vigor de las vertientes se desparrama en el llano.

La segunda noticia es la “confesión española” de Nicolás Dujovne. El ministro fue a España a “buscar inversiones”. Y estando allí le dijo a los españoles, que con buena onda fueron a escucharlo, que: a) el gobierno no tiene herramientas para combatir la inflación, b) que no todos los ministros dan testimonio de apostar al peso y a las inversiones locales, particularmente él (lo que confirma la “falta de herramientas”); y c) finalmente les señaló que lo que sí tienen es voluntad que otros inviertan y que, a pesar de disponer de pocas herramientas, aspiran a que se aplaque la inflación.

La tercera novedad es el tour europeo de dirigentes sindicales enfrentados a Moyano a los que el ministro Jorge Triaca ha invitado a conocer el funcionamiento del sindicalismo en España, Holanda y Alemania y – según dicen – a conocer el diálogo tripartito existente en esos países.

Los miembros del tour, con la excepción del gremio rural, son todos representantes de bienes no transables, es decir que no pertenecen a los sectores afectados por la apertura económica y tampoco por las eventuales consecuencias de la firma del tratado con la UE que es el trasfondo de este convite.

La última es la decisión de Mauricio Macri – en consonancia con las demandas (encuestas, ideología) de Jaime Duran Barba – de abrir la puerta a la sanción de algunos de los proyectos de aborto que rondan la Cámara de Diputados.

La versión dice que Marcos Peña “libera” a los legisladores de Cambiemos para que “debatan” algunos de esos proyectos. Es notable que los legisladores PRO necesiten “permiso” para pensar, proponer y – finalmente – legislar. A mi me parece ofensivo o peor, muy “kirchnerista”, muy escribanía. Caray.

Respecto de la manifestación de Moyano, simplemente, es eso: una masiva manifestación realizada a pesar de la deserción de muchos sindicatos. Una manifestación que consulta – sin duda – el malestar creciente de algunos sectores de la población. Caen las expectativas acerca de un futuro mejor. Malestar que se acrecentará en la medida que continúen los incrementos de las tarifas de servicios regulados. Y que los mismos mantengan viva la muy elevada presión inflacionaria.  Que se presione a que las Convenciones convaliden el deterioro del salario real. Que – como consecuencia del esquema de endeudamiento – siga la presión a la baja la actividad en los sectores de bienes transables por la vía de la baja del tipo de cambio real, a la que Mauricio Macri llamó la tendencia a la apreciación del peso, y el estancamiento del consumo por habitante.

Lo de Moyano no es más que un aviso de que hay un número importante de ciudadanos que sienten estar presionados hacia el margen externo de la inclusión: no en la lona sino riesgo de quedarse fuera de la lona.

De continuar la falta de resultados notables en la economía de la vida cotidiana la presión del conflicto social puede aumentar en lugar de disminuir. El pitido de esa válvula en la calle nos dice eso.

Y justamente eso tiene que ver con la segunda noticia que es el paseo de Dujovne por la Madre Patria. Allí fue castizamente a por inversiones. ¿Habrá sido convincente? Seguramente poco.

En 2017 la compra de dólares para atesorar fue de 22 mil millones de dólares y los gastos netos de turismo en el exterior sumaron 12 mil millones de dólares. En síntesis más de 1 millón de argentinos no confían en el peso para ahorrar aunque la tasa de interés en pesos supere el 27 por ciento anual. Esa tasa supone, según las metas del gobierno, un 12 por ciento de ganancia en términos reales y si seguimos las expectativas del mercado, el premio no sería menor al 7 por ciento real. Estos retornos jamás se podrán alcanzar en el mundo. Y a pesar de eso la opción de ahorro en dólares es monumental. Como es monumental el gasto en turismo y – finalmente – como es monumental el déficit de la balanza comercial.

Todo eso nos dice que el dólar “está barato” y también nos informa que invertir, en fierros, dólares del exterior resulta caro en la Argentina, justamente porque el dólar está barato para comprarlo y no para venderlo. Toda inversión externa, más allá de los bienes importados, implica dólares comprando caro aquí en la Argentina.

Todas esas realidades no son halagüeñas para el candidato a invertir. Cuanto más el Ministro que invita deposita sus ahorros en dólares, no en pesos, y los radica en el exterior. Viene a ser un “animémonos y vayan”. Poco convincente.

Y si además confiesa pocas herramientas para combatir al dragón inflacionario y el dragón no deja de comer. Joder hombre. Los españoles dijeron, te queremos, te creemos, pero esperamos.

La voluntad no alcanza pero sin ella no hay nada. Bien. No cabe duda que este gobierno “la voluntad” la tiene. El anterior absolutamente no. Bueno sí, pero insuficiente. No hay resultados.

Los sindicalistas enojados se quedaron en la 9 de Julio. Los más condescendientes siguieron viaje, tomaron la autopista y a Ezeiza con Jorge Triaca.

Objetivamente está muy bien que los dirigentes conozcan a sus pares de todo el mundo. Y muy bien que sean los europeos. Y también que conozcan los espacios de armonización de intereses para la formulación de las políticas en el Viejo Mundo.

Pero – como hemos mencionado – los turistas pertenecen a sectores no productivos, con la excepción de los peones rurales.

Hasta ahora el proyecto más importante del gobierno es la firma del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. A pesar del entusiasmo gubernamental no han avanzado mucho.

Los propios europeos tampoco han hecho mucho y para destrabarlo – sintetizando – es necesario que la Argentina (y por cierto el MERCOSUR) acepte el ingreso con reducción sistemática de aranceles y trabas de las exportaciones industriales procedentes de la UE, que acepte el tratamiento nacional de los europeos para las compras del Estado, y muchas otras cláusulas favorables a la UE.

Pero aquí y ahora, acerca de sus consecuencias, no hay ningún estudio en profundidad ni mediciones de impacto de decisiones cuyo impacto será, sin duda, definitivo e irrecuperables. Lo que se deje de producir como consecuencia de una mayor competencia significará simplemente cierres.

¿Qué puede garantizar la compensación? La palabra mágica que escucharán los dirigentes sindicales en viaje será “inversiones”. Es decir “promesas”.

Los europeos nos han dicho de manera categórica: la carne tendrá un límite  y ese límite es demasiado corto como para esperar un derrame de exportaciones argentinas. Y como si esto fuera poco existe la concreta amenaza de los problemas que reclaman por los Organismo Genéticamente Modificados.

Los sindicalistas, que ya lo conocen, platicarán sobre las formas de diálogo en Europa. Bravo.

Pero también recibirán presiones para garantizar compromisos de sostener la estrategia del PRO en materia de acuerdo UE y apertura de la economía.

El dato relevante hoy es el déficit con caída de exportaciones y la relación 3 a 1 entre crecimiento de importaciones y crecimiento de producto.

Se repite de manera graciosa que no son los artículos de consumo los importados los que nos hacen deficitarios. Que son partes, insumos y bienes de capital. Esta última componente, bienes de capital, es ridícula hace años. Y sigue siéndolo aunque una tasa de crecimiento nos hable de expansión. Los números son mínimos.

Lo que sí importamos es partes, insumos, componentes. Es que hemos agujereado todas las cadenas de valor. Y nuestra industria es una de armado. Un ejemplo:  la integración de la industria automotriz, a pesar de tener vehículos con alto componente nacional, no supera el 20 por ciento. Mire la fila de autos que están delante suyo y piense que 4 de cada 5 vendrían a ser importados. Poca industria nacional, mucho déficit.

Y si por la avenida del comercio vamos directo a la deuda en dólares, no se olvide que por la estrategia de financiamiento también vamos directo a la deuda en dólares. 30 mil millones por año es machamente insostenible.

De esto no hay debate. Es lo mas importante que nos pasa pero nos comemos el garrón del silencio. No debatimos el futuro de estas ensoñaciones.

Como todo lo que hemos resumido como noticias de las semana viene de problema, entonces, el marketing del gobierno ha decidido llenar los diarios, los programas de la radio y los de la TV con un debate a flor de piel que cuenta con una aguerrida legión de entusiastas decididos a pintar la Catedral y el Cabildo: el aborto.

Con su habitual voracidad los periodistas de la “causa” ya están en ello. No está la grosera operación de 6,7,8, pero ahora tenemos a Jorge Fernández Díaz, a Laura Di Marco, a Alfredo Leuco y a Federico Andahazi a militar horas y horas, con este nueva herramienta de distracción para no debatir ni la cuestión del conflicto social, ni la de la política anti inflacionaria, ni de la ausencia de inversiones reproductivas, ni del avance del déficit comercial, ni del goloso endeudamiento externo y la fuga de capitales.

Por semanas penetrarán nuestra cabeza las escuchas con el aborto como marketing de agotamiento.

Las expectativas, por todo lo dicho, no vienen bien. Tanto las que el gobierno generó y gracias a las que volvió a ganar bien las elecciones; y también las expectativas preocupantes que ofrece la oposición.

En este último caso ¿quién sensatamente puede confiar en los que se fueron? ¿O en los que avalan lo que los que se fueron hicieron?

Los empresarios emblemáticos K están presos, aunque inexplicablemente no están condenados por la Justicia a pesar de las evidencias.

O la situación patrimonial de Cristina que, más allá de las decisiones judiciales durante su mandato, no hay Mandrake contable que pueda explicar de dónde salió esa montaña de dinero acumulada en hoteles. No hablemos sólo de eso.

La herencia de la economía a fines de 2015 era una verdadera hecatombe. Y los años dorados de Néstor un dibujo monumental. ¿Cómo explicar la lógica de un colosal superávit fiscal con 50 o 40 por ciento de pobreza? ¿Cómo no tener superávit comercial con el boom de las materias primas y una industria paralizada?

Dos de las tantas preguntas simples para diferenciar lo que es “buen gobierno” de uno de “extrema suerte”. Como decía un íntimo amigo de Néstor cuando llegaron al gobierno: Néstor fundamentalmente es un hombre de suerte. La trayectoria pública no deja dudas acerca de ello. Pero ya no está. La suerte no se hereda.

Por todo es difícil que se formen expectativas positivas acerca de la oposición si es ésta la que tenemos.

Y es difícil tener expectativas positivas respecto de lo que este gobierno pueda hacer en materia económica.

El ya comentado retorno del fantasma del déficit gigante de nuestra balanza comercial, conformado por exportaciones que declinan e importaciones que suben, es una señal de desaliento. Gente del gobierno cree que nos esperan cuatro años de déficit comercial y que para entonces volveremos a un razonable equilibrio. Por ese lado para tener buenas noticias habrá que esperar unos años. Pero ¿qué fundamento tienen?

Estamos en materia económica en un período que podemos llamar de desplazamientos de las expectativas: el gobierno aspira a retomar la mirada entusiasta acerca del futuro dentro de cuatro años, si es que hablamos de comercio exterior y saldo positivo o neutral de la balanza comercial.

Y aspira a mantener la expectativa de reducción de la inflación sobre la base de una “cesión de ajuste salarial”, es decir, lograr que las convenciones no incrementen los salarios más allá del 15 o del 18 y en lo posible con reajustes dentro de un plazo largo y en lo posible sin “cláusula indexatoria”.

Como todo eso es bien difícil, resulta lógico que el PRO apele al marketing con el que les ha ido de maravillas electoralmente hablando.

Para el PRO, el marketing, es la rama principal de la gestión de gobierno. Principal no quiere decir única. Pero sí que, en torno al marketing, se construye, se ordena, la voluble agenda gubernamental. Ejemplos sobran.

Para salir del machaqueo del presente vamos para atrás y recordemos el primer evento, el Foro de Inversión y Negocios de Buenos Aires, de septiembre de 2016 realizado para crear el “clima de inversiones”. Vinieron 1600 empresarios y CEO de todo el mundo. El clima estuvo. Las inversiones no vinieron. Pero durante una semana o más “el aluvión de inversiones” llenó los diarios y – tal vez – ocupó el lugar de los problemas no resueltos. Lo que se dice un golpe de marketing.

De esto se trata el marketing político: “envasar la realidad” en un estuche agradable, simpático, curioso; o aunque más no sea distractivo y capaz de ganar tiempo y sumar otras atenciones o voluntades en una cuestión lateral.

Las últimas semanas no fueron las mejores en términos de “realidades”. Pero el marketing oficial había instalado dos cuestiones independientes de la inflación, del desempleo y de las inversiones qué serían los problemas que habría que explicar y para los que no hay demasiadas respuestas que den lugar a decir “hemos hecho esto y ocurrirá aquello”.

Esas dos cuestiones generadas por la usina de marketing son, la primera, la generalización de la corrupción sindical como responsable de todos esos males (inflación, desempleo, ausencia de inversiones). Mucha, mucha gente lo cree así. Es decir los problemas tienen un culpable que no es el gobierno ni la política.

La segunda cuestión generada por la usina del marketing fue la instalación de la idea que Francisco es el Jefe de la oposición al PRO, el articulador de la unificación del peronismo, y – finalmente – en boca de Alfredo Leuco y Federico Andhazi se suma la difamación: para ellos Jorge Bergoglio fue un colaborador de la Dictadura y un cómplice de la violación de los derechos humanos.

Las dos campañas, vociferadas por los mencionados, entre otros, llenan los multimedios más escuchados. Esas dos cuestiones eran los problemas que el gobierno quería que se discutieran para silenciar las demás, las del problema económico y social.

El origen de ambas campañas no es otro que Jaime Duran Barba.

Hay sindicalistas corruptos. ¿Quién lo niega? Pero no lo son todos. Y la corrupción es una cuestión penal. No una cuestión política. Denuncia, para eso están las oficinas administrativas del gobierno, y juicio. Pero nada que ver con el debate político.

Que el pensamiento del Papa en materia social y económica es, como toda la Doctrina Social de la Iglesia, una prédica por la justicia, la equidad, la dignidad del trabajo y la vida, no es una novedad. Eso no lo hace peronista ni antiperonista.

Y si Andahazi y Leuco creen que Francisco fue cómplice de la violación de los derechos humanos, lo que corresponde es la denuncia: los crímenes de lesa humanidad no prescriben.

Lamentablemente no hay doctrina judicial firme para tratar la lesa humanidad respecto de algunos crímenes de la guerrilla como es el caso  del asesinato de José I. Rucci o el intento de La Tablada.

Si creen, en cualquiera de los dos casos tan disímiles, sindicalistas y el propio Papa, que hay delito, no corresponde hacer campaña mediática sino denunciar. Eso es contribuir a formar una República. La difamación no es “republicana”. Y tener un micrófono y una gran audiencia no da derechos sino obligaciones..

Esos dos temas, corrupción sindical y el Papa, llenaron los medios y ocuparon la opinión pública. Nos dejaron saturados.

Terminado el retiro espiritual de Chapadmalal, ante la ausencia de soluciones o de propuestas reales para enfrentar los problemas colectivos, la oficina de marketing lanzó una nueva estrategia: “el debate sobre el aborto”.

Sin duda será un éxito de marketing, durante semanas y semanas, veremos manifestaciones, discursos de distintas corrientes y las chicas del PRO militando junto a la izquierda por el aborto.

Se habrán borrados las fronteras políticas y los “verdaderos progresistas” de la cultura marcharán juntos sin importa el origen político.

Lo quieran o no, todo el debate por la política económica quedará secundarizado por el debate sobre el aborto.

Desde que Marcos Peña – respaldado en las encuestas de Jaime Duran Barba y sus ideas PRO aborto más la instalación de la pena de muerte – lanzó el tema, todos los diarios, las radios, la TV no hablan de otra cosa. Ese tema domina la escena. Y las realidades económicas y sociales, naufragan en el océano del olvido.

Puro marketing. A tal punto que los diarios aclaran: Mauricio y casi todos sus ministros están en contra.

Pregunta: si el Presidente está en contra, cuando la ley se sancione ¿la va a vetar? Entonces ¿no sería honesto que si la va a vetar informe que lo va a hacer?

Y si no la va a vetar y la va a promulgar, porqué no lo aclara y dice que está de acuerdo con el aborto.

No tengo registro de un Poder Ejecutivo que haya promovido una ley que una vez votada la haya vetado.

Y no tengo registro que cuando un Poder Ejecutivo estuvo en contra de una ley no la haya vetado.

Siempre el Parlamento tiene una segunda opción.

Los regímenes presidencialistas establecen el veto como facultad del Ejecutivo porque el Presidente representa la voluntad del Estado que sólo puede ser doblegada, en el retorno de la norma al Parlamento, cuando una mayoría calificada insiste en la norma vetada.

Allí pasa a ser una obligación más allá de la concepción del Ejecutivo. No resulta lógico que honestamente se proponga el debate de una ley que uno piensa vetar.

Y nadie honestamente dice que está en contra, sea por profundas convicciones éticas o fundamentos científicos , de algo que, si ocurre, no se va a vetar.

Conclusión, cualquiera sea la posición que se tenga acerca del aborto, es evidente que estamos arrojados a un debate por razones de “puro marketing” para desplazar el debate, que sí debería sostenerse, sobre la cuestión social, las confesiones de Dujovne y el tour sindical de Triaca.

Porque esas otras tres noticias, sin desmerecer el debate sobre el aborto, están detrás de la conmoción social que se relata como el problema de salud pública de las mujeres que abortan en el medio de la pobreza.

En una sociedad en la que el 50 por ciento de las chicas menores de 14 años nacen en hogares de dos generaciones de pobreza; en una sociedad en que en lugar de inversiones que creen trabajo digno hay conchabos públicos o de planes que no brindan una vida digna y a la vez multiplican el déficit fiscal; en una sociedad que no puede competir con las importaciones de alimentos desde quesos a fideos, o que tiene una estructura industrial “llena de agujeritos”; una sociedad en que a gatas se pelea el presente y en la los que dirigen el país y los que hacen política, no nos generan un rumbo, o una visión de un futuro que nos contenga a todos, vamos a llenarnos de debates que tienen que ver solamente con la desgracia.

Entonces, agobiados por la desgracia, liberamos el uso de las drogas, liberamos el aborto, liberamos la justicia por mano propia o, como dice Duran Barba, “todos creemos en la pena de muerte”.

Eso no es cambiar. Eso es regresar a un pasado que nos trajo hasta acá y dar vuelta alrededor acerca del marketing no te saca del presente.

 

 

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23 diciembre 2017

El marketing no te saca del presente